Lo cortés no quita lo valiente.
16.09.2007
Ventajas:
Reflexiono, luego aprendo .
Desventajas:
La última parte puede resultar un tanto compleja .
Recomendable:
Sí
 progaia
Sobre mí:
Más libros, más libres.
usuario desde:25.04.2002
Opiniones:35
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Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 20 miembros de Ciao
Cuanto más lees, más te das cuenta de eso de que cada libro te lleva a otro, aunque a veces sea casi inconscientemente como en mi caso. Al leer "El viaje a la felicidad" de Eduard Punset, una de las ideas que más me fascinó fue la de que lo contrario de la felicidad no era la tristeza, sino el miedo, por eso cuando somos felices es cuando menos miedos sentimos. Es pues al empezar mi opinión sobre este libro de José Antonio Marina, que me doy cuenta que el leer aquel libro sobre la anatomía de la felicidad, me llevó a interesarme por la otra cara de la moneda: la anatomía del miedo. Otra de las cosas de las que me doy cuenta, es que curiosamente mis tres últimas opiniones forman una bonita trilogía sobre las emociones. Digo curiosamente porque siempre he defendido los beneficios intangibles de la literatura de ficción frente a aquellos que la consideran superflua o que prefieren una literatura más práctica. Pues resulta que los libros que más me han marcado últimamente son libros de ensayo científico o filosófico, con un carácter más práctico y de conocimiento que poético o literario, ¿tendré que replantearme mi propia naturaleza?, en fin, a lo que vamos.
Si me permitís, me gustaría empezar esta opinión con el primer párrafo del primer capítulo del libro, de lo mejor que he leído últimamente, dice así: «No hay especie más miedosa que la humana. Es el tributo que hemos de pagar por nuestros privilegios. Como escribe Mower, "nuestra desarrollada propensión a ser previsores y a sentir ansiedad probablemente da origen a muchas de nuestras virtudes, pero también da razón de alguno de nuestros fallos más evidentes". La inteligencia libera y a la vez entrampa. Nos permite anticipar lo que va a suceder -información útil para sobrevivir-, pero puede pasarse de rosca y provocar esas patologías de la anticipación que tan bien conocen los psiquiatras. Vivimos entre el recuerdo y la imaginación, entre fantasmas del pasado y fantasmas del futuro, reavivando peligros viejos e inventando amenazas nuevas, confundiendo realidad e irrealidad, es decir, hechos un lío. Para colmo de males, no nos basta con sentir temor, sino que reflexionamos sobre el temor sentido, con lo que acabamos teniendo miedo al miedo, un miedo insidioso, reduplicativo y sin fronteras».
El título completo del libro "Anatomía del miedo: un tratado sobre la valentía", explica a la perfección la estructura del mismo, un análisis del miedo y una reflexión sobre la valentía. En la primera parte pues se analiza el miedo y sus distintas caras, el miedo como mecanismo de defensa de nuestra naturaleza animal, como percepción de un peligro que amenaza nuestros deseos, como una emoción cuyo sentido muchas veces no podemos descifrar, ya que estamos acostumbrados a pensar de forma lineal, y el miedo, como dice el autor, «se da en una causalidad circular que nos resulta difícil de comprender... nos encontramos con unas influencias reciprocas. ¿Una cosa es bonita porque nos gusta o nos gusta por que es bonita?», es decir, ¿sentimos miedo porque hay un peligro, o hay un peligro porque sentimos miedo?
Así más o menos disecciona el autor el miedo en los primeros capítulos, con estos dos componentes: uno el sistema de evaluación del sujeto; el otro, el peligro real. Ambos totalmente interconectados, el nivel de miedo determina el nivel de peligro, y al revés. Hay peligros inequívocos que despiertan un miedo justificado - un terremoto, el resultado de un análisis médico -, y otras veces un trastorno puede convertir el simple hecho de atravesar una plaza en un peligro insoportable. Entre ambos extremos de objetividad y de subjetividad pura se da la mezcla emocional que compone nuestros miedos. Al principio de la opinión, expongo como brillante idea el hecho de considerar que lo contrario de la felicidad es el miedo. Sin embargo, este libro me ha hecho pulir un poco el concepto, ya que el autor no propone como definición antagónica del miedo a la felicidad, sino a la esperanza, con una definición de esperanza citada de Luis Vives tan simple como reveladora: la esperanza es «la confianza de que sucederá lo que deseamos», claro, ¿no es sino el miedo el temor de que sucederá lo que no deseamos? Cabe hacer esta pequeña corrección aunque también es verdad que felicidad y esperanza están estrechamente ligadas.
También me resulta interesante la diferenciación que hace el autor entre lo que los psicólogos anglófonos denominan emotion y feeling, es decir, entre emoción y sentimiento. La emoción es un acontecimiento fisiológico que produce unos efectos que pueden ser concientes o no. Cuando se vuelven conscientes aparecen los sentimientos. En referencia a esto, me resulto inquietante saber que gran parte los procesos que intervienen en la adquisición de algunos de nuestros miedos sean prácticamente inconscientes. Recientemente se ha descubierto que parte de nuestra memoria de los miedos es indeleble, se conserva en la amígdala del cerebro y no se borra con el tiempo. Esto puede resultar muy útil, porque conviene que las situaciones de peligro real se aprendan para siempre. Pero tiene un efecto desastroso, que la información recogida puede ser falsa o inadecuada cuando el ambiente cambia, y podamos convertirnos en rehenes perpetuos de esos miedos innecesarios sin huella consciente. En ese caso, lo mejor que podemos hacer es aprender a dominarlos. Todos los libros que abordan temas sobre psicología, coinciden en que existe cierta predisposición genética a sentir determinadas emociones, existen pues personas propensas a sentir más la angustia y un mayor número de miedos, pero rápidamente se apresura el autor a desmitificar la acción de los genes, ya que estos sólo determinan factores simples, y no complejos como la inteligencia o la envidia, por ejemplo.
LOS MIEDOS COTIDIANOS Al hablar del miedo como una dificultad para vivir, no podemos pensar solamente que estamos hablando exclusivamente de miedos patológicos. Existe toda una familia de "pequeños" miedos que pueden dificultar mucho la vida de quienes los sufren. Son ejemplos el miedo a las escenas violentas (broncas, discusiones, gestos...), o el miedo al aburrimiento que aunque aparentemente inofensivo, puede hacer que algunas personas sufran la ausencia de estímulos como un castigo, produciendo un tipo de angustia para librarse de la cual necesitan aumentar su nivel de excitación, que puede derivar en una búsqueda compulsiva de diversiones y en el consumo excesivo de alcohol o drogas.
Se analiza también en estos capítulos miedos curiosos como el miedo a la soledad, una paradójica excepción si tenemos en cuenta que la mayoría de miedos se producen por la compañía. O el miedo cotidiano más común de todos: la vergüenza, que no se trata de un miedo porque un peligro se acerque a nosotros, sino de un miedo porqué nosotros tenemos que acercarnos a ese peligro, un sentimiento contradictorio, como el mismo miedo, ya que necesitamos de ambos, pero ambos pueden destruirnos. Refiriéndome a lo que explicaba al principio, probablemente el libro que saldrá para mí de la lectura de este, será uno que trate sobre el desarrollo de una cualidad personal que se perfila como el antídoto a todos estos pequeños miedos: la asertividad. La asertividad es una cualidad social consistente en la capacidad de exponer las propias opiniones y necesidades y, en especial, de defender los propios derechos, que pretende precisamente eliminar esos miedos cotidianos - miedo a quejarse, reclamar, enfrentarse, decir no, pedir explicaciones, etc.-. La asertividad se sitúa como el término medio entre dos extremos: la pasividad y la agresividad. Ante un abuso, la persona pasiva prefiere callarse, y la persona agresiva atacar. La asertividad pretende mantener el término medio y resolver el conflicto de un modo justo y razonable.
LOS MIEDOS PATOLÓGICOS En capítulos posteriores el autor se centra ya en los pesos pesados de los miedos: los miedos patológicos, es decir, miedos cuyo desencadenante no justifica la intensidad del sentimiento, que se presentan con demasiada frecuencia, se mantienen durante mucho tiempo, y disminuyen la capacidad de una persona para vivir y enfrentarse a la situación. Esta es la definición que da el libro, además de advertir de una manera tajante, que una persona que sufre un miedo patológico no es un demente, ni un loco, ni un deficiente mental, y que con mucha frecuencia se trata de personas absolutamente normales o incluso muy inteligentes, que sufren de una dolencia, como lo harían si tuvieran una úlcera de estómago. Como bien dice el autor: «la victima no es ni sus miedos ni su úlcera», se debe exigir respeto tanto ante un miedo como ante cualquier otra dolencia.
El autor clasifica los miedos patológicos en seis grupos: trastornos de pánico, fobias específicas (animales, sangre, agorafobia, etc.), fobias sociales, estrés postraumático, trastornos obsesivos compulsivos (rituales de limpieza, de repetición, de orden...) y angustia (trastorno de ansiedad generalizada). Miedos que el autor disecciona en los capítulos posteriores. No se centra mucho el libro en las terapias de curación de la angustia ni en los de los de otros miedos patológicos, ya que es filósofo y no psiquiatra, y considera éste un ensayo filosófico y no de psicoterapia, por lo que en el libro sólo se limita a reseñar lo que dicen los especialistas. En ese sentido, afortunadamente, existe bastante consenso. Para la mayoría de miedos patológicos existen tratamientos farmacológicos (tranquilizantes, antidepresivos y betabloqueantes), que tienen sin embargo contraindicaciones claras y que, en todo caso, deben completarse con otros tipos de terapia. De éstas, unas reconocen las reacciones fisiológicas que provocan los miedos, e insisten en técnicas de relajación; otras intentan instruir al paciente sobre sus miedos y en desmitificar el valor que se le da a algunas falsas creencias; otras se centran en técnicas para resolver conflictos; y la mayoría utilizan un poco de todo. Pero en general destaca una frase de Albert Ellis muy importante para enfrentarse a los miedos: «Actuar, actuar, actuar contra mis ansiedades. Cuantas más acciones emprenda en relación a mis temores, menos tiempo y energías malgastaré obsesionándome con ellos».
APARECE LA VALENTIA En los capítulos finales es donde el libro cambia de rumbo, trascendiendo de lo puramente psicológico para profundizar en lo filosófico con el tema de la valentía. Hasta el momento el libro habla del miedo, y de cómo meterlo en cintura, pero de nada sirven todos esos conocimientos si uno no tiene valor para ponerlos en práctica, como dice pues el autor «el tema del miedo, nos lleva irremediablemente al tema de la valentía».
Hay una cosa que considero muy cierta, y es que según el autor, la psicología es una ciencia necesaria pero que pretende monopolizar la explicación - y dirección - del comportamiento humano, y es en esos casos es cuando se extralimita. No hemos de olvidar que la psicología es una disciplina científica, y no tiene capacidad para abordar temas éticos, esa es precisamente la función de la filosofía, y que en el tema que trata el libro, es el complemento perfecto, ya que no existe ninguna teoría psicológica sobre el valor. Este es un libro pues en mi opinión, que ayuda mucho a entender el verdadero significado de la filosofía. Me permito otra vez ya en estas últimas líneas transcribir literalmente otro párrafo del libro, que considero que tampoco tiene desperdicio:
«Nuestra búsqueda de la felicidad es con frecuencia desgarradora, porque estamos movidos por deseos contradictorios: el bienestar y la superación, necesitamos construir una casa y descansar en ella, necesitamos estar refugiados en puerto y navegando. La búsqueda obsesiva del bienestar fomenta el miedo, nos convierte a todos en sumisos animales domésticos, y la sumisión es la solución confortable del temor. La valentía, en cambio, nos libera, pero -molesta contrapartida- nos hace perder parte del bienestar. Hace despertar en el gatito modorro al felino libre que vive, sin duda, menos cómodo, sin calefacción, sin cestito, sin comida puesta, y sin arrumacos. Nos lanza al descampado, que es el territorio de la libertad y de la creación». Se reflexiona pues al final del libro sobre el verdadero concepto de valor, que esta basado en la superación del miedo, en la actuación «a pesar de él», «un carácter miedoso puede dar a luz una personalidad valerosa». Desmitifica así falsas creencias como que el valor es la ausencia de miedo, o que el valor es lo mismo que bravura, agresividad o furia. Se profundiza además en la estrecha relación entre la valentía y la libertad, «ya que donde haya un acto de libertad, hay un acto de valentía», puntualizando que ambas cualidades sólo alcanzan su perfección cuando se cargan de contenido valioso y justo.
Finalmente, nos habla del último mecanismo cuando tras un acto de valor inicial a la hora de emprender un proyecto, nuestro objetivo acaba pareciéndonos demasiado costoso, difícil o aburrido, del último combustible de reserva para iniciar el despegue: el deber. El deber como mecanismo psicológico, un mecanismo reflejo aprendido por el sujeto, que le fuerza ha hacer automáticamente lo que la inteligencia le dice que es lo mejor. Se cierra así magníficamente en mi opinión el círculo que une a estas dos grandes disciplinas que son la psicología y la filosofía. Es este pues un libro que considero muy interesante, como buen libro induce a la reflexión y completa mucho nuestro punto de vista. Posee una calidad de redacción impecable, que instruye con ejemplos de experiencias personales de gente que escribe al autor, y que contrasta sus argumentos no solo con la doctrina de psicólogos y filósofos, sino también de muchos escritores, como Kafka, omnipresente en todo el libro, y otros muchos, que nos hace reflexionar sobre una curiosa relación entre la personalidad miedosa y la literatura.
Un libro en definitiva, que aunque en su parte más filosófica pueda resultar un poco complejo, vale la pena leer con detenimiento. Es sobretodo un libro de gran calidad, como deberían ser todos los que como este, se atreven a hacer una gran incursión en ese gran abismo y al mismo tiempo hermoso paraíso, que es nuestra naturaleza humana.
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Etiquetas relacionadas con Anatomía del Miedo - José Antonio Marina
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26.12.2009 21:55
Muy interesante, tanto el libro como tu opinión. No lo he leído (ahora tengo muchas ganas de hacerlo) pero, por lo poco que conozco a Marina, me parece alguien muy interesante. El miedo es un asunto sobre el que se podría hablar mucho porque, cada vez más, está entre nosotros y se impone en el día a día de nuestra sociedad "del bienestar"; efectivamente, vivimos en un equilibrio contradictorio entre perder y ganar, arriesgar y buscar más allá de nuestra cómoda existencia. Hay otro miedo más global, más impuesto "desde arriba" que quizá utiliza el poder (el poder, así, en abstracto) para tenernos quietos y contentos y, sobre todo, sumisos. Saludos.
10.10.2008 00:18
buen libro
14.09.2008 09:35
Muy bien. Saludos