Grillo, grillo
14.06.2007
Ventajas:
Un relato
Desventajas:
Huye de ellas
Recomendable:
Sí
 Skitz_
Sobre mí:
Tu sí-mismo se ríe de tu yo y de sus orgullosos saltos
usuario desde:07.06.2007
Opiniones:6
Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 24 miembros de Ciao
Fue cuando tenía quince años. Desde que tenía catorce, mis amigos ya andaban besando chicas. Los más mayores habían besado a muchas, algunos decían que ni se acordaban de a cuantas. Eso me irritaba profundamente, yo no había besado a ninguna chica y me preguntaba si no me tocaría ninguna. Por eso sé perfectamente que era la segunda chica que besaba, porque me prometí que por muchas que cayeran, me acordaría de todas. Aquel año, el que hice quince, fue el mío. Ya había besado a mi primera chica, fue algo perfectamente olvidable. Sé que es la primera y recuerdo su nombre, Lorena, por aquella promesa, pero por nada más, porque la chica aunque bastante guapa, no me interesaba en absoluto. Era más el hecho de quitarse ese peso de encima, lo de ser un virgen de besos. Por eso, cuando fui a besar a mi segunda chica, la que me gustaba de verdad, fui con mucha más calma. Me creía una especie de dandy, una especie de James Bond mientras lo hacía, porque apenas habían transcurrido un par de meses desde que había besado a Lorena. Todo un rompecorazones.Lo que importa de la historia es que la segunda, Rosa; Rosita, me gustaba de verdad. Era todo lo contrario a la primera; morena, bajita, no estaba flacucha y eso lo compensaba con unos pechos desproporcionados a su edad. Yo ya había logrado separarla del resto del grupo con la excusa de acompañarla a casa, era una noche de verano. Le dije que le quería decir una cosa y que nos sentáramos en aquel banco. Puro protocolo, nadie engañaba a nadie. Apenas nos sentamos me lancé y comencé a besuquearla entera con toda mi inexperiencia llena de falsa experiencia. Hasta comencé una inscursión disimulada hacia su delantera con la mano izquierda (soy un dandy zurdo) pero no insistí mucho porque no quería que pensara cualquier cosa de mí, que al fin y al cabo era un caballero.Pero entonces me di cuenta. Como cuando te despiertas por el despertador pero tienes la consciencia de que lleva sonando un buen rato, me di cuenta de que al lado de nuestro banco, en el césped, un grillo estaba haciendo su ruido. Lo cual me empezó a jorobar con locura, porque no era intermitente, como se entiende que debe ser un grillo de los que suenan en verano. Era un "crííí" constante, agudo, terrible. No creo ni que Rosita se diera cuenta, pero a mí me amargó totalmente la experiencia. El grillo buscaba pareja, yo tenía pareja, pero él no. Y paré como un tonto, no sé por qué. Ella me miró casi con sorpresa, en vez de ponerme los ojitos que me tendría que haber puesto. Yo le dije que era tarde (era tarde, pero no importaba en absoluto) y que la acompañaba a casa. Lo hice; estaba a penas a quince metros. Nos despedimos como si no hubiera habido banco ni nada, como si no hubiera un banco en todo el maldito país, como si al preguntar por un banco en el que sentarse te fueran a mirar como a un demente.Al volver por el camino andado, casi rugiendo, empecé a saltar en el césped y acabé por oir un crujido. Al principio reí por lo bajo, triunfal. El cri-crí que no era como debía ser paró, para siempre. Puede que no sea normal, pero siempre que me preguntan si me arrepiento de algo en la vida, pienso en ese grillo.
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10.08.2007 04:16
Todos hemos tenido un grillo inoportuno...el mío era rubia y aún hoy me arrepiento de no haberla pisado... Saludos!!
27.06.2007 16:53
muy divertida tu historia
22.06.2007 11:02
Un relato precioso, cotidiano y tierno. Me ha gustado mucho. Un beso