Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 74 miembros de Ciao
Solemos pasar con frecuencia por la autovía Sevilla-Granada. Normalmente para irnos a Bubión, nuestro pueblo favorito. Otras veces subimos hasta Cataluña. Otras nos quedamos en la zona antequerana, tan prolija en recursos turísticos. Siempre pasamos al lado de Archidona, derramada en la ladera de la sierra de Gracia, atalaya del horizonte. Pero, como suele suceder con esos sitios que se hallan junto a transitados caminos, siempre pasamos de largo porque una autovía te invita a correr, a llegar con prisas a tu destino. Pero, un día, rompí la monotonía de pasar por delante a 160 km/hora.
Un viernes, obsesionado ya por aquel lugar que tanto esquivaba, rebusqué en mi base de datos alguna casita que se alquilara un fin de semana en Archidona. Pocas horas después la familia ya encontraba en camino de una nueva aventura. Al llegar al punto de reunión con la propietaria de la casa alquilada pudimos comprobar, con cierto desagrado, que estaba dentro del casco urbano. No nos gusta alquilar dentro de la jungla de cemento, porque nos resta libertad e intimidad. Pero aquella vez no fue así.
Al entrar en la casa la alquiladora notó mi malestar. Era un patio de vecinos, por nada del mundo estaba dispuesto a quedarme en medio de una tribu local. Si precisamente buscaba casas enteras para estar tranquilo. Pero me aclaró que todo el patio de vecinos estaba vacío, que disponíamos de todo el edificio. Así, pues, dos chimeneas y unos 15 dormitorios, todo unido por un entramado de escaleras, patios y corredores por los que jugábamos a perdernos. Mi madre no durmió la primera noche, se tiró todo el tiempo cambiando de dormitorio, de cama en cama. Le pilló el amanecer disfrutando como una loca.
Por la mañana encendimos una chimenea y desayunamos chorizo a la brasa, fue un antojo. Mientras leí un folleto con la historia de la ciudad. Decia aquel escrito que fue fundada por los fenicios con el nombre de Escua. Que, luego, los romanos echaron a los cartagineses y la llamaron Arcis Domina (“dueña de las cumbres”). Entonces la ciudad no se ubicaba en la ladera sino en la amurallada cima de la montaña. Los árabes ampliaron la alcazaba y la convirtieron en una de sus medinas más importantes. Hasta el punto de que éste fue el lugar elegido por Abderramán I, en 755, para autoproclamarse emir independiente, en Medina Arxiduna. En el siglo XIX la ciudad se desparramó por la ladera y se acercó a la carretera.
Tras repostar nos fuimos al centro geométrico de la ciudad: la Plaza Ochavada, su símbolo y orgullo. Es un plaza curiosa, original, en forma de polígono de ocho lado, con una balconada corrida llena de flores, arcos y pilastras de ladrillo rojo contrastando con las blancas fachadas. Una maravilla de los arquitectos locales González Sevillano y Astorga Frías, que se inspiraron en la plaza francesa de Montauban, aunque el contraste visual de colores es de origen musulmán.
Como estábamos en el centro lo utilizamos como guía para explorar la población. Aquel primer día decidimos conocer el sur y este de la ciudad. Al sur encontramos la Iglesia de Santa Ana, de 1505, el edificio religioso más antiguo de la zona, gótico. Y, lo que para nosotros fue más importante, el mercado municipal de abastos, donde conseguimos provisiones para aquellos días. Al este descubrimos la calle Nueva, que sube hacia lo más alto de la montaña, donde vimos los edificios más grandiosos de Archidona. Entre ellos el Convento de las Mínimas, barroco, convento de clausura, por lo que nos faltó tiempo para acercarnos al torno y tirar de la campana. Acertamos, estos conventos son una joya, en dulces de primera. Compramos varias cajas de surtido.
Ese sábado cocinamos en casa, en el hogar alquilado. Volvíamos cargados de bolsas de alimentos, de todo tipo, y nos zampamos todos los que pudimos. Todo sea por catar las bondades locales. Tras un rato de reposo frente a la televisión nos dimos una vueltecita por el pueblo, para averiguar cosas que no se ven al primer vistazo. Como pillamos a varios viejos sentados al borde de la calle Nueva nos aposentamos junto a ellos y les dimos carrete. Pronto nos contaron la leyenda del lugar. La hija del wali local, una hermosa mora lamada Tagzona, fue prometida por su padre al wali de Alhama. Y, desesperada al haber sido rechazado su pretendiente Muhammad, se fugaron ambos del castillo. Pero su padre, que esperaba la jugada, les acorraló en una de las peñas de la montaña. Desde allí se tiraron los amantes, dando su nombre a la peña. La misma historia me contaron en Antequera, visitando el dolmen de Menga, con la diferencia de que esta vez eran una mora y un cristiano. Leyendas similares hay en casi todas las peñas de Andalucía.
El domingo nos tocaba explorar el oeste y norte de la ciudad. Nos situamos en la Plaza Ochavada, peatonal, y nos fuimos para el oeste urbano. Allí hallamos el Ayuntamiento, ubicado en un edificio llamado La Cilla. Y a su lado la Iglesia de la Victoria, lo que queda del Convento de Mínimos. Salimos de la población y exploramos un camino de tierra que llevaba a parajes naturales poco transitados por el hombre. Por allí nos perdimos emocionados de lo que íbamos hallando. Casi sin darnos cuenta subimos hasta lo más alto del monte. Hasta el castillo, la vieja ciudad. Entramos por la Puerta del Sol, en recodo, como construían los árabes la entrada de sus fortificaciones para evitar cargas de caballería y disparos directos. Aún quedaban dos cinturones de muralla, de los tres que tuvo en tiempos. En un lateral, una mezquita convertida en ermita de la Virgen de Gracia.
Cuando bajamos ya era mediodía muy avanzado. Nos metimos en un restaurante y decidimos degustar la gastronomía local. De primero pedimos gazpachuelo, pero no era lo que nos suponíamos, sino una sopa de pescado con clara de huevo y mayonesa. Casi nos dieron ganas de irnos, porque si así era el gazpacho, cómo sería lo demás. Pero nos sorprendieron. Mi mujer se jamó un plato llamado cazuelilla moruna, un guisote de boquerones y almejas, aquí en medio de la sierra. Y le encantó, posiblemente por ese arte heredado de los andalusíes que usaban las especias como pocos pueblos. Yo me pedí un guisillo de huevos y me pusieron unas tortillitas de huevo rebozadas con masa de pan que estaban riquísimas. De postre desechamos los petiños locale y optamos por las gachas de mosto, temiendo que nos colocaran unas jarras de vino sobre la mesa. Pero ese extraño nombre corresponde a una mezcla de mosto, almendras y nueces molidas. Exquisito.
Aquel atardecer nos fuimos de Archidona, sin despedirnos de aquellos tranquilos 7.000 vecinos, que seguían afanados en sus cosas mientras nosotros nos alejábamos. No hemos vuelto a visitar esta ciudad, Conjunto Histórico Artístico desde 1980, pero nos dejó un buen recuerdo aquel fin de semana.
Saludos
P.D.-Hay tantos pueblos al borde del camino, por los que siempre pasamos de largo para confluir todos en los grandes sitios de destino, los lugares masificados. Quizás seamos amigos de las colas y tengamos vocación de sardinas en lata, quizás sea por eso.
Como malagueña que soy, defenderé el gazpachuelo: está muy, muy bueno aunque aquel no os gustara, pero es que hay muchas maneras de hacerlo. El que hace mi madre es con papas cocidas al que se añade mayonesa casera que se disuelve y se le echa sal y limón. Si quieres le puedes echar sopas de pan. A mí me encanta. Otro apunte: si te gustan los dulces, ve a Ardales (aquí en Málaga, por la Sierra de las Nieves): hacen unas tortitas de almendra buenísimas, ricas todo el año pero sobre todo en Navidad. Y una tercera cosa más: aquí en Málaga capital hay otra leyenda de una pareja de enamorados que jamás llegaron a amarse, creo que entre una mora y un cristiano. La Cava le dice, y cuentan que se tiró al mar desde el Castillo de Gibralfaro, cuando el mar llegaba hasta él. Saludos!!
¿Archidona no es un supermercado?... :S Jajaja, qué malo, me voy corriendo :S Pero antes y en serio, ¿por qué se hace referencia a Archidona como si fuese un psiquiátrico? "Este está pa encerrarlo en Archidona" o frases así he escuchado siempre en mi familia (¿o no es Archidona la palabra? que me conozco...).
10.12.2005 21:38
el comentario jugosisimo pero...archidona..como experiencia EN MADRID?.VA A SER QUE NO
24.07.2003 02:44
Como malagueña que soy, defenderé el gazpachuelo: está muy, muy bueno aunque aquel no os gustara, pero es que hay muchas maneras de hacerlo. El que hace mi madre es con papas cocidas al que se añade mayonesa casera que se disuelve y se le echa sal y limón. Si quieres le puedes echar sopas de pan. A mí me encanta. Otro apunte: si te gustan los dulces, ve a Ardales (aquí en Málaga, por la Sierra de las Nieves): hacen unas tortitas de almendra buenísimas, ricas todo el año pero sobre todo en Navidad. Y una tercera cosa más: aquí en Málaga capital hay otra leyenda de una pareja de enamorados que jamás llegaron a amarse, creo que entre una mora y un cristiano. La Cava le dice, y cuentan que se tiró al mar desde el Castillo de Gibralfaro, cuando el mar llegaba hasta él. Saludos!!
24.07.2003 01:50
¿Archidona no es un supermercado?... :S Jajaja, qué malo, me voy corriendo :S Pero antes y en serio, ¿por qué se hace referencia a Archidona como si fuese un psiquiátrico? "Este está pa encerrarlo en Archidona" o frases así he escuchado siempre en mi familia (¿o no es Archidona la palabra? que me conozco...).