Verde Esperanza
28.04.2003
Ventajas:
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Desventajas:
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Recomendable:
Sí
 mayti
Sobre mí:
La amistad no puede ir muy lejos, cuando ni unos ni otros están dispuestos a perdonarse los pequeños...
usuario desde:21.01.2003
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Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 14 miembros de Ciao
Hoy imaginé que mi vida empezaba. La luz de nuestro sol me cegó por un momento; se aturdieron mis sentidos , llevándome la mente a un extraño delirio, donde pude contemplar por un instante mis propios sueños, como gotas de agua secas en el espejo. El aire, lleno de frescura, acarició mi rostro con mimoso propósito, y todas las campiñas a mi alrededor parecieron cobrar vida. Pude escuchar el susurro del trigal rozando sus hojas, frotando unas contra otras en suaves abrazos, como pidiendo sumarse a tan sobrenatural desfile. Respiré los versos fragantes de Madre Natura, nacidos de todo aquello que sin piedad pisa el hombre , de todo lo bello que olvidamos en algún callejón del asfalto. Como si fuera la primera vez, contemplé el verdor del fabuloso escenario, todo aquello que mis pinceles nunca jamás podrían pintar; y me asombré de la magia y de la vida que circulan por sus rincones, por los agujeros de la tierra quebrada que llora silenciosa el dolor se sus llagas. Comprendí entonces que el hombre, las civilizaciones, todas nuestras construcciones, cimientos, conquistas, hazañas y supuestas proezas, no son más grandes, ni más trascendentes, ni tan siquiera más misteriosas que el hormiguero abierto bajó mis pies. Imaginé así lo que vería un ser gigante que nos observara desde arriba: personas minúsculas corriendo hacia todas partes; creando galerías y levantando montañas; pisándose unos a otros; explorando espacios ajenos a su entorno; dedicando su corta y estúpida existencia a buscar respuestas a preguntas absurdas; cegados por visiones confusas, por la única realidad que están dispuestos a conocer. Vidas que transformamos en insignificantes, mucho más cortas de lo que nos dura un lamento. En ese interminable segundo, creí que no había nada más detrás del horizonte, que toda la realidad allí presente se prolongaba infinita, que el principio y el fin concurrían en un mismo lugar, en ese preciso lapso de tiempo. Y brújulas y relojes resultaron no ser más que un pretexto, una efímera invención del ser que se hace llamar humano. Supe entonces, o recordé, que la felicidad verdadera mora en las entrañas de nuestra misma existencia. En las cosas sencillas, en la esencia de este bello escenario que nos acoje. Reparé en la escasa importancia de las cosas que sobresaltan nuestra monotonía... En ese momento, una voz brotó de mi interior: mi voz, pero muda. Y me dijo aquellas cosas que tanto necesitaba oír, y que nadie podría decirme. Me dijo: “No sufras tanto cuando ese amigo te da la espalda, y ante todo, no te arrepientas jamás de aquel acto que hiciste por él cuando lo necesitaba, pues lo hiciste de corazón, con gran generosidad, de manera altruista. No llores ahora que ha olvidado que hiciste lo que nadie habría hecho en tu lugar. No decaigas, no a estas alturas... Has de continuar ayudando a las personas de tu entorno, siempre que te sea posible, e independientemente de que ellas te socorran a ti o no cuando lo necesitas. Ignora a los que te llaman tonta por caer siempre en el mismo agujero... ¿Todavía me preguntas por qué?. Lo sabes. Sabes que has de ser fiel a tus principios, así te educaron, así es como eres TÚ. Poco importa las cosas que te ocurran en esta vida, nada debe cambiarte”.Me dijo también: “ Ese sueño, tu sueño, no permitas que nada ni nadie te lo arrebate. Lucha por dar a tu familia eso que persigues. Reecuéntrate con ellos en el seno de Madre Natura, recuperdad el sueño perdido. Su segunda oportunidad podría estar en tus manos... o al menos eso crees...Sabes que para tí no hay nada imposible. Lucha". Y supe que no hay amistad sin dolor, y reafirmé mi sueño con más ímpetu que nunca. Hoy empieza una nueva etapa, que marcará el principio de mi vida. Voy a reescribirla en un cuento, donde borraré los arrepentimientos, donde inventaré personajes que no sienten rencores, donde ignoraré a quienes me den la espalda, donde sólo habrá lugar para buenas intenciones. Y sobre todo, cuando todo vaya mal, en lugar de pararme a sufrir, volveré a buscar los brazos de Madre Naturaleza, en cuyo pecho las cosas complicadas se tornan sencillas... como cuando era niña.
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12.04.2005 23:48
Precioso, a menudo lo tenemos todo tan cerca... que ni siquiera sabemos que existe, empeñados en descifrar lejanos horizontes.
02.06.2003 10:07
Ojalá todo el mundo pensara así, no habría tanto egoismo por el mundo.
30.04.2003 15:45
¡Muy bonito! Yo también pienso que lo importante es acostarse todos los días con la conciencia tranquila, y si a los demás se les olvida lo que hemos hecho o no nos lo agradecen, pues bueno, qué se le va a hacer. Por lo menos, la madre Naturaleza siempre estará ahí. Un beso muy fuerte.