La historia de Alfonsa y Almudeno

2  02.04.2008

Ventajas:
Son bonitos y les coges cariño

Desventajas:
Son ruidosos y un poco salvajes

Recomendable: No 

Calario

Sobre mí: ... miro la vida pasar ...

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¡Yo siempre los he llamado "agapurnis"! ¡Qué cosas aprende uno!

Hace unos años estábamos de sobremesa en casa de mis padres, era 1 de agosto y teníamos las ventanas abiertas y las persianas echadas, salvo la del patio interior, para que entrara el fresquito.

¡Y vaya si entró! Empezamos a escuchar un ruido extraño sobre nuestras cabezas, como si algo crujiera, y al mirar al ventilador de techo vimos el origen del ruido un bicho raro subido en el centro y dando vueltas.

El pobre agapurni se había colado por la ventana y jugándose la vida se había sentado en el eje del ventilador y sólo se oía: zuuuuum ¡crack! zuuuum ¡crack! zuuum ¡crack!

El "zuuum" era el ventilador y el "crack" el agradable graznido de estos bichejos que son como una mezcla entre loro y periquito, pero con mucho más carácter.

Paramos el ventilador y el bicho, entre agradecido y mareado bajó a tomarse el café con nosotros. Como el bicho parecía simpático y mis padres están acostumbrados a los animales (somos cinco hermanos) decidieron adoptarlo, puesto que al ser primero de agosto todo indicaba a que el animal había sido abandonado por algún vecino que se había ido de vacaciones.

Zafarrancho de combate:

1.- Bajar al chino a comprar una jaula. Esto era más por la propia seguridad del animal que por otra cosa, puesto que mis padres tenían un gato persa tranquilo y una gata callejera recién adoptada y que sufría locura de juventud (actualmente es toda una señorita con modales, pocos, pero los tiene).

2.- Bautizar al volátil, imprescindible trámite antes de ingresar en una familia católica (por cierto, a la gata callejera la seguimos llamando "gata" porque creemos que tiene el demonio en el cuerpo y dudamos que ni el bautismo se lo saque).

Lo de la jaula fue inmediato, al parecer en el chino tenía modelos específicos para ese tipo de pájaro, lo que aún es un misterio es como mi hermano consiguió que los chinos comprendieran qué tipo de pájaro era.

Lo del nombre también fue inmediato: 1 de agosto, San Alfonso. A partir de ese momento pasó a llamarse así, aunque el nombre le duró sólo unos meses…

En ese momento mi familia descubrió el apasionante mundo del agaporni, que se puede resumir así:

1.- Son como roedores. Tienen un pico que crece y crece y lo tienen que desgastar. Les pones cualquier cosa y la destruyen a picotazos.
2.- Graznan de forma muy desagradable.
3.- Son curiosos y orgullosos, como todos los psitácidos o como se llamen. Imitan lo que ven y oyen. Con el tiempo aprendieron algo de canto gracias a las lecciones de los canarios que hay en el patio de vecinos, aunque Dios no los ha llamado por el camino lírico y cantan mal, para que nos vamos a engañar.

Lo relativo a la alimentación es muy sencillo porque en las pajarerías te dan toda la información necesaria.

La relación de Alfonso con los gatos era buena y mala: con el persa era muy buena, lo adoptó; con la callejera muy mala: tenía las mismas miradas que Silvestre le dedica a Piolín.

Era un espectáculo escuchar al pájaro quejarse, ver al inmenso e hierático persa echar a correr a la jaula y luego verlo correr detrás de la callejera mientras Alfonso graznaba: "¡Duro con ella!"

Se me olvidaba que los agapornis también son muy sociables, y como no es bueno que el pájaro esté sólo, el comité familiar decidió buscar una bella compañera para Alfonso.

El 9 de noviembre, Almudena (cómo no) entró en la vida y en la jaula de Alfonso, y los suavizados graznidos del primero se vieron acompañados por los horrorosos graznidos de la segunda.

Establecer el sexo de algunos pájaros es difícil, así que nos fiamos del experto dependiente de la pajarería, y empezamos a dudar de su experiencia cuando vimos a Almudena montando a Alfonso.

Como somos muy liberales, no le dimos demasiada importancia, pero la sombra de la homosexualidad y de la sodomía se disipó en cuanto Alfonso puso el primer huevo.

Llegado este punto no podíamos posponer más lo inevitable. Alfonso era Alfonsa y Almudena Almudeno.

Al principio los huevos no prosperaban. Al parecer los cambios de temperatura y humedad provocados por las calefacciones les hacen descontrolar el celo y ponen huevos fuera de la época que les corresponde.

Al final, uno de los huevos salió adelante. Como tenían un nido íntimo y cerrado (una caja de madera medio destruida a mordiscos) dentro de la jaula, no pudimos ver al hijo de Alfonsa y Almudeno hasta que asomó tímidamente por el agujero del nido.

Antes de describíroslo, os contaré una cosa: Alfonsa y Almudeno no eran exactamente iguales: Alfonsa era más verde y roja mientras que Almudeno era más verde azulado, y la complexión no era del todo similar. El "experto" dependiente dijo que no importaba, y a raíz del nuevo nacimiento, estaba claro que la pareja era compatible. Lo que luego descubrimos en Internet ¡Oh, cuna de conocimiento! Es que los psitácidos, incluyendo los agapornis, tienen unos genes muy locuelos, y si se cruzan pájaros que no sean muy parecidos, sus crías pueden tener cualquier aspecto, y no siempre muy agraciado.

El hijo de Alfonsa y Almudeno era feo: cabezón, larguirucho y ni tenía el vivo plumaje de su madre ni los elegantes colores de su padre. Era gris, soso y feo. Y de la viva e inteligente mirada de sus padres, nada, incluso parecía un poco bizco. A medida que crecía estas características se fueron acentuando.

La familia vivió bien hasta que una desgracia sucedió.

La callejera aprendió cómo abrir la jaula y aprovechó una de las maratonianas siestas del persa para raptar a Alfonsa (la más valiente de los tres, y la más temeraria).

Como los gatos no son nada materialistas, la callejera debió pensar que para qué iba a pedir un rescate, así que hizo lo que los gatos hacen cuando pillan un pájaro; para qué dar desagradables detalles.

El disgusto nos hizo pensar que los pobres Almudeno y su hijo (al que no pusimos nombre dada nuestra probada falta de tino en estos menesteres) estarían mejor en otra casa (y que colocar a dos gatos es más difícil que colocar a dos pájaros).

A los pocos días encontramos un nuevo hogar de acogida, y los agapornis desaparecieron de nuestra vida.

En general la experiencia no estuvo mal, pero no me parecen pájaros adecuados como mascotas. Son un poco salvajes y creo que los periquitos son más inteligentes y menos escandalosos, y si quieres dedicarte a la cría, los canarios son ideales.

Así que no los recomiendo.
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Comentarios sobre esta opinión
alexpintor

alexpintor

15.06.2008 23:27

Los agapornis son unos bichitos la mar de simpáticos, y además has contado la historia de los tuyos con mucho humor, hasta en sus más trágicos episodios (ay, pobre Alfonsa en las zarpas del minino). Gracias por el entrañable y entretenido relato :-)

Sapristi

Sapristi

29.04.2008 14:34

Me ha gustado mucho tu manera de relatarnos esa bonita historia. La verdad es que el agapornis (o inseparable, como lo llamamos aqui en las islas) no es uno de mis animales favoritos, en casa tuvimos muchos, y periquitos ni te cuento...y la verdad que eran escandalosos, chillones, y por lo tanto, bastante propensos a recibir impactos de zapatillas contra las jaulas...un beso.

Sylvi-guapa

Sylvi-guapa

06.04.2008 01:47

jajaja que bonico!!!!! xD, muy bueno, un besito!

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