Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá

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Tortura para entrar, suplicio para salir

2  21.04.2006

Ventajas:
Cercano a la ciudad .  Duty - free correcto .

Desventajas:
Aglomeraciones y demoras .

Recomendable: No 

larky

Sobre mí: Uy, parece que vuelven a funcionar los contadores...

usuario desde:24.02.2003

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Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 81 miembros de Ciao

Soy comodón, lo reconozco. Una de las cosas que me indispone a la hora de viajar es precisamente el medio de transporte. Soy capaz de sacrificarme durante unas horas teniendo mi cuerpo encerrado en un cubículo sin apenas movilidad con tal de que me lleven a cualquier parte del globo; es el precio que hay que pagar, además del coste económico. Pero determinados trámites que hay que formalizar para poder viajar en avión me parecen tan inconvenientes que me quitan las ganas de hacerlo. No hablo ya de abusos tales como el overbooking que practican sistemáticamente las compañías aéreas, con plena complacencia de las autoridades, sino de cosas tales como el check-in o los trámites aduaneros, cosas que deberían ser tan fáciles como si uno viaja en autobús o en barco, pero que en el mundo de la aeronáutica se convierten en auténticos suplicios que exigen presentarse con varias horas de antelación en el aeropuerto y tragarse interminables colas con el equipaje a cuestas. Si trasladamos el escenario de nuestros aeropuertos, relativamente modernos y eficaces, a los de los países en desarrollo, la cosa se convierte en una antesala del infierno. Por este motivo, si hay algo que me de pereza cada vez que vuelo a la capital colombiana, es transitar por su aeropuerto, el más importante del país, pero un verdadero calvario para los sufridos viajeros.

Llamado El Dorado, en homenaje al mito indígena propagado por los conquistadores españoles sedientos del preciado metal, el aeropuerto de Bogotá es el principal del país y la base de operaciones de la compañía nacional Avianca. Inaugurado en 1959, tiene dos pistas de aterrizaje (3.800 m) y consta de dos terminales: la internacional y el 'puente aéreo', dedicado a los vuelos domésticos. Sus instalaciones no son nada del otro mundo, pero son importantes desde el punto de vista del tamaño. Con 6,9 km2 de superficie, es tercer aeropuerto del mundo en este aspecto. Está situado al oeste de la ciudad y dista del centro de la misma unos 15 km, aunque en términos prácticos no puede considerarse que esté fuera del ámbito urbano. Desde Europa vuelan actualmente Iberia, Avianca, Air France y Air Madrid. Lufthansa y British suspendieron sus vuelos hace algunos años por falta de clientela.

Aunque las instalaciones son ahora mismo insuficientes debidos al creciente número de vuelos que toman Bogotá como punto de partida regional, son correctas desde el punto de vista del usuario. El problema no es tanto de espacio físico como de organización, como veremos. Los trámites de llegada son farragosos y se forman bastantes colas en los mostradores de inmigración, aunque en los cinco años largos que llevo volando hasta esta ciudad se han registrado algunas mejoras tanto en la calidad como en la cantidad de personal asignado a estas funciones por las autoridades administrativas colombianas. No obstante, les queda todavía mucho para ponerse a la altura de un aeropuerto con cara y ojos, sobre todo teniendo en cuenta lo legalista y papelero que es el sistema administrativo en Colombia.

En las actuales condiciones sociopolíticas del país (guerrilla, narcotráfico) los trámites aduaneros son más que una diligencia y las fuerzas de seguridad los realizan a conciencia. En Colombia te acostumbras a que te cacheen en todas partes, incluso a la entrada de bares y discotecas, así que te lo hagan al entrar en el país es lo más natural del mundo. Los registros del equipaje también son frecuentes y siempre me han hecho abrir una o más maletas, que revisan con esmero. Teniendo en cuenta de que lo que se puede introducir en el país no es droga (ya tienen más que de sobras), sino objetos como armas de fuego que son fáciles de detectar con un escáner, resulta incomprensible que no hagan más uso de estas máquinas, que ahorran mucho tiempo al viajero. Eso sí, los policías que te revisan el equipaje lo hacen con mucho cuidado y te lo dejan exactamente tal como lo abrieron, aunque no te ayudan a manipularlo para subirlo o bajarlo de la mesa en la que lo examinan, que es bastante alta.

Si los requisitos de entrada, aunque molestos, resultan soportables, el embarque es mucho, pero mucho peor. Las colas y los follones que se forman para facturar el equipaje son de órdago. Filas interminables agravadas por el hecho de que te revisan el equipaje antes de facturarlo. Además, hay que pagar un impuesto de salida del cual los turistas pueden solicitar la exención, para lo cual hay que hacer una cola aparte. Total, el caos. Nadie te informa de nada y cada cual se apaña como puede.

Los controles aduaneros de salida son exhaustivos y cualquier viajero podrá contar mil y una anécdotas. Hace un par de años mi mujer se las tuvo muy tiesas con un policía que empezó a rajar con un cutter el forro de una de nuestras maletas. Por supuesto, aparte de la policía hay presencia de cualquier tipo de cuerpos militares. Recuerdo especialmente el caso de un turista que parecía escandinavo del cual se pasaron cosa de 20 minutos oliéndole un bote de espuma de afeitar del cual sospechaban que llevaba droga. Pobre hombre, no veas como lo marearon... Con tanto control, el proceso de facturación se hace interminable y las colas eternas. Entre que uno no pude perder de vista el equipaje por temor a los robos, que son habituales, el ir y venir de viajeros que cruzan las filas por cualquier sitio y la incertidumbre por si pillarás a tiempo tu vuelo (es recomendable estar en el aeropuerto al menos tres horas antes si quieres ahorrarte un susto), la cosa es de lo más agobiante. No os cuento si, además, uno va con niños...

Los nervios no se terminan una vez superado el control aduanero y en el mostrador de facturación el personal está sometido también a mucha presión. La primera vez que volé a Colombia, en el aeropuerto de Barcelona, el personal de Lufthansa se equivocó al cortarme los albaranes de mi pasaje y al facturar en Bogotá me encontré con que faltaba el de Bogotá-Frankfurt y en su lugar estaba el de Barcelona-Frankfurt. Resultó imposible razonar con el personal de mostrador y al final acabó viniendo la supervisora, una teutona de cabeza cuadrada, que tampoco se avino a razones y me obligó a pagar un pasaje para poder viajar. Por suerte, tenía saldo en la VISA, que si no... Por supuesto, cuando llegué a Barcelona reclamé a Lufthansa y me devolvieron el importe del pasaje, no sin antes echar pestes del personal de Bogotá...

Esta situación es un ejemplo del permanente estado de crispación en que se vive la situación previa al embarque en El Dorado, donde nadie se libra de los nervios: ni el pasaje ni el personal de las aerolíneas ni la misma policía. Por supuesto, una vez cumplimentado el trámite de facturación viene el consiguiente control de pasaportes y revisión del equipaje de mano, que si bien no son tan farragosos, si añaden molestias y demoras. Por si faltara poco, el embarque se realiza de una manera muy peculiar: hacen salir a todo el mundo de la sala de espera y te hacen volver a entrar de uno en uno controlando pasaportes y tarjetas de embarque. Una vez estás dentro, ya no puedes volver a salir hasta el momento del embarque...

En suma, El Dorado es un aeropuerto que necesita urgentemente una ampliación (al menos la terminal internacional; la de vuelos domésticos no la conozco) si quieren evitarse las aglomeraciones que se producen actualmente y, sobre todo, que está reclamando una mayor cantidad de medios humanos y técnicos que permitan agilizar los procesos, que actualmente sufren unas demoras vergonzosas. Teniendo en cuenta que un aeropuerto es un negocio muy lucrativo, tal vez el estado colombiano debería replantarse el modo en que invierte sus recursos. Está muy bien gastarse dinero en armamento para combatir la guerrilla o en herbicidas para fumigar los cultivos de coca, pero la imagen que transmite el principal aeropuerto del país es penosa y, desde luego, es un buen argumento para no elegirlo como destino turístico. Los nervios y angustias que se pasan no se pagan con dinero...

Fotos de Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá
Aeropuerto Internacional El Dorado, Bogotá Fotografía 4604144 tb
Vista exterior de la terminal.
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Comentarios sobre esta opinión
Moraneus

Moraneus

29.04.2006 10:58

jeje, ¿conoces algún aeropuerto de India? Eso sí que es caótico...

sheila71

sheila71

27.04.2006 09:13

Dudo mucho que llegue a Bogotá no sólo por el destino en si sino porque soy de las que prefiere la tierra firme ;)

lestebag

lestebag

26.04.2006 19:48

Uy, creo que no me entran muchas ganas de pasar por este aeropuerto después de leer tu opi. Yo es que lo de las colas, los registros y los cacheos (que alguna vez he tenido que soportar en aeropuertos españoles) no lo llevo muy bien. Saludillos!!

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