Tras haberos hablado de la ciudad de Estambul más o menos al completo en una opinión general sobre esta bellísima ciudad situada entre oriente y occidente, hoy vuelvo al ataque para hablaros de uno de los lugares con más encanto de toda la ciudad. Estambul es conocida en parte por sus bazares y los dos más importantes y famosos de la ciudad por este orden son El Gran Bazar y El Bazar de las Especias. Cualquiera que haya visitado esta ciudad os hablará de sus bazares, del caos reinante en ellos, de sus mil y un colores, los sonidos y los olores, el regateo y miles de puestecillos donde comprar casi de todo. Me sorprendió mucho que aquí en Ciao existieran varias opiniones sobre el Gran Bazar, pero ninguna sobre el Bazar de las Especias, ni siquiera la categoría estaba dada de alta. Si bien el primero es sin duda el más famoso y abarrotado de toda Estambul, zoco de joyas y sedas, alfombras y bolsos, quien visita el Gran Bazar también suele visitar el Bazar de las Especias y sin duda se enamorará de ambos, o quizá un poquito más del recoleto y aromático Bazar de las Especias. Habiendo solicitado su inclusión en el catálogo de ciao y teniendo ya la categoría dada de alta, me dispongo a contraatacar y hablaros de este lugar lleno de magia, para mí el bazar con más encanto de toda la bellísima ciudad de Estambul.
EL ARTE DE VENDER Y REGATEAR.
Los turcos tienen el espíritu del negocio en la sangre, son absolutos maestros en el arte de vender y sobre todo en el de regatear. Si uno es tenaz, tiene suerte y buen ojo, en Estambul aún puedes encontrar verdaderos chollos, o muchos artículos llenos de encanto a muy buen precio. El tema de las compras a efectuar en Estambul merecería un capítulo aparte, porque allí podríamos encontrar prácticamente de todo, dependiendo de los gustos de cada uno y de lo que andéis buscando. Yo lo que os recomiendo es que primero penséis en qué queréis comprar y cuánto estáis dispuestos a pagar por ello y después armaros de paciencia y al toro, que por cualquier objeto viviréis un rifirrafe de no menos de diez minutos en los que tendréis que sumiros en el arduo trabajo del regateo que los turcos dominan tan bien. Eso sí, avisados quedáis, son muy pero que muy pesados y tanto regateo arriba y abajo termina no sólo cansando, sino dejándote agotado. Además, intentarán venderte absolutamente de todo y convencerte aunque no quieras, sacando el mayor provecho posible, por lo que creo que es mejor que tengáis en mente qué es lo que queréis exactamente y cuánto estáis dispuestos a pagar como máximo por ello, porque si no, os lían seguro.
BIENVENIDOS AL BAZAR DE LAS ESPECIAS, UN GRAN BAZAR COQUETO.
Desde el Gran Bazar hasta el Bazar de las Especias existe un entramado de callejuelas atestadas de cientos y miles de tiendas y puestos callejeros que unen ambos bazares, los dos puntos de venta fundamentales de toda Estambl. Nosotros estábamos alojados en un hotel que se encontraba justo frente al Gran Bazar y llegamos una noche a nuestro hotel, por lo que el primer sitio que visitamos a la mañana siguiente fue el Gran Bazar, como no podía ser de otra manera. Desde allí, comenzamos a andar de camino al Bósforo, con afán de internarnos en la ciudad y conocer la bella Estambul. Quizá fue el azar quien guió nuestros pasos callejuelas abajo para llegar a dar precisamente a una de las entradas del Bazar de las Especias. No me lo podía creer, que precisamente hubiésemos llegado casualmente hasta ese lugar. Luego, tras varios días callejeando arriba y abajo, me di cuenta de que no había sido tan raro que acabásemos el primer día precisamente a la puerta del Bazar de las Especias, pero aún así, sigo pensando que también fue un poco cuestión del azar, que sabe guiar tus pasos mejor que nada ni nadie.
Frente a la laberíntica planta del Gran Bazar, donde resulta muy fácil perderse o cuanto menos dar alguna que otra vuelta innecesaria hasta que le pillas el tranquillo, el Bazar de las Especias es un recinto con forma de L donde perderse resulta prácticamente imposible. Da igual por qué puerta entres, en seguida estarás en otra puerta por la que puedas salir. En este Bazar de las Especias, como su propio nombre indica, sobre todo se venden especias, os llamarán la atención decenas de puestos llenos de especias de colores intensos y olores en ciertos momentos abrumadores. Junto a ellas, algunas otras tiendas de otro tipo, como algunas de lámparas, otras de bolsos y poco más, donde la explosión de colorido está asegurada. El Bazar de las Especias posee una magia especial, en parte similar y en parte muy diferente al Gran Bazar,
Fotos de Bazar de las Especias, Estambul
pero del que sin lugar a dudas te enamorarás, porque es una pequeña joyita en la gran corona de piedras preciosas y gemas de Estambul.
Está situado en una zona muy céntrica de la ciudad, en medio del meollo de todo, muy cerca del mar del Bósforo, del puente de Gálata y de la rivera donde todos, turcos y turistas, se acercan a tomar pescados a la parrilla. En una de las calles laterales del Bazar de las Especias podréis ver numerosos puestos de ropa, pero en la otra, un auténtico mercado de frutas, verduras y quesos al aire libre. Un espectáculo de vida, colorido y frescor, que hacen contrapunto con el ambiente del Bazar de las Especias, con olores y aromas intensos, y esa luminosidad hogareña que cuenta entre sus muros. Se trata, sin lugar a dudas, de uno de los puntos de mayor interés de la ciudad, y no podéis abandonar Estambul sin haberlo visitado una o varias veces.
COMPARANDO EL GRAN BAZAR Y EL BAZAR DE LAS ESPECIAS.
Como os decía, muchas son las similitudes existentes entre ambos, pero también son muchas las divergencias. Dicen que las comparaciones son odiosas, pero creo que hacer una similitud entre ambos puede venir bien para indicaros qué podéis encontraros en cada uno de ellos.
TAMAÑO. Frente al enorme Gran Bazar, compuesto en parte por pequeños bazares dentro de él, sorprende el reducido espacio que constituye el Bazar de las Especias. Si en uno puede ser relativamente fácil perderse, en otro resulta casi imposible, ya que se compone únicamente por dos calles dispuestas en forma de L.
COMPRAS. En el Gran Bazar puedes encontrar prácticamente de todo, pero especialmente joyas, sedas, alfombras y puestos de souvenirs casi de cualquier tipo; también podréis encontrar en él tiendas de objetos de piel, otras especializadas en excelentes imitaciones de bolsos de alta gama y un poquito de todo. La variedad de oferta de compra en el Bazar de las Especias resulta mucho menor. En él sobre todo podemos encontrar tiendas de especias, donde poder comprar verdaderos manjares (incluido el mejor caviar del Báltico), así como mil y una especias y decenas de variedades deliciosas de té, todo ello totalmente aromático y que dota a este lugar de ese olor especial. Algunas, pocas, tiendas del Bazar de las Especias venden otro tipo de productos, como lámparas de mil colores, algunas tiendas de bolsos y poco más, pero la mayoría siguen vendiendo precisamente especias.
REGATEO. El común regateo presente en el Gran Bazar es prácticamente inexistente en el Bazar de las Especias, al menos en las tiendas que venden especias y otro tipo de productos. De hecho, en estas tiendas en concreto, los precios se encuentran marcados y cualquiera los puede ver, mientras que en la gran mayoría de las tiendas y puestos del resto de Estambul, los precios nunca están a la vista y fluctúan mucho entre lo que te pueden llegar a pedir y lo que tú estás dispuesto a pagar. Por ello, en el Bazar de las Especias puedes descansar, ya que no tendrás que enfrentarte al arduo y cansado trabajo del regateo continuo, sino que podréis comprar lo que os interese, pagarlo y llevároslo sin más, sin tener que sufrir regateando. Os puedo asegurar que se agradece, ya que sueles estar hasta las narices de regatear tantísimo y en todos los sitios.
SIMILITUDES GENERALES ENTRE AMBOS. Los dos ocupan un edificio precioso, con grandes puertas de madera y hierro, que se cierran un poco más tarde de las siete en punto de la tarde. Los dos tienen puestos de mil y un colores, en los dos te hablan en treinta idiomas como si un bazar de Babel se tratase, los puestos de ambos (con las diferencias de mercancías existentes) son similares y el ambiente en general también se parece bastante en uno y otro.
DIFERENCIAS ENTRE LOS DOS BAZARES. En el Gran Bazar los grupos de turistas son fluctuantes, a ciertas horas o por ciertas zonas puede estar incluso prácticamente desierto. Sin embargo, por la estrechez del Bazar de las Especias y su disposición en forma de L hay mucha más gente por metro cuadrado, aunque muchos estén sólo de paso. Hay diferencias entre el tipo de mercancías que se venden en cada uno, la forma de venderse… pero sobre todo lo que diferencia a uno del otro es el olor único y carismático del Bazar de las Especias, un olor que se introduce bajo los poros de tu piel y que aún después de abandonar Estambul tus sentidos lo recordarán y evocarán.
Hablar de Estambul también es hablar entre otras cosas de compras, bazares y tiendas de todo tipo, regateo y ambiente de venta. Quien visita Estambul sabe que tiene que aprender a regatear y a comprar, como una experiencia del propio viaje y que por encima de todo, esta actividad de compra, la tiene que desarrollar en los dos bazares fundamentales de la ciudad, el Gran Bazar y el Bazar de las Especias.
LOS OLORES DEL BAZAR DE LAS ESPECIAS.
El primer impacto que recibes nada más entrar en este lugar es el profundo olor que lo invade todo. Se trata de un olor aromático e intenso, buenísimo para mi gusto, el tenaz y profundo olor de las especias. Contrariamente a lo que pudiera parecer, la mezcla de los mil y un olores correspondientes a las mil y un especias presentes en este bazar, no lo hace desagradable, sino todo lo contrario. La memoria también tiene una parte específica para los olores, por ejemplo yo siempre que huelo a incienso recuerdo las noches de Semana Santa en Sevilla, por lo mismo creo que cada vez que vuelva a experimentar es mis fosas nasales el intenso aroma de las especias o los tés presentes en el Bazar de las Especias, mi memoria será capaz de retrotraerme a este bello lugar y de llevarme de viaje de nuevo hasta él.
Como a todo se acostumbra el ser humano, después de llevar diez o quince minutos en el Bazar de las Especias, te acostumbras al olor, casi ni siquiera te fijas en él o eres consciente de su existencia. Pero sigue ahí, invadiéndolo todo, rodeándote de aromas y de perfumes. Los montoncitos de especias de todos los colores te recuerdan que existe ese olor, que existe esa explosión de coloridos y sabores, que de alguna manera no sólo estás en un lugar único en Estambul, sino probablemente en un lugar también único en todo el mundo. Si además te acercas al té, tus sentidos se dispararán. Yo personalmente no pude resistirme, me traje medio bazar de las especias en bolsitas de té de manzana, té de limón, té de limón y menta… Era una auténtica delicia acercar la nariz y descubrir un universo de olores en cada uno de ellos, el mismo universo de sabores de algunos de los tés que probé en Estambul, y otros que no probé pero que cualquier día de otoño probaré en mi casa en una tarde de frío, evocando los olores, los sabores, los colores y las cientos de sensaciones que me inspiraron mis visitas a este bello lugar.
ANÉCDOTA: UN TURCO HABLANDO ASTURIANO.
Sí, sí, como lo oís, o mejor dicho, como lo leéis. Yo soy de las que creo que muchas veces el azar guía nuestros pasos, y así como el azar guió los míos para llegar hasta las mismísimas puertas de este bazar en mi primer paseo por Estambul, también los guió para elegir precisamente una tienda de especias en concreto, entrar en ella y salir de allí cargados de bolsas de tés y diversas especias. Hasta ahí, todo correcto, pero lo que voy a contar, soy consciente de que es difícil de creer, aunque os prometo que os cuento la pura verdad.
Entramos en una tienda en concreto, por obra de la casualidad, del azar, o como queráis llamarlo. Que los vendedores te hablen o te chapurreen en español es bastante normal, los turcos suelen chapurrear al menos cuatro o cinco idiomas, especialmente en los términos relativos a la venta. Por ello, que casi todos los vendedores de la tienda de especias hablasen un español fluido, no nos sorprendió. Sin embargo, a mí ya me sorprendió que el hijo del dueño nos preguntase de qué zona de España veníamos y al decirle que yo era de Asturias me soltó literalmente: “la mujer y la manzana tienen que ser asturianas”. Ya me sorprendió que conociese ese dicho, pero pensé que por allí pasaba mucha gente, que alguien se lo diría y él se quedó con la copla, no había que darle más vueltas. Pero luego se descolgó diciendo que había estado una vez de vacaciones en Asturias durante un mes, en un pueblo en medio de las montañas, con caballos y en un pueblo (o algo así) en medio de la nada, arriba del monte (alguna Heidi asturiana viviría por allí) y en el que por no haber, no había ni electricidad. He de decir que esto me sorprendió demasiado, porque era bastante increíble que un turco con un puesto en el Bazar de las Especias hubiese terminado de vacaciones en la Asturias más profunda, aunque teniendo en cuenta que el mundo es un pañuelo, cualquiera se fía de nada.
Pero ya para rizar el rizo, me preguntó que si hablaba bable, y me soltó con una pronunciación perfecta: “Fai un cutu que escarabaya el pellellu”. En ese momento fue cuando me quedé literalmente de piedra, con los ojos abiertos y la boca abierta, con una cara de tonta… Ante la inmensa carcajada de mi recién estrenado marido, al que le había dicho esa frase en mil ocasiones y él nunca ha sido capaz de quedarse con ella y recordarla después de diez minutos. Y ante mí tenía un turco, vendedor de especias para más señas, que me soltaba aquello en perfecto asturiano.
Yo ya sabía que el mundo es un pañuelo y cada vez más pequeño, pero tanto…
NUESTRA EXPERIENCIA EN EL BAZAR DE LAS ESPECIAS.
Normalmente me refiero en singular a mi experiencia, titulándola así, o si no La Experiencia de Itaca, pero en este caso la experiencia es compartida con mi marido, a quien creo que le gustó este lugar tanto o más incluso que a mí misma. He de decir que ambos compartimos nuestra pasión por los mercadillos y que raro es aquél que no visitamos en cualquiera de nuestros viajes, ya que nos encanta husmear por los puestecillos, buscar pequeños tesoros o simplemente comprar algo típico del lugar que nos sirve de recuerdo y que nos permite evocar el viaje tiempo después ya en nuestra casa. Por ello, el Bazar de las Especias no podía ser en modo alguno una excepción, y de hecho no lo fue.
Lo visitamos absolutamente todos los días durante el tiempo que pasamos en Estambul, es decir los cuatro días que estuvimos en la ciudad. Lo atravesábamos todos los días en nuestro paseo hasta el Bósforo o de vuelta al hotel, por lo que por lo menos seis o siete veces, seguro que pasamos por allí. Aunque lo que se dice comprar, lo hicimos en dos ocasiones, y las dos en la misma tienda, la del turco que hablaba bable (por más que lo pienso, sigo sin salir de mi asombro). El primer día hicimos acopio de muchas de las cosas que teníamos en mente comprar: especias (curry, azafrán, paprika), tés (manzana, limón, limón y menta) o cuestiones varias (tomates y pimientos picantes secos). Incluso al final salimos de allí habiendo comprado unos bombones rellenos de miel y pistachos, que además de estar deliciosos, según nos dijeron allí incluso eran afrodisíacos.
Al día siguiente volvimos a la misma tienda y compramos pistachos (realmente deliciosos, aún recuerdo su sabor en el barco de camino a Asia cruzando el Bósforo, y aún me están esperando en casa al regreso de mis vacaciones, para evocar el recuerdo de Estambul y de este lugar en concreto), y volvimos a comprar diversas variedades de té. Lo de las especias ya lo dejamos, que parecía demasiado.
Nos gustó especialmente este bazar, quizá más aún que el Gran Bazar. Es más coqueto, con menos follones y agobios, quizá incluso puedas mirar un poco más sin que salgan corriendo detrás de ti para venderte lo que sea. Además, la mayoría de los precios están fijados, al menos en los puestos de especias, por lo que no tienes que agobiarte ante el implacable regateo. Pero sobre todo, lo que más impresiona de este lugar es el olor, el intenso aroma que lo invade todo, una postal aromática que te llevarás en tu memoria de olores de Estambul, y que junto al colorido de esta ciudad y de este bazar en particular, te llevarás también en la maleta de tus recuerdos, de regreso a tu casa.
LA NOSTALGIA DE ESTAMBUL.
No quiero reiterarme más, por lo que si alguien quiere saber más extensamente qué es todo lo que opino de Estambul, le remito directamente a la opinión que escribí hace pocos días sobre la ciudad http://www.ciao.es/Estambul__Opinion_1705285 Sin embargo, no puedo resistirme a terminar esta opinión sobre el Bazar de las Especias y no aludir a la bellísima ciudad donde se ubica: la maravillosa Estambul.
Hacía tiempo que quería visitar Estambul, creía que me gustaría mucho, pero lo que encontré en ella superó con creces todas las expectativas anteriores que pudiera tener en la cabeza. Estambul supera los mejores sueños, es una ciudad maravillosa, un verdadero paraíso entre tres mares y dos continentes. Si os sale la oportunidad, sin duda tenéis que visitarla, y mucho mejor si la buscáis directamente, porque es una ciudad que os encantará, sabrá enamoraros y a la vuelta, sentiréis una nostalgia infinita de sus olores y sus sabores, sus intensos colores y el azul de su mar y su cielo, sus atardeceres con el perfil recortado de las mezquitas sobre el horizonte. Aún tengo pendiente escribir varias opiniones sobre esta bellísima ciudad, especialmente sobre sus atardeceres en el Bósforo, pero en todas ellas tengo que recordar esa sensación intensa, casi dolorosa, de la tremenda nostalgia que siento cada vez que la recuerdo. Estambul es caótica y bella a partes iguales, y especialmente su belleza se ve multiplicada proporcionalmente al caos que reina entre sus calles.
Y entre las cosas que tenéis que visitar en esta bella ciudad, no olvidéis el Bazar de las Especias, como una de las experiencias vitales de esta ciudad. Ansío sentarme en una tarde de invierno en mi casa con una humeante taza de té de manzana entre mis manos, y allí, calentita, evocar los olores y los sabores de Estambul, y entre ellos de este Bazar de las Especias, aromático, intenso y bello, una visita obligada en tu viaje a Estambul.
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24.12.2009 16:25
A mí lo de regatear se me haría muy difícil, seguro que me sacaban bastante pasta en el Bazar. Qué curioso lo del turco que hablaba asturiano, la verdad que en los viajes siempre hay anécdotas de este tipo que los enriquecen todavía más. Saludos.
30.11.2009 11:49
A mí tampoco me gusta mucho regatear, estoy de acuerdo con Cay en que me parece una injusticia, aunque entiendo que es su costumbre y a veces un arte, hay que saber hacerlo. Yo no sirvo para ello, lo reconozco. En cuanto al bazar de las especias,es uno de los lugares con más encanto que he conocido. Mi mujer me decía que quería quedarse allí a montar un puesto, porque a ella lo de los aromas y los colores la encandiló, es una enamorada de los buenos olores, y en este lugar hay tal mezcla que te pierdes. Es una alegría para la vista y para el olfato. Estambul tiene rincones de cuento, a pesar de que también tiene grandes contrastes, pero merece la pena visitarlo , no sólo por su maravilloso arte, sino por lugares como estos bazares donde destaca el ambiente, el bullicio y la diversidad. Un abrazo, gran opinión.
01.11.2009 20:00
Ojiplática me has dejao con el mozu hablando asturianu. Sí, el mundo es un pañuelo. De los bazares, en general, lo que menos me gusta es regatear, me queda siempre la impresión de que estoy comentiendo una injusticia, por muy arraigada que esté esa costumbre en algunos países. Besus.