Everest: En la cima del mundo
28.10.2006
Ventajas:
La libertad que sientes
Desventajas:
cierto respetillo a la avioneta . . . .
Recomendable:
Sí
 thort
Sobre mí:
"Tu equilibrio depende de la serenidad de tu mente. Sigue la conducta dictada por tu conciencia...
usuario desde:10.10.2006
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Allí estaba: al alcance de mi mano; tan blanco, tan imponente, tan majestuoso... la cumbre más alta del mundo con sus 8.848 metros. Otro sueño viajero cumplido. Y yo no podía siquiera sentir ese orgullo de haber sido capaz de llegar hasta allí; eso ya quedaría para después, para cuando pudiera sentarme tranquilo, y recapacitar sobre dónde había estado y lo que había hecho. Ahora estaba ese torbellino de sentimientos que me azotaba entero. El de la grandeza y la pequeñez, el de la libertad y el encierro, el de la alegría y la pena... muchos sentimientos contradictorios... Grandeza porque es la primera impresión al ver la cima del Everest levantarse por encima de todos los picos que lo rodean, allí, asomando entre las nubes. Pequeñez porque después de admirar su grandiosidad, uno se siente pequeño, como una hormiga, y no se puede más que pensar en las cosas tan magníficas e impresionantes que hay por el Mundo. Libertad, porque el corazón se hace tres veces más grande de lo que es; porque se expande; porque parece querer gritarle al mundo que ya nadie es capaz de vencerle; encierro porque desearía uno bajarse del avión y poner los pies en aquel manto de nieve, y acariciarla, y retozar, y relajarse tocando con las yemas de los dedos esas nubes que le hacen de alfombra a la montaña. Dejar que corran y se deslicen entre los dedos como si fueran agua. Porque esa es la sensación que se tiene, que ni las mismas nubes son ya tan inalcanzables... alegría porque se ha cumplido uno de esos sueños que todo aquel que disfrute conociendo mundo tiene; estar en el punto más alto de la Tierra; verlo in situ y disfrutarlo. Pena porque la visita se hace excesivamente corta y querría estar allí horas y horas, sin preocupaciones ni problemas ni molestia alguna; sólo pero acompañado... Y todo ese torbellino de sentimientos contradictorios, que se suceden en tan breve instante de tiempo al final queda resumido en la satisfacción; en la profunda satisfacción de estar allí. Ya nada importaba la noche de desvelo; ni el malrato; ni los nervios; ni las pesadillas, ni el dinero pagado, unos 120 dólares. Nos teníamos que levantar a las 5 para comenzar la excursión, y a las 4 de la mañana aún no había podido dormir nada. Cuando me levanté tenía sudores fríos, el estómago revuelto, e incluso, cuando después de una ducha refrescante, me reuní con los amigos, me miraron con cara extrañada y me preguntaron si me encontraba bien, dado lo blanco que me encontraba. Pero era una oportunidad en la vida y había que aprovecharla. Los miedos están para superarlos, y en este caso más. Si tenía que acabar de alimento del Yeti, lo haría, pues el destino no está en nuestras manos...
A las 5,45, y sin desayunar, estábamos de nuevo en el aeropuerto dispuesto a levantar el vuelo. Por suerte, había amanecido despejado a las alturas a las que íbamos, puesto que en días nublados la excursión se suspende ya que allí arriba no se ve absolutamente nada... Al poner el pie en la pista, no pude más que dar un pequeño respiro... la avioneta no era tan pequeña como había pensado... era para unos 30 pasajeros. Aún así, daba toda la sensación de ser muy delicadita y frágil, y esas hélices.... buffff.... Por suerte, me toca en la primera fila, justo junto a la hélice, así que mira por donde, si deja de dar vueltas me enteraré el primero y seré el primero en gritar... Tras unos minutos, arrancan los motores de una forma estruendosa; vibra el aparato; me presigno... y aprieta el acelerador. La avioneta se levanta sin brusquedades, y poco después ya se enceuntra atravesando las pocas nubes conque había amanecido el cielo de Katmandú. A nuestros pies se extiende, como un manto verde, todos los campos de arroz del valle. Es precioso ver como aquellos ríos marrones atraviesan su verde, serpenteando por todo el valle; los puntos blancos de las casas salpicadas por los campos; el núcleo urbano de la capital cada vez más pequeño, los brillos del sol mientras salía por el horizonte, cortando las nubes, y las infinitas figuras que éstas dibujaban allí abajo, sobre la tierra fértil .... poco a poco los miedos se olvidan, y la sensación de nervios se transforma en ansiedad por llegar; por lanzar la primera foto y admirar la primera cumbre de las varias seguidas que veremos. El vértigo ha desaparecido pues tanto paisaje no deja tiempo para pensar en él... y así, repentinamente, allí en el horizonte, se dibujó la primera de las cumbres, apareciendo como un gigante entre las nubes. La gente se arremolinaba sobre las ventanillas para hacer fotos; el caos por un momento fue total; todos dispuestos a tomar posiciones en cada ventanilla, intentando intuir por cual aparecería la siguiente; y así, íbamos de una a otra, gastando más y más carrete...
Al llegar a la primera cumbre, el valle ya se encontraba a 4.400 metros por debajo de nuestros pies. El Langtang Lirung era la primera cima por encima del 7.000 (más concretamente 7.246 m.). A sus espaldas se recortaba la siguiente, el Gosainthan, que incluso le hacía sombra, con sus 8.013 m. Poco a poco nos íbamos acercándonos; las cumbre se veían cada vez más nítidamente, tanto por altura como por distancia. Después de haber atravesado el Dorje-Lapka, el Phurbi-Ghyachu, y el Chobba-Bhamare, de menos de 7.000 m. los tres, parecía que las montañas casi las teníamos al alcance de la mano. el avión había cogido la altura suficiente como para que esos picos quedaran un poco nada más por debajo nuestra. Impresionaba seguir con la vista una de esas cumbres; verla aparecer por una ventanilla, perderse por debajo de la avioneta, y aparecer por el lado contrario. Mirar hacia abajo, justo cuando pasábamos por encima, atravesándole, y ver aquel manto de nieve tan cerca (casi me daba la impresión de que si abría la puerta, simplemente con dar un saltito, caería encima) me traía a la cabeza tantas películas de alpinistas como había visto, y en especial aquella de Chris O'Donnell, "Límite vertical" que tan bellos paisajes me había dejado en las retinas. Una tras otras, íbamos surcando el cielo; siempre cumbres por encima de los 6.000 metros: el Gauri-Shankar de 7.145 m.; el Melungtse, de 7.181 m.; el Chugimago, de 6.297 m., el Pigferago, el Numbur, el Karyolung... hasta volver a tomar de nuevo las cimas de los 8.000. El Cho-Oyu, de 8.153 m. ya nos hizo el cuerpo de lo que estábamos apunto de avistar en pocos minutos. 4 picos más y tendríamos frente a nuestros ojos el Everest.
Por la cabina del piloto habíamos ido pasando todos; para hablar con ellos; para ver la cabina; para vivir la experiencia de ver aparecer los picos de frente, y ser los primeros en avistarlos; y como no, por supuesto, para hacer fotos. Al fin, el Rey apareció. El mítico Everest se recortó allá a lo lejos contra el azul del cielo, emergiendo imponente entre las nubes de algodón. "Aquí estoy yo, adoradme", parecía querer decir. El éxtasis entre los pasajeros fue total; el murmullo de admiración conjunto no pudo evitarse. En ese breve momento, comprendí por primera vez a los montañeros; los sufrimientos que eran capaces de pasar; el valor para arriesgar sus vidas y estar y coronar aquella cima; comprendí a tantos como habían perdido sus vidas intentando cumplir ese sueño de estar allí arriba y dominar al mundo y al gigante. Y quise ser uno de ellos. Hubiera dado lo que fuera, por poderme calzar unas botas y pisar aquel pico; sentarme y mirar al mundo y gritarle. Y lo más que pude hacer fue echarle esa foto que se queda conmigo para siempre. La que abajo os pongo. La cumbre nevada, con ese blanco inmaculado, el sol reflejándose en ella, y el ala del avión como referencia a lo cerca que estuve de él.
Nada podría igualar ya, en el resto del viaje, la maravilla que acababa de ver. Ni tan siquiera ese gran Tesoro que tendría frente a mis ojos el próximo día. Porque el siguiente día estaría en... Petra.
Fotos de Alrededores del Everest
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24.11.2006 20:27
Que experiencia tuvo que ser!! Creo que hasta me he puesto verde de (sana..) envidia mientras lo leia.. habrá que ir! lo apunto a mi lista de destinos!!
10.11.2006 18:03
Me encantan tus textos, pero este me dejo sin aliento!! Te envidio por las maravillosas experiencias que pasaste en Nepal, especialmente esta. Saludos
09.11.2006 11:37
Que pequeños somos comparados con esta impresionante montaña. Debe ser una maravilla. saludos