Aquella maldita carretera no se acababa nunca. Se le dormian los pies de pisar el acelerador con tanta recta. La noche había caido hacia un buen rato y ni rastro de ARIMI. Estaba deseando llegar, ella le esperaba. La habia conocido en la red y desde el primer momento habia sido un flechazo, virtual si, pero un flechazo al fín y al cabo. Al fondo, no sabia a cuanta distancia, distinguía luces que rompian la oscura monotonía de la noche cerrada. El bosque se cernía sobre la carretera y a veces el viento parecía susurrar su nombre. Tal vez debía haber descansado en Santiago o en A Coruña, pero ...
Más