Aeropuerto de Barajas, Madrid

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Dobroye utro, Madrid

5  29.01.2006

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Recomendable: Sí 

Aleksei_Sanchez_

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usuario desde:17.01.2006

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La última vez que estuve en Madrid la recorrí montado en una carreta tirada por dos pacíficos bueyes, hoy lo hago sobrevolando una moderna ciudad a bordo de un avión. El viaje ha sido rápido, pero no tanto para calmar mi ansia por pisar mi patria, por regresar. Me siento muy emocionado, y quiero compartir con ustedes la sensaciones que me embargan al haber hecho hoy realidad el sueño de toda mi vida: regresar.

Me abren surcos en mi vieja piel las cataratas que emanan de mis ojos. Es curioso, no siento dolor, sólo una dulce sensación de trsiteza, de que me perdí un día camino del frente ruso y se me ha ido la vida saliendo del laberinto. Me duele la garganta y me escuecen los ojos, es un sentimiento extraño, difícil de describir. Hago esfuerzos para recordar lo que he vivido, hace tan sólo algunos minutos y me parece ya tan lejano en el tiempo. He soñado tantas veces con este momento y me ha durado tan poco el momento que me siento un poco frustrado por su brevedad.

Desde la ventana de mi hotel madrileño, en el mismo aeropuerto, mientras veo el frenesí de los viajeros, ¿por qué tendrán tanta prisa por llegar si siempre se ha de regresar? ¡Se nos va la vida en la carrera, como a los atletas se les van las fuerzas dando vueltas a una pista ovalada donde la meta y la salida son la misma cosa!

El vuelo ha sido corto, comparado con el que me trajo de Sebastopol. El tiempo magnífico, poco viento, nubes las precisas para sentirnos en el aire, azafatas amables, compañeros de viaje taciturnos, algún niño que se mareaba fácilmente y se aburría, el ronroneo suave de los motores. Tan sólo la angustia de desconocer cómo me sentiría en mi patria, ahora que ya no es mía, cuando tan sólo soy un emigrante forzoso que carece de casa al volver. ¿Cómo me sentiría? Sé que me sentiré un extraño, solitario entre sus paisanos, cuyos amigos se hallan en otras tierras o en el recuerdo.

Una voz en castellano nos avisó de que estábamos llegando, puntualmente. Croe que mi suspiro resonó en todo el avión, liberando la tensión que acumulaba, despertando el nerviosismo. Me aferré a la ventanilla, quería verlo todo, sentir el momento en que llegaba, aunque esta vez pugnaría por no llorar como hice cuando sentí que cruzábamos los Pirineos.

Desde el cielo esta ciudad parece una inmensa mancha blanca, rodeada de cuadritos de colores, a cuyo noreste se halla este aeropuerto que a simple vita me decepcionó.

Había leído que es el quinto de Europa, con un tránsito de más de 35 millones de viajeros anualmente. Ergo suponía que debería tratarse de unas instalaciones modernas y funcionales, donde la experiencia acumulada con tanto viajero se habría traducido en facilidades para su clientela. Había olvidado que el español es el más anárquico de los pueblos de Europa, nuestra idiosincracia.
Me he encontrado con un aeropuerto que parece diseñado para aburrir aqiuenes pretenden utilizarlo, incómodo y absurdamente distribuido al revés de lo que debiera.

Verán ustedes, no es que yo sea un asiduo de los aeropuertos mundiales, pero por suerte o por desgracia he tenido que utilizar má de uno. Y en todos se tiende, salvo excepciones, a facilitar a sus clientes el acceso a los aviones, a colocarles la terminal lo más cerca posible del transporte. Y no la revés como aquí, donde las terminales son alargadísimas lo que te obliga a una larga caminata para llegar al avión o al autobús que te transporta hacia él. Me pregunto yo, si tras esa larga caminata es necesario utilizar un autobús para llegar al avión, ¿por qué las paradas de autobuses no se hallan en la misma línea de embarque? ¿Se trata de estimular al viajero con una buena caminata? Es una sugerencia que agradecería que las autoridades competentes estudiaran, porque algunos viajeros no estamos capacitados para largos paseos y tampoco entendemos la necesidad de los mismos.

El avión rodó, mientras el dichoso niño amagaba con tirar los dos kilos de caramelos que se había tragado en los últimos diez minutos. La toma de tierra fue suave, pero sentí saltar el corazón cuando las ruedas pisaron las tierras de mi patria. ¡Por fin, había regresado! Mi vecino de asiento me miró frunciendo el ceño, yo intentaba aguantar la oleada de añorancia que me devoraba el rostro, seguramente debía pensar que le habían colocado al lado a un loco. O quizás pensaba que me estaba mareando.

Sea como fuere, mientras el avión rodaba por España me olvidé de mi estirado compañero de viajes y me concentré en retener en la memoria todo lo que desde la ventanilla me saltaba a la vista. Tenía que memorizar hasta el último detalle, esos momentos los recordaría lo que me quedase de vida. El aeropuerto desde el avión era similar a cualquier otro aeropuerto, aunque sus instalaciones me parecían muy grandes.

Llegamos. Se paró el avión. ¡Estoy en España! Creo que nunca me he levantado de un asiento con la rapidez que lo hice, corrí hacia la puerta de salida como si me jugase una medalla olímpica. Naturalmente llegué el primero, si alguien hubiese osado impedírmelo se habría tenido que enfrentar físicamente conmigo. De repente sentí que me había quitado al menos 20 años de encima. Intenté oler mi patria pero desde dentro del avión no era posible, seguía oliendo a aire artificial.
Sentía la impaciencia porque aquella maldita puerta metálica se abriese, pero una sonriente azafata me dijo que teníamos que esperar a que llegase la lanzadera. No le eché las manos al cuello porque todo el mundo estaba pendiente de nosotros, pero su angelical cara se me transformó mentalmente y sentí que estaba delante de la KGB. ¡Maldita bruja!, ¿y yo para qué quería una lanzadera?

Veinte minutos, no exagero, esperando un puñetero autobús. ¿No podía el piloto haber aparcado más cerca? Veinte minutos refunfuñando que yo no precisaba, a pesar de mis años, ningún autobús, que lo que necesitaba era respirar aire español, pisar mi tierra. Veinte minutos difuminando su profesional sonrisa, haciendo brotar de sus sienes gotas de sudor ante mi insistencia. Ahora lo siento, pero en esos momentos si te llegas a distraer, muchacha, abro la puerta como sea.

Después la maldita puerta se abrió y entró el sol. En un instante toda mi vida se desintegró, todas mis penas se evaporaron, había vuelto a España. Al salir me paré a respirar, encima de la escalerilla, y tuvieron que "rogarme" que no entorpeciera el tránsito. Muy amablemente por cierto, aunque escuché en el indignado rumor algún que otro "cohones con el ruso", "la madre que lo parió" y "con el porculo que ha dao"

La lanzadera nos llevó a la terminal a gran velocidad, comparada con los caracoles. Yo creo que no necesita ni motor, bastaría darle un empujoncito. O quizás eran mis ansias de llegar las que me hacían sentir tan lento a aquel autobús anchote.Cuando nos dejó en tierra, ¡por Dios, veinte minutos esperando para recorrer doscientos metros!, gocé con la sensación de pisar suelo hispano. Aunque a lo mejor aquel asfalto había sido producido en Moscú, ¡quién sabe!, pero cubría tierra española bajo un cielo español en el centro de la península más occidental de Europa, la novia del sol.

Luego me puse a andar, no me dí cuenta de cuánto, pero la verdad es que fue mucho, hasta salir de la zona reservada a los viajeros. Allí un empleado del Hight Tech me esperaba con un letrero: "Mr. Aleksei". Al hacerle un ademán me dijo, leyendo de una agendita:

- ¿Mr. Aleksei? Ya hochu spat.

- Caballero, tenga Vd. la amabilidad de hablarme en español, que estamos en España... Y si tiene Vd. sueño váyase a dormir, hombre.

- ¿Sueño, Mr. Aleksei? Pero si le he preguntado cómo se encontraba...

- Me parece que se ha equivocado Vd. de página... Cuando Vd. quiera, lléveme al hotel, tengo que descansar un poco, más tarde saldré a conocer Madrid.

- Por aquí, Mr. Aleksei, por favor.

Y aquí me hallo, intentando recuperar fuerzas porque con los años cada vez me cuesta más cada esfuerzo que hago. Voy a pedir un almuerzo ligero en la habitación y le voy a preguntar al recepcionista si tienen a mano alguna Varishka, por si la noche me trae aires de soledad.

Este aeropuerto se inauguró el 22 de abril de 1931. Desgraciadamente la periferia de Madrid ha crecido una enormidad, por lo que cada vez el ruido de los aviones molesta a más ciudadanos. Hoy se halla a 16 km. de Madrid, demasiado cerca por el inusitado crecimiento de la capital.

Se halla bien comunicado, dentro de lo que cabe.
En metro la línea 8 (Nuevos Ministerios) a la que se llega a través de dos pasillos cubiertos. La estación de metro perfectamente podría hallarse dentro de las terminales, lo lógico para eliminar distancias. Aquí no, aquí hay que ir hasta el metro. Otro inconveniente más.
En autobús, que se hallan un poco más cerca pero no lo suficiente (puedo parecer muy pesado, pero es que no entiendo la necesidad de las largas distancias), la línea 89 (a Plaza Colón), la 101 (a Canillejas) y la 200 (A Avenida de América).
Son baratos, 1€ el viaje o 0'58€ comprando un bono de diez viajes.

En la parte central del aeropuerto taxis, muchos la verdad.

Y cuatro tipos de aparcamiento: El de larga estancia (48€ una semana), el de estancia normal a 1'35€ la hora siendo la primera gratuita, el de estancia exprés media hora 1'20€, 3€ una hora, 5'40€ hora y media, 8'40€ dos horas, y cada media hora más 3€ euros adicionales. El VIP a 45€ por día. Caros, y mucho. Un aeropuerto es un servicio público y el estado debería proveer de equipamiento.


El aeropuerto de Barajas da una sensación de caos. Afortunadamente yo iba acompañado, porque estoy seguro de que, a pesar de sus muchos paneles informativos, me perdería. Carece de un diseño uniforme, como consecuencia de su historia.
En 1931 se construyó un edificio, actualmente la terminal 2. Posteriormente se construyó la actual terminal 1, destinada a los vuelos internacionales. Y años después la terminal 3, al norte. La consecuencia son diferentes diseños y grandes distancias, porque las terminales se han diseñado con un formato alargado y cuesa mucho ir de una a otra.
Anuque hay autobuses para ir de una a otra terminal y algunos pasillos rodantes, yo ví que casi todo el mundo iba con prisas. Particularmente me llamó la atención la dsitancia existente entre el puesto de control y el de embarque.

Hay tres terminales.
La meridional es la T1, destinada a los vuelos internacionales, excepto protocolo Schengen (países con trato aduanero preferencial: Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Italia, Luxemburgo, Noruega, Portugal y Suecia).
La más antigua, la T2, ocupa la parte central de las instalaciones. Concentran a los medios de transporte y es la ideal porque pilla cerca de todo. Destinada a los vuelos nacionales (salvo puente aéreo con Barcelona) y a los vuelos internacionales del protocolo Schengen.
La norteña es la T3, la más moderna y cómoda. Destinada al puente aéreo con Barcelona y a los vuelos de zona. es la mejor diseñada teniendo aviones por ambos lados de la terminal y muy cerca de los viajeros por lo que no utiliza lanzaderas.

Las terminales conforman un dibujo casi de un semicírculo, en el centro del cual se halla el mayor aparcamiento. Son muy estrechas, lo que puede causar aglomeración pero es de agradecer por las numerosas tiendas y establecimientos que se distribuyen a lo largo de este aeropuerto, que son muchsa y variadas. Naturalmente entre ellas hay que distinguir las que ofrecen productos sin impuestos (creo que son las de Aldeasa) y las que sí tienen que cobrar dichas tasas estatales.


Como puntos positivos del aeropuerto de Barajas cito la presencia policial. Acostumbrado a ambientes donde los uniformes son omnipresentes aquí hay pocos vigilantes y muy discretos. Aunque quizás haya tantos "chivatos" como allí, per la sensación de no estar vigilado es muy positiva.

La limpieza de aeropuerto me pareció correcta, se nota que aquí no tienen Vds. problemas de mantenimiento y no se notaban estropicios.

La distribución del aeropuerto me pareció buena, dentro del caos urbanístico en que se encuentra por su inadecuado diseño.

No había "maleteros", algo allí muy corriente. Nadie te molesta ofreciéndose a llevarte la maleta (que a mí me recogieron los empleados del hotel), ni intentando venderte algo.

Es un aeropuerto con futuro, según me contaron en recepción, porque las administraciones están apostando fuerte por él y van a abrir dos terminales más para eliminar los problemas de las dos más antiguas.

Mi patria. Aquí me hallo, intentando recuperar fuerzas para sumergirme en la noche madrilleña hsata que los años impongan su ley. Bueno, siendo sinceros, mi ilusión es visitar algunos de los monumentos emblemáticos de esta ciudad y si el hotel me echa una mano, que seguro que sí porque son muy serviciales, desplazarme hacia alguna otra ciudad cercana. Quizás mañana viaje a mi pueblo, se me hace un nudo en la garganta pero esoy en casa, lo siento. Aunque vista como un ruso soy español, y hoy he tenido el privilegio y el placer de conocer el aeropuerto de Madrid, la puerta de España.
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Comentarios sobre esta opinión
Catherinayyo

Catherinayyo

25.01.2009 22:24

Emotiva opinión

mcgch

mcgch

24.09.2007 18:34

Querría recordar a los usuarios de los aeropuertos, como ex trabajador de barajas, que las grandes distancias que hay que recorrer en los aeropuertos grandes, se intentan minimizar al máximo de diferentes maneras, pasillos rodantes, transporte, previsión del tiempo de llegada a las instalaciones, rotación de aviones, etc. pero que por supuesto que hay que recorrer grandes distancias porque son sitios grandes donde se aparcan aparatos enormes (aviones) que requieren distancia entre unos y otros, no siempre hay que ehcar la culpa al aeropuerto, or ejemplo si se cumpliesen las recomendaciones de las compañías, como el estar el suficiente tiempo antes para evitar carreras y sofocos. Me llama la atención que alguien se queje de recorrer grandes distancias en eun aeropuerto y no se queje por ejemplo de que la comisaría más cercana a su casa está a 1 km, y si hace falta lo recorre, y al llegar no le dice al funcionario de la puerta: ¡joder, menuda caminata!, o lo mismo con otras muchas cosas. dejen de quejarse de vicio.

morenitaa

morenitaa

24.02.2006 00:38

yo fui a tunez y teniamos q ir de malaga amdrid y de aali coger un avion la mañana siguiente a tunez y para pasar la noche preguntamos por un hotel, estaba todo ocupado, solo encontramos en un hostal. preguntamos a los taxis cuanto nos cobraban y por nuestro acento andaluzno querian clavar unos 40 o 50€ decia el sinverguenza. hablamos con un gerente de los autbuses q llevan a los pasajeros a los horteles y le caimso en gracia y nos llevo gratis en un atubus con más gente. y estabamso a 5 -10 minutos y nos kerian estafar. no guardo grato recuerdo de los taxistas madrileños. jaja saludos

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