La isla respira...vive ( I parte)
28.05.2008
Ventajas:
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Desventajas:
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Recomendable:
Sí
 Sapristi
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Opiniones:16
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... Había llegado a la isla dos días antes, en busca de la tranquilidad que ofrecía aquel pequeño trozo de tierra perdido en el mar. Su médico le recomendó pasar una larga temporada lejos de la gran ciudad, allí donde su salud había empeorado a causa de la monotonía y el agobio diarios. Se alojaba en una cómoda pensión de seis habitaciones situada al sur de la isla, a pocos metros del mar. Tras dos días sin apenas salir de su habitación, se encontraba ahora paseando por la playa, perdidos sus pensamientos entre el sonido de las olas, llenándose de aquellos intensos olores impregnados en el viento. El cielo estaba cubierto de nubes grises, y el mar se revolvía en sí mismo agitándose como si estuviese enfurecido, lanzando aullidos de ira al viento. La playa era inmensa. La superficie de arena negra volcánica se perdía ante sus ojos y a lo lejos se divisaban las montañas, que como antiguos vigías se erguían sobre las aguas haciendo de frontera entre el mar y la tierra. A pesar del mal tiempo, Daniel comenzaba a sentirse más animado que los días anteriores tras su llegada. Empezaba a sentir la tranquilidad que ofrece la libertad de encontrarse lejos de las obligaciones, de los ruidos, de las responsabilidades que lo habían acompañado durante tanto tiempo, más de la mitad de su vida. A sus cuarenta y cinco años se sentía viejo, tanto que le parecía que siempre había tenido esa misma edad. Pensó en María, su esposa, ella había preferido no acompañarlo en su viaje. Pensó en lo mucho que la había amado durante los primeros años de su matrimonio, y en lo insulsa que se había tornado de repente su relación. Eso era la vida para Daniel, un cúmulo de situaciones insubstanciales, sin sentido, un largo y duro camino recorrido por el cual jamás se llega a ningún sitio.En ese momento hubo algo que lo sacó de sus pensamientos. A pocos metros divisó dos figuras que habían salido repentinamente de entre los montículos de roca. Hasta él llegaba el sonido de sus risas. Era una pareja de jóvenes que jugaban corriendo de acá para allá, lanzándose pelotas hechas con arena. Parecían pasarlo muy bien. Daniel se detuvo a observarlos más de cerca, sentándose sobre una roca. El muchacho parecía haber rebasado ya la algo más de la veintena, era de constitución fuerte, muy alto y tenía el cabello rubio. El color de su piel era el típico de las personas que vivían en constante exposición al sol, un bronceado natural. Llevaba unos calzones blancos, muy holgados, y el torso descubierto. La chica podría tener dieciocho o diecinueve años. Daniel se dio cuenta de que era muy hermosa. Llevaba un vestido larguísimo, de color crema, que destacaba el moreno de su piel. El vestido húmedo se adhería a su cuerpo dejando adivinar las formas que se escondían bajo la tela. Su melena dorada ondeaba al viento ocultando el rostro, un rostro que Daniel luchaba por descubrir, pero del que únicamente percibía algunos rasgos que se descubrían momentáneamente, y volvían a ser cubiertos por la maraña de pelos. Lo único que podía ver con claridad era su sonrisa. No sabía cuanto tiempo había pasado desde que se sentó en aquella roca, cuando sintió el impacto de una bola de arena en su hombro derecho. Los dos jóvenes se quedaron como de piedra, y la muchacha se llevó las manos a la cara, sin dejar de reír. -No os preocupéis chicos… -dijo Daniel sacudiéndose la arena del hombro.La chica miró a su compañero y le dijo algo en voz baja. Luego se acercó corriendo hasta donde se encontraba Daniel, que al ver esto sintió como se le aceleraba el corazón de repente. Llegó tan rápido hasta él que pensó que se le iba a tirar encima. -Lo sentimos mucho señor -su voz poseía unos bellos tonos musicales, típicos de los que habitaban aquella isla- fue sin mala intención… En ese instante la muchacha se aparto el cabello del rostro, descubriendo una hermosa tez dorada, cuyos enormes ojos verdes brillaban en contraste. Era salvaje. Si, esa era la palabra que había estado buscando todo el tiempo para definir aquella extraña belleza. -¡Señor! -ahora el muchacho se encontraba junto a ellos- Está usted hospedado en nuestra casa ¿verdad? -dijo tendiéndole una mano, y estrechó la suya con fuerza, agitándola en el aire con extremado ímpetu. Daniel aún no salía del extraño vórtice que lo atrapaba en aquellos ojos verdes- me llamo Oliver, y ésta es mi hermana Gara. Somos hijos de Don Alfonso, el dueño de la pensión. -¡Oh! -exclamó Daniel saliendo de su extraño embrujo- encantado, tienen ustedes una casa muy apropiada, bastante cómoda y su madre es una excelente cocinera. Sin embargo no habíamos coincidido. Mi nombre es Daniel. -Es que yo he llegado ésta mañana -prosiguió Oliver sonriendo. Parecía un muchacho muy educado y amigable- estoy viviendo en la península, en casa de un familiar, estudio leyes en la universidad. Mi hermana en cambio es pintora…es una artista de esas -utilizó un tono jocoso al decir esto último y recibió como propina un codazo de su hermana en el costado. -Vaya…así que sois dos jovencitos prometedores. ¿En qué parte de la península has estado? -En Madrid, por supuesto. -Yo soy de Madrid. Te dejaré mis señas antes de volver, por si alguna vez necesitas algo.Los dos jóvenes se miraron sonrientes. Ahora que los veía juntos, podía notar cierto parecido entre ellos. Gara le clavaba sus ojos esmeralda ocultos tras los mechones dorados mecidos por el viento. -¿No se baña usted? -preguntó ella de repente. -No, no sé nadar. Ella soltó una carcajada y miró a su hermano.-Nadar es fácil, venga conmigo -y agarrándole del brazo tiró de él hasta la orilla. Daniel se dejó llevar por su joven guía. No era capaz de reaccionar ante aquella muchacha de mirada atrevida y descarada actitud. Una vez llegaron a la orilla ella siguió tirando de su brazo hasta que se dio cuenta de que se había metido en el agua hasta los tobillos, sin quitarse los zapatos. Ella reía. Soltó su brazo y le hizo señas para que la siguiera, introduciéndose más y más en las revueltas aguas sin dejar de mirarle. -¡Vamos! -su voz se elevaba por encima del sonido de las olas- No tenga miedo, yo le salvaré. Solo tiene que dejarse llevar por el mar. Ahora parecía una sirena. Flotaba sobre las aguas como si controlara la fuerza del oleaje. Como si el mar la acariciase, meciéndola con delicadeza. -Esta loca -escuchó la voz de Oliver a su lado, saliendo de nuevo de su estado hipnótico- no le haga caso, es peligroso bañarse cuando el mar está revuelto. Y encima está usted metido con zapatos y todo. Vamos hombre, vuelva con nosotros a casa, ya casi es hora de almorzar. Daniel echó a andar despacio junto al joven, que le contaba cosas sobre su estancia en Madrid. Gara no iba con ellos, continuaba sumergida en las aguas, allí donde parecía sentirse muy cómoda. A medida que se alejaba de aquel lugar, Daniel comenzaba a despertar de lo que había parecido un extraño sueño. Quizá los influjos de aquellos ojos hechiceros, de aquel cuerpo dorado, de aquella voz melódica ya no tenían poder sobre él gracias a la distancia. La animosa conversación de Oliver comenzó a cobrar más fuerza, e incluso interés para él, hasta que al fin llegaron a la pensión. (Continuará).
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11.06.2008 14:23
Se transporta uno a esa especie de estado de calma que da la visión del mar (aunque sea imaginaria). Hay miradas que hechizan, veremos lo que nos depara el resto :*
03.06.2008 12:01
el canto de la sirena... kien fue el unico que se resistio, Ulises? que tendremos ciertas mujeres... jejejeje. espero ansiosa la continuacion ^_^ besote!
02.06.2008 23:21
Pues me parece un interesante comienzo de algo que promete mucho más, esa pareja seguro que da mucho de sí, los artistas siempre dan mucho de sí y si encima poseen dotes de algo semejante a la hechicería... lo dicho la cosa promete... La foto representa además un marco que no puede ser más adecuado