La ciudad de Gijón ofrece multitud de posibilidades al visitante, entre ellas su moderno Acuario de Gijón. Situado en la Playa de Poniente se encuentra el vanguardista y funcional edificio que lo contiene. Por otra parte es éste un edificio que me reconcilia con la arquitectura moderna, me horrorizan casi todos los proyectos megalómanos que se llevaban a cabo en todas partes hasta hace poco tiempo.
Visitando
El Acuario de Gijón contiene diversos hábitats con un recorrido establecido, es decir, desde que entras hasta que sales discurres un camino trazado del que no te puedes desviar. Otra visión la tiene, por ejemplo, L’Oceanogràfic de Valencia, donde visitas a tu antojo. En fin, dos formas diferentes de enfocarlo pero válidas ambas, aunque son dos atracciones que no se pueden comparar entre sí.
El recorrido discurre por dos niveles. Entramos por la planta baja a la representación de un río cantábrico y vamos subiendo poco a poco hasta la primera planta a través de rampas y entre vegetación autóctona y animales y peces que habitan los ríos cantábricos, donde destaca la nutria. Es éste el espacio más grande del Acuario sino contamos el gran tanque.
El siguiente paso es el Mar Cantábrico seguido de una zona Toca-Toca en la que, como su nombre indica, se pueden tocar algunas especies como vieiras, estrellas, etc… A continuación nos adentramos en el Océano Atlántico con varios grandes estanques de diversas especies de peces, además de tener la primera perspectiva del gran tanque donde están los tiburones.
Avanzamos a dos nuevos espacios en los que tenemos un gran contraste: de las cálidas aguas del Mar Caribe pasamos rápidamente al frío polar del que disfrutan los pingüinos de Magallanes, otra de las especies emblemáticas del Acuario de Gijón. Un nutrido grupo de estas aves hace las delicias de los más pequeños en un espacio de descanso. Tras esto, para continuar la visita descendemos hasta la planta baja y nos sorprende un atolón de aguas agitadas frente al cual también podemos sentarnos y descansar. En esta zona los hábitats representados son el Indo-Pacífico y la Gran Barrera de Coral, pero también divisamos otra visión del tanque de los tiburones.
Llegamos ahora al Mar Rojo donde el coral es el protagonista y finalmente alcanzamos la mayor perspectiva del tanque de los tiburones. Tenemos un espacio para sentarnos y poder contemplar las evoluciones de una gran cantidad de especies marinas entre las que destacan, lógicamente, los tiburones toro, el gris y el nodriza. Aunque en el momento en el que yo estuve lo más interesante fue ver a una tortuga marina atacar a una pareja de fotógrafos submarinos que estaban tomando imágenes de los habitantes del tanque. Cuando digo atacar, es atacar, no se podían despistar un segundo en cuanto veía la forma les mordía con el pico. Luego son los tiburones los que tienen mala fama.
Hasta la salida nos quedan por ver unos pocos espacios que contienen especies del Atlántico Sur y de mares subtropicales, entre las que se hallan algunas de las más atractivas como son el pez araña o la morena, unos animalitos bastante peligrosos.
Yendo con una niña de seis años la visita duró poco más de una hora por lo que me pareció bastante recomendable. Es un espacio de tiempo que no da lugar al aburrimiento de los más pequeños que, seamos sinceros, vistos dos peces vistos todos. Los contrastes son grandes entre salas y la atención y la curiosidad se mantiene en estado máximo en todo momento.
Otras cosas
El edificio, como ya comenté, es en sí mismo algo visitable aunque sólo sea por verlo, disfrutar del entorno o subir a la cafetería a tomar algo y contemplar las vistas del Mar Cantábrico y de la ciudad de Gijón que desde ese privilegiado mirador se disfrutan.
El Acuario de Gijón también tiene un pequeño Auditorio y la clásica Tienda en la que venden multitud de recuerdos del mismo, en esta ocasión me pareció que los precios son más razonables que en otros sitios en los que cualquier cosa cuesta un Potosí. Hubo quien consiguió un collar con un diente de tiburón (o lo que fuese).
Informaciones adicionales
* En el Acuario se publicita que está a cinco minutos andando desde el centro de Gijón, yo creo que alguno más pero tampoco mucho. Las líneas de autobús que te llevan hasta allí son la 1 – 4 – 9 – 12 – 16 y 21. El tema del parking es lo peor indicado, hay uno subterráneo pero no vi carteles indicativos de si era público o no, así que terminé aparcando en el de autobuses y rezando porque no se llevara mi coche la grúa (no obstante había más coches aparcados).
* Está abierto todo el año y en periodos vacacionales y festivos amplia su horario. Esta información está accesible en su web.
* El coste de la entrada para un adulto es de doce euros y para los niños entre tres y catorce años es de seis euros. Existen diversos descuentos y tarifas por edades y grupos.
* No sé si lo harán siempre pero cuando yo lo visité junto con la entrada de niño te obsequian con un zumo-batido para el susodicho infante en la cafetería, por supuesto, de Central Lechera Asturiana.
* Una cosa que hay que tener en cuenta en un acuario, como en tantos otros sitios, es que no se ha de hacer fotos con flash y no se deben golpear los cristales, estas cosas estresan a los animales. Así que aquellos (yo mismo) que acudan con niños tienen que velar porque se comporten como es debido.
* Los datos de contacto son:
Acuario de Gijón
Playa de Poniente, s/n – Gijón
Tels. 985 18 52 20 / 21
www.acuariodegijon.com
info@acuariodegijon.com
Conclusión
No sé si a todo el mundo el precio le parecerá razonable, a mi modo de ver sí lo es. Mantener estas instalaciones tiene un coste. Yo recomiendo la visita abiertamente y sin ambages.
26.02.2012 23:00
Me quedo con que el acuario siempre te deja con curiosidad, es verdad que hay que mantener las instalaciones pero quizás sea caro.
13.09.2011 19:56
Barato no es, pero esos sitios me gustan
02.09.2011 15:54
Habrá que visitarlo¡¡