Alatriste, Agustín Díaz Yanes

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Alatriste, Agustín Díaz Yanes

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Honra sin barco

2 9 de Sept de 2006

Ventajas:
Tres escenas sueltas, fotografía, vestuario, Viggo Mortensen .

Desventajas:
Horrendo guión, flojísima dirección, pésima adaptación, numerosos errores de casting, aburre en varios momentos, en otros ni siquiera tiene coherencia .  .  .

Recomendable: No 

Detalles:

Argumento

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freddyvoorhees

Sobre mí: Temporalmente de vuelta. Se admiten opis para el MATRISS (ver Mi Página).

usuario desde:06.06.2001

Opiniones:181

Confianza conseguida:314

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Actualmente su supremacía es harto discutible (los videojuegos y, sobre todo, los cómics han ganado mucho terreno en los últimos años), pero cabe buscar en los libros el principal origen de las producciones cinematográficas tras la cada vez menos interesante inventiva propia de los guionistas. Creo que no son pocas las veces que leemos un libro (y el que sencillamente no lea más allá de una revista espantada no sabe el placer que se pierde) sin imaginarnos cómo quedaría en una película, ya sea quién es el actor más indicado cada papel y qué partes vemos más difíciles para adaptar, lo cual puede llevarnos al extremo de pensar de encontrarnos ante una obra inadaptable. Luego a la hora de la verdad nuestra opinión sobre el filme siempre está “contaminada” por el recuerdo que guardamos del original literario, pudiendo resultar esto fatal si hemos terminado de leerlo hace muy poco tiempo, como sería mi caso con la película “El talento de Mr. Ripley” hace ya un buen puñado de años. No obstante, la literatura puede haber creado ya una importante franquicia alrededor de un puñado de personajes que se han ganado el favor de millones de personas, con lo cual el éxito de la traslación al medio cinematográfico parece garantizado.

Habría que remontarse prácticamente a los orígenes del cine en la época muda, pero como prefiero hablar sólo de lo que recuerdo con propiedad he de apuntar las seis entregas (sublime la primera, inferiores aunque no desdeñables el resto) de “La cena de los acusados” de Dashiell Hammett como la más antigua de la que he tenido la oportunidad de visionar. En los últimos años con la fiebre de la “secuelitis” se ha favorecido la aceleración de este tipo de apuestas fílmicas, ya que creo que todos recordamos los casos de “El Señor de los Anillos” (aunque este caso sea más discutible al ser una única historia dividida en tres entregas, ya sea por la necesidad de tanto metraje para hacer justicia a la obra de Tolkien o simplemente para sacar más dinero a los espectadores incautos. Todo depende de lo que le haya parecido a cada cual esta trilogía), “Harry Potter” (cuatro muy estimables entregas nos han llegado ya, pero aún faltan otras tres para completar las siete entregas que J. K. Rowling piensa dedicar al personaje) o “Las Crónicas de Narnia” (la discretísima única entrega estrenada hasta ahora tuvo un éxito económico descomunal, por lo que ya está confirmado que en breve nos llegarán más). En breve, nuevas franquicias como las que iniciarán “Eragon” (de interés casi nulo a priori para un servidor) o “La Materia Oscura” (en principio mucho más estimulante que la anterior) llegarán a nuestras salas y quién sabe si algún día alguien le echará dos huevos y se atreverá con la prácticamente inabarcable “Canción de Hielo y Fuego”. Mientras tengan éxito parece ridículo querer matar a la gallina de los huevos de oro.

El problema es que en España la tradición de grandes superproducciones (algo imprescindible para que este tipo de apuestas dé todos los dividendos que puede dar) es casi inexistente, puesto que la opción de apostar por presupuestos más modestos muy fáciles de amortizar con las ayudas estatales, los derechos de emisión televisiva y similares (quien pretenda tildarme de mentiroso ante tal afirmación comentar que una asignatura de mi carrera se evaluaba mayormente la creación de una película con un presupuesto con otras similares como modelo de costes e ingresos y, junto a mi casi inseparable Randy-meeks, obtuve una preciosa matrícula de honor), el estreno en salas es un mero trámite con el que conseguir algo más de dinerillo. La pega es que con “Alatriste” estábamos ante una oportunidad histórica de crear una franquicia al estilo de las hollywoodienses y ello conllevaba arriesgar mucho más de lo habitual. Tuvo que ser Telecinco la que pusiera más de la mitad del abultado presupuesto de la cinta (y bien pesaditos que han sido promocionando la película para recordárnoslo) y cruzar los dedos para que todo saliera bien, contando para ello con la baza de un actor de fama internacional para el papel protagonista. Con muchas dudas me acerqué al cine junto a un amigo esperando encontrarme al menos con una digna traducción cinematográfica de lo que me había hecho disfrutar en los libros y esto fue con lo que me encontré:

Diego Alatriste combatió en la batalla de Flandes, donde prometió en el lecho de muerte de un amigo cuidar de su hijo Iñigo. Tras darlo todo como soldado, Alatriste se ve obligado a malvivir vendiendo su espada para negocios un tanto oscuros hasta que un día no ve claro un asunto y salva de una muerte segura a dos desconocidos ingleses, los cuales resultan ser miembros de la más alta realeza británica, algo que no va a salvarle de la dura enemistad de quienes lo habían contratado, en especial la de Malatesta, su inquietante compañero para el trabajo que Alatriste neutralizó. Paralelamente, Iñigo conoce a una misteriosa jovencita de la cual queda prendado, pero no volverá a verla hasta varios años después, siendo ya ambos adultos. Alatriste sobrevive como buenamente puede apoyado en el amor que siente por la famosa actriz María de Castro, pero sus enemigos se acrecientan a la par que sus amistades van esfumándose, lo cual le lleva a volver a refugiarse en el poco respetado oficio de soldado. A su regreso, el temporal está lejos de amainar y tendrá que luchar por su vida mientras Iñigo intenta conquistar el esquivo corazón de su amada Angélica.

ERRORES DE RAÍZ

Ya he comentado que parecía estúpido querer matar la gallina de los huevos de oro, pero parece que los implicados en la concepción de “Alatriste” vieron negro el asunto desde el principio, porque sólo de esa manera se entendería una de las peores decisiones posibles cuando vas a adaptar una obra de las características de las aventuras de este personaje. Por ahora, son cinco (todos bastante entretenidos, destacando el quinto y quedándose algo rezagado el tercero) los libros que Arturo Pérez Reverte (con la ayuda de su hija Carlota en el primero, algo que parece haberse obviado en los créditos de la película) ha publicado sobre Diego Alatriste, con lo cual parece natural ir uno por uno, pero para el filme les ha parecido una idea espectacular hacer un batiburrillo (más una media hora de propina totalmente inventada) con acontecimientos de las cinco entregas, saltando de una a otra con un desparpajo insultante. Ojo, soy el primero en decir que “El Capitán Alatriste” (título de la primera entrega) no da para una película tan ambiciosa como la que nos ocupa, pero una cosa es unir un par de libros (que a saber lo que hubiera salido) y otra ir de guay y querer mostrarnos el rico universo del personaje en una solitaria aventura.

El otro fallo a priori estaba en ciertas decisiones de casting que se revelaban como incomprensibles o tomaduras de pelo harto descabelladas. Uno de los elementos más destacables del libro reside en el personaje de Angélica de Alquézar, una tan venenosa como preciosa jovencita menor de edad (una niña al principio y ya más crecida en adelante) de ojos azules y cabello rubio con tirabuzones, algo que Elena Anaya incumple punto por punto (sí, bueno, en la simpática “Dos tipos duros” lucía pelo (semi)rubio, pero optar por el tinte para una producción de época hubiera sido ya el colmo del absurdo). La elección de Anaya resulta aún más negativa en el hecho de que obligaba a escoger a otro actor demasiado adulto para el rol de Iñigo de Balboa y se optó por el no muy solvente Unax Ugalde. Bueno, quizá era ser demasiado tiquismiquis por mi parte, pero el KO indiscutible llegaba con la elección de Blanca Portillo para el personaje de Bocanegra, alto cargo de la Inquisición y, como es obvio,

Fotos de Alatriste, Agustín Díaz Yanes
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Alatriste, Agustín Díaz Yanes Fotografía 5620970 tb
Diego Alatriste
hombre, detalle que a algunos puede parecerles poco relevante, pero escoger a una actriz para un rol masculino estando encima ella tan marcada por el registro cómico que desempeñaba en “Siete Vidas” parece una decisión propia de Roberto Rosellini cuando otorgaba a sus actores papeles radicalmente distintos a los que tenían acostumbrados al público.

El bagaje de factores a desconfiar puede parecer insignificante, pero lo que ya hacía mascar la tragedia en las fases de pesimismo hacia el proyecto era el hecho de haberle confiado a Agustín Díaz Yanes la dirección y el guión de “Alatriste”. Los gustos son tan subjetivos como cada cual se permita, pero Díaz Yanes es un director con tanto prestigio en algunos ámbitos como poco interesante para el que esto escribe (algo que creo ya comenté en la época de estreno de “Sin noticias de Dios”) y oye, eso también influye.

DESASTRE TOTAL EN LA DIRECCIÓN Y EL GUIÓN

A buen seguro haya quien diga que tenía prejuzgada la labor de Díaz Yanes, pero el hecho de que la película fuera rechazada por el Festival de Venecia (que a nadie ciegue el presunto aire de cine culto de los festivales cuando por ejemplo el de Cannes en su última edición no tuvo problemas en incluir en su programación la infumable “El Código Da Vinci”) está lejos de ser compensado por las buenas críticas de los grandes medios españoles, donde el amiguismo es demasiado descarado. Algo olía mal y Díaz Yanes es probablemente el mayor responsable del total desaguisado en el que ha acabado convirtiéndose “Alatriste”.

El error más evidente y molesto es que el director de la discreta “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto” ha decidido que las escenas de transición no hacían falta para la ocasión, cuando resultan indispensables (aunque tampoco es plan de excederse con ellas, algo en lo que incurría “Piratas del Caribe: El Cofre del Hombre Muerto”) para dotar de unidad y coherencia a toda película. Me explico por si alguien no tiene claro el concepto de escenas de transición: En determinado momento, a Alatriste y Malatesta se les dice que tienen que emboscar y dar muerte a dos hombres para acto seguido, y sin ningún tipo de preparación ni nada por el estilo, aparecer ambos en plena batalla a espada con los dos caballeros ingleses. Estos saltos temporales sin ningún tipo de nexo (y como alguien me salga con que los fundidos empleados en el montaje, muchos de ellos horrendos, cumple tal función es que me lo como) dejan al espectador con una sensación de extrañeza, como pensando que alguien ha cortado un trozo de película por las buenas para dar a “Alatriste” un metraje más convencional.

Otro de los pufos de envergadura es la ineptitud de Díaz Yanes para dotar de épica a las escenas de combate entre multitudes. La secuencia de arranque se disimula más por la excesiva niebla que oculta las acciones de los personajes. Ya más discutible es la escena a bordo del barco, donde la excesiva oscuridad dificulta la identificación de los personajes (aún no las tengo todas conmigo sobre si determinado combatiente era o no Malatesta), con la consecuente confusión que esto produce, pero el colmo lo representa la batalla de Rocroi con la que se cierra la cinta. Al menos yo tengo la sensación de que las luchas entre ejércitos obliga a la presencia de múltiples batallones en los que miles de soldados luchen por parte de ambos bandos, pero en “Alatriste” parece que no quedaba ya suficiente presupuesto porque deja la sensación de estar luchando 15 (los españoles) contra 20 (los enemigos). Vamos, una especie de reunión de amigos que lucha entre ellos, al más puro estilo del combate de chiste que hicieron en un paso de cebra los integrantes del cancelado programa “6 Pack”.

Otro detalle que hay que achacarle tanto en la dirección como en el guión son las incoherencias en las que llega a caer la película. Son constantes los saltos temporales de años, pero hay un momento en el que, por las buenas, la acción avanza diez años. Cierto que es la única explicación para el crecimiento de Iñigo (que pasa de ser un clon infantil del tenista Rafa Nadal al sosainas de Unax Ugalde. No sé yo qué es peor) y Angélica, pero los detalles que tanto se cuidan en otros aspectos de la película se van a tomar por saco en el caso del envejecimiento de los personajes. Siendo generoso uno puede pensar que los soldados ya están cascados de la vida y salvo detalles más o menos pueriles como que les salgan canas (perdonable, igual usaban un precedente medieval del “Just for men”) puede entenderse, pero la supervivencia del físico del personaje interpretado por Ariadna Gil es asombrosa, parece que apenas sí hubiera pasado una noche. Si Díaz Yanes tiene un elixir de la eterna juventud al más puro estilo “La muerte os sienta tan bien” que lo patente y se hará millonario, pero como va a ser que lo dudo bastante, sólo me queda considerarlo un fallo de completo inepto.

El detalle arriba comentado puede parecer una nimiedad (de hecho lo es, pero sirve para reforzar la opinión negativa hacia “Alatriste”), pero si el resultado directo del fracaso rotundo con el que debe calificarse la labor de Días Yanes para arrejuntar las cinco aventuras literarias del personaje. Puede comprender que algunos libros queden reducidos a como mucho diez minutos en pantalla (caso del primero y, más sangrantemente, el segundo) aunque eso haga que algunas acciones queden muy desdibujadas (la sublime rivalidad entre Malatesta y Alatriste está muy mal perfilada). Incluso llego a aplaudir la decisión de limitar a un cuarto de hora los acontecimientos de “El Sol de Breda”, ya que, además de acortar de forma apreciable el libro menos interesante de la saga, nos ofrece una de las poquísimas escenas interesantes de la función (la del túnel subterráneo en las trincheras). No obstante, lo que no puedo perdonar es el horrible mix hecho a toda prisa, muy mal, con apenas unidad y escasa coherencia que se hace entre ellos y lo que sucedía en “El Oro del Rey” y “El Caballero del Jubón Amarillo” (que es en el cual hace auténtico acto de presencia el personaje de María de Castro, pero como querían dotar de mayor duración al romance entre ellos para dar lógica, algo que no importa durante el resto de metraje, a ese pufo de final de su historia de amor pues poco importa lo comentado más arriba). Y ya me da ganas de asesinar previa tortura insoportable a Díaz Yanes que se pegue una inventada de tres pares de narices durante los 30-40 minutos finales (bueno, en los libros Reverte mostraba una cansina tendencia a adelantarnos ciertos acontecimientos sobre los personajes, así que alguna cosa tendrá algo de base literaria). Vamos a ver, encima de querer juntar tantísimas páginas en tan poco metraje nos sale con su gran inventiva para terminar de destrozar personajes, alterar de forma imperdonable el destino de alguno de ellos y deleitarnos con una batalla final tan lamentable como falta de emoción.

La derrota definitiva para Díaz Yanes en el reto que se le presentaba reside en la creación y diseño de los personajes y mira que lo tenía fácil, pues con hacer una mera “copia” de los del libro todo se solucionaba, pero no, Díaz Yanes es tan guay que se permite alterarlos prácticamente todos. La relación entre Alatriste e Iñigo resulta endeble y para nada justifica el enorme aprecio que se tienen entre ambos, pudiendo calificarse su relación casi de padre e hijo en los libros. Aquí son 2 tíos con ¾ momentos juntos que deben servir como base a algo tan profundo como aceptar como padre a alguien que no lo es. Y ya que se desvivan para protegerse carece de lógica en función de lo que vemos en pantalla. Uno nunca comprende por qué Copons (compañero inseparable de Alatriste) defiende a capa, espada y moneda los intereses del protagonista, sin tener el menor problema en prescindir de los deseos individuales suyos de los que sí nos hace partícipe la pregunta (y ya que Alatriste no le dé el collar cuando Copons paga con su dinero algo que él pretendía pagar con la joya mejor ni hablamos). Simplemente no tiene sentido. Por no profundizar ahora más en los personajes (ya lo haré más adelante, que también hay mucho que criticar) limitarme a una escena entre dos personajes (uno de ellos muy importante) heridos que demuestran una complicidad tremenda, fruto sin duda de una amistad de varios años, algo que sí se nota en los libros, pero aquí el segundo personaje (el segundo más perjudicado en pérdida de importancia respecto a los libros tras Caridad la Lebrijana, dueña de la taberna donde viven Alatriste e Iñigo y que sencillamente no sale en el filme) se nos ha presentado rápido y mal en una breve escena alrededor de una hora antes de metraje. Verlos ahí intentando transmitir algo que la película no se ha molestado en perfilar de antemano supone el ejemplo perfecto de edificar la casa comenzando por el tejado, que es en lo que se empeña Díaz Yanes. Lamentable

Puestos a salvar algo del trabajo de Díaz Yanes destacar que no le importa lo más mínimo mostrar en pantalla las cantidades de sangre que requiera cada acción (es que lo contrario en momentos como suicidios casi en primer plano sería ya para obligarle a no volver a dirigir película alguna). También muestra un cuidado notable a la hora de dibujar todos los aspectos visuales de la producción (que queda todo muy vistoso entre bostezo y bostezo es algo que no negaré). Además, demuestra un mínimo de oficio (aunque barajo la hipótesis de que le salió bien por casualidad) durante tres escenas aisladas (el comienzo pese a la niebla, lo comentado en las trincheras y el dos contra dos por el oro del barco) y crea una aceptable relación entre María de Castro y Alatriste, aunque a costa de un fallo de continuidad garrafal y encima la cierra de mala manera. Más allá de eso lo único que queda es teorizar sobre la posibilidad de que los productores del filme hayan metido mano en el montaje al más puro estilo hermanos Weinstein provocando el caos total y absoluto. Lo malo es que esto es algo totalmente indemostrable salvo que, siguiendo la moda imperante, nos salgan dentro de un tiempo con un chachiguay del copón montaje del director en el que al menos los personajes sean bien presentados y los acontecimientos tengan cierta lógica, porque la verdad es que queda la sensación de que las decisiones en la sala de montaje han condenado a “Alatriste” casi tanto como la total inoperancia de Díaz Yanes. Pero, lo dicho, hipótesis, lo que hay son un par de cosillas aisladas salvables en un conjunto lastimoso, renqueante, (en varios momentos) aburrido e inconexo a rabiar. Ni más ni menos.

BALANCE DESIGUAL EN LOS ACTORES

La elección de Viggo Mortensen para el papel protagonista traía consigo la duda de si podría librarse de ese peculiar acento que tiene su castellano tras vivir varios años en Argentina. Al menos por mi parte no tenía duda de que en lo referente a presencia física y capacidad de infundir carisma era difícil encontrar una opción más acertada, pero lo que no esperaba es que el singular timbre de voz que luce en la película se amoldase tan bien a las particularidades del personaje. Me explico, a mucha gente no le ha gustado nada la voz de Mortensen en “Alatriste”, llegando a considerar que eso les sacaba de la película, pero yo creo que se ajusta al aire cansado de la vida y cascado con la que se nos presenta al personaje. Resuelta esa inquietante duda lo que queda es una esforzada y estimable actuación que hace imposible pensar a otro intérprete en el personaje principal. Seguramente su experiencia como Aragorn en “El Señor de los Anillos” ha resultado decisiva en este aspecto. Las únicas pegas que cabe ponerle son la dificultad para creernos su relación con otros personajes debido a los incontables agujeros del guión.

Como compañeros casi inseparables de Alatriste (uno más que otro, eso sí) nos encontramos a los otros dos actores que salvan con solvencia sus personajes. El primero de ellos es Eduard Fernández, mi actor español favorito, como Sebastián Copons, un hombre no muy inteligente ni avispado, pero leal hasta el extremo de sacrificar sus propios deseos. A través de él (y de varios personajes más como la descolocante presencia de uno de los protagonistas de la infumable teleserie “A tortas con la vida”) la cinta se introduce en las características de los soldados españoles de la época. Maltratados, sin pagarles y prácticamente condenados a morir en el campo de batalla por un rey que han de respetar por el hecho de ser rey, pero que en el fondo desprecian con todo su ser. Lo que importa no es tanto la victoria o la derrota en el combate como darlo todo por su patria. Vamos, un rasgo honorable que se resalta del soldado español, pero cuya evolución histórica dio pie a decisiones incomprensibles como la que tomo prestada para titular el escrito. Volviendo específicamente a la actuación de Fernández comentar que salva con corrección su personaje, pero la película hubiera ganado mucho si incidiera más en la relación entre Alatriste, Iñigo y el bueno de Copons. No alcanzo a recordar el otro nombre del apoyo de Alatriste que recae en la figura de Antonio Dechent, al que siempre recordaré por su encomiable trabajo en la excelente “Intacto”. Otra actuación correcta, pero de nuevo adolece (aunque en este caso no sea tan relevante la misma) del mismo problema que la referida a Fernández.

La otra cara de la moneda reside en la deplorable actuación del dúo formado por Elena Anaya y Unax Ugalde. Ya he apuntado los gravísimos cambios del personaje de Angélica (algo que en producciones como “Harry Potter” jamás sería perdonado, pero como los españoles vamos de guays...), las cuales empañan mi veredicto hacia su actuación, pero es que, más allá del detalle del abanico con la daga y lo que pueda alegrar la vista su innecesario desnudo, su trabajo en “Alatriste” hay que calificarlo de desastroso. No te crees ni sus dudas, ni porqué actúa como actúa y ya su última aparición da pena de lo mal que lo hace. Una pena, porque yo la tenía por una actriz bastante aceptable. Visto lo visto y teniendo en cuenta la escasa diferencia de edad entre ambas, me extraña que a nadie se le ocurriera la posibilidad de contratar a Gwyneth Paltrow para el personaje, porque habla castellano bastante bien, impulsaría más la proyección internacional de la película y al menos se respetaría la parte física del personaje. Y si mala es la labor de Anaya, la de Ugalde hay que calificarla de pésima. Ni su valentía, ni sus motivos para defender con tanto ahínco a Alatriste, ni su amor por Angélica ni absolutamente nada consigue Ugalde que nos creamos. Y por el camino da toda la sensación de estar desubicado dentro de la cinta, amén de lucir varias veces una chaqueta que, lo siento, pero es el único detalle de vestuario que parecía totalmente fuera de lugar. En definitiva, una de las relaciones mejor llevadas en los libros se convierte en un fiasco monumental en su traducción al cine. Desesperante.

Muy discutibles resultan Javier Cámara y Blanca Portillo como el Conde Duque de Olivares y Bocanegra. El primero debía transmitir una sensación de poderío, autoridad y superioridad sobre el resto que se pierde en una interpretación en la que ciertos matices cómicos (ya sea de forma consciente o no) convierten a la persona más poderosa de la España de la época en una especie de pelele que uno no entiende porque infunde tantísimo respeto a los demás personajes. Ojo, donde sí está acertado Cámara es cuando el Conde Duque ya no atraviesa por su mejor momento, ya que a ese aire de decadencia sí se ajusta su actuación, pero aún así su labor no debe ser rescatada de la quema. Humillante e incomprensible está Blanca Portillo como Bocanegra. Me queda toda la sensación de que su elección obedece a la idea de que pensaban hacer una película que arrasara en las entregas de premios y una actriz haciendo de hombre siempre ofrece un plus de “qualité” a su actuación. La pega es que eso sucede si todo sale bien, pero el absoluto desastre que es “Alatriste” ayuda a ver a Portillo como una incompetente para un personaje en el que la sala no podía evitar reírse ante la estupidez que tiene delante. Vergonzoso.

En tierra de nadie se quedan Ariadna Gil, Eduardo Noriega, Juan Echanove y las brevísimas apariciones de Pilar Bardem, Pilar López de Ayala y Paco Tous (el líder de “Los Hombres de Paco”). La primera tiene sus mejores momentos en las escenas que comparte con Alatriste, pero como contrapartida está muy forzada cuando aparece dentro de una obra de teatro hablando en el castellano de la época. Noriega quizá no sea el actor ideal para dar vida al conde Guadalmedina por sus evidentes limitaciones para esto de la actuación, pero, lejos de resultar molesto, consigue hasta pasar desapercibido. Ya sé que es una triste ventaja esa, pero es lo que hay. La recreación que Echanove hace de Francisco de Quevedo deja cierta sensación de caricaturización del personaje y no sale muy beneficiado de la supresión de sus escenas de combate espada en mano y del desdibujamiento de sus volátiles estados respecto al favor o no del gobierno. Quitando eso, Echanove no lo hace mal y su momento de gloria es cuando se nos recuerda la terrible rivalidad que había entre Quevedo y Góngora. La presencia de Pilar Bardem resulta una incógnita que fácilmente ha de ser tachada de estupidez. Breves segundos en pantalla en un papel que parece que Díaz Yanes le ha dado por amiguismo, ya que Bardem consiguió un Goya como mejor secundario por su trabajo en la ópera prima del realizador. Hay quien ha tildado de incomprensible que López de Ayala aceptase un papel tan breve, pero es que de 3 escenas que tiene, 2 han sido inventadas con nocturnidad y alevosía para la ocasión. También la pasividad del personaje ha servido para criticar los roles femeninos de “Alatriste”, pero es que la cinta no sucede en la actualidad y además el influjo de su marido Malatesta sin duda la convirtió en una especie de estatua viviente al servicio del hombre. Algo fuera de lugar puede parecer la aparición de Tous al estar tan marcado por su rol cómico en la teleserie de Antena 3, pero la verdad es que no molesta y cuando se libre de su particular estigma su breve presencia será simplemente ignorada. El bagaje de todos estos no es ni bueno, ni malo, pero sí algo molesto ante la oportunidad de oro que tenían.

He dejado para el final a mi personaje favorito de los libros, es decir, a Malatesta, la antítesis de Alatriste. El mayor acierto que veo en su traslación cinematográfica es la similitud que se establece entre Malatesta y un cuervo a raíz de su físico. Siempre vestido de un inquietante negro y con una actitud siempre a la expectativa (algo que quizá quede algo forzado en ciertos momentos), pero harto inquietante. Hasta ahí los puntos positivos, porque por lo demás han destrozado de forma cruel e imperdonable un personaje maravilloso. Se han olvidado de sus característicos silbidos, apenas sí han perfilado su milenaria enemistad con Alatriste y ya de la que tiene con Iñigo mejor ni hablamos, porque han conservado el encanto de referirse a él como rapaz, pero lo demás ha ido a peor, en especial lo referido a su última escena juntos. Me dolió en el alma que al hacer una versión cinematográfica de los libros se pegasen la inventada del siglo. Sobre la actuación del italiano Enrico LoVerso señalar que él está bastante correcto, pero de nuevo los excesivos fallos del guión van debilitando su personaje hasta extremos insospechados. Imperdonable.

ESMERO EN LOS PEQUEÑOS DETALLES, PERO NO EN TODOS

Lo que sí parece es que los responsables de “Alatriste” se han olvidado de todos los asuntos realmente importantes para hacer una buena película (guión, dirección y reparto de actores) para centrarse en aspectos más insignificantes que pueden dar cierto encanto especial a una película si el resto está más o menos cuidado, pero que no sirven de nada ante desastres como el que nos ocupa.

El punto en el que más esfuerzos para haber desarrollado es el concerniente a la fotografía. De casualidad pillé el otro día un fragmento de un making off de la película y Díaz Yanes apuntaba la dificultad que él y Paco Femenia, su director de fotografía, habían tenido para encontrar los matices cromáticos adecuados para lo que estaban buscando. La verdad es que estoy lejos de ser un experto en la materia, pero su finalidad de dotar a “Alatriste” de un colorido que recordase de forma constante a las obras de Velásquez me parece bastante conseguido, en especial en aquellas escenas donde el movimiento de los personajes en cuadro es más reducido. El resto de momentos también funcionan más o menos bien, pero lejos de ese nivel. Si acaso, cabe achacar a la fotografía dos fallos ya comentados previamente: La excesiva niebla del arranque que dificulta la visibilidad del espectador y otro tanto sobre la oscuridad de la toma del barco. Como complemento a la fotografía se trabaja de forma muy estimable lo referente al vestuario de los personajes, donde salvo lo apuntado de Iñigo, el bagaje es muy positivo, gustándome de forma particular los sombreros de Alatriste y Malatesta. Sólo viéndolos ya puedes deducir la rivalidad entre ellos, algo que por acciones no está tan bien definido.

Detalles ya no tan trabajados son los concernientes al banda sonora de Roque Baños (posiblemente mi compositor español favorito) y las coreografías de las luchas espada en mano de Bob Anderson. El primero compone una música estimable, pero algo manchada por ciertos errores de bulto como introducir lo que parecen punteos de guitarra en situaciones que quedan algo fuera de lugar. Y ya la música que acompaña a la presunta batalla épica final es de chiste. También decepcionante se puede tachar el trabajo de Anderson, la principal autoridad hollywoodiense en la materia. Las luchas espada en mano son cortas, lo cual impide dotarlas de épica y, aunque se entiende que en la época eran más cortas y sucias, uno no puede sino esperar algo más. Si es que escenas de ese estilo sin necesidad de la coreografía de Anderson como las de la notable “El Maestro de Esgrima” (eso sí que era una buena película a partir de una obra de Pérez Reverte) son muy superiores, pero bueno, al menos aquí tenían excusa.

TRISTES CONCLUSIONES

Deseaba que me encantase “Alatriste” como hacía tiempo que no me pasaba con ninguna película, pero entre lo que uno quiere y lo que realmente sucede muchas veces hay una diferencia abismal y estamos ante uno de esos casos. La película de Díaz Yanes es un fracaso absoluto en lo referente a guión, montaje y dirección. Se salvan ciertos actores, pero otros rozan el mayor de los ridículos. Y como adaptación de las novelas se merece el 0 más grande que haya dado en mis 22 años de vida por mucho que el autor diga que la película le satisfizo. En definitiva, “Alatriste” era una oportunidad de oro para que el cine español saliese de sus típicas fórmulas de producción, pero su escasísima calidad (le doy dos estrellas no sé muy bien por qué) nos ha hecho perder una oportunidad histórica por mucho que la cinta ingresase cerca de 5 millones de euros en su primer fin de semana. También ahí se esperaba más, pero donde no hay nada es imposible encontrar algo. Esta vez no ha quedado ni la honra ni el barco, apenas detalles sueltos que no salvan a “Alatriste” del suspenso. 

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Comentarios sobre esta opinión
hermana_de_batalla

hermana_de_batalla

05.11.2009 13:31

No podría estar más de acuerdo contigo. Soy una ávida lectora y fiel seguidora de las andanzas del Capitán, y deseaba que esta película estuviera a la altura de mis expectativas. ¡Cuál no sería mi sopresa al encontrarme este desastre de guión en el que, más que intentar aunar todos los libros, los mexcla, dando saltos temporales que descolocarían a cualquiera que no haya leído los libros! Ha sido una de las mayores decepciones cinematográficas de mi vida, y me sentí casi insultada de forma personal al ver de la manera en que han tergiversado y mancillado las historias originales. No puedo creer que el propio Reverte haya participado en la elaboración del guión. Simplemente decepcionante y triste...

jvicedo

jvicedo

08.09.2008 19:30

Ya de paso me he leído esta opinión, no tanto por la película, que no he visto, sino por la novela, que me pareció bastante mala. En eso discrepo de ti, pero en lo demás tengo que decirte que me sigue deleitando lo que escribes. Saludos

MPazos

MPazos

19.04.2008 09:32

Pues comparto contigo la mayoría de las críticas. Es una pena, pues medios había, pero la peli chirría demasiado. Ni el cariño patrio puede acallar tantos ruidos.

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