La gran capital emergente de Europa
28.01.2012
Ventajas:
Modernidad, dinamismo, buena organización
Desventajas:
Precios de algunos servicios, y bueno, . . . los alemanes son los alemanes
Recomendable:
Sí
 jvicedo
Sobre mí:
Mi lema podría ser los dos principios fundamentales del budismo: procura hacer siempre el bien, pero...
usuario desde:09.10.2004
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Este pasado agosto decidimos viajar a Berlín con una buena oferta de Lufthansa por 358 euros (viaje de ida y vuelta para dos personas desde Barcelona) y allí alquilar una autocaravana para recorrer Polonia (ver opinión sobre Polonia). Con el propósito de aprovechar mejor el viaje, decidimos emplear tres días escasos en visitar el nuevo Berlín. Considero Berlín, con permiso de Moscú, que todavía no conozco, la cuarta gran capital europea, después de París, Roma y Londres, por ese orden. Aunque no llega a la monumentalidad de París y Roma, ni al ambientazo cosmopolita de Londres, Berlín parte con algunas ventajas que la hace especial; lo primero es el hecho de ser la capital de Alemania, el país que ahora está cortando el bacalao, por tanto, es el centro de poder de la Europa unida, allí tienen su sede el Parlamento alemán y la Cancillería, dos de los tres lugares de donde parten las órdenes que después debemos seguir el resto de europeos.
Otra de las ventajas, si así se puede llamar, es que después de la gran destrucción de la 2ª Guerra Mundial y de la división alemana superada en 1990, ha emergido de las ruinas una ciudad en parte nueva y ultra moderna, cuyo exponente máximo se sitúa en torno a la plaza Potsdam. Conocí Berlín en 1996, cuando todavía enormes grúas se alzaban en esta plaza y se notaba aún la gran herida creada por el muro, que separaba la ciudad en dos. La zona que había pertenecido a la Alemania Democrática se notaba vetusta y descuidada y las carreteras desentonaban del nivel medio red viaria germánica, por lo general excelente. Pero en agosto de 2011 ninguna de esas diferencias se nota ya, salvo por los pequeños recuerdos que los berlineses han querido guardar de la época anterior a la reunificación, con el fin de no olvidar la lección que brinda ese pasado tan tormentoso. Concretamente se trata de algunos retales de muro, el famoso y ahora folklórico check-point-Charlie, o la llamada topografía del terror (antiguo cuartel de la Gestapo).
Lo primero que hacemos ya en el aeropuerto es dirigirnos a la oficina de turismo a comprar las “Berlin Welcome card” que nos permitirán viajar durante 48 horas por la capital en todo tipo de transportes públicos, incluido el viaje desde el aeropuerto al centro, y que cuesta 17 euros por persona. También ofrece descuentos de hasta un 50% en entradas a monumentos, espectáculos y 25 % en el tour turístico en bus, e incluye una guía y un mapa de la ciudad con las líneas de transporte público. También existen cartas para 72 horas (22,90 €) y 5 días (29,90 €) Un autobús exprés, el TXL, nos lleva del Aeropuerto de Tegel a la Estación Central de ferrocarril (Hauptbanhof), maravillosa y gigantesca obra de ingeniería hecha a base de cristal y acero, con cinco o seis niveles, que une el ferrocarril nacional, el regional y el metro, y que alberga un sinfín de negocios comerciales y de restauración. Habíamos rerservado habitación en el Hotel Meininger, a escasos 100 metros de la parada de autobús, por lo que la situación es estupenda, en pleno centro de Berlín, a 10 minutos andando de la puerta de Brandeburgo.
Hemos encontrado este hotel a través de Booking.com, que ofrecía una oferta inmejorable de 47 euros/ noche la habitación doble. Este moderno y funcional hotel tiene una relación calidad precio muy buena, aunque a veces te da la sensación de estar en un auténtico almacén de personas. El hecho de tener que pagar por todo lo que no sea el estricto alojamiento me recuerda a RYANAIR. El desayuno buffet cuesta 5,5 euros, algo caro para lo que dan y la categoría del pequeño y ruidoso comedor, pero lo cogemos también por comodidad, aunque al lado está la Estación con un montón de opciones para desayunar Lo que resta de tarde - noche lo dedicamos a deambular por la puerta de Brandemburgo y el Unter den Linden, animado por grupos de turistas y jóvenes berlineses que se entretienen haciendo fotos o tomado una cerveza. El momento es especialmente mágico, pues la gente guarda silencio o habla en voz baja, y se respira un aire de recogimiento en este espacio histórico y monumental, a pesar de la gran cantidad de gente que hay ¡igualito que la puerta del Sol, vamos!
Al día siguiente, la primera decepción nos la llevamos cuando, tras darnos un buen madrugón, nos dicen en la entrada del Reichstag que no podemos entrar sin haberlo solicitado previamente. Nos dan un escrito explicativo que indica que debes enviar la solicitud al Deutscher Bundestag (fax +49(0)30 227-30027 o e-mail besucherdienst@bundestag.de) señalando tres opciones de día y hora de visita y el número de visitantes. Otra alternativa es reservar mesa en el restaurante de la cúpula (horario de 9 a 16:30 y de 18:30 a 0 horas) escribiendo a la dirección kaeferreservierung.berlin@feinkost-kaefer.de, o llamando al +49(0)30 226-29993. Para nosotros resulta imposible ya que sólo vamos a estar tres días en Berlín. Optamos pues por comenzar nuestra visita con un recorrido con el bus turístico, para captar una visión general de la ciudad. Junto al hotel hay una parada y el cobrador. También hay otras opciones de tour por Berlín, como en bicicleta o andando. Hay voluntarios de todas las nacionalidades que de forma gratuita acompañan a los turistas por la ciudad; delante mismo de la Estación Hauptbanhof está fijado un punto de encuentro.
Aunque Berlín no es una ciudad tan excesivamente cara que sobrepase de forma desorbitada el presupuesto de un turista medio español, hay que tener cuidado con algunos lujos. Por ejemplo podemos encontrar hoteles francamente asequibles como el Meininger, si los comparamos con Madrid o Barcelona, sin embargo dos cafés y un trozo de tarta nos costaron 9,70 euros en una cafetería muy normalita de Alexanderplatz, al lado de la torre de TV, con una atención muy deficiente. Berlín cuenta con una serie de museos y edificios monumentales de visita obligada. Por ejemplo, la catedral de Berlín (Berliner Dom) es un templo grandioso, de lujoso interior, digno de los mejores templos romanos. Tiene más mérito aún si comparamos su estado actual con el que resultó después de la guerra. El precio de la entrada, que incluye la subida a la cúpula de 114 metros de altura, es de 7 euros (4 euros con la reducción de la Berlin card). La ostentosidad de esta catedral protestante contrasta con las modestas dimensiones y espartano interior de la catedral católica de Santa Eduivgis, que está casi enfrente.
Cerca de la catedral está la isla de los cinco museos. Nosotros visitamos el de Pérgamo (entrada 10 euros), y valió totalmente la pena. Ya nada más entrar quedamos maravillados por la visión del altar de Pérgamo, traído piedra a piedra de dicha ciudad helena, o la puerta del mercado de Mileto, obtenido del mismo modo. El museo se completa con la reconstrucción de la puerta de Ishtar Babilonia y otras salas dedicadas al arte oriental; incluso se expone un techo artesonado de la Alhambra de Granada. Uno de los puntos de mayor interés turístico es la torre de TV en Alexanderplatz, un magnífico mirador de toda la ciudad a más de 200 metros de altura. Interesa acudir lo más pronto posible de la mañana, ya que suele haber bastante cola. Entrada: 8,20 euros.
Otra visita que vale la pena, fuera de los circuitos habituales, son los grandes almacenes KaDeWe, en Tauentzienstraße nº 21-24, en el barrio de Schöneberg (lo que antes era el Berlín occidental). Sobre todo hay que visitar la planta de alimentación, toda una planta dedicada a las más fabulosas delicatesen que se pueda uno imaginar, aunque no es barato. Cerca está el zoo de Berlin y la Iglesia del Kaiser Guillermo, de la que sólo queda en pie la torre, que debió ser imponente, pero que ahora está tapada por obras. En cuestión gastronómica, optamos por sitios de comidas rápidas, ya que nos gusta viajar con un presupuesto aquilatado, y no hacer dispendios en restaurantes que podemos encontrar mejores en nuestro país y a precios más moderados. La única incursión, modesta, en la cocina alemana fue una cena en el Gerichtslaube (Postsstrasse, 28), un restaurante típico de la zona cercana al Ayuntamiento y a la Alexanderplatz, muy concurrida por la noche; nos sentaron en la agradable terraza de la entrada en la misma mesa de un matrimonio valenciano que no les importó compartir parte de la velada con nosotros. Una ensalada de pollo, un plato combinado de carnes y dos cervezas nos salieron por 32 euros.
El resto de ágapes los hicimos en la estación de tren, especialmente en el restaurante Asia Gourmet que está a la entrada, con cocina chino-japonesa-vietnamita bastante apetitosa y económica, servicio muy rápido y espacio funcional; no estuvo nada mal como alternativa a los MacDonalds. Si se dispone de un día adicional, vale la pena viajar a la cercana ciudad de Potsdam (hay servicio de transporte público y excursiones organizadas) y visitar el Palacio de Sans – Souci con sus magníficos jardines.
Más información en: http://visitberlin.de/es
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04.03.2012 21:16
Una ciudad maravillosa. En mi opinión, Moscú frente a ella no mejora, porque la capital rusa es caótica en cuanto a tráfico se refiere y las cosas fucnionan bastante peor (hay todavía mucha corrupción). A mi Berlín me entusiasmó y me pareció la menos alemana de las ciudades alemanas; me gustó su aire moderno, rompedor con un pasado doloroso, pero a la vez, que ha sabido integrar modernidad y homenaje al pasado. Por otra parte, como bien dices, los almacenes KaDeWe merecen una visita (para mi, supusieron una sorpresa muy agradable) y la planta de comidas es espectacular. También los precios me parecieron más que razonables, comparados con otras capitales alemanas, así que....¡ estoy deseando volver !. Saludos.
28.01.2012 21:35
Ultimamente se han hecho cantidad de obras, que han dejado Berlín muy bonita
28.01.2012 18:19
ES una ciudad en la que no he estado, pero ganas no me quedan. Saludos