ASESINATO POR DECRETO: Sherlock Holmes vs. Jack el Destripador

5  09.01.2011

Ventajas:
Magnífico film de intriga y aventuras ambientado en un Londres victoriano espectacular

Desventajas:
No poder modificar la portada del film, que no se corresponde con la película

Recomendable: Sí 

Detalles:

Argumento

Personajes

Calidad de dirección

Banda sonora

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Sobre mí: Recién llegado de Portugal. Muchas gracias a ITACA213 y fjredondo por sus valiosísimas reseñas que t...

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SHERLOCK HOLMES, UN PERSONAJE LEGENDARIO


Es bastante probable que os sorprenda al deciros esto pero estoy muy lejos de ser un admirador de las novelas de Sir Arthur Conan Doyle.

Lamento ser piedra de escándalo haciendo tal afirmación pero lo cierto es que, en su mayoría, las novelas de este escocés me suelen aburrir indefectiblemente.

Son, más que lentas, premiosas y cuentan con una enojosa predisposición a los circunloquios (a andarse por las ramas, vamos), reduciendo la pura acción e incluso el raciocinio “visible” a unos pocos párrafos por novela, lo cual contribuye a hacérmelas poco gratas.

Sin embargo, Doyle es el creador de uno de los personajes que más juego han dado, dan y darán en toda la Historia del Pensamiento Mundial: el simpar detective Sherlock Holmes.

Las novelas de sir Arthur, nueve en total (a saber, “Estudio en escarlata”, “El signo de los cuatro“, “Las aventuras de Sherlock Holmes”, “Las memorias de Sherlock Holmes“, “El sabueso de los Baskerville”, “El Regreso de Sherlock Holmes”, “El valle del terror”, “Su última reverencia" y “El Archivo de Sherlock Holmes” ), no sólo han dado como resultado un sinfín de secuelas y recreaciones en el mundo de la literatura sino que han nutrido durante más de un siglo las pantallas cinematográficas y amenazan con seguir haciéndolo durante varios siglos más. Y que así sea.

¿Por qué, entonces, un novelista tan mediocre a mi parecer fue capaz de crear un personaje tan emblemático, fascinante, requeteimitado, carismático, arquetípico, relamido, admirado y querido como el señor Holmes? Supongo que por la sencilla razón de que, por debajo de mis prejuicios y preferencias, Doyle sí fue un gran creador, después de todo.

Su criatura no sólo le ha trascendido por los siglos de los siglos sino que hará otro tanto durante un número infinito de generaciones, evolucionando con el paso de los tiempos pero siempre ahí, en su Londres victoriano, tocando el violín, limpiando su pipa y desafiando al mundo en general y a Scotland Yard en particular con su superior capacidad de raciocinio.

Por cierto, si tenéis ocasión de visitar Londres, os aconsejo encarecidamente que visitéis su Museo –el de Sherlock Holmes-, enclavado, como no podía ser de otra manera, en el número 221 B de Baker Street, al sur del Regent’s Park.

Volviendo al autor, al igual que comenté en su día del estadounidense Edgar Rice Burroughs, creador de “Tarzán”, Conan Doyle no se limitó a escribir su saga sobre Sherlock Holmes sino que también disfrutó de un considerable éxito gracias a las aventuras de su otro gran personaje, el profesor Challenger.

A lo largo de cinco novelas – “El mundo perdido”, “La zona ponzoñosa”, “The Land of Mist”, “Cuando la Tierra lanzó alaridos” y “La máquina desintegradora”, el autor nos mostraba un reducto prehistórico en plena Sudamérica que constituye un antecedente en toda regla del “Parque Jurásico” de Michael Crichton.

Conan Doyle hizo incluso no pocas incursiones en el mundo de la ciencia-ficción y la novela histórica hasta redondear un total de unas sesenta obras.

¿COINCIDIERON SHERLOCK HOLMES Y JACK EL DESTRIPADOR?


Como respondería otro insigne personaje, el inigualable director de Hogwarts Albus Dumbledore: sí… y no.

Es decir, Sherlock y Jack coincidieron en su contexto londinense de la época victoriana pero no lo hicieron en las novelas de Doyle.

O, dicho de otro modo, su temporalidad es la misma pero, mientras que Sherlock Holmes fue (aunque cueste creerlo) un personaje ficticio sin referente real, las atrocidades del Destripador fueron, por desgracia, muy reales. Incluso pudieron serlo en más de un sentido, como luego veremos.

Pero el autor escocés, que por cierto no se privó de aventurar una teoría al respecto de la identidad del terrible Jack, nunca incluyó los crímenes de tan horrible personaje en sus libros. Quizás porque, con buen criterio, consideró que era hacerle publicidad a un ser que, por la naturaleza abominable de sus actos, no la merecía.

No han faltado, sin embargo, quienes han enfrentado a estos dos titanes (uno luminoso; el otro muy oscuro) en la ficción literaria pero, sobre todo, en la cinematográfica.

Es el caso de una serie de nueve novelas (curiosa la coincidencia numérica) que aparecieron en la Alemania de la primera década del XX sin ningún tipo de autorización por parte de Doyle (ni, por supuesto, pago de derechos de autor). En uno de dichos números, Holmes se enfrentaba efectivamente al Destripador aunque la calidad de los folletines obliga a no profundizar mucho en el asunto.

Tras estos antecedentes contamos con otros bastante más serios del enfrentamiento entre Sherlock y Jack:

En Literatura:

• John Gardner en 1984 editó una novela titulada "El Retorno de Moriarty".

• Michael Dibdin hizo lo propio en 1995 con una novela titulada "El último reto de Sherlock Holmes".

En Cine:

• James Hill dirigió en 1965 su película "Sherlock Holmes contra Jack el Destripador". John Neville interpreta a Holmes, Donald Houston a Watson, un sublime Robert Morley a Mycroft (el hermano de Holmes) y no digo quién interpreta al Destripador por desvelarse en los últimos minutos de la cinta.

• Bob Clark hizo otro tanto en 1979, cuando vio la luz la película que ahora nos ocupa "Asesinato por Decreto".

ARGUMENTO DEL FILM DE BOB CLARK


Sherlock Holmes y el Doctor Watson asisten en el elegante Royal Opera House a un concierto, cuyo comienzo se retrasa a causa de la falta de puntualidad del Príncipe de Gales.

La aparición de éste desata una lluvia de abucheos en el teatro que Watson, indignadísimo, intenta equilibrar ovacionando al heredero de la Corona, que agradece el gesto.

Pronto arrastra tras de sí a otros entusiastas y los abucheos disminuyen hasta cesar con los primeros acordes del himno británico, que son escuchados con el mayor respeto por parte de todos los asistentes.

- Bien hecho, Watson, ha salvado usted el día, le susurra Holmes.

A la salida, los periódicos nocturnos les reciben con la noticia de una muerte. Se trata de la tercera víctima de un asesino en serie a quien llaman “Jack el Destripador”.

Al llegar, en carruaje descubierto, a su casa, el detective y su ayudante detectan a un grupo de cinco hombres que parecen estar esperándoles.

En efecto, apenas hacen su entrada en la casa cuando suena el timbre del portal. Invitados a subir, los hombres se identifican como miembros de cierto Comité de Ciudadanos compuesto por varios dueños de comercios en la zona de Whitechapell, donde están teniendo lugar los asesinatos del Destripador.

De hecho, lo que los comerciantes pretenden es que Holmes tome cartas en el asunto, ya que la policía no parece estar muy interesada en el mismo, al tratarse las víctimas de simples prostitutas y no de damas acaudaladas.

El miedo –indican a Holmes- está retrayendo mucho la actividad comercial en la zona, razón por la cual piden la mediación de un Holmes inusualmente seco y casi áspero, según le hará ver Watson.

No obstante la ambigua respuesta que el detective otorga a los comerciantes, pronto Sherlock se pone en camino junto a su inseparable Doctor para hacerse cargo de la investigación.

Y es que ha aparecido un segundo cuerpo esa misma noche, lo cual eleva a cuatro el número de asesinatos cometidos por el siniestro Destripador.

Los inspectores Lestrade y Foxborough acogen con sorpresa la presencia de Holmes en el escenario del crimen pero la aparición de sir Charles Warren, el nuevo jefe de Scotland Yard, supone la despedida, con cajas destempladas, del “detective aficionado”, como éste le califica.

UNA ATMÓSFERA COMPLETAMENTE VICTORIANA


La silueta oscura de un Londres en el que destaca, al fondo, el Tower Bridge se recorta sobre un cielo rojo (inequívoca señal de que se ha vertido sangre en ella) mientras los títulos de crédito recogen, con espectaculares letras barrocas, los nombres que componen el ilustre reparto. Se trata de una excelente puesta en escena.

Es de noche en la capital londinense, la niebla lo cubre todo y la luz mortecina de los faroles sigue a la cámara por calles desiertas a través de las cuales avanza imperceptiblemente un carruaje fantasmal (que recuerda poderosamente al que acerca a Jonathan Harker al castillo de Drácula en la película de Coppola) del cual se apea alguien a quien no podemos ver.

Mientras, Holmes y Watson dirimen sus diferencias políticas (resulta interesante el escaso apego del detective hacia la Monarquía) con buen humor en el palco del Royal Opera House, cuya preciosa fachada asiste a la llegada de diversos carruajes de gran lujo atendidos por criados de librea.

La obra –que, según el cartel que reza en la entrada, no es otra que “Lucrezia Borgia”, de Donizzetti - comienza con retraso por la falta de tacto del Príncipe de Gales.

El Doctor Watson considera inadmisible la falta de respeto con que los espectadores reciben al heredero de la Corona pero, en cambio, Holmes le considera acreedor a los abucheos por su falta de discreción.

Insinuando que, como príncipe de los detectives, Holmes debería contemporizar más con los defectos del Príncipe Heredero, Watson pretende ganar su favor pero Sherlock se muestra ofendido por haber sido reducido al papel de príncipe únicamente.

- ¿Quién sería entonces el Rey de los Detectives?, pregunta.
- Lestrade, por supuesto –responde Watson, provocando la risa de ambos.

Tras el incidente inicial en el teatro y después de un concierto que se presume plenamente satisfactorio, detective y ayudante se dirigen al 221 B de Baker Street donde tienen su residencia.

El aspecto de esta otra zona de la ciudad es claramente más respetable. No se aprecia la cochambre ni la suciedad de los callejones de la zona de Whitechapel, la arquitectura es más moderna y la iluminación es mejor. Resulta un interesante contraste.

Bajo esa mayor luminosidad, los recién llegados no tienen dificultades en descubrir que alguien les espera.

- ¿No serán amigos suyos?, pregunta Holmes con toda intención a Watson cuando ambos se hallan ya dentro de la casa.
- ¿Cómo?, exclama Watson con toda inocencia sin ver la intención de su amigo.
- ¿Maridos deshonrados, tal vez?
- Muy gracioso, farfulla el doctor mientras va a abrir.

La forzada entrevista no resulta del agrado del detective, que advierte algo en aquellos hombres que no acaba de satisfacerle. Así, aunque ya tiene decidido intervenir en la investigación, se cuida muy mucho de hacérselo saber a ellos, prefiriendo hacerlo por su cuenta.

Mientras, en las brumosas y oscuras calles de Whitechapel, una prostituta que es maltratada por el hombre que acaba de rechazar sus servicios, acepta la invitación aparentemente amable de otro caballero, que la anima a subir a su carruaje.

- ¿Estás sola?
- –se apresura a confirmar ella, de forma poco sensata.
- Sube, no hay seguridad en las calles.

Cuando ambos abandonan el carruaje poco después, la mujer lo hace a hombros de su asesino, con la aquiescencia del cochero, poco antes de evolucionar sobre el maltrecho cuerpo de la infortunada joven.

Más tarde, una vez han sido desalojados con malos modos por sir Charles Warren, Holmes y Watson comentan la desafortunada actuación del nuevo jefe de Scotland Yard en la represión de los recientes disturbios de Trafalgar Square, de los cuales fue tan responsable como los propios radicales.

Es un apunte histórico que recuerda al trágico “Domingo sangriento” de 1887, cuando socialistas y desempleados se manifestaron en Trafalgar Square descontentos con el gobierno y sir Charles Warren (personaje real, por tanto) lanzó contra ellos a más de dos mil policías armados, con la consecuencia de dos muertes y de varios cientos de heridos.

Es pues un notorio acierto del guión de John Hopkins que ayuda a contextualizar la historia en un período caracterizado por la pujanza del Imperio Británico durante el reinado de Victoria y en plena Revolución industrial.

De hecho, el guión jugará en todo momento con la idea de una conspiración revolucionaria que amenaza la Monarquía y cuyos tentáculos se entrelazan con la investigación por los crímenes del Destripador.

LA MASONERÍA ENTRA EN JUEGO


La existencia de una inscripción que sir Charles se apresura a borrar, pese a las quejas de los inspectores Lestrade y Foxborough, ofrece una nueva perspectiva.

El texto, que Holmes logrará reconstruir durante unos instantes con ayuda de sus conocimientos químicos, reza:

Los juvíos no son gente a la que se culpe sin razón.

La razón esgrimida por el jefe de Scotland Yard para borrar la prueba es el temor a que la población interprete el mensaje como una acusación directa contra los judíos por los asesinatos rituales de prostitutas, lo que podría acarrear una ola de antisemitismo en la ciudad.

Sherlock, todo perspicacia y agudeza, le demostrará al propio sir Charles que a él no puede engañarle. Y es que la acusación hacía referencia a “juvíos”, no a “judíos”.

Así, Holmes corta de raíz las increpaciones del jefe de policía con unos gestos silenciosos que provocan la mudez inmediata de sir Charles y la estupefacción del siempre despistado Watson.

Tras reproducir el ritual que identifica a los miembros de los 33 grados de la Orden Secreta de los Francmasones, Holmes arrebata con limpieza el anillo ritual de sir Charles.

- No somos una orden secreta, protesta sir Charles.
- Que existe no es ningún secreto pero en sus ritos y en cuanto afecta a sus miembros se guarda tan secretamente como pueden. Por eso hizo borrar la inscripción en aquella pared, le acusa frontalmente el detective.
- Nosotros somos una sociedad filantrópica, no un peligro, concluirá el jefe de Scotland Yard, no sin antes advertir a Holmes que se expone a un grave riesgo, ya que “éste no es uno de esos asuntos viles y sórdidos en los que suele usted entrometerse”.

Sin embargo, bromeará más tarde Sherlock con Watson en su casa de Baker Street,

No sé qué causó mayor ansiedad a sir Charles, si que yo conociera los signos secretos o la posibilidad de que también yo fuera masón.

Holmes instruirá a su amigo –y, de paso, también a nosotros- contándonos la historia de los tres hombres contra los que se dirigía la acusación.

Tres hombres –Juvala, Juvalo y Juvalum (es decir, “los Juvíos”) que mataron al Gran Maestro Constructor del Templo de Salomón. La forma en que cada uno de ellos describió el ritual mediante el cual debían ser sacrificados está siendo reproducido de forma fiel por el Destripador en sus infortunadas víctimas, lo que parece ser algo más que una coincidencia.

UN MÉDIUM HACE SU APARICIÓN


Para que no falte de nada, un informante anónimo –que resulta ser uno de los cabecillas del Comité de Ciudadanos- pronuncia, escondido en la noche bajo las tablas de un muelle, el nombre de Robert Lees, un médium capaz de ver en su mente los atroces crímenes del asesino.

El hombre, cuyo pelo rizado y grandes mostachos contrastan con sus ojos muy azules, recrea para Holmes la atroz escena en que el cuerpo ensangrentado de una de las prostitutas asesinadas es arrojado del carruaje en plena noche, en el Londres más miserable y peligroso cubierto por la niebla.

- ¿Y no acudió a la policía para contárselo?, se indigna el detective poco antes de que la señora Lees le confirme que su marido así lo hizo, siendo tratado como un “demente alucinado”.

- Luego volví a verle, añade el médium.
- ¿Otra visión?
- No. Esta vez en persona.

Lees cuenta a Holmes cómo reconoció al asesino e intentó sin éxito que un guardia lo detuviera.

Más tarde, el médium fue requerido por el inspector Foxborough y algo que éste puso en sus manos –y que Holmes identifica al punto con la rama de cierto árbol- le llevó como un rastro ineludible hasta una gran mansión en la que vivía un hombre ilustre cuyo nombre no puede revelar a consecuencia de las inequívocas amenazas de sir Charles.

LOS PERSONAJES


Sherlock Holmes.- Con su inmenso poder deductivo de costumbre pero con una mayor predisposición a la acción de la que le conocíamos (al menos hasta la llegada, en 2009, de Robert Downing Jr.), Holmes se convierte a la vez en el azote y la salvación de Scotland Yard. Involucrándose de forma más personal que nunca en la historia que pretende desvelar, el detective pondrá seriamente en peligro su vida, enfrentándose tanto a peligrosos asesinos como a políticos y cortesanos más peligrosos todavía. Y en el camino descubrirá un terrible drama personal del que ya no logrará desvincularse. Fiel a sus costumbres, Sherlock toca aquí el piano (con singular acierto), destroza las agujas hipodérmicas de su amigo limpiando su pipa y bromea a menudo a costa del buen doctor Watson.

Doctor John Watson.- El inseparable compañero de Sherlock hace un completo despliegue en el film tanto de sus habilidades como de sus flaquezas. Noble y valiente pese a sus aprensiones ( Recuerde que estuve en la India ), el doctor hace alarde de su proverbial paciencia, soportando con estoicismo el hiriente humor de su amigo y aceptando las situaciones no siempre cómodas en las que se ve inmerso por su causa. Como cuando ha de rodearse de prostitutas en sus investigaciones, intentando mantener a flote su dignidad.

Inspector Lestrade.- Con un papel mucho menos significativo que en otras películas de Holmes, el inspector es aquí eclipsado tanto por su colega Foxborough como por su superior sir Charles. Poco activo y bastante bonachón, su papel se reduce poco menos que al de comparsa, siendo el blanco de las burlas de Sherlock y de Watson pero divirtiéndose también a costa de este último con ocasión de un lío en el que éste se verá inmerso.

Inspector Foxborough.- Personaje interesante que desplaza a un segundo plano a su compañero Lestrade, Foxborough hace en todo momento alarde de una mayor sagacidad pero también de cierta ambigüedad que Holmes tratará de determinar a lo largo de la mayor parte del film.

Sir Charles Warren.- El nuevo jefe de Scotland Yard es un hombre sanguíneo que poco tiene que ver con la flema británica. Irascible y despótico, sus modos agresivos le enfrentan dialécticamente con subordinados y oponentes (en este caso, Holmes, aunque debiera estar del mismo lado) y son causa también de conflictos como los determinantes del tristemente célebre “Domingo Sangriento”. El desenlace de su carrera está en los mismísimos libros de Historia.

Y así, con los dos detectives protagonistas y tres de los hombres de Scotland Yard finaliza el desglose de los personajes principales. Todos hombres y todos servidores de la Ley.

Las mujeres, que menudean en el film, resultan meros esbozos, haciendo las veces de víctima propiciatoria en la que el cruel asesino se ceba sin ninguna piedad.

Con eso y con todo, se nos mostrarán a algunas capaces de las mayores felonías como la prostituta que provoca el “problema” del doctor Watson. Una mujer ésta siempre preocupada por la firmeza de sus… dientes, mal pensados.

Pero también se nos muestra a algunas capaces de dar hasta su vida por defender lo que es justo y también a quienes no pueden defenderse por sí mismos. No puedo extenderme más sobre el particular pero personajes como Mary Kelly y sobre todo Annie Crook tienen una importancia capital en la trama y sus papeles, aunque breves, resultan extremadamente importantes.

LA ESCENA DIVERTIDA


Aunque totalmente irrelevante en el conjunto de la trama, no me resisto a reproducir uno de los diálogos más divertidos del film.

Intrigado por la interminable lucha que Watson mantiene con uno de los últimos guisantes, al cual pretende capturar con su cuchara, Holmes decide intervenir. Parece la única forma de que su amigo le preste la atención que precisa mientras le describe a la misteriosa mujer que contempló en el lugar del crimen y que luego se dio a la fuga.

- Me ha chafado el guisante, afirma compungido el doctor.
- Ya lo tiene a su merced.
- Pero me lo ha chafado.
- Lo hice por ayudarle.
- Pero ahora no me apetece. No me gustan así, chafados. Me gustan enteros para sentir cómo revientan al morderlos.
- Lo siento, no lo sabía, concluye Holmes reprimiendo una sonrisa.

CHRISTOPHER PLUMMER ES SHERLOCK Y JAMES MASON WATSON


Cabe calificar de excelente la interpretación que Christopher Plummer hace del personaje de Holmes. Con un fino humor tan inglés como el del detective (pese a que Plummer sea canadiense) y una limpia expresividad, el actor convence tanto cuando bromea como cuando derrama lágrimas de conmovida tristeza.

Su aplomo al enfrentarse de forma dialéctica a los “pesos pesados” del Imperio con quienes se las verá en la parte final de la película contrasta vivamente con la compasión que evidencia su mirada en compañía de las “grandes perdedoras” de la historia, de sus víctimas irredentas.

En buena forma física, la que demandan algunos de sus enfrentamientos culminantes de la cinta, un Plummer que por aquel entonces contaba con cincuenta años se desenvuelve con solvencia y corrección, evidenciando que algo quedaba del brioso Comodo de “La caída del Imperio Romano”, del animoso capitán Von Trapp de “Sonrisas y lágrimas”, del jefe de escuadrón Colin Harvey en “La batalla de Inglaterra” o incluso del masón Rudyard Kipling en “El hombre que pudo reinar”.

En cuanto a James Mason, compone un inmejorable Doctor Watson. En mi opinión el mejor de la Historia, por encima del prolijo Nigel Bruce (incansable acompañante de Basil Rathbone hasta en catorce ocasiones), de André Morell (que le dio vida en “El perro de Baskerville”), de Colin Blakely (que interpretó idéntico papel en la irreverente “La vida privada de Sherlock Holmes”) o del más reciente Jude Law (“Sherlock Holmes”, 2009), por citar tan sólo algunos de los actores que se han metido en la piel de este emblemático personaje.

Con su campechanía más típica, el Watson que interpreta Mason capea las situaciones embarazosas con entereza flemática, refuerza con su presencia de ánimo las decisiones de su compañero y se muestra siempre dispuesto a colaborar en cuanto pueda ser de utilidad, por encima de sus meras obligaciones morales.

Personaje sólido, de grandes convicciones monárquicas y victorianas, amante de la moral, de la ley, del orden y del decoro, sabe aceptar con estoicismo una broma aun cuando él mismo sea el centro y rara vez bromea acerca de los demás (por eso resulta tan graciosa su alusión a Lestrade en el palco del teatro).

En cuanto a Mason, actor de una ortodoxia interpretativa a prueba de bomba, por aquel entonces ya había construido su fastuosa carrera y contaba con setenta años de edad, veinte más que su compañero en la ficción.

Títulos como “Mundos opuestos”, “Pandora o el holandés errante” (ambas con Ava Gardner), “Rommel, el zorro del desierto”, “Ha nacido una estrella”, “20.000 leguas de viaje submarino” (el capitan Nemo que siempre recordaré de mi infancia), “Con la muerte en los talones” (como Philip Vandamme, uno de los villanos más inolvidables de la historia del cine), “Viaje al centro de la Tierra” (dando vida al profesor Lindenbrook), “Lolita” (como el seducido profesor Humbert Humbert) o la miniserie de televisión “Jesús de Nazaret“ (en la que interpretaba a José de Arimatea mientras Plummer hacía lo propio con el rey Herodes) le situaban por derecho propio en la cima de la cinematografía.

SOLIDEZ INTERPRETATIVA EN EL ELENCO


Contar con secundarios como el gran Donald Sutherland, que interpreta al médium Robert Lees, John Gielgud ( “Horizontes perdidos”, “Los miserables”, “Asesinato en el Orient Express”, “Carros de fuego”, “El hombre elefante”, “Arthur el soltero de oro” ), que encarna al Primer Ministro inglés o Genevieve Bujold (una de las actrices-fetiche de mi admirado Alan Rudolph, que contó con ella en “Choose me” o “Los modernos” ) es un auténtico lujo.

Todos ellos dotan a sus personajes, más o menos episódicos, de una solidez extraordinaria, atrayendo sobre sí una mayor carga dramática de la que hubiese cabido esperar por la brevedad de sus intervenciones.

Al igual que el academicista y ya desaparecido actor británico David Hemmings, que interpreta el papel del inspector Foxborough y que ha sido visto en la última década en “Gladiator” (como Cassius), “Spy Game”, “Gangs of New York” o “La liga de los hombres extraordinarios”.

Lo que sí sorprende es la manufactura de Bob Clark, un discreto director cuyos títulos más renombrados corresponden a una esfera muy distinta: las dos primeras entregas de la saga de desmadre adolescente “Porkys” (también firmó el guión de la tercera), el drama “Soldados de papel” (con Pat Morita, el maestro de “Karate Kid” o la más bien lamentable “Unos peques geniales” (con Kathleen Turner, Christopher Lloyd y Kim Cattrall).

La música de la película corre a cargo de Paul Zaza (al igual que en “Soldados de papel” y “Unos peques geniales” ) y Carl Zittrer (compositor de las bandas sonoras de “Porkys” ), en tanto que la destacable fotografía (inolvidable la Londres victoriana que recrea con maestría) corre a cargo del británico Reginald H. Morris.

Elwyn Jones y John Lloyd, coautores del libro “The Ripper File” deben contar también dentro del aspecto técnico del film pues Hopkins escribió su guión basándose tanto en dicha obra como en los personajes creados por Conan Doyle.

SHERLOCK HOLMES EN EL CINE


Si al principio de este artículo manifestaba mi escaso entusiasmo por las obras de Doyle, no puedo decir lo mismo de los resultados fílmicos que ha ofrecido su principal creación.

Con algunas excepciones (siempre las hay), lo cierto es que el personaje de Sherlock Holmes ha dado algunos momentos memorables al mundo del celuloide y, aunque sería interminable la lista de títulos que han contado con su singular presencia, me apresto a citar aquellos que, por una razón o por otra, han dejado una mayor huella en un servidor:

“El perro de los Baskerville”, dirigida por el estadounidense Sidney Lanfield en 1939, contaba con la presencia de Basil Rathbone como Sherlock y y Nigel Bruce como Watson. Pese a ser nada menos que la producción ¡¡¡¡nonagésimotercera!!! (93ª) desde que en 1903 comenzaran a ser llevadas a la gran pantalla las aventuras de Holmes, es la más antigua de la que guardo un recuerdo significativo.

“Vestida para un asesinato”, de 1946, también con el sudafricano Rathbone ofreciendo su aristocrático perfil al famoso detective pero con un nuevo director –en este caso, el irlandés Roy William Neill- marca la última aparición de Basil como Holmes y por ello merece un lugar en este pequeño puñado de títulos escogidos, si bien otros títulos interpretados por él como “La voz del terror”, “La mujer araña” o “El caso de los dedos cortados” merecen idéntico reconocimiento.

“El perro de Baskervilles”, de nuevo esta novela, era llevada al cine en 1959, en este caso en una producción británica de la Hammer que alcanzaría un singular éxito artístico (aunque no de taquilla pues fue un sonado fracaso) con Peter Cushing (que tantas veces haría de Van Helsing en el cine combatiendo al Conde Drácula) en el papel de Sherlock Holmes, André Morell dando la réplica como Watson y nada menos que Christopher Lee (precisamente uno de los mejores Dráculas de la Historia) como el esquivo y ambiguo sir Henry Baskerville.

“El collar de la muerte”, insólita coproducción francoitaloalemana de 1962 dirigida, como la anterior, por Terence Fisher, veía al propio Christopher Lee convertido en un Holmes que se enfrentaba al mismísimo profesor Moriarty.

“La vida privada de Sherlock Holmes” es una excentricidad de Billy Wilder, que en 1970 incidía en una parte poco explotada del personaje (que encarnaba el británico Robert Stephens), dejando a la luz su misoginia, descartando su homosexualidad, mostrándonos al mismísimo monstruo del lago Ness y rescatando el papel del hermano de Holmes, Mycroft. Al parecer, los productores masacraron el film, alterando profundamente su ritmo narrativo.

“The Seven-per-Cent-Solution” (titulada en España “Elemental, Doctor Freud” ), de 1976, es una interesante adaptación de la novela escrita por Nicholas Meyer, la cual enfrenta a Holmes (el actor teatral Nicol Williamson) con Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis(Alan Arkin en el film), en una elegante producción que también presenta a Laurence Olivier como Moriarty, Vanessa Redgrave como Irene Adler y Robert Duvall como Watson.

“El secreto de la pirámide”, de 1986, es una recreación de la nunca revelada adolescencia de Sherlock Holmes, dirigida por Barry Levinson y auspiciada y producida por el mismísimo Steven Spielberg. Con alarde de efectos especiales casi inéditos para la época, la recreación abarca un Londres tan victoriano como el de Clark pero aderezado por sectas egipcias en la capital británica, pirámides subterráneas y lúgubres cementerios. Se trata de una debilidad personal y el personaje del joven Sherlock corría a cargo del televisivo actor escocés Nicholas Rowe. La película incluye un revelador final tras los títulos de crédito (que muchos impacientes no han visto por no esperar a su finalización), el cual pone en relación a uno de los personajes del film con un legendario rival de Holmes.

Dejo al margen parodias (género con el que raramente comulgo) y series de televisión (muchas y algunas incluso bastante interesantes) por no extenderme más de lo imprescindible.

Y hago lo propio con la reciente “Sherlock Holmes" por no contarse, obviamente, entre las producciones “holmianas” que uno destacaría.

¿QUIÉN FUE JACK EL DESTRIPADOR?


En 1888, la policía londinense asistió impotente al sucesivo asesinato de cinco prostitutas.

El misterioso y despiadado asesino llegó al extremo de dirigirles una sucesión de misivas en las que acentuaba la incapacidad policial para dar fin a sus atrocidades.

La primera de ella, escrita con elocuente tinta roja, rezaba así:

No cejaré en mi tarea de destripar putas. Y lo seguiré haciendo hasta que me atrapen. El último trabajo salió bordado. No les importe llamarme por mi nombre artístico.

Dado que la carta era manuscrita, Scotland Yard optó por publicarla en la prensa con la esperanza de que alguien reconociera la letra.

En lugar de ello sólo consiguió extender el pánico por la ciudad.

Los crímenes cesaron con el mismo misterio con que habían comenzado y nunca se detuvo al asesino.

Los rumores eran de lo más diverso y no excluían géneros (Conan Doyle, aunque no incluyó al Destripador en sus novelas, sostenía que el asesino era una mujer que se disfrazaba de hombre).

También apuntaban a las clases más favorecidas e incluso a la propia Casa Real pero nunca se obtuvieron resultados concluyentes y sir Charles Warren, cabeza visible de la policía de Londres (además de responsable, como queda dicho, del “Domingo Rojo” tuvo que dimitir de su cargo.

DESDE EL INFIERNO


En 2001, Albert y Allen Hughes dirigieron “Desde el infierno”, una película que, basándose en varias novelas gráficas de Alan Moore y Eddie Campbell profundizaba en los mismos asesinatos mostrados por “Asesinato por Decreto” aunque con resultados bien diferentes.

Johnny Depp daba vida en el film al inspector Frederick Abberline y Heather Graham a Mary Kelly en una historia en la que también tenía cabida el omnipresente sir Charles Warrren.

El personaje de Sherlock Holmes no aparecía en el film.

EDICIÓN DE UNIVERSAL


La edición de Universal Pictures, que es la que oferta la Fnac por 9,99 € (y cuya portada, por cierto, nada tiene que ver con la que nos facilita Ciao al principio de este artículo) presenta una imagen panorámica (1.85:1) magníficamente restaurada que, además, incorpora un buen número de secuencias inéditas, que aparecen integradas en el metraje aunque con subtítulos en español en lugar de dobladas.

Ello puede chocar en algún momento –el cambio del español al inglés- pero, con eso y con todo, considero que se trata de un valiosísimo documento que permite ver la obra en su conjunto, independientemente de las dos versiones que había hasta el momento: una en el Reino Unido y la otra en Canadá, como consecuencia de la coproducción conjunta de ambos países.

Por otra parte, la inserción de las escenas está magníficamente realizada hasta el punto de que sólo el cambio de idioma delata que no se trata de una grabación íntegra.

En cuanto al sonido, este sí más modesto, se ofrece exclusivamente en mono (aunque bastante limpio) en sus distintos idiomas: español, inglés, alemán e italiano. Los subtítulos, por su parte, son en español, alemán, ialiano, portugués y holandés.

Por desgracia, el único extra disponible –fuera del hecho de que se trata de una cuidada edición, ejemplarmente restaurada- es un trailer del film.



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Comentarios sobre esta opinión
aracil72

aracil72

13.03.2011 02:33

Excepcional, como de costumbre. Esta película me suena mucho. La que sí tengo muy presente es la que realizó Wilder. Coincido contigo en que hay autores que saben generar personajes excelentes, pero no pasan de escribir historias mediocres. Mira si puedes colgar en tu opinión la portada correcta, en Ciao hay varias portadas erróneas.

dextrosa

dextrosa

08.02.2011 10:39

Pues esta película me atrae bastante, la figura de Jack el destripador siempre me ha parecido envuelta en misterio, y veo por lo que dices, que el asesino (o su versión en mujer), dan bastante juego. Un beso.

yogui9259

yogui9259

02.02.2011 11:12

Este tipo de películas no son mi fuerrte, al leerte no sabía que nunca lo atraparon joer.... Un saludete valencianet

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Asesinato Por Decreto - DVD

Asesinato Por Decreto - DVD

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