Sobre mí:Uy, parece que vuelven a funcionar los contadores...
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Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 80 miembros de Ciao
"Las marcas ganaron la Tercera Guerra Mundial contra los humanos"
Llevaba algún tiempo con ganas de pillar esta novelita, cuya temática me había llamado la atención desde que la vi en una edición española. No estoy muy puesto en la novela francesa contemporánea (al contrario que en la clásica, de la cual me he empapado hasta el hartazgo) y raramente leo en la lengua de Voltaire, pero la semana pasada en el FNAC me antojé y acabé volviendo a mis raíces... Supongo que antes que otra cosa, habrá que aclarar el título. En realidad, es sencillo; la novela es un cruce entre el estilo crudo, mordaz, antihumanista del gran Céline y el gore sofisticado y socarrón de la novela de Bret Easton Ellis. Supongo que, además de estas, el autor beberá de otras fuentes. He oído mencionar por ahí a Houellebecq, pero como no conozco a este escritor, no opino al respecto. Sin duda el señor Beigdeberg, como buen francés culto de su generación (que es la mía), está empapado de Roland Barthes, Baudrillard o Georges Pérec, entre otros autores cuyas trazas puedo rastrear, aunque nada de esto es necesario a la hora de leer la novela, ya que habla de una realidad tan cercana a nosotros que no necesita presentación: la publicidad. Y aunque el autor nos inunde a citas y a cultismos, nos pasme con anécdotas y datos curiosos o nos indigne con sus sarcasmos acerca de una realidad que por tenerla pegada a la punta de nuestra nariz no acertamos a ver, es claro y diáfano que lo que cuenta es tan trivial, tan cotidiano, que no se necesitan otras alforjas a la hora de abordar la lectura del libro que la propia experiencia de uno. Claro que esto es algo que puede decirse de casi cualquier otra novela...
SINOPSIS
"El Glamour es el país al que nunca se llega. Os drogo con la novedad; y la ventaja de la novedad es que no permanece jamás nueva. Siempre hay una nueva novedad para envejecer la precedente. Haceros babear: este es mi sacerdocio. En mi profesión nadie desea vuestra felicidad, porque las personas felices no consumen."
Octave es creativo en una gran compañía publicitaria parisina. Su vida es súper fashion (con 13.000 € al mes, ya puede); vive en la cresta de la ola, allí donde los Amos del Universo vierten su fortuna para hacerla aún más grande. Como a cualquier creativo, de cuya chispa repentina depende el éxito o el fracaso de una campaña publicitaria, se le permite todo: que llegue tarde al trabajo, que esnife coca, que dé plantes a los clientes... Pero Octave es un desgraciado: odia la vaciedad de su existencia, sobre todo desde el momento en que dejó a Sophie, su novia; aborrece cuanto le envuelve: su trabajo, la hipocresía de las grandes compañías, la meritocracia, el pelotilleo,... Por este motivo, alberga un secreto deseo: que lo echen, algo que no es tan fácil para alguien al que se le perdona todo. Está tan atrapado en los engranajes del sistema que cualquier paso que da, incluso para sabotearlo, contribuye a hacerlo funcionar mejor; o, al menos, así es como lo ven sus jefes. Además, claro, está el dinero y la gran cantidad de infelicidad que puede comprar. Parece mentira lo que cuesta renunciar a la infelicidad... Para conseguir su propósito, está escribiendo un libro en el que expondrá todos los trapos sucios de este mundillo. Cuando lo publique, no tendrán más remedio que echarle...
EL LIBRO
"Los jóvenes que queman coches han entendido la sociedad. No los queman porque no pueden tenerlos; los queman para no quererlos."
Con una gran carga autobiográfica, despelleja de manera inmisericorde el mundo de la publicidad, sus motivaciones y su funcionamiento, pero también lo que esta esconde: la realidad del capitalismo salvaje y despiadado que convierte a las personas en meros órganos de consumo. Nada que no sepamos, pero bien está que nos los refrieguen en la cara de vez en cuando...
El libro, especialmente en su parte inicial, está trufado de citas, de aforismos y de ocurrencias chocantes, más que de una narración propiamente dicha, y mientras se mantiene en el campo de la crítica descarnada, poniendo en la picota a todos los estamentos de la sociedad, la lectura es cuanto menos entretenida e, inclusive, regocijante a ratos. Las dosis de cinismo que se gasta el protagonista (y, aunque exageradas, sabemos de buena tinta que es así como van las cosas en las esferas cercanas al poder del dinero) y el hedonismo descerebrado que practica con celo fanático como único escape, llevan a veces al lector a esbozar alguna sonrisa, un tipo de humor negro muy afecto a Céline. El ingenio que derrocha el autor a la hora de pergeñar frases elocuentes y chispeantes (sin duda, resultado de pasarse muchas horas frente al ordenador rascándose la mollera en horas de trabajo, una actividad que a mí me permite escribir largas opiniones en Ciao) es mayúsculo. Espero que las citas que acompaño os den una muestra de ello...
"¿Conocéis la diferencia entre ricos y pobres? Los pobres venden droga para comprarse una Nike. Los ricos venden Nike para comprarse droga."
El libro está dividido en seis capítulos, cada uno declinado en una de las seis personas de los tiempos verbales. Empezando por el 'yo' y terminando por el 'ellos', como una muestra del distanciamiento creciente de Octave con la realidad circundante. Se trata de una novela asaz divertida, provocativa y que entronca con la mejor tradición literaria francesa antisistema (Vian, Céline), que describe muy bien ese ambiente canalla que respiran los que manejan las grandes fortunas mundiales sin poseerlas y que surfean en el mar revuelto de las grandes finanzas. En este caso, manejando su capital ideológico, no el monetario.
Tengo que confesar que mi ejemplar acabó en la papelera. No porque no mereciera ser conservado, sino porque el perro lo pilló y lo dejó hecho una piltrafa. Tuve que terminar de leer la novela en páginas sueltas a las que les faltaba algún cachito. Espero no haberme perdido nada importante. Por descontado, el hecho de poder leerla en su lengua original es una gran ventaja, no sólo por las posibles meteduras de pata del traductor (aunque Anagrama es una editorial seria), sino porque la lengua francesa tiene un carácter más irónico y expresa con mayor facilidad la mala uva que la española, más directa y transparente. Bueno, en realidad no sé si la expresa mejor, pero sí que cuadra más con este tipo de reflexiones disolventes que al Sr. Beigdeber se le dan tan bien. En cualquier caso, en francés o en castellano, la novela tiene su intríngulis y es de las que no deja indiferente, además de que se lee en unas pocas horas. Eso sí, no la dejéis al alcance de ninguna mascota...
Con la experiencia de larky no creo que se haya equivocado al colocar la opinión pero claro introducir nuevos libros es una experiencia agotadoray muchas veces infructuosa en Ciao
17.08.2006 16:29
Loleí hace años, a mi me resulto muy ameno y la verdad es que me gustó, me ha gustado recordarlo con tu opi amigo
27.06.2006 14:14
Con la experiencia de larky no creo que se haya equivocado al colocar la opinión pero claro introducir nuevos libros es una experiencia agotadoray muchas veces infructuosa en Ciao
24.06.2006 15:18
Pues fíjate que me lo quería leerlo por el comentario que hizo a el libro de "Como me convertí en un estúpido". Me lo leeré. Un saludo