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El primer álbum en el cual los dibujos de Astérix habían empezado a madurar (los ojos más grandes, las expresiones más marcadas, los carácteres de los personajes mejor definidos...) fue este de Astérix en los juegos Olímpicos, en el cual todos los hombres de la pequeña aldea de guerreros parten en un “crucero de placer”, un viaje organizado (crítica despiadada a este tipo de organización turística) hacia el mar Egeo, con especial visita al país Heleno, donde los intrépidos galos deberán demostrar al César la grandiosidad deportiva de su aldea (¿prescindiendo de la ayuda de la poción mágica?). Especial crítica al fanatismo deportivo “La pista estaba en malas condiciones”, “El jabalí que comieron era lo que estaba en malas condiciones”, justificaba Abraracurcix a sus atletas y al “dopaje” de los actuales acontecimientos deportivos (dudo que los griegos se inflaran a “poción mágica” o similares, o que al menos hubiera un comité anti-dopping), todo mezclado con conocimientos relacionados con la bastísima cultura griega, a partir de la cual se nutrieron romanos (y en general, latinos), pero ¡no los insurrectos compatriotas de Astérix!