Antena 3. HISPANIA. ¿Existió realmente Viriato?

4  27.10.2010

Ventajas:
Extraordinario decorado y vestuario .  Buena música .

Desventajas:
algunos actores no vocalizan bien y no nos transportan a la época de la historia .

Recomendable: Sí 

Detalles:

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acticiao

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usuario desde:08.10.2010

Opiniones:3

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Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 1 miembros de Ciao

Muy interesante la serie Hispania de Antena 3, aunque podría mejorarse la actuación de algunos de sus intérpretes e incluir menos ficción en la historia de Viriato.
¿Existió realmente Viriato? Más allá de la leyenda, analicemos las fuentes históricas de la vida de este conocido héroe ibérico. En primer lugar, tenemos una referencia a su tribu nativa hecha por Diodoro Sículo, quien la sitúa en la costa lusitana. Por su parte, Tito Livio le describe como un pastor que se hizo cazador y soldado. Sextus Julius Frontinus le llama dux Celtiberorum, dirigente de los celtíberos. Y, por último, Apiano de Alejandría, historiador del siglo II d.C., hace un relato completo de la guerra de Viriato contra los romanos.
Como es sabido, en el siglo III a. C. Roma comenzó la conquista de Hispania durante la Segunda Guerra Púnica, cuando el Senado envió un ejército para bloquear el envío de refuerzos a los cartagineses de Aníbal. Pues bien, y ciñéndonos a la historia de Viriato y su pueblo, tras años de guerras y escaramuzas entre los lusitanos y los romanos, sobre el 150 a. C. Servio Sulpicio Galba, jefe del ejército romano, atacó con dureza los restos de la resistencia lusitana.
Entonces, según cuenta el referido historiador Apiano, se presentaron ante Galba los embajadores lusitanos, expresándole el deseo de restablecer los pactos que habían hecho con Atilio, el general que le había precedido. Aparentemente comprensivo, Galba firmó una tregua y mostró deseos de entablar relaciones amigables con ellos, ya que entendía que se dedicaban a hacer la guerra por causa de la pobreza. Les dijo que les daría una tierra fértil y les establecería en un país rico distribuyéndoles en tres partes.

Los lusitanos, confiados en estas promesas, abandonaron sus lugares de residencia habituales y se reunieron donde les indicó Galba. Este los dividió en tres grupos y, mostrándoles a cada uno una llanura, les ordenó que permanecieran en campo abierto hasta que, a su regreso, les edificara sus ciudades. Tan pronto como llegó a la primera sección, les mandó que, como amigos que eran, depusieran sus armas. Y una vez que lo hubieron hecho, los rodeó con una zanja y, después de enviar a algunos soldados con espadas, los mató a todos en medio del lamento general. De igual modo dio muerte a la segunda y tercera sección cuando aún estaban ignorantes de la suerte funesta de los anteriores.
Entonces Galba, distribuyó una parte pequeña del botín entre el ejército y otra parte pequeña entre sus amigos, y se quedó con el resto, pese a que ya era casi el hombre más rico de Roma. Se dice que ni siquiera en tiempos de paz dejaba de mentir y cometer perjurio a causa de su ansia de riquezas. Y a pesar de que era odiado y de que fue llamado a rendir cuentas en Roma bajo acusación (del Tribuno de la Plebe), logró zafarse debido a su riqueza.
Sólo unos pocos lusitanos lograron escapar de la encerrona, entre los que estaba Viriato, quien poco tiempo después sería jefe de los pueblos que se rebelaron contra los romanos, y que actuaría en amplias zonas de lo que hoy es España (desde Zamora hasta una parte de Andalucía) y Portugal.
La resistencia celtíbera logró reunir a diez mil hombres, que hicieron una incursión contra Turdetania. Entonces Gayo Vetilio vino desde Roma contra ellos con otro ejército y con las tropas que ya estaban en Hispania. Después de dar muerte a muchos, obligó a los restantes a replegarse hacia un lugar en el que, en el caso de permanecer, corrían el riesgo seguro de morir de hambre, y en caso de abandonarlo, el de morir a manos de los romanos. Por ello enviaron emisarios de paz a Vetilio y el prometió firmar un acuerdo.
Pero Viriato, que había escapado a la perfidia de Galba y entonces estaba con ellos, les trajo a la memoria la falta de palabra de los romanos y cuántas veces habían violado los juramentos que habían dado. Les dijo que no había que desesperar de salvarse en aquél lugar, si estaban dispuestos a obedecerle. Encendidos sus ánimos y recobradas las esperanzas, lo eligieron general. Después de desplegar a todos en línea de batalla como si fuera a presentar combate, les dio orden de que, cuando él se montara a caballo, escaparan disgregándose en muchas direcciones como pudiesen por rutas muy distintas en dirección a la ciudad de Tríbola y que le aguardaran allí. Una vez efectuadas estas disposiciones, Vetilio, temeroso de perseguir a los que habían escapado en muchas direcciones, dio la vuelta y se dispuso a luchar con Viriato, que permanecía quieto y aguardaba a que llegara el momento de atacar. Viriato, con caballos mucho más veloces, lo mantuvo en jaque, huyendo a veces y otras parándose y atacando, y consumió aquel día y el siguiente completos en la misma llanura. Y cuando calculó que los otros tenían ya asegurada su huida, entonces, partió por la noche por caminos no usados habitualmente y, con caballos mucho más rápidos, llegó a Tríbola sin que los romanos fueran capaces de perseguirlo a causa del peso de sus armas, de su desconocimiento de los caminos y de la inferioridad de sus caballos. De esta manera salvó a su ejército de una situación desesperada. Esta estratagema le reportó un gran prestigio y se le unieron muchos desde todos los lugares.
Vetilio, en su persecución, llegó hasta la ciudad de Tríbola. Pero Viriato le preparó una emboscada en una espesura, dio muerte a muchos romanos e incluso Vetilio fue hecho prisionero. Se dice que el guerrero que lo capturó, al ver que se trataba de un hombre viejo y muy obeso, no le dio valor alguno y le dio muerte por ignorancia. Los romanos que lograron escapar junto con otros cinco mil aliados volvieron a cargar contra Viriato. Pero éste los mató a todos, así que no escapó ni uno que llevara la noticia.

A continuación llegaría Gayo Plaucio desde Roma con diez mil soldados de infantería y mil trescientos jinetes. Entonces, Viriato fingió que huía y Plaucio mandó en su persecución a unos cuatro mil hombres, a los cuales Viriato, volviendo sobre sus pasos, dio muerte a excepción de unos pocos. Cruzó el río Tajo y acampó en un monte cubierto de olivos, llamado monte de Venus. Allí lo encontró Plaucio y, lleno de premura por borrar su derrota, le presentó batalla. Sin embargo, tras sufrir una derrota sangrienta, huyó sin orden alguno a las ciudades.
Cuando en Roma se enteraron de estos hechos, enviaron a Iberia a Fabio Máximo Emiliano con un ejército de quince mil soldados de infantería y dos mil jinetes. En Gades Viriato, cayendo sobre algunos que estaban cortando leña, dio muerte a muchos de ellos y aterrorizó a los restantes. No obstante el ejército de Máximo hizo huir a Viriato, aunque éste combatió con valentía. Tras dos años de campaña, Emiliano partió para Roma.

Después de esto, Viriato arengó a sublevarse a los arevacos, titos y belos que eran los pueblos más belicosos. Y éstos sostuvieron por su cuenta otra guerra que recibió el nombre de "numantina" por la ciudad de Numancia.
Viriato continuó su enfrentamiento, ahora con Quintio, otro general romano. A pesar de que en principio fue derrotado, después dio muerte a mil soldados de Quintio y le arrebató algunas enseñas. Al resto lo persiguió hasta su campamento y expulsó a la guarnición de Ituca.
Al año siguiente, Fabio Máximo Serviliano, el hermano de Emiliano, llegó como sucesor de Quintio en el mando, con otras dos legiones y algunos aliados. En total sus fuerzas sumaban unos dieciocho mil infantes, mil seiscientos jinetes y diez elefantes. Pero Viriato mató a muchos romanos y obligó a Serviliano a regresar a la ciudad de Ituca.

Reemprendida la persecución de Viriato, Serviliano empezó a rodear con un foso a Erisana, una de sus ciudades, mas Viriato entró en ella durante la noche, atacó a los que estaban trabajando en la construcción de trincheras y después derrotó al resto del ejército acorralándolo en un precipicio, de donde no había escape posible para los romanos. Pero, dice el historiador, Viriato no se mostró altanero en ese momento de buena fortuna sino que, por el contrario, considerando que era una buena ocasión de poner fin a la guerra mediante un acto de generosidad notable, hizo un pacto con ellos y los romanos lo ratificaron: que Viriato era amigo del pueblo romano y que todos los que estaban bajo su mandato eran dueños de la tierra que ocupaban.

Sin embargo, Cepión, hermano y sucesor en el mando de Serviliano, denunció el pacto y decidió hacer la guerra a Viriato, aunque éste, dada la inferioridad numérica de sus tropas, ordenó retirarse al grueso de su ejército por un desfiladero oculto.
A continuación Viriato envió a sus amigos más fieles, Audax, Ditalcón y Minuro para negociar los acuerdos de paz. Pero éstos, sobornados por Cepión con grandes regalos y muchas promesas, convinieron en matar a Viriato. Y lo llevaron a cabo de la manera siguiente. Viriato, debido a sus trabajos y preocupaciones, dormía muy poco y las más de las veces descansaba armado para estar dispuesto a todo de inmediato. Los socios de Audax penetraron en su tienda en el primer sueño, so pretexto de un asunto urgente, y lo hirieron de muerte en el cuello que era el único lugar no protegido por la armadura.
Conocida su muerte, los guerreros de Viriato engalanaron espléndidamente su cadáver, lo quemaron sobre una pira muy elevada y ofrecieron muchos sacrificios en su honor. La infantería y la caballería corriendo a su alrededor por escuadrones con todo su armamento prorrumpía en alabanzas al modo celtíbero y todos permanecieron en torno al fuego hasta que se extinguió. Una vez concluido el funeral, celebraron combates individuales junto a su tumba.
Cuenta el historiador que fue muy grande la nostalgia que de él dejó tras sí Viriato, pues fue un hombre provisto de las cualidades más elevadas de un general, era el primero en todos en arrostrar el peligro y el más justo a la hora de repartir el botín. Dice que jamás aceptó tomar porción mayor aunque se lo pidieran en todas las ocasiones, e incluso aquello que tomaba lo repartía entre los más valientes. Gracias a ello tuvo un ejército con gentes de diversa procedencia sin conocer en los ocho años de esta guerra ninguna sedición, obediente siempre y absolutamente dispuesto a arrostrar los peligros.
Su sucesor Tántalo, exhausto tras otro enfrentamiento con los romanos, se rindió con su ejército a Cepión, a condición de que fueran tratados como un pueblo sometido. Éste los despojó de todas sus armas y les concedió tierra suficiente, a fin de que no tuvieran que practicar el bandidaje por falta de recursos. Y de este modo acabó la guerra de Viriato.

Según la leyenda, cuando los asesinos de Viriato fueron al campamento romano a cobrar la recompensa, el cónsul Servilio Cepión ordenó su ejecución con las siguientes palabras: "Roma traditoribus non premia", esto es, "Roma no paga a traidores".
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Comentarios sobre esta opinión
josselitoovelez19

josselitoovelez19

02.04.2012 02:07

Valorada!!! es excepcional!

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  1. josselitoovelez19

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