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Lo prometido es deuda y yo le prometí a Lorena54 que opinaría sobre el libro que me regaló. Después de la mala experiencia con La tabla de Flandes (no sé por qué creo que a partir de ahora más de uno se lo pensará muy bien antes de regalarme un libro :P), Lorena54 pensaba que Lucía Etxebarría y yo no nos llevaríamos bien y que su regalo no me gustaría. Pero, casualidades de la vida, se equivocó. Y eso que el estilo con que está escrita esta novela es demasiado coloquial, basto y chabacano a veces, la acción no es continuada y quizá los personajes sean estereotipos... Así que quizá todo el mérito de la historia es que la leí cuando mi estado de ánimo se adecuaba a ella.
El sábado pasado fue un día horrible, de estos en los que, mires donde mires, no encuentras a qué asirte y todo se está derrumbando alrededor mientras tienes que limitarte a mirar. Dijo Montesquieu: “No he sufrido nunca una pena que una hora de lectura no me haya quitado”, así que seguí su consejo y cogí Amor, curiosidad, Prozac y dudas. Nada mejor que prestar atención a la lectura para evitar pensar o sentir otra cosa que lo que la lectura sugiera y olvidar los problemas propios, ¿no? Y he aquí que me topé con los problemas de tres hermanas, Ana, Rosa y Cristina, que se encontraban bastante más desorientadas que yo.
Ana es un ama de casa que no sabe qué es un orgasmo, no sale de casa y es adicta a los tranquilizantes. Rosa es una ejecutiva a la que no le importa el sexo, vive para su trabajo y toma Prozac por prescripción médica. Cristina es camarera en un bar de moda, promiscua y consumidora de éxtasis. Las mejores amigas de Cristina son Line, una anoréxica que piensa que las tres razones para vivir son el éxtasis, el chocolate y el sexo anal, y Gema, una lesbiana. Tenemos unos personajes muy estereotipados, ya que Ana era la hermana mayor, responsable y que no daba problemas; Rosa era la inteligente, la decidida y fuerte; Cristina era el ojo derecho de papá, pero papá las abandonó y a partir de entonces sólo supo dar sustos y disgustos a su madre y mostrar una actividad sexual y unas tendencias suicidas inusitadas. Un esquema un tanto típico, en la mayoría de historias sobre hermanos se encuentran estas contraposiciones.
¿Qué tienen en común las tres hermanas Gaena, entonces, además del apellido? La dependencia de las pastillas, sean unas y otras y la falta de motivación, un vacío existencial enorme que se va descubriendo poco a poco según se lee. No se puede vivir encerrada en casa, no sirve de nada tener un piso y un coche enorme si puedes pagarlos pero no disfrutarlos y el efecto de las drogas y el alcohol no dura eternamente, tarde o temprano te encuentras a solas con tu propia persona y llegan las preguntas.
No voy a contar nada más del argumento, porque ciertamente no lo hay. Las hermanas Gaena nos van contando fragmentos de su vida de tal manera que, al terminar el libro, casi podemos entender el por qué de su vacío y de qué manera su situación se debe tanto a su propio carácter y disposición como a la fortaleza y frialdad de su madre, el abandono de su padre, las vacaciones en San Sebastián, la educación represora que recibieron en el colegio de monjas y los distintos golpes de la vida. Todos estos fragmentos se desglosan en capítulos cuyos títulos me atrajeron en seguida: cada uno de ellos está encabezado por una letra y por palabras que la tengan como inicial. Así, el primer capítulo es A de atípica, el segundo se titula B de bajón y así sucesivamente hasta completar el abecedario, hasta la Z de zenit.
Tampoco es que el libro sea el mejor hallazgo desde la invención del pan Bimbo, ni mucho menos, pero qué le vamos a hacer, a mí me gustó. El estilo es sencillo, muy coloquial (de ahí el título de la opinión), plagado de tacos y con un lenguaje muy explícito, de modo que las trescientas quince páginas se leen con facilidad y rapidez, como si te lo contaran de viva voz. Y a pesar de que las Gaena viven por un esfuerzo de voluntad, no es un libro existencialista ni deprimente en exceso: las cosas son como son, no hay más. Y el ser humano es capaz de reírse de cualquier cosa, así que Cristina desgrana anécdotas verdaderamente divertidas. De hecho, al principio del libro, describe que se acostó con un tío que “la tenía pequeña” y era de aquellos que se empeñan en hacerlo durar: como ella no estaba disfrutando, afirma que empezó a gemir y retorcerse “para ver si se corría con empatía”. También es digna de leer su conversación sobre sexo con Line en un autobús lleno de hombres...
Por cierto, una cosa que me llamó mucho la atención fue la mención de Cristina de su antiguo puesto de trabajo como “punto de engorde” y su referencia a su jefe como “ganador de la lotería demográfica”. Apenas leí eso, pensé “¡Etxebarría, copiona de mierda! ¡Esto es plagio puro y duro!”, pero no, al final del capítulo, Cristina afirma “Generation X” y por eso la disculpo, por la alusión al libro de Coupland del que saca todas esas expresiones y ocurrencias.
Lorena, aquí tienes la opinión, lamento que no sea mejor, pero la inspiración me la dejé el sábado pasado en un asiento del autobús.
Vale, un muy util porque tenemos opiniones contrarias: en la diversidad está el gusto, y las explicas. Quizás la gracia del libro no esté en el argumento... quizás está en las propias descripciones. Hubo un tiempo en el que mi vida fue muy Cristina. Ahí lei el libro y representaba al cien por cien el mundo en el que me movía. Fue un bálsamo y me ayudó a dar un paso al frente. Si, ahora puede que me haya convertido en una especie de Rosa... mi adicción es el trabajo y quizás esté muy confundida ante lo que se me viene encima. Los treinta me tienen perdida. Quien sabe, quizás el día de mañana sea una pija... lo dudo, pero no lo sé... Quiero decir, que mientras lo leía vi mucho más que un argumento más o menos surrealista, realista, estúpido o repetitivo. Vi una forma de narrar las cosas que entendía... quizás porque Lucia Etxebarría es de mi generación (un poco mayor que yo, es verdad) o quizás porque somos de provincias llegadas a ciudad... no tengo ni idea. Pero para mi el libro fue mucho más de lo que tu dices.
La Luci me encanta. En el fondo es tan real la dependencia que podemos tener a una cosa u otra, te puedes quedar colgada de las pastillas, el alcohol lo necesitas y no puedes pasar sin el porrete diario eso es por algo. A Cristina la trata como un estereotipo, si luego sigues leyendo más cosas suyas si no me equivoco en Eva futura escribe una carta se supone que de Cristina creo que al príncipe, con algo de eso tenía que ver. Feminista, fetichista, intercontextualizadora y todo lo que tú quieras pero en el fondo tenemos mucho de todo eso en nuestros días.
18.10.2006 21:37
Vale, un muy util porque tenemos opiniones contrarias: en la diversidad está el gusto, y las explicas. Quizás la gracia del libro no esté en el argumento... quizás está en las propias descripciones. Hubo un tiempo en el que mi vida fue muy Cristina. Ahí lei el libro y representaba al cien por cien el mundo en el que me movía. Fue un bálsamo y me ayudó a dar un paso al frente. Si, ahora puede que me haya convertido en una especie de Rosa... mi adicción es el trabajo y quizás esté muy confundida ante lo que se me viene encima. Los treinta me tienen perdida. Quien sabe, quizás el día de mañana sea una pija... lo dudo, pero no lo sé... Quiero decir, que mientras lo leía vi mucho más que un argumento más o menos surrealista, realista, estúpido o repetitivo. Vi una forma de narrar las cosas que entendía... quizás porque Lucia Etxebarría es de mi generación (un poco mayor que yo, es verdad) o quizás porque somos de provincias llegadas a ciudad... no tengo ni idea. Pero para mi el libro fue mucho más de lo que tu dices.
12.02.2003 13:11
La Luci me encanta. En el fondo es tan real la dependencia que podemos tener a una cosa u otra, te puedes quedar colgada de las pastillas, el alcohol lo necesitas y no puedes pasar sin el porrete diario eso es por algo. A Cristina la trata como un estereotipo, si luego sigues leyendo más cosas suyas si no me equivoco en Eva futura escribe una carta se supone que de Cristina creo que al príncipe, con algo de eso tenía que ver. Feminista, fetichista, intercontextualizadora y todo lo que tú quieras pero en el fondo tenemos mucho de todo eso en nuestros días.
31.12.2002 02:12
pues yo no puedo con ella, ese aire de feminista guarra me quema ... Un beso