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La estética del Alfa 147 demuestra una personalidad indudable. Nadie que se enfrente a este 147 podrá dudar de su procedencia, con esa gran parrilla que anuncia su árbol genealógico. El volumen del habitáculo queda empequeñecido ante un morro que ensalza el apartado mecánico. Incluso las prominentes aletas proporcionan un efecto de fuerza y robustez que no puede pasar desapercibido.
Nadie que espere una excepcional habitabilidad o practicidad podrá sentirse plenamente satisfecho con el 147. Sin embargo, aquéllos que aprecien la personalidad, la mecánica y la buena factura en la realización, tendrán una adecuada satisfacción. Con respecto a la primera, y ya entrando en detalles prácticos, esa abundancia de metal en detrimento del cristal, junto a una visual tendencia decreciente en la altura de la zaga, no se traduce en un habitáculo restringido.
Su motor 2.0 Twin Spark -doble bujía- es más que conocido. Sin embargo, los retoques efec- tuados para actualizarlo y superar las normativas anticontaminación, entre los que se incluyen la introducción de un sistema de admisión variable, acelerador electrónico, válvulas más pequeñas, masas alternativas más ligeras y árboles contrarrotantes para minimizar vibraciones, han generado, a pesar de una reducción de la potencia máxima homologada hasta los 150 CV, un funcionamiento más sedoso y progresivo.
Lo que no se ha reducido, incluso todo lo contrario, es su amor por el giro rápido. Este cuatro cilindros se encuentra como pez en el agua por encima de las 4.000 rpm hasta el mismo corte.
Nunca este dos litros de Alfa ha sido un prodigio de respuesta en baja, y ahora tampoco lo logra, pero sí se nota un empuje y suavidad de funcionamiento mejorados. Con todo, este motor incita al conductor a un uso deportivo, a que aproveche su excelente respuesta a alto régimen y a que disfrute, si sus oídos asi lo juzgan, con su indisimulado sonido.
El sistema Selespeed se realiza sobre el cambio manual, esto es, con embrague monodisco y sincronizados para las marchas y no con convertidor de par. Vamos, lo que ahora se llama un cambio robotizado, que elimina el pedal del embrague. Su funcionamiento, sin embargo, deja a la opción del conductor que sea manual o totalmente automático.
En función de nuestro estado de ánimo podemos pasar del confortable sistema automático -en el que nuestras preocupaciones no levantan del nivel cero- hasta el eufórico que se puede generar cambiando con las palancas bajo el volante.
El pomo convencional viene bien -además de en cualquier otra situación- cuando se realiza una conducción deportiva por carreteras muy viradas y el consiguiente manoteo sobre el volante puede originar que nuestros dedos no siempre coincidan con la posición de la palanca requerida para reducir. y digo reducir porque, en la gestión de este cambio, cuando el motor llega al régimen máximo, cambia de marcha sin intervención del conductor, con la ventaja de que lo efectúa algo más rápido -centésimas de se~ gundo- que si es el propio humano el que actúa sobre el mando.
El comportamiento del 147 no puede ser sino excelente, partiendo de un bastidor tan comprobado y alabado como el del 156, del que deriva estrechamente. Destaca la sujeción del tren trasero, que se muestra imperturbable ante cualquier situación.
Es tal su adherencia que, cuando tratamos de desequilibrar al coche, es el tren delantero el:que desentona, generando un sUbviraje sensible, a pesar de una dirección muy rápida y de casi instantánea reacción al mínimo movimiento. Su límite viene dado por la actuación del control de estabilidad.
11.10.2006 11:52
Muy buena opi. Un saludo
11.12.2004 15:05
Un muy buen coche y bonito,saludos
04.11.2004 15:03
Muy bonito el diseño, aunque no me convence la marca. Saludos.