Aventura en el Orient Express y otras cosas. Para unacampanilla84

3  27.11.2011

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Recomendable: Sí 

CHIARA94

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usuario desde:02.06.2004

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Aventura en el Orient Express

Ese año, Carmen había tenido que dejar sus vacaciones para el frío invierno, una serie de inconvenientes surgidos en la empresa donde trabaja bajo el mando de su padre le obligaron a ello. Aquel día se levantó un poco más tarde de lo habitual, era sábado y una de las cosas que más le gustan es poder quedarse en la cama un rato más. Aun faltaba para las vacaciones, pero ya quedaba menos. Era un desapacible día de noviembre, de esos que a la mayoría de la gente suelen bajarle el ánimo a los pies, pero a ella no, ella sabe muy bien como poner una sonrisa a un día gris. Así que se levantó, se metió en su bata gordita, enfundó los pies en sus calcetines gordos y unas mullidas zapatillas y se preparó un café bien caliente y cargado y unas tostadas de las de fin de semana, es como ella llama a las tostadas hechas sin prisas, en sartén y untadas previamente con mantequilla. Después de tomar su desayuno a placer mientras tecleaba en el ordenador, decidió darse un relajante baño de espuma. Le gusta cocinar y es una excelente cocinera, pero ese día no tendría que hacerlo, todo estaba preparado desde el día anterior. Solo tenia que esperar tranquilamente a que llegara el hombre al que adora y con el que se casó hace muy poquito tiempo. Lo hizo zambulléndose de lleno en la lectura de un libro, mientras la casa se iba caldeando poquito a poco y el número de sonrisas que dibujaban sus labios crecía por momentos.
Se oye un ruido en la puerta y es ahí cuando cambia la mañana, Carmen pasa del disfrute de la soledad al disfrute de la compañía más deseada, porque no cabe ninguna duda de que ella sabe vivir ambas cosas, exprimir cada situación para extraer lo mejor de esta, en definitiva: sabe vivir. Ha llegado él, viene de pasear a sus perros por el campo, de sentir el aire libre, algo que le gusta bastante, ambos se miran y se saludan cariñosamente. Todo está preparado para comer y disfrutan de una comida juntos y en la intimidad del hogar recién estrenado. La sobremesa transcurre plácida con una película que está casi de ruido de fondo, el film es lo de menos, lo que importa es la compañía, la complicidad, los abrazos, los besos. Tras la película, él parece dormido en su sofá y ella vuelve a su lectura. Mientras lee nota que él se acerca, no estaba dormido, fingía estarlo, le hace una caricia y pregunta con cariño ¿qué lees?, Carmen le muestra el libro a su compañero y este se lo quita, y entre juguetón y malicioso lo esconde sujetándolo con ambas manos tras él. Carmen intenta alcanzarlo y en mitad del cariñoso forcejeo el la abraza y le pregunta sonriendo

-¿Qué te gustaría hacer estas vacaciones?

-No sé –contesta ella dubitativa- aun no lo he pensado… ¡devuélveme el libro!
Se enredan de nuevo en el forcejeo cariñoso y al final él exclama con condescendencia:

-¡Anda, toma, aquí tienes tu libro!
Carmen lo toma entre sus manos y descubre que dentro de él hay algo que antes no estaba ahí. Dos esquinas de dos pequeños papeles asoman entre sus páginas. Lo abre con impaciencia y…

-¡Dos billetes para viajar la semana que viene en el Orient Express! –exclama visiblemente sorprendida.

Es sensible, emotiva y a veces no puede contener las lágrimas que afloran a sus ojos, pero esta vez es de alegría y agradecimiento. Abraza y besa a su marido y este responde feliz y satisfecho a sus muestras de cariño.


Han pasado siete días y Carmen y su marido ya se encuentran en la parisina Gare de l'Est (Estación del Este) de donde el tren partirá a las 17:16 minutos para llegar al día siguiente a Viena, donde pasarán unos días de sus vacaciones.

Tras subir al tren, quedan algo sorprendidos al comprobar que son los primeros en llegar, no hay nadie, el tren está desierto, ellos y el maquinista que han podido ver al entrar, colocado en su puesto y vestido de época, son los únicos que transitan por su interior. El tren es lujoso y recrea a la perfección aquél mítico transporte que comenzara tu andadura el 4 de octubre de 1883, con un recorrido entonces mucho más largo y que varió a lo largo del tiempo hasta llegar al meramente turístico y mucho más corto de hoy en día. Carmen está entusiasmada, deambula por el tren como por un sueño, agradecida y feliz de poder disfrutar todo aquello junto a la mejor compañía posible. Cuando llegan a su coche cama para dejar el equipaje y acomodarse en él, comprueban todavía atónitos que aun son los únicos pasajeros del tren. Minutos después, cuando ya han dejado las maletas en sus compartimentos, deciden salir del compartimento para dar una vuelta. Carmen, como una niña curiosa, en vez de salir sin más, se acerca a la puerta, la abre con sigilo y asoma solo la cabeza, mirando a un lado y otro del pasillo del vagón. Esta vez la sorpresa es mayúscula, la gente ha comenzado a llegar y caminan por los pasillos con sus equipajes, pero todos, absolutamente todos, parecen como salidos de otra época, de esa en la que fue escrita novela de Christie, Asesinato en el Orient Express. Entre divertida y curiosa, Carmen llama a su compañero que se acerca a ella al instante, abrazándola por detrás y asomando también la cabeza por la abertura de la puerta.

-¿Ves eso? –comenta Carmen estupefacta- Todas las personas que van llegando, está vestidas como en la primera mitad del siglo XX, es extraño ¿no? Él asiente con la cabeza y observa igual de atónito que ella. Pasados unos segundos bromea sonriendo y pregunta.

-¿No será esto una broma de tu padre? -Ella ríe divertida y niega.

-No aprecié en él esa cara de pillo de cuando suele gastarme una broma, además esto sería demasiado ¿no? -Ambos ríen a carcajadas con total desenfado.

-Tal vez sea una estrategia turística, actores mezclados entre los pasajeros reales para hacer sentir a estos que ciertamente están en el mítico y legendario tren y en otra época.

-Quizá –contesta ella divertida.

El tren ya hace rato que se puso en marcha y ha llegado la hora de disfrutar de una romántica cena en el lujoso vagón restaurante. Durante ella, Carmen y su marido, observan a resto de los comensales, es más que extraño, ni uno solo de ellos va vestido como en la época actual. Hablan diferentes idiomas y conforman un auténtico y curioso espectáculo ante sus ojos. En un momento determinado, justo cuando Carmen iba a dar un sorbo al delicioso vino, se detiene de repente con la copa suspendida en alto.

-¿Qué sucede? ¿Por qué te has quedado como petrificada? –pregunta él preocupado- Son actores, eso está claro, quizá los pasajeros reales, como nosotros, no hayan llegado aun al restaurante –dice tratando de tranquilizar a Carmen que ahora parece nerviosa y más atónita que nunca.

-¡Mira! -exclama ella, tratando de no alzar la voz y señalando con disimulo a uno de los comensales- ¿Ves ese joven alto de ahí al lado? coincide a la perfección con la descripción de Hector Willard, el intérprete americano de Samuel Ratchett, el hombre asesinado en la novela que estaba leyendo. Y aquella anciana dama que está sentada en esa mesa coincide con la de otro personaje, la princesa rusa Natalia Dragomiroff. La he oído hablar en ruso con la mujer de mediana edad que se sienta con ella que curiosamente parece que fuera Hildegarde, su doncella.

Su compañero piensa que su esposa tiene una gran imaginación, eso le agrada, pero parece que esta vez habla en serio y también le preocupa. No quiere dar muestras de que no la cree, así que opta por seguir con la teoría de que todos los que les rodean son actores, añadiendo esta vez la posibilidad de que estén representando la obra de Agatha Christie.

-Tal vez este sea un viaje conmemorativo, quizá están recreando el libro de Christie ¿no te parece? –contestó con dulzura y dejando ver su mejor sonrisa.

-No –objetó ella sin pensarlo- de ser así te habrían dicho algo al adquirir los billetes, lo sabríamos. Hizo una pausa y quedó pensativa durante unos instantes tras los cuales preguntó:

-¿Tú sabias esto? El negó con la cabeza y añadió:

-Te aseguro que no, todo esto es tan extraño e intrigante para mí como para ti.

Se hizo un silencio entre ambos y siguieron cenando y observando a su alrededor, preguntándose cada uno a sí mismo qué podría ser lo que estaba ocurriendo.
La tarde había sido agotadora, sin lugar a dudas excitante y agotadora a partes iguales, a pesar de las extrañas circunstancias que estaban viviendo y que todo invitaba a permanecer en vigilia, expectantes y resolver el misterio, necesitaban descansar más que nunca. Después de la cena, con una especie de consenso silencioso en el que solo hablaban las miradas, decidieron ir a dormir y se dirigieron al coche cama.


Pasaban de las doce y media de la noche cuando el marido de Carmen dormía ya y ella, aun inquieta, estaba desvelada. Fue entonces cuando oyó un fuerte ruido, unos pasos y unas palabras en francés.

-Ce n'est rien. Je me suis trompé –dijo una voz de hombre que parecía proceder del pasillo o quizá de algún compartimento.

Inmediatamente, Carmen reconoció aquellas palabras y como conocía el idioma las tradujo con la misma rapidez, repitiéndolas en castellano muy bajito: “No es nada. Me he equivocado”. Eran las palabras exactas que Pierre Michel, el encargado del tren en la famosa novela, escuchó a través de la puerta de uno de los coches cama, precisamente aquel en el que viajaba la víctima. Carmen estaba cada vez más convencida, aunque no acertaba a comprender las extrañas razones de aquello, de que se encontraba viviendo en directo la intrigante novela de Agatha Christie. Curiosa y con cautela, abrió la puerta del compartimento, solamente lo justo para poder ver sin ser vista desde fuera. Miró a un lado y a otro del pasillo y pudo ver a un hombre que bien podría ser el mismísimo Hércules Poirot, el famoso detective, y delante de él una misteriosa dama con un kimono escarlata. Ahora sí estaba completamente segura, sus sospechas se acababan de confirmar. Esperó a que ambos personajes desaparecieran de la escena y, cuando estuvo segura de que no había nadie fuera, salió al pasillo. Evidentemente alterada por lo vivido, su corazón latía a gran velocidad, parecía que se le fuera a salir del pecho de un momento a otro, permaneció inmóvil durante unos instantes sin saber qué hacer y justo en el momento en que decidió dar un paso hacia delante, un hombre vestido de negro y de aspecto siniestro apareció ante ella como salido de la nada, cortándole el paso. Pensó en huir, no era para menos, aquella situación más que inquietarla ya le producía cierta incomodidad, y la presencia del extraño, temor. Pero el hombre se lo impidió sujetándola con fuerza por un brazo y con una voz amable que contrastaba notablemente con su negra vestimenta y su inquietante aspecto le habló.

-No huya, por favor. Sé lo que está pensando en estos momentos. No interfiera por favor –rogó de nuevo antes de que sus labios dibujaran algo parecido a una sonrisa.

Carmen, no acertó a articular palabra, seguía petrificada, perpleja y algo asustada, pero ya había decidido no resistirse al extraño pues estaba enormemente intrigada, así que se armó de valor y trató de aguantar aquella perturbadora mirada frente a frente, esperando que ocurriera algo. Tras unos tensos instantes, el hombre la soltó. Llevaba un pequeño frasco en la otra mano, era de vidrio transparente y contenía un líquido azul muy claro, parecía un frasco antiguo de perfume con pulverizador. El hombre le habló de nuevo.

-He pensado que esto podría serle útil -dijo señalando el pequeño recipiente.

Antes de que Carmen pudiera hacer ninguna pregunta, el individuo cogió el frasco y pulverizó algo del líquido sobre el dorso de su propia mano, al instante desapareció como por arte de magia, tal y como había aparecido. El frasco quedó flotando el aire y, ante los asombrados ojos de Carmen, comenzó a descender con lentitud hasta posarse en el piso. Comprendió a la perfección y rápidamente el mensaje de aquel hombre y el poder que poseía el líquido con el que la había obsequiado. Ella no debería interferir en el transcurso de los acontecimientos, solo observar, aquel pequeño frasco lo haría posible, su contenido tenia la facultad de volver invisible a quien lo usara. Era todo mucha casualidad, si Carmen hubiera deseado alguna vez un poder, habría sido ese, el de la invisibilidad, lo había comentado alguna que otra vez. Si hubiera elegido un libro, una novela para vivirla, esta que estaba viviendo en directo podría haber estado bien. Era todo como un extrañísimo sueño, alucinante, genial…


Cogió el frasco y optó por volver al coche cama, donde su marido continuaba durmiendo. Quedaba poco ya para que amaneciera y había algo en todo este embrollo fantástico que no encajaba, ellos iban en sentido contrario al del tren de la obra literaria y además en breve, sobre las ocho y media de la mañana, llegarían a Viena, si esto era así, no podría ver el desenlace en directo y el sueño quedaría, de alguna forma truncado, incompleto. Esperó a que él despertara, no tardó mucho en hacerlo, había pasado la noche un tanto inquieto, seguramente por lo acontecido. Cuando despertó, pasaban de las nueve de la mañana, ya debieran haber llegado a la capital Austriaca, pero el tren continuaba su viaje sin haber hecho parada alguna. En esto fue en lo primero que repararon ambos, además se percataron de que no iban en dirección a Viena, sino camino de París de nuevo, una rareza más de todas las vividas desde que subieron al misterioso vehículo. Rareza que, curiosamente, coincidía también con el trayecto que el tren hizo en la novela. Estaban comentando esto cuando Carmen decidió que debía contarle lo que aconteció mientras él dormía. Se lo contó sin vacilar, mientras, él escuchaba con los ojos muy abiertos, completamente atónito. Después ella cogió el frasco y le demostró delante de sus narices lo que le había relatado. Al ponerse unas gotas de aquel perfume, ella desapareció sin más e invitó a él a hacer lo mismo, aunque ligeramente temeroso, su marido aceptó. Pasaron el resto del viaje, persiguiendo a los personajes sin ser vistos, viviendo a cada momento en directo la intriga de la novela, emocionados, algo asustados, sorprendidos pero sin duda felices… hasta el mismo instante en que, en el vagón restaurante, Hercules Poirot puso fin a todo anunciando que tenia el honor de retirarse del caso.


Pocas horas después, Carmen comenzó a desperezarse en la cama de un coqueto hotel de la capital Austriaca, estaba desorientada, al principio no sabía donde se encontraba, pero después recordó el momento en el que, estando aun en casa, él le entregó los billetes de tren y hablaron de pasar unos relajados días en Viena. También recordó, lógicamente, el viaje, el extraordinario y fantástico viaje, pero ¿había sido todo un sueño? Se giró y comprobó que sobre la mesita de noche descansaba un pequeño frasco, antiguo, con pulverizador y que albergaba un líquido azul. Lo cogió y puso unas gotas en su muñeca, pero no sucedió nada de lo esperado, ella seguía siendo perfectamente visible, acercó la mano a la nariz para ver cómo olía y descubrió un agradable perfume. Su compañero empezó también a salir del sueño poco a poco, ella lo miró con dulzura mientras se desperezaba y le susurró al oído.

-He tenido un sueño de lo más extraordinario -él sonrió y comentó

-Yo también lo he tenido.

No dio tiempo a mucho más, apenas unos segundos después, sonaron unos tenues golpes en la puerta de la habitación y una voz de hombre anunció que traía el desayuno. Él se levantó, se puso el albornoz del hotel y abrió la puerta con toda naturalidad mientras se colocaba el cabello. El camarero pasó y colocó el desayuno sobre una pequeña mesita.

-Que tengan un buen día y disfruten de la estancia –dijo justo antes de marcharse y cerrar la puerta.

Carmen y su marido, todavía pensativos por el supuesto sueño, se miraron, se abrazaron y besaron como el par de enamorados y recién casados que eran y se dispusieron a dar buena cuenta del excelente desayuno, dispuestos a pasar unos días inolvidables en Viena.

-Esto sí que es un desayuno de sábado –dijo él alegre. Ella, sonriendo lo miró con cariño y asintió con la cabeza.

Y colorín colorado, esta aventura fantástica se ha acabado.
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Hasta aquí esta mi ida de olla que pretende ser parte del regalo a mi amiga invisible de este año, unacampanilla84, a la que antes no conocía, pero que he tenido el gusto de conocer algo a través de sus recetas, opiniones sobre libros, películas, productos cosméticos, los test y las opiniones vertidas a cerca de ella por las amables personas de su red de confianza. Para completar este regalo aun quedan unas cuantas cositas más. Continuemos, ahí va una receta muy particular.

Receta para cocinar cualquier cosa

Sí, habéis leído bien, no pongáis esa cara, ya os he dicho que era una receta muy particular, tanto que la lista de ingredientes que podéis ver más abajo, usados a discreción, pues aquí tampoco hay cantidades y todo va a gusto del cocinero, sirven para cocinar exactamente lo que su nombre indica: cualquier cosa que queráis preparar. Tal vez, unacampanilla84, no lo sepa, pero es una receta que le he copiado a ella. No, no la tiene puesta en Ciao expresamente, como una de las muchas recetas con las que ha hecho las delicias de sus lectores, pero sí se puede ver entre líneas. Vamos a ello.

Ingredientes

Cariño

Este es uno de los principales y más importantes ingredientes para cocinar “cualquier cosa”. Como el resto de los que aparecerán, no puede comprarse, se tiene a mano o no se tiene. Ponle cariño a cualquier cosa que prepares y verás que asombrosamente hace el plato más sabroso.

Gusto

Cuando cocines, no se te olvide poner gusto en lo que haces, es fundamental, los comensales quedarán muy satisfechos cuando descubran este ingrediente tan especial que, además, va íntimamente ligado al anterior, al cariño.

Ilusión

Pon cuanta ilusión tengas en ver la cara de satisfacción de cada una de las personas para las que cocines cuando prueben el excelente plato que les has preparado.
Imaginación

No se te olvide, este ingrediente es de los más importantes, la imaginación al poder hasta en la cocina, por supuesto. Unacampanilla84 lo usa con frecuencia, como los anteriores, y me da que obtiene unos excelentes resultados.
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Bueno, ya queda menos, tras la sencilla receta, quiero ofrecerle a mi obsequiada las palabras que en mi buzón privado han dejado parte de las personas que forman su red de confianza, por cierto, todas son agradables, aunque no todas las voy a recoger aquí, porque son muchas y porque de alguna manera todas vienen a decir lo mismo. Van copiadas literalmente, eliminando lo que no es importante, que iría en lugar de los puntos suspensivos:

“…sé que es una persona amable y sincera, esa es mi impresión sobre ella”

“A mí, campanilla me parece una chica muy femenina, coqueta, romántica...todo en el mejor sentido de la palabra…Es detallista…Creo que es una chica muy agradable, agradecida con las lecturas y comentarios”

“Se la ve una chica alegre y ahora que ya es una mujer casada mucho más.”

“…creo que es una persona muy romántica y sensible, con un gran corazón. Parece que los pequeños detalles son los que le sacan una sonrisa….Y por otro lado, me doy cuenta que tiene las cosas claras y la cabeza bien sentada, y todo eso hoy en día es digno de alabanza.”

“…me parece una chica transparente, clara y amiga de sus amigos…
me da la impresión que es buena gente...”

“…de entrada me parece una chica alegre y resuelta.”

“Creo que unacampanilla84 es una usuaria muy agradable y simpática, que es coherente en sus opiniones y votaciones, que tiene un trato muy agradable y a la que me gusta leer.”

“…es una persona muy simpática y amable con los compañeros, cortés en el trato y siempre pronta para ayudar y dar consejos. Sus comentarios son siempre alegres, dista mucha de ser una "muyu" como los llamáis aquí.”

“Tiene opiniones realmente buenas y que suelen serme de gran utilidad”
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Para terminar, te diré que leyendo tu texto, el que se encuentra en el apartado “como poner una sonrisa a un día de noviembre” y otros en los que nombras a tu marido, me emocioné un poquito por el cariño que se aprecia en tus palabras. Me acordé de una canción que me gusta mucho y que quiero dedicaos, no sé si será de tu agrado, espero que sí, aquí te la dejo:

http://www.youtube.com/watch?v=z7-hlNT8z1w

Cuidad lo que tenéis para que dure siempre. Un beso.
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Comentarios sobre esta opinión
cuchufleta

cuchufleta

15.02.2012 20:55

pedazo de regalo

DannyFlynn

DannyFlynn

05.02.2012 17:39

Regalazo, coincido con J.Stark, ademas de una bonita frase final...

FelipeII

FelipeII

03.01.2012 17:12

Wow, que historia tan currada e interesante, eso es meterse en un libro de cabeza. y que tentación meterse en la explicación de Poirot y adelantarse a su final, te imaginas? jaja. Me ha gustado mucho, me parece super original. Besos

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