Conducir un BMW es de por si mismo una "experiencia religiosa". Pero sentarse al volante de un M3 es alcanzar la gloria, llegar al paraiso, alcanzar un orgasmo, sencillamente, es... algo casi inalcanzable, por su precio, claro. Pero gastar tantos "kilos" merece la pena. ¿Quien no quiere tener a una Claudia Shiffer transformada en coche? ¿Quien no quiere sentarse en tal confortables posaderas? Si BMW es belleza de por si solo, con el M3 han conseguido la perfección total. Quien sabe si algún día BMW se convertirá en la Mona Lisa de las cuatro ruedas. A un consejo: abrochate el cinturón y deja llevarte por tus instintos. Y a ti, ¿te gusta conducir? BMW