Sobre mí:Clara ya tiene un año y sigue siendo la niña más preciosa del mundo mundial...
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Voy a dividir mi viaje a China en cinco partes, y en el orden en que visitamos las diversas ciudades: Beijing, Xian, Shanghai, Guilin y Guangzhou y Hong Kong.
Llegamos a Beijing el día 27 de mayo después que alguien nos robara, entre horas de vuelo y cambios horarios, el día 26. Para llegar a China no hay vuelo directo desde España, así que hay que hacer escala en alguna ciudad europea. Nosotros fuimos vía Ámsterdam y el vuelo dura unas nueve horas (más las dos horas y pico de vuelo Barcelona-Amsterdam y las cuatro horas de espera en Ámsterdam), llegas con el cuerpo hecho un cuatro de tantas horas en el avión y con un cansancio tremendo. Teníamos por delante un día libre que en parte pasamos con el guía tirados en el aeropuerto esperando a gente que llegaba en otro vuelo, luego camino del hotel, durmiendo un rato, que bien merecido lo teníamos, y después, aún con atontamiento en el cuerpo, dando una vuelta como primera toma de contacto. Antes de ir teníamos muchas cosas previstas para llenar ese día, muchas visitas que no entraban en el viaje organizado, ahora, después de haber estado allí, me arrepiento de no haber hecho nada de lo previsto, pero lo cierto es que nos dejamos llevar, aún cansados, por la marea y vimos más bien exteriores.
Beijing es una ciudad enorme, pero enorme de verdad. Supongo que a nadie se le escapa que es la capital de ese país gigantesco que es China. La población de Beijing, contando lo que sería el área metropolitana -las poblaciones de los alrededores- es de más de 17 millones de personas. Lo cierto es que da vértigo imaginar que se decidan todos a salir a la calle a la vez... es que hay muchos chinos, tenía razón Mafalda cuando dijo que ya podíamos tener miedo, que si todos los chinos se ponían de acuerdo para dar una patada en el suelo a la vez habría un terremoto terrible. Tanta gente se traduce en una ciudad muy grande, con edificios enormes, con miles de ventanas, que parecen colmenas, en los que debe vivir muchísima gente (me ponía enferma imaginando las reuniones de la comunidad de propietarios), con millones de coches, motos y bicicletas, un caos circulatorio de primera. En hora punta los atascos son de órdago, y pensar que aquí, en las grandes ciudades, la gente se queja del tráfico... después de haberlo visto os digo que se quejan de vicio, no es nada comparado con el tráfico de Beijing, que en hora punta se puede tardar más de tres horas en cruzar la ciudad! Además, como ya os dije en mi opinión anterior, los chinos conducen fatal, con lo que el caos aumenta. Da miedo cruzar las calles a pie, lo juro.
Los vestigios de la China imperial valen mucho la pena, pero lo que es la ciudad moderna no me gustó especialmente, demasiada gente, demasiados coches, edificios monstruosos, pocos árboles (hay parques pero en las calles, aunque hay árboles, no lucen, parecen insuficientes para tanto cemento), muchas grúas... Pero las instalaciones de las Olimpiadas, que vimos desde el autocar, se ven muy modernas, el estadio es bonito, imitando el nido de un pájaro. Y las Olimpiadas se respiran por todos lados, hay muchos carteles, una plaza con los aros olímpicos, souvenirs de las Olimpiadas por todos lados...
Con tanto tráfico, el aire de la ciudad muy limpio no es. Al principio nos costaba algo respirar, aunque te vas acostumbrando. El cielo, por lo general, es de un color gris de lo más soso, con neblina, que desluce cualquier imagen de la ciudad. Nuestro guía, Pepe (todos los guías chinos de habla hispana tienen un nombre español, ya que sus nombres son muy difíciles de pronunciar), nos dijo que el cielo gris era a causa de la arena del desierto que traía el viento, pero digan lo que digan los chinos gran parte de culpa la tiene la contaminación.
Beijing, que significa "la capital del norte", se convirtió en capital durante la dinastía Yuan (la
Fotos de Beijing, Pekín
Rampa para el carruaje del emperador en la Ciudad Prohibida
antepenúltima dinastía) y las dos dinastías posteriores, la Ming y la Qing, conservaron la capital y gobernaron desde la Ciudad Prohibida.
Beijing tiene muchos puntos de interés pero, lo típico, no pudimos verlos todos. Como la información la podéis encontrar en guías, en internet o donde sea, yo voy a hablar sólo de los sitios que visitamos.
Plaza de Tiananmen
Tiananmen significa "puerta de la paz celestial" y es una plaza monumental, decir enorme es decir poco, la plaza es de cemento -del mismo color que el cielo- y no recuerdo lo que mide, pero os aseguro que la plaza mayor de Salamanca, dentro de la de Tiananmen, apenas ocuparía una esquinita.
En la plaza está el Gran Palacio del Pueblo, la sede del Gobierno chino, la Torre de la Flecha y la Torre Quian Men, ambas erigidas durante la dinastía Ming (1368-1644), el mausoleo de Mao, en el que no entramos, el Museo Nacional de China, que tampoco visitamos, el Monumento a los Héroes del Pueblo y la puerta Tiananmen, que da nombre a la plaza, construida también por la dinastía Ming, en la que hay un enorme retrato de Mao.
Fue en la puerta Tiananmen donde Mao proclamó, el 1 de octubre de 1949, la fundación de la República Popular de China, y en la plaza, en 1989, hubo protestas estudiantiles a favor de la democracia, que acabaron de forma trágica.
Ciudad Prohibida
Desde la plaza Tiananmen se accede a la Ciudad Prohibida, pasando por un cruce subterráneo debajo de la puerta Tiananmen y cruzando varias puertas.
La Ciudad Prohibida se completó en 1420, durante la dinastía Ming, y tiene 9.999 habitaciones. El 9 es el número de la suerte para los chinos, así que el hecho de que las habitaciones fueran 9.999 no es casualidad, era para asegurarse mayor fortuna. Desde ella gobernaron 24 emperadores, de dos dinastías diferentes, durante casi 500 años. Se abrió al público en el año 1949. Como elemento diferenciador del palacio tenemos los tejados amarillos, ya que el dorado o el amarillo era el color del emperador y nadie más lo podía usar, bajo pena de muerte. En todo el recinto, así como en otros edificios imperiales, encontramos infinidad de representaciones de dragones, que simbolizan al emperador, y de fénix, que simbolizan a la emperatriz. En todas las representaciones, el fénix tenía que estar situado por debajo del dragón.
Cuando ya se entra en la Ciudad Prohibida nos encontramos con la puerta de la Suprema Armonía, que nos anuncia, algo más adelante, el Salón de la Suprema Armonía. Cada vez que se quería destacar un salón, lo que hacían era construir una puerta (que no supone la entrada a ninguna parte, es una puerta allí en medio), para darle mayor relieve al salón en cuestión. En este caso, el salón es el mayor de todo el palacio y se usaba para las grandes celebraciones, como la coronación del emperador. En la entrada al salón, así como a otros edificios importantes, hay una rampa de mármol esculpido, que es por donde subía el carruaje del emperador.
En la visita a la Ciudad Prohibida no se ven las 9.999 estancias, ya que no terminaríamos nunca. Se visitan sólo algunas, claro, algunas de ellas son salones de relevancia, con sus respectivas puertas, y en otras hay parte del tesoro imperial, como las coronas, los trajes imperiales, la habitación de la emperatriz Cixi (pronunciado algo parecido a "Sushi"), algunas esculturas de jade,... Todos los guías conocen nuestra expresión de "trabajo de chinos" y les hace mucha gracia, ante cualquier obra de arte o artesanía que requiera buen pulso, o mucha dedicación, o mucha paciencia, no pierden la ocasión de señalar que es un auténtico trabajo de chinos...
Palacio de verano
El Palacio de verano, Yihe Yuan en chino, es un lugar precioso, tras haber pasado tanto calor en la Ciudad Prohibida se agradece un lugar tranquilo, rodeado de naturaleza, con brisa...
El aspecto actual del palacio se debe a la dinastía Qing, la última de todas, aunque otras dinastías anteriores lo habían usado. El palacio se asocia indiscutiblemente con la emperatriz Cixi, que fue quien mandó reconstruirlo.
La mayor extensión de los terrenos del palacio (290 hectáreas) es la del lago Kunming, en el que podemos ver el barco de mármol que la emperatriz mandó construir con fondos destinados a la modernización de la armada imperial. Destaca también la Larga Galería (Chang Lang), de unos 7.000 metros de largo, que sigue la orilla del lago, hecha de madera pintada, preciosa, y en la que siempre sopla una brisa muy agradable. La emperatriz Cixi solía pasear por esta galería después de cenar.
Si en la Ciudad Prohibida los tejados eran de color amarillo, en el Palacio de Verano son de color verde, el color de la naturaleza.
Gran Muralla
El origen de la muralla está en diversos muros, creados por los distintos estados, que tras la unificación de China durante la dinastía Qin (pronunciado Chin, de ahí el nombre del país) se unieron en la muralla.
La muralla china se extiende durante miles de kilómetros, aunque muchas partes de la misma están deterioradas. Los mejores puntos para visitarla están cerca de Beijing, a una hora de camino, más o menos. Nosotros concretamente fuimos al paso de Juyong Guan, a unos 70 kilómetros de Beijing. Existen otros tramos de muralla que tienen más fácil acceso, pero según nuestro guía no son tan bonitos. En algunos de esos tramos se puede subir hasta arriba de la muralla con teleférico, en Juyong Guan es imposible porque no hay, sólo hay escalones muy empinados y la voluntad de cada cual. La ascensión es difícil, cansa muchísimo y hace mucho calor, por lo menos a finales de mayo, pero una vez arriba la satisfacción que se siente es increíble. Son unos 1.800 escalones, creo recordar, y puedo decir con la cabeza bien alta que del grupo, cinco matrimonios recién casados, sólo subimos los cinco chicos y dos chicas. Antes de subir hay una inscripción de algo que dijo Mao, algo como que para ser un hombre de verdad hay que subir a la gran muralla, lo que me supone un gran problema porque sigo sintiéndome mujer pero parece ser que ahora soy un hombre, y además un hombre de verdad...
Las fotos que se pueden tomar desde arriba son una maravilla, la muralla va siguiendo la carena, con lo cual sube y baja, pero principalmente sube, y desde el punto más alto que está restaurado la vista es preciosa.
En la penúltima torre hay un puesto de souvenirs (cargar hacia arriba los productos tiene mérito, todo tienen que subirlo a pie, tal como vi que hacían) en el que puedes comprar un certificado conforme has subido, en el que graban tu nombre y la fecha. Vale 400 yuanes, unos 4 euros. En un punto a medio camino también se puede comprar un certificado, pero si no queréis subir también se puede comprar al pie de la muralla, en este caso se trata de una foto que te hacen, con la muralla de fondo, ponen la fecha y te la dan plastificada. Cuesta 500 yuanes, unos 5 euros. Nosotros compramos el certificado de arriba, el que tenía más mérito, y ahora luce en el comedor de casa. Una foto con la muralla de fondo ya nos la hicimos y si queremos la imprimimos ampliada y la plastificamos...
Tumbas Ming
Estas tumbas se encuentran a 30 kilómetros de Beijing, de camino a la muralla, así que lo normal es visitarlas el mismo día. Fuimos después de la muralla, lo que supone que íbamos aún con temblor de piernas y con agujetas (en las piernas y en los brazos, de agarrarnos haciendo fuerza al pasamanos) en preparación. Lo comento porque en las tumbas hay unos pocos escalones y se nos hicieron una montaña.
En estas tumbas están enterrados 13 de los 16 emperadores de la dinastía Ming, en un emplazamiento elegido según las normas del "feng shui" (pronunciado "fong sui"). Son muchas las tumbas, pero destaca el mausoleo del emperador Yongle, con una estauta enorme del mismo, aunque lo que es propiamente la tumba no se ha excavado y tan siquiera se conoce el emplazamiento exacto. Éste fue el tercer emperador Ming, el que trasladó la capital de Nanjing (la capital del sur) a Beijing (la capital del norte).
Templo del Cielo
El Templo fue completado durante la dinastía Ming, en el año 1420, y ha sido restaurado recientemente, con lo que los colores lucen brillantes y es absolutamente precioso. De la arquitectura imperial es lo que más me gustó. El Templo lleva el nombre de "Rogativas por las Buenas Cosechas". El emperador, el Hijo del Cielo, iba dos veces al año a hablar con su padre celestial, la primera vez para pedir una buena cosecha y la segunda para agradecer la cosecha, o si ésta no había sido buena para agradecer otros favores. Se le conoce como Templo del Cielo, lo que sería una mala traducción de Tian Tan, que significa Altar del Cielo y se refiere a todo el recinto.
Si en la Ciudad Prohibida los tejados eran amarillos, por ser el color del emperador, y en el Palacio de Verano eran verdes, por ser el color de la naturaleza, en este Templo son azules, por ser el color del cielo (el cielo del resto del mundo, no el de China).
Dentro del mismo recinto, encontramos un altar circular, que es una piedra redonda en el suelo, rodeada por varios círculos concéntricos formados por un número de losas de piedra divisible por nueve, el número de la suerte.
Es curioso también un muro circular que permite que se pueda hablar con otra persona que esté en el otro extremo del muro. Para hacer la prueba fuimos las cinco chicas a un lado, junto con el guía, y nuestros maridos fueron al otro lado. Realmente se oye como si les tuviéramos al lado, aun cuando hay varios metros de por medio y unos cuantos turistas ruidosos por ahí. Les oímos tan bien que oímos cuando dejaron de prestarnos atención y de hablar con nosotras y se pusieron a hablar como podían con unas turistas chinas que querían hacerse fotos con ellos. Cuando llegamos -que parecía que los teníamos al lado pero no- las chinas ya habían desparecido...
En Beijing no podéis dejar de probar el pato laqueado, que es el plato estrella y que se come en ocasiones especiales. La preparación ya es casi un ritual y está delicioso, muchísimo mejor que el que podáis comer en un restaurante chino en España. Y también relacionado con la comida, no dejéis de pasar por el mercado nocturno de la calle Wangfujing, con comida típica cantonesa, aunque en este caso no os la recomiendo, que las delicatessen son escarabajos, serpientes y estrellas de mar, entre otras cosas.
Mención especial para los amantes de las compras, no dejéis de visitar el mercado de la seda, es un edificio grande, de unos cinco pisos, al estilo Corte Inglés, pero no deja de ser un mega mercadillo cubierto, con puestecillos pequeños en los que puedes encontrar cualquier cosa de imitación, además de productos típicos chinos. Según nos dijeron, las imitaciones son ilegales pero en el mercado de la seda cada tiendecilla tenía su licencia a la vista. En el piso superior hay tiendas grandes, ya no son puestecillos de merdadillo, y se nota la clase. En estas tiendas también hay imitaciones, pero las tienen escondidas en la trastienda y supuestamente son de mayor categoría, y más caras. En el mercado de la seda os va tocar regatearr, con lo que el tiempo cunde menos que si el precio ya está fijo, pero si lo de comprar es más anecdótico es algo realmente curioso. Evitad los baños del mercado a no ser que realmente os urja.
En Beijing me quedé con ganas de pasear los hutong (y no verlos desde el autocar), el Templo de los Lamas, que sólo vimos por fuera, la Gran Mezquita o el zoo de Beijing, para poder ver algún oso panda. Y muchas más cosas, como en todas las ciudades es imposible verlas en tres días y siempre queda algo en el tintero...
Hay que tener un par para visitar un país tan diferente y extraño (para los españoles claro). Aunque, al fin y al cabo, en ningún país son mudos de palabra o de gestos.
Efectivamente, en pocos días de visita es imposible verlo todo, pero está claro que los disfrutaste y que lo narras tan bien que hasta me están entrando ganas de ir a mí también, y mira que ya te digo que a mí China no me ha llamado nunca la atención... Muy buena opinión. Un besazo, guapa.
16.10.2009 12:24
Hay que tener un par para visitar un país tan diferente y extraño (para los españoles claro). Aunque, al fin y al cabo, en ningún país son mudos de palabra o de gestos.
11.06.2009 17:50
me acabas de poner los dientes largos.... ojalá algún día pueda ir a ver china!!! saludos
12.01.2009 17:21
Efectivamente, en pocos días de visita es imposible verlo todo, pero está claro que los disfrutaste y que lo narras tan bien que hasta me están entrando ganas de ir a mí también, y mira que ya te digo que a mí China no me ha llamado nunca la atención... Muy buena opinión. Un besazo, guapa.