DOS HISTORIAS EN UNA.
09.08.2004 (23.10.2004)
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Psé, psé
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Qué queréis que os diga ! ! ! ! !
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Sí
 Paparra69
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DOS HISTORIAS EN UNA : Agosto es época propicia para las rebajas. En todas partes se nos ofrecen ofertas de todo tipo. Una de las más populares és aquella según la cual “pague una y llévese dos”. La mayor parte de las veces se convierte en “llévese veinte y pague diez”, ya que las rebajas son eso, llegar a casa con una gran cantidad de artículos que en el fondo no son necesarios. De este modo se lleva a cabo el truco del almendruco, porque al consumidor se le convence de lo que ahorra comprando tal o cual artículo a muy buen precio, pero no mucha gente hace la reflexión de que más que se ahorraría no comprando una cosa que no necesita, pero esta es otra historia.La oferta que presentamos aquí es mejor que todas estas. Se podría resumir en el lema “no pague nada y (a lo mejor) no se lleva nada”. Este lema ha sido escogido por el cronista porque es plenamente consciente de que, cuando se narra una vivencia personal, una gran cantidad de lectores puede pensar que es un bodrio que no sirve para un carajo (si fuera coñac al menos serviría para un carajillo, pero esta es otra historia), del mismo modo que, si cuentas una historia presuntamente cómica, más de uno puede ver brillar la comicidad por su ausencia. En fin, sea como fuere, se va a ofrecer aquí una de cal y otra de arena, una historia real con tintes “trágicos” (más bien ridículos) en la cual la figura del cronista puede quedar un tanto desacreditada (en caso de que aún no lo esté o oesté ; en todo caso, la palabra clave sería imbécil – no Balbín, jajajaja, a ver quien lo pilla este), y otra historia presuntamente cómica, ofrecida como contrapunto, ya que la vida misma es eso (bueno, de hecho es ESO, REPSOL, CAMPSA, AGIP, BP, CEPSA, PETRONOR, etc...), una extraña e incomprensible mezcla de situaciones trágicas, ridículas, esperpénticas, incoherentes, etc... HISTORIA 1. ROSEBUD y BLANCANIEVES, O EL LADO “TRÁGICO” (O RIDÍCULO) DE LA EXISTENCIA.A menudo (o hasta enano) se dice que la vida misma supera el arte (o helarte, que es tener mucho frío, pero esta es otra historia). Por lo que a historias se refiere, no hay como contar una situación real tal y como fue (o como la recordamos), para darnos cuenta que puede fácilmente superar cualquier novela o película, o ver la cara de una mujer bonita (como una madrileña maravillosa que descubrí hace poco navegando por los Siete Mares del Planeta Ciao ; esto va dedicado a ella, ya que el cronista es su rendido admirador y ella su musa) para darse uno cuenta de que supera cualquier poema o oda a la belleza que se pueda escribir (incluidas estas mismas palabras, por supuesto). Para aquellos lectores que no hayan visto la película “Ciudadano Kane”, el cronista va a contar seguidamente una corta escena de la misma, ya que sirve como introducción a su propia vivencia personal. La película está montada en base a una serie de entrevistas que un periodista realiza a los conocidos y amigos de Charles Foster Kane con el objeto de averiguar el significado de la palabra “rosebud”, pronunciada por el finado antes de expirar. En una de estas entrevistas, el periodista conversa con el antíguo apoderado de Kane (interpretado por el actor Everett Sloane), el cual le cuenta, ya anciano, una bonita historia vivida en su juventud. En cierto viaje en transbordador (cree el cronista que se dirigía a examinar, por orden de Kane, el contenido de cierto almacén en el que se encuentraban los efectos personales de la madre de su jefe, recientemente fallecida ; ¡¡¡ el periodista, al igual que el cronista en su historia, no sabría nunca cuán cerca había estado de “rosebud” !!!), el personaje recuerda que, por breves instantes, pudo vislumbrar una muchacha de increible y angelical belleza y que, a pesar de la gran cantidad de años transcurridos, ni un solo día ha dejado de pensar en ella ni ha podido olvidarla.La historia que el cronista les va a presentar, siendo real, tiene muchos puntos de conexión con ésta, aunque la niebla del tiempo empieza a enturbiar el horizonte de la memoria, de modo que parece juicioso “grabarla en piedra” para preservarla. El cronista, a pesar de lo que sus burdas habilidades literarias (o pretendidamente literarias) pueden llevar a pensar, obtuvo años atrás su licenciatura en Ciencias Químicas, después de años de penalidades casi dickensianas. Como nuestro querido Pip, nunca se rindió, aunque en más de una ocasión se sintió desfallecer. Menos de un año antes de conseguir su propósito, se encontró con un grave problema. Hacía ya algún tiempo que se habían introducido los nuevos (y nefandos) planes de estudios, por lo que las asignaturas del plan de estudios de 1974, el hasta entonces vigente, iban extinguiéndose curso a curso. Aquel año (1997) les tocaba el turno a una serie de ellas y dos de las mismas formaban parte del grupo de cuatro que le restaban al cronista para licenciarse.El problema era peliagudo. Una de las asignaturas era uno de los (muchos) “cocos” de la carrera, mientras que la otra era una de las denominadas “marías”, una de cal y otra de arena, nuevamente. Al haber dejado colgadas ambas asignaturas durante años, el cronista se hallaba ante una seria dificultad, pues no se encontraba en su poder ninguna clase de apuntes dignos de tal nombre. En el caso de la “maria”, la asignatura más fácil, pudo conseguir unos buenos apuntes y el libro del profesor y, sobreponiéndose a la grima que le daba una asignatura pedestre y muy mal enfocada, consiguió alcanzar a duras penas el nivel necesario para aprobarla. El segundo caso era más preocupante. No había apuntes y el asunto se presentaba francamente dificultoso. Cierto día, deambulando por la Facultad de Químicas de la UB (Universitat de Barcelona), el cronista se halló ante un anuncio de estos típicos que se pueden encontrar en todas las facultades. En él se ofrecían clases de repaso, para los exámenes de junio, de varias asignaturas, entre ellas Ampliación de Química Física, el caballo de batalla del cronista. Realmente, a ninguna persona le desearía sufrir este calvario (la asignatura era muy interesante, pero el profesor que le había tocado en “suerte” a quien esto escribe era como un profesor de braille sin manos), a excepción, quizás, de “Ansar”, “Bus” y Blair (el cual desde el proyecto de su Bruja no ha vuelto a hacer nada más de provecho, ni tan sólo un triste eructo). El cronista se vio salvado y fue a enterarse de precios, contenidos y horarios ; unos días más tarde, dos o tres tardes cada semana, tomaba el tren para dirigirse a Barcelona.Cualquiera que haya cursado una carrera en la Universidad y que haya tenido que desplazarse habitualmente en tren o en autobús, puede dar fe de que, en cuestión de pocos días, se entra en una cierta rutina. Se toma el mismo tren cada día, se ve la misma gente (algunos de los cuales acaban siendo conocidos o hasta amigos) y se suceden múltiples anécdotas. Por ejemplo, entre los que tomaban el semidirecto de la línea Barcelona-Granollers-Vic-Puigcerdà (la que pasa por el pueblo de residencia del cronista) se habían llegado a montar auténticos guateques en el mismo tren (uno de ellos para celebrar el cumpleaños del cronista en 1994 y que pudo acabar un poco mal, pero esta es otra historia). Dado que el cronista no asistía ya regularmente a clase, sinó que sólo tomaba ese tren un par o tres de tardes a la semana, ya había dejado atrás esta etapa en el momento de los hechos que aquí se narran. Aún así, de vez en cuando se producía algún encuentro interesante. Normalmente, el cronista, en esa época, iba todo el santo día conectado a sus walkman, con algún album de Pink Floyd (probablemente) atronando a todo volumen en sus oídos, a la vez que sus ojos devoraban ávidos alguna novela de ciencia ficción (además de la bamboleante anatomía de alguna colega estudiante, pasajera del mismo tren, pero esta es otra historia, o no).Corría cierto día de finales de marzo o comienzos de abril de 1997 (el cronista lamenta no poder precisar más, pero la carcoma del tiempo ya ha hecho su acción y, además, ignorante totalmente de que los hechos ahora relatados fueran a tener ninguna relevancia posterior, si es que han llegado nunca a tenerla, no tuvo la vilallonguiana precaución de anotar de forma precisa la fecha en el correspondiente cuaderno negro). El cronista esperaba pacientemente la llegada del último tren en el andén 2 de la estación de Barcelona – Sants. De repente, sus ojos se posaron en la cara de la chica más bonita que había visto en su vida (en ese momento, claro ; la vida ha continuado su curso desde entonces). Pequeñita, alrededor de 150 - 155 cm, pelo castaño oscuro, muy rizado, ojos oscuros y cara redondita. Bastante delgada pero no esquelética, tenía sus curvitas muy bien puestas. Su cara era tan bonita que asustaba y además era súperagradable, no como esas caras que parece que te digan “¡¡¡ mírame pero no te acerques !!!!”. Ante el peligro de empezar a babear y de que la chica creyera que estaba ante el pesado de turno, el cronista hizo titánicos esfuerzos por disimular y apartar la vista, aunque era una lucha perdida de antemano, ya que el más poderoso de los imanes atraía hacía sí sus ojos. Cree recordar quien esto escribe que esa noche no pudo dormir a causa de la impresión causada por la visión del paradigma de la belleza femenina.En días sucesivos, después de haberse dedicado un tiempo a observar a la preciosa Blancanieves (permítase al autor esta pequeña y, tal vez, también ridícula licencia ya que, tal como le ocurre al protagonista de “El nombre de la Rosa”, nunca supo el nombre de su princesa), empezó a hacerse evidente la necesidad de darse a conocer. Pero el cronista, por suerte o por desgracia, siempre ha sufrido del segundo mayor mal en estos casos (el primero es ser más feo que Picio, aunque hay más de una que diría que éste también lo sufre, pero esta es otra historia). Muestra una timidez, en estas situaciones, de tal magnitud que quizás debería llamársela “timidiez”. Iban transcurriendo los días y el cronista no encontraba la manera de derribar unos muros que el mismo había erigido años antes para resguardarse de ciertos “dragones”. A estas alturas Blancanieves, con toda seguridad se había percatado del interés del cronista, entre otras cosas porque 188 cm (de altura, que nadie se ponga nervioso/a !!!) y un corpachón casi de luchador de sumo son bastante difíciles de esconder, por no hablar del hecho de ser una nulidad como actor, en el vano e inútil intento de simular desinterés por la mocita.En fin, que iban transcurriendo las semanas y el cronista se iba poniendo de los nervios ante su inutilidad como “ligón de tren”. Una cierta parte de si mismo todavía le dice que hizo bien, ya que imagínese amigo/a lector/a el susto que la pobre chica hubiera tenido si le aparece de repente una mole con una masa más del doble que la suya !!!!. En fin, como no es cuestión de extenderse hasta el infinito, el cronista continua con el relato. Transcurría la semana anterior a la Semana Santa de 1997. el jueves era el último día antes de esa semana de vacaciones primaverales en que el cronista tomaba el último tren semidirecto de las 21.30 de regreso a su hogar. Con tiempo más que suficiente, llegó al andén 2 y, para su deleite, Blancanieves se hallaba allí, hablando con una amiga o compañera de estudios. Ese había sido desde el inicio uno de los problemas graves a solventar, hallar a la chica sola para poder entablar conversación. El cronista maldijo su mala suerte, porque, en días anteriores, su instinto había empezado a enviarle urgentes señales de alarma, con las cuales pretendía hacerle consciente de que el tiempo se terminaba. Debía ser esa semana o ninguna.Minutos antes de la hora, la acompañante de Blancanieves tomó el tren de la costa con dirección a Mataró y la princesa se quedó sola. El cronista, en esos momentos era presa de horribles temblores que con mucho esfuerzo era capaz de controlar, mientras intentaba no mirar en determinada dirección. Se colocó, con aparente apatía, al lado mismo de la via, viendo acercarse al tren. Cuál no fue su sorpresa cuando Blancanieves se colocó justo enfrente, a escasos dos metros de distancia. Un sudor frío recorría inclemente la espina dorsal del cronista, las palmas de sus manos semejaban esponjas mojadas, y el maletín negro en el cual guardaba sus apuntes habíase convertido en el más inútil y molesto de los objetos. En el breve lapso de tiempo que va entre este instante y el momento de subir al tren, se produjo una lucha titánica dentro del cerebro del cronista. Por un lado, la urgencia de hablar con Blancanieves, ante los temores de no volver a verla. Por el otro, el miedo aún más fuerte de causar a la princesa rechazo o quizás algun tipo de malestar a causa del susto. Al fin se detuvo el tren en el andén, Blancanieves pasó a escaso palmo de distancia del cronista (que se sintió desfallecer) y entró en el vagón. Entonces, al cronista se le ocurrió la idea de subir inmediatamente detrás, sentarse cerca (movimiento “peligrosamente” descubierto por ir medio vacío el tren) y entablar conversación a las primeras de cambio. Con esta idea en mente, subió el que esto narra al tren y ..... sobrevico el desastre !!!!!.Se supone que una mayoría de lectores habrá visto estos días por la TV el conocido anuncio de Bocatta en el que sale la típica del pueblo que pregunta siempre por la família, los vecinos, etc.... Pues el cronista tuvo la mala suerte de encontrarse la del suyo. Si, estimados lectores, todo se fue al traste por una combinación de cobardía, timidez, buena educación y, por supuesto la aparición de uno de esos pelmazos (pelmaza en este caso) que te joden la marrana en el momento más inoportuno. En condiciones normales, el autor debería estar agradecido (y de hecho lo está la mayor parte de las veces) a sus progenitores por la buena educación que le dieron, pero en otras, como la que aquí se relata, no es en absoluto así. Al subir al tren el cronista, la típica del pueblo se le echó encima cual garrapata (y encima sin el bocadillo) y ya casi no lo soltó hasta llegar a su destino. Para colmo de males, la mujer no callaba ni bajo el agua (claro, tenía que preguntar por todo el vecindario !!!!), de modo que el cronista iba sintiéndose cada vez más miserable, además de notar una creciente arcada en el estómago. Al final, la sensación de opresión superó la buena educación, que hasta ese instante había mantenido a quien esto escribe completamente clavado en su asiento.- Perdone, ¿puede callarse un rato?. Verá, es que estoy observando aquella chica tan guapa que está dos asientos más abajo y no quiero distraerme con nada – Esto fue lo que le soltó el cronista, llevado por la desesperación, a la típica del pueblo, la cual, extrañamente, siguió sus instrucciones al pie de la letra, sin rechistar. Blancanieves se bajaba del semidirecto en su quinta parada desde la Estación de Sants. Se trataba de Parets del Vallès, dos paradas antes que el pueblo del cronista. Cabe recordar que en esa línea hay muchas otras paradas, pero se trataba de un semidirecto, el cual no se detiene en todas ellas. Esto ya lo había determinado el cronista varias semanas antes, ya que era detalle harto relevante. Ese día, el cronista la vio descender lleno de tristeza, ya que, en estos instantes, la sensación de que nunca la volvería a ver era mucho más fuerte que una simple intuición.Llegó Semana Santa y pasó sin pena ni gloria. El martes siguiente (es preciso informar al posible lector no catalán que el lunes de Pascua es festivo en esa comunidad), el cronista, preso de una actividad febril, se dirigió raudo y veloz como una centella a la estación. En absoluto le preocupaba la Química Física, como el avezado lector habrá advertido ya, sinó la posibilidad de volver a ver a Blancanieves. Pero los peores temores se confirmaron plenamente y la princesa no apareció, ni tampoco el resto de la semana. En un primer instante, dolor, desesperación y congoja dominaron al cronista durante el siguiente fin de semana. ¿Qué se podía hacer ante tamaño desastre?. Poca cosa, al parecer, pero, aún así, durante el mes y medio siguiente, lo que quedava de curso, el cronista se dedicó a patearse todos los trenes a partir de las 14.00 h, tanto de ida como de vuelta, de la línea Barcelona-Granollers-Vic-Puigcerdà, que no eran pocos, aunque no tantos como en otras líneas (ésta es una de las muchas líneas deficitarias de Renfe, en servicio, que no en pasajeros) del tendido ferroviario español. El cronista compró la tarjeta mensual en lugar de la multiviajes, que le bastaba en condiciones normales, para poder bajar todos los días, algunos incluso por la mañana, intentando prever algun tipo de cambio en los horarios de Blancanieves. Realizó múltiples combinaciones, pero todo esfuerzo fue inútil, ya que Blancanieves había desaparecido para siempre. Lo único bueno que quedó de esa época fue que el cronista aprovechó las tardes de ocio (pues en principio sólo tenía ocupadas dos o tres tardes a la semana) para recorrer los cines de la zona centro de Barcelona, yendo de estreno en estreno. Curiosamente, el único título que recuerda con exactitud es “Carretera Perdida” de David Lynch.A semejanza del personaje de “Ciudadano Kane”, el cronista no ha dejado de recordar un solo instante a Blancanieves y, aún hoy en día, en las pocas ocasiones en que baja a Barcelona en tren, siente una extraña sensación y un cosquilleo y de nervios cuando el semidirecto o el tranvía se detienen en la estación de Parets del Vallès. Con el paso del tiempo, las facciones de Blancanieves se empezaron a borrar de la memoria, llenando al cronista de tristeza y dejándolo con la sensación de que todo había sido un mal sueño (malo por su final, de lo más dulce en su inicio), parecido al que le quieren hacer creer que ha sufrido la protagonista de la genial “Alarma en el expreso” (The lady vanishes) del maestro Alfred Hitchcock. ¿Fue todo un sueño del cronista?. ¿Se colocó Blancanieves enfrente de él, el último y fatídico día, como invitándole a que le hablara?. Estas y otras preguntas han quedado sin respuesta, y, al transcurrir los años, se convertiran en meras gotas en un océano de recuerdos.RISTORIA 2 (No se trata de un error tipográfico ; una historia de risa es una ristoria, jajaja). AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UN CAZADOR. Cuando a uno le acontece un hecho trágico (al menos para sí mismo, por más que otras personas puedan creer que es basura), una de las maneras de superarlo es con sentido del humor. Por ello son de gran utilidad aquellas historias que nos ayuden a ver que la vida como lo que es, el ridículo y a veces tortuoso (a veces Panda) camino hacia la muerte, el cual se hará menos tortuoso y solitario si lo poblamos de risas y sonrisas (como la maravillosa sonrisa de mi musa madrileña !!!!). Y como lo breve si bueno, dos veces breve, digo bueno, bueno, sea como sea empecemos con el pez, digo con la ristoria.Cierta mañana, un cazador decide salir a cazar con su perro Erro (no el Flynn, este es de otra historia, de una de las otras muchas huchas, digo historias). Tenía este indivíduo una técnica especial para cazar (porque para kazaar usaba el kazaa, jajajajaja). Salía provisto de un saco de arpillera, un bate de béisbol, y una cartulina que hacía las veces de bocina. El hombre este se colocaba (se situaba, no es que se fumara un peta antes de la cacería) enfrente de las madrigueras de los animales y, ayudado con la cartulina, soltaba un sonoro (si fuera la época del cine mudo no se podría contar este chiste) : - Uuuuu !!!Entonces, el ocupante de la madriguera, transcurridos unos segundos, sacaba la cabeza a ver quien era el gilipollas que así turbaba la paz de su descanso (sin darse cuenta, hasta que ya era tarde, que el único gilipollas era él). En este momento, el cazador Or (joer, parece que hay eco, o a lo mejor es nesquik !!!), le daba una buena ostia con el bate, sin hacer strike en ninguna ocasión, o sea (o mar), acertando siempre. Or agarraba entonces la pieza cobrada (sin I.V.A.) y la echaba dentro del saco de arpillera. El primer animal cazado fue una liebre. En el segundo caso, apareció un tejón y sufrió el mismo destino. En el tercero, apareció una mofeta y Or tuvo que saluir corriendo por piernas. Pero, en general iba siendo una buena mañana. A cada :- Uuuuu !!! Or iba llenando su saco, hasta que éste empezó a estar lleno. Finalmente, Or decidió cobrar una pieza más y dejarlo. Caminando por la montaña, llegó ante la boca de una madriguera enorme. El cazador pensó que, por sus dimensiones, debería ser de un oso, por lo menos. Se puso delante y una vez más dijo :- Uuuuu !!! En un primer momento, el cazador no apreció movimiento alguno. Ante un segundo - Uuuuu !!! y para su sorpresa, el cazador recibió un nuevo - Uuuuu !!!como respuesta. Or se quedó sorprendido, helado completamente ante la abertura de la enorme madriguera. Lo intento de nuevo : - Uuuuu !!!a lo que le llegó la respuesta : - Uuuuu !!!Ésta se oía cada vez más cerca. Una vez más, Or se acercó a la boca de la madriguera y dijo : - Uuuuu !!!Y LO HIZO MIERDA EL TREN !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! P.D. : Espero que os haya gustado, aunque el final es un poco macabro. Espero no ofender a nadie, no es esa mi intención. Espero no haberos aburrido demasiado con la otra historia. Es del todo real.
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10.03.2007 19:03
Es un texto basura ultranazionalista escrito por un lacayo kakalino de Rovira
04.03.2007 06:19
cerdo amargado empapate kabron http://www.generalisimofranco.com
03.03.2007 16:24
Un texto insultante , sucio , ofensivo ,soez y ultranazionalista escrito por el gordo paparron