Ventajas No muchas, si pillas un vuelo económico ya sabrás a lo que te atienes
Inconvenientes Unos cuantos, y si se viaja desinformado más aún
Me tenía que pasar a mí. La primera vez que voy a un país donde no entiendo ni papa del idioma, y con huelga en el aeropuerto de destino. El personal de tierra del aeropuerto de Varsovia andaba esos días revuelto y provocando retrasos y cancelaciones de vuelos. Yo había salido con unos 30 minutos de retraso desde Málaga, de momento todo iba bastante bien. Además, volaba con Norwegian que es una compañía -como su nombre indica- noruega, así que los conflictos laborales polacos no deberían afectarle directamente -ni siquiera los comunitarios, ya que no pertenece a la Unión Europea-. Pero el caso es que cuando faltaba una media hora para el previsto aterrizaje, se anuncia que no tenemos permiso aún para aterrizar en Varsovia y que probablemente nos desvíen a Cracovia. Genial: llego a las 11 de la noche a una ciudad gélida -en pleno febrero- y donde no me puedo comunicar con nadie como no sea con mi pobretón inglés de andar por casa, y eso con suerte, y donde no conozco a nadie. Y en Varsovia, a 300 km, me están esperando y no puedo enviar ni un SMS. Menuda suerte.Tras mucho rato de dar vueltas con los cinturones puestos, y harto de intentar infructuosamente adivinar por dónde demonios estaremos volando -es noche cerrada así que esa negrura de allá abajo es un enigma insoluble-, por fin anuncian que nos preparamos para tomar tierra en Varsovia. ¿Será posible? Hay una niebla espesísima, el avión la atraviesa en su descenso completamente a ciegas, y cuando tomamos tierra damos la merecidísima ovación que el piloto se gana en estas ocasiones, más cuando ya casi nos veíamos en la lejana y desconocida Cracovia.
Abrigado hasta las cejas, a bordo del autobús de Warsaw Airport Services, Ltd, el oscuro y nebuloso aeropuerto varsoviano me parece un monstruoso engendro heredado del comunismo. Miento, en realidad me siento, apretado entre los cuerpos y equipajes de mano de los otros pasajeros, como un condenado camino de un campo de exterminio nazi de aquellos que abundaron en territorio polaco, como el abominable Auschwitz (Oswiecim). Me intento quitar tan absurdos pensamientos razonando que no me han desviado a Cracovia y que en pocos minutos me van a recibir con un abrazo y una sonrisa, pero me sigo sintiendo algo solo y abandonado aún en ese territorio desconocido, y además el cansancio y el hambre hacen de las suyas junto al brutal frío que experimento por primera vez, mi primer contacto con la helada atmósfera polaca.
Esperando al equipaje facturado vuelvo a desesperar. Esta cinta no va a echar a andar nunca... Cuando lo hace, pasan dos o tres tandas y mi maleta no aparece aún. Cuando la cinta se para y la pantalla indica "LAST BAG" el corazón me da un vuelco: todo el mundo ha recogido sus equipajes y el mío no ha salido. No puede ser, encima esto. Pero me equivoco, unos cuantos pasajeros siguen esperando igual que yo. Falsa alarma, la cinta arranca otra vez y después de tres o cuatro bultos aparece mi maleta, por fin, una de las últimas. Mis neuras me estaban ganando: tenía tanto pánico a que me ocurriese cualquier desavenencia en este aventurado viaje que mi subconsciente lo estaba provocando todo, y en realidad no era para tanto.
Salgo literalmente corriendo hacia la puerta de salida. Tras varios recodos descubro a Monika que, distraída, todavía no me ha visto. Bienvenido a Varsovia...
El aeropuerto de Varsovia está bautizado con el nombre del compositor polaco Fryderyk (o Fréderic, en francés) Chopin, al que también sus compatriotas dedican un bonito monumento en el parque Lazienki de esta misma ciudad. Tiene dos terminales además de una terminal de vuelos de bajo costo (a la que yo llegaba) llamada "Terminal Etiuda", separada de las otras. Está en plena ciudad, a unos 10 kilómetros del centro, en el barrio de Okecie.
La Terminal Etiuda, de la que también he salido a mi regreso a España, es bastante precaria. No tiene facturación automática, sino que el propio pasajero carga el equipaje y lo pasa por el control de seguridad. Una vez superado, y tras pasar el trámite, aún existente pese a la integración de Polonia en la UE, del control de pasaportes (siendo comunitarios, basta con mostrar el DNI, pero sigue siendo un engorro tener que hacer la absurda y lenta cola sólo para eso), se llega a una sala de espera relativamente pequeña donde sólo tenemos un quiosco de prensa, una tienda pequeñita y un puesto de tés, cafés e infusiones de la cadena Coffee Heaven (muy popular en el país). Será importante por tanto pillar un asiento para esperar cómodamente nuestro embarque, sobre todo si compartimos la sala con pasajeros de otro vuelo, cosa habitual, pues no habrá sitios para sentarse todos. Los servicios son algo pequeños también, ojo a las colas para usarlos.Feliz viaje ;)