Ave-RENFE Madrid-Barcelona

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Yo soy del Team AVE

5  31.12.2008

Ventajas:
Rápido y cómodo

Desventajas:
Precio

Recomendable: Sí 

Abad_de_Carfax

Sobre mí:

usuario desde:09.11.2001

Opiniones:456

Confianza conseguida:545

Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 43 miembros de Ciao

En este mundo dual del blanco o negro, rubias o morenas, KAS naranja o KAS limón, me lo dices o me lo cuentas, yo soy del Team AVE y que digan lo que quieran los del Team Avión. Sobre todo si un adorable Papá Noel elimina de un panzazo el problema del precio al marcarse como regalo de Navidad el importe íntegro del billete, incluyendo además una vuelta en clase preferente. Que este mundo también se divide en los que se sientan en los primeros vagones y los que van detrás de la cafetería.

Las ventajas del tren frente al avión son tan obvias que está de más decirlas. Pero como esto es una opinión del Ciao procederé a hacer una deliciosa lista con formato y todo:

1. Porque se hace más corto

No diré que ahorras tiempo, primero porque todo depende de cómo se lo monte uno al embarcar en el avión y ahora con los auto check-in y las cosas de la modernidad la cosa es más fluida, a no ser que tengas mala suerte y te hagan sendos tactos rectales si te ven cara de mula. Además, el ahorro de tiempo tampoco es que sea algo tan sumamente vital para los que vamos en plan vacacional. Por más que nos mole exagerar el increíble provecho que sacamos a nuestro tiempo, realmente no somos personajes en una novela de Dan Brown, así que una hora de más y de menos no salvará el mundo tal y como lo conocemos. (Ni a mi me salva nadie ahora del comentario incendiario de nuestra bangles).

Lo que sí se hace sumamente agradable viajando en AVE es la sensación de fluidez, con ausencia de tiempos muertos en toda la parafernalia que dure ir del punto A al punto B (siempre que ambos caigan en el centro de capitales de españolidad contrastada). En el caso que nos ocupa (Madrid - Barcelona y viceversa) tanto Puerta de Atocha como Sants están a un escupitajo en metro de cualquier sitio, nada que ver con la sensación de atomarporculismo de los aeropuertos.

Obviamente, la fluidez es posible porque el AVE está pensado para viajar con lo puesto. Pero de eso ya hablaremos luego, que se nos desparrama la lista con formato. Y, claro, está, la sensación esta que digo se hace aún más relativa dependiendo de las paradas que haga el tren que escojas. Como experiencia personal, a la ida tomé el directo y flipé, y a la vuelta cogimos el que para sólo en Zaragoza y requeteflipé al darme cuenta de que lo que se veía a lo lejos no era la petroquímica de Tarragona sino el Hesperia de L'Hospitalet (si el iaio del asiento de atrás se pudo reir de mi, ¿por qué no tú, Ciao?).

2. Porque es menos doloroso

Como soy un muñequito de porcelana, por algún inexplicado motivo (ojo que no digo inexplicable) me duelen horrores los oídos con el rollo este de la presión (se nota que soy de letras, ¿eh?). Durante años he intentado compartir esta desgracia mía con otros seres humanos pero nunca nadie me ha comprendido. Haré un nuevo intento de contar mis miserias en este sitio web donde la gente alaba el champú que le quita la caspa y el papel con el que se limpia el culo.

El caso es que tanto en el despegue como, sobre todo, en el aterrizaje de un avión a mi me duelen horrorosamente los oídos. Al contarlo suelo recibir sonrisas y comentarios del tipo 'Uy jaja, que te hacen crac crac, ya'. Y no ya. Me duelen. Horrorosamente. Hacen crac, sí, ya lo creo que hacen crac. Pero por debajo de esos cracs (y por arriba y atravesándolos sin descanso) un dolor intenso, desnudo e imparable me sacude desde los tímpanos hasta lo más hondo de mi ser.

Algunos auxiliares de vuelo de sonrisa ensayada y gestos mecanizados a los que la rutina les ha robotizado no sólo las coreografías sino también el libreto me han ofrecido un puto caramelillo para ir chupando mientras agonizo en mi propio dolor. "Es que si masticas algo se pasa, porque igualas la presión", me ha dicho alguno de ellos, que viendo el careto de asesino en serie que se me pone como mucho ha llegado a ofrecerme dos caramelos por el precio de uno.

Una vez a ras de suelo y fuera de un entorno de atmósfera controlada mis oídos dejan de chillarme su angustia. Pero llega la parte divertida, que es tenerlos afónicos por el esfuerzo hasta que me levanto al día siguiente. Durante horas no oigo apenas nada y estoy sumergido en un mar de acúfenos.

Así que para mí lo de viajar en avión conlleva un precio extra de sufrimiento absurdo y efectos secundarios que se prolongan hasta el día siguiente. Con el primer bostezo al despertar se produce el último crac y ya puedo decir, por fin, que he llegado a destino.
Todo este rollaco (a la porra ya la lista con formato) pretende reflejar que sólo por ahorrarme esta parte yo ya pagaría lo que fuera.

Lo malo es que la debilidad de mis timpanillos no es una ciencia exacta. Talmente llego a Puerta de Atocha hecho un diapasón como me tiraría del tren en Zaragoza muerto de dolor, tal vez víctima de la venganza del Moncayo traicionero de donde provienen mis ancestros. De todos modos, como digo, el hecho de poder eludir un destino tan cierto como porculero hace que valga la pena apostar por el tren.

[La clase turista]

Cerrada esta coherente enumeración de dos elementos (1 y 2, pero con formato) optaré por los títulos.

La clase turista del AVE no tiene más secreto: es como un tren, pero en nuevo. Los asientos tienen una separación decente con el de delante (nunca es suficiente para los que pasamos del metro noventa) y un poco más apretá con el de al lado. Posiblemente las personitas de medidas más amables puedan incluso echar una cabezada si tienen un sueño regulable en densidad y altura.

Ante lo innecesario de describir una butaca con estribos, comentaré dos de los inconvenientes que experimenté en mi viaje. Por un lado, una mente preclara concibió que algunos asientos estuvieran dispuestos frente a frente con una mesita tipo camping en medio, como si del Opel Megacaravan de la Kelly Family se tratara. La idea es super chachi si viajas con gente que ya te ha visto desnudo, borracho o ambas cosas en grados de coincidencia varios. Pero cuando cuatro desconocidos son convocados para sentarse en corrillo alrededor de un cacho de plástico la cosa no mola. Item plus si te toca de espaldas al sentido de la marcha y crees en los mitos del 'coño, que me mareo' como lo haces en los consejos de Txumari Alfaro (¿quién?).

Luego, y eso ya tiene que ver más con mi sentido asocial y mi reivindicación de la instauración de la selección natural en la raza humana, está el tema de la cafetería. Situada en el cuarto vagón, es lugar de peregrinaje obligado para todos los pacomartinezsoria instalados del quinto para atrás. Por más que se hayan gastado ciento y pico eurazos para invertir apenas dos horas en el trayecto, son incapaces de resistir sin un cafelillo, una coacola (son de los que no usan tres cés para pronunciar el nombre del sin par refresco) o un pitillo. Pero, ah, amigo, el destino es cruel y en el AVE no se puede fumar, así que estos ojillos han visto a poligoneras con mechas recorrerse el vagón entero apiñadas en manada, asomarse a la cafetería y volverse porque no 'las' dejan encenderse el piti.

En cualquier caso, la clase turista es un ir y venir de gente adicta a alguna sustancia legal con el mono encaramado al hombro. Claro que a algunos el mono se les tira a los pies cuando ven los precios del lugar. Insisto: cien euros el billete, ¿y te duelen los dos euros de una coacola?

[La clase preferente]

Por un incremento bastante sustancial del precio del billete (un 50% más, tranquilamente) puedes optar por la clase preferente. En términos de comodidad y confort la diferencia principal es que han arrancado una butaca de pasillo para poder pasar con el carrito de la comida y que hay enchufes en los asientos. Así que si eres un ejecutivo agresivo de tendencias asociales y quieres encerrarte en tu mundo laptop sin que se te acabe la batería, ésta es tu clase. También mola que te pague el billete la empresa, claro.

En vez de un desfile de abuelos con yernos y nietos lo que ameniza el pasillo de la preferente son auxiliares de… er… tren. (¿Azafatas? ¿Azofaifos?) Básicamente se encargan de ponerse en la puerta del vagón número 3, al lado del cartel que pone 'vagón número 3', para decirte con una sonrisa ensayada que ésa esa la puerta del vagón número 3. Luego te llevan el periódico, te sirven la comida, te dan caramelos (casi lloras cuando te los comes por gula y no por prescripción facultativa) y todos esos etcéteras que tan poco valoramos siempre pero que tienen su arte. Del mismo modo que los auxiliares de vuelo te hacen sentir como si estar a 10.000 metros de altura (y con viento en cola) es lo más normal del mundo, los del tren arrastran su carrito de coacolas como si ir lanzado a 300 km/h fuera algo super sensato.

La comida bien, gracias. Se supone que el menú está ideado por un señor de renombre (pero no recuerdo qué nombre, mecachis) y te dan cosas como ensalada de patatín con butifarra de patatán y huevo aplofé y bacalao en salsa tracatá con arroz negro. Luego los plásticos packs de supervivencia que te ponen delante son menos poéticos y el bacalao está sospechosamente cortado a dados de perfecta consistencia y reducido número (dos). Pero quien se queje de la comida 'a bordo' es un desagradecido equiparable a un concursante de Gran Hermano a la hora de la cena. Eso sí, el saleropimentero es la hostia de cuco.

La mayor decepción de esta clase fue, para mí, el hecho de que el equipaje está igual de marginado que en turista. Es decir, al nivel de un regional borreguero, con una estantería absurda al inicio del vagón de una incapacidad de almacenamiento tan evidente que es hasta insultante. Tampoco me esperaba el guardarropa del Pachá, pero se hace muy evidente que en AVE viajas con un solo bulto más el bolso y no te pases con chaquetón que te lo comes todo el trayecto.

[Concluyendo]

Si la broma te sale por unos 200 eurazos, ciertamente lo del AVE es algo recomendable para escapadas esporádicas. Además, como siempre, comprando con anticipación puedes ahorrarte un pastizal. Claro que usar la web de la renfe es una tarea sólo para valientes, pues no vendría a ser un prodigio de solidez técnica, de aplicación multiplataforma ni de piedad con el usuario (cambia un billete si tienes, coj**ones, a ver qué te dicen).

De todos modos, las opciones existentes para cubrir el trayecto Barcelona - Madrid son un poco deprimentes. Y el AVE parece haber llegado (y encima con retraso) a consolidar el monopolio del '+100 euros' en detrimento de bonitas opciones tradicionales tan asequibles como mortificantes. Porque en este país, cuando nos ponemos modernos, lo somos hasta las últimas consecuencias.

Un besote ruidoso y pecador.
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Comentarios sobre esta opinión
morexosa

morexosa

30.10.2010 20:28

Yo no me apeo del club avión, por mucho que digas :D La razón principal que te hace rechazar este medio es a causa de una característica personal que es una faena, pero en todo lo demás, incluido el precio, coincidirás conmigo que no son razones de peso... Yo vivo en Madrid y soy de Lugo. Para ir a "casa" tengo dos opciones: autobús (54€ ida y vuelta, 6 horas de viaje) o avión a Coruña o Santiago (50-70€ ida y vuelta, 1 hora de viaje + 1 hora de cheking y tal y cual en aeropuerto). No te digo yo que no me gustaría que pusieran Ave y tener una opción directa alternativa, pero por 100€ no me interesa, porque incluso teniendo que ir a buscarme algún amigo a una de las dos ciudades, ahorro, y casi siempre aprovechamos la circunstancia para asistir a algún evento, con lo que amortizamos. Pero, claro, a mí me encanta volar y no la presión no tiene efectos en mi cuerpo.

nefer06

nefer06

18.02.2010 10:26

ese invento de los asientos cara a cara con mesilla por medio es harto incómodo,la gente se ve obligada a hacer "piececitos" sin querer

dinky

dinky

26.10.2009 03:14

Hola, abadito. Cuanto tiempo sin vellete!!!! Que a mí también me pasa lo de los oídos en los aviones. No siempre, la verdad, pero me ha pasado, así que... te comprendo xDDD

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