Eran buenos, generalmente eran ocurrentes y de muy fácil lectura. Resultaba cómodo leerlos durante dos minutos o durante un cuarto de hora. Pero comprendo que era verdaderamente difícil conseguir que toda la página resultara ocurrente. Es como pensar en 20 chistes por cada página. Es por eso que la única pega que se le puede poner es la 'obligación' que se le hubiera impuesto al autor para terminar, porque lo único que se ha conseguido es rebajar el nivel. Y si lees un compendio de historias, observarás que las ideas las repetían cada cierto tiempo.