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Lo primero que hicimos cuando llegamos a Carcasona desde la medieval ciudad de Lagrasse fue perdernos por la Cité, la parte más bonita de la población, y allí quedamos muy sorprendidos por la cantidad de gente que había deambulando por sus calles empedradas y rodeadas de edificios que parecían haber salido siglos atrás.
El caso es que la Cité está enfocada al turista, no hay que engañarse con ello, tiene un espíritu de magia y cuento difícil de encontrar en otras partes, pero también tiene los inconvenientes de los sitios que se han enfocado por y para el forastero.
En este caso, en la Cité abundan las tiendas de souvenir en cada esquina, lo que ocurre es que hay tiendas muy normales con los típicos souvenir (postales, imanes, figuritas de todo tipo, etc.), y tiendas como tal, es decir, más cuidadas, más bonitas y con productos más delicados (mantelerías, productos artesanos, quesos, panes, jabones, inciensos, joyerías, etc.).
Esto mismo lo podemos extrapolar a los restaurantes que encontraremos en la Cité, desde puestos en la calle donde se vende comida rápida (crepes, sándwiches, bocadillos, cucuruchos de patatas fritas, helados…), a restaurantes totalmente turísticos con la carta en un montón de idiomas y cuyos platos y precios coinciden prácticamente en todos ellos. Este tipo de restaurantes tan turísticos son los que más llenos suelen estar, además de que la mayoría están situados todos juntos con las terrazas pegadas unas a otras, por lo que el ruido en esa zona es ensordecedor.
Y luego, hay un tercer tipo de restaurantes en zonas algo más tranquilas en las que el trasiego de gente es menor, son restaurantes con cartas mucho más selectas, platos más cuidados y decoración más bonita, aunque eso sí, de precios más elevados.
PASEANDO POR LA CITÉ Y BUSCANDO DONDE CENAR….
El martes por la noche desembarcamos pues en Carcasona, tras dejar las maletas en el hotel, nos fuimos directamente hacia la Cité con la intención de descubrir esa ciudad medieval de la que tanto habíamos oído hablar.
No nos defraudó, ya lo sabéis, lo que no esperábamos era encontrar tanta cantidad de gente por todos lados, ni tantas tiendas, ni tantos restaurantes, ni tanta oferta en general.
No estaba siendo este un viaje donde los hoteles fueran lo fuerte (acabábamos de descubrir que el hotel de Carcasona era horrible, ya os contaré), sin embargo, a nivel culinario no podíamos decir lo mismo, la verdad, así que siguiendo con nuestra buena racha, nos propusimos encontrar un restaurante bonito donde cenar y estrenar esta nueva etapa del viaje.
Como os decía, caminamos, comparamos y observamos, y decidimos volver sobre nuestros pasos para hacer caso de los consejos que nos daba la guía de viajes que llevábamos, y que nos recomendaba como una buena opción comer o cenar en la Brasserie Le Donjon.
Como la zona donde estaba situada la Brasserie nos pareció bastante tranquila (comparada con el hormiguero donde están situados los restaurantes internacionales) y el sitio tenía muy buena pinta desde fuera, decidimos cenar en el mismo.
Realmente, la elección fue todo un acierto porque este restaurante es de lo mejorcito que hay dentro de la Cité. Os cuento.
SITUACIÓN Y ALGUNAS IDEAS GENERALES
La Brasserie Le Donjon se encuentra en la rue Porte D’Aude, 2. Esta calle es la que nos encontramos justo de frente cuando accedemos por la puerta de entrada de Aude, otra de las formas de acceder a la Cité junto con la ya nombrada en mi anterior opinión puerta Narbonesa (o acceso principal a la ciudad). Por cierto, si entramos por la puerta de Aude, tendremos una visión de los muros posteriores de la Cité, mucho menos llamativos que la entrada principal, eso sí.
Siguiendo con la situación del restaurante, éste desemboca además hacia la Place du Château, así que tiene la ventaja de estar en un sitio con bastante afluencia de gente, pero sin el agobio que podemos encontrar en la Place du Grand Puits, donde se concentran la mayoría
Fotos de Best Western Le Donjon Les Remparts, Carcassonne
Brasserie Le Donjon, Cité Carcassonne
de locales.
Como todos los restaurantes (o prácticamente todos), la Brasserie tiene una pequeña terraza a dos alturas donde habría como unas diez o doce mesas dispuestas en su mayoría para dos personas, lo único malo es que cuando llegamos estaban todas ocupadas. Aún así, preferimos cenar dentro porque el espacio entre unas y otras no era demasiado amplio.
La terraza se encuentra en uno de los laterales del restaurante, paralela a la pared y está acotada por una barandilla adornada con flores, de manera que las mesas y los clientes no están expuestos a todo el que pasee por las calles, ni tienen estos que ir esquivándolas como sí ocurría en otras zonas más transitadas.
En cuanto a la entrada al restaurante esta queda situada bajo un soportal de piedra y es bastante amplia, estando decorada con grandes maceteros con plantas y brotes secos.
El exterior sigue la esencia del resto de edificios de la ciudad, con ese aire clásico y trovadoresco, guardando siempre el estilo medieval.
En la misma entrada encontraremos la carta en varios idiomas, español entre ellos, así como una serie de placas informativas en las que se indica que el restaurante se encuentra dentro de la ruta de “Le Pays Cathare”, así como que está recomendado por varias guías gastronómicas, entre ellas, la Gault-Millau.
Os comento que el chef de este restaurante es Eric Bivent, que por lo que he podido encontrar sobre él en internet, es un conocido chef francés que ha querido aunar en este restaurante los sabores de los platos tradicionales de la tierra con un ambiente moderno y acogedor a la vez.
UN INTERIOR DIFERENTE
Una vez en su interior, se nota que este sitio tiene cierta categoría, pues no es un restaurante anodino como podían ser muchos de los que vimos antes de decidirnos por cenar en este. No es un restaurante “cadenero” como los que abundan en la Cité: mismos menús, mismos precios, situados en el mismo lugar… Tiene un estilo diferente y único.
Su interior es muy amplio, justo a la derecha, conforme entramos, hay una zona con una barra enorme en color negro que abarca toda esa pared y, desde donde los camareros tienen su base, por llamarlo de algún modo.
De frente tenemos una sala muy amplia donde encontramos dos filas de mesas preparadas para dos personas y una tercera fila en paralelo pegada a la pared donde en lugar de sillas hay bancos de estos de piel sintética y las mesas son para cuatro personas.
Al final del salón hay un banco enorme, igual a los anteriores, que va de pared a pared y varias mesas enfrente, cada una de ellas colocadas para dos personas, aunque imagino que podrán unirse si se necesita.
En medio del salón hay un espacio cerrado que intuyo era la parte de fumadores, era como otro salón más pequeño dentro del principal y cuyas paredes tenían “ventanas” que daban a la zona exterior de no fumadores. Era un espacio cerrado, de manera que no molestaba el humo en ningún momento a los que estábamos en la parte exterior.
Lo que más me llamó la atención de este sitio fueron sus colores, todo un contraste allí en la ciudad medieval, predominan el rojo y el negro. Las sillas son muy originales, en color rojo, sus respaldos tenían forma de triángulo, una con el vértice hacia arriba y su compañera de enfrente con el vértice hacia abajo (nada incómodas, aunque lo parezca).
Las mesas son de color negro en contraste con las sillas y preparadas con un mantel en color naranja que no la cubre por completo, en ella encontraréis, además de las copas, los vasos en color rojo también. Como curiosidad, los cubiertos junto con la servilleta están metidos en unos sobrecitos de papel negro.
Otra cosa curiosa fue que había una exposición pictórica del artista Laurence Azéma, original de Carcasona. Se trataba de una serie de pinturas contemporáneas en tonos rojos y anaranjados que iban muy bien con la decoración del local.
Por último, en cuanto a esto, la iluminación del sitio me gustó bastante, no era escasa, pero tampoco restaba intimidad al lugar. Las lámparas estaban formadas por modernas tilupas apergaminadas en su parte exterior que dejaban ver en su interior una estructura similar a un portavelas que recordaba a las que iluminaban estancias de antiguos castillos.
En las paredes además había puntos de luz con forma triangular en color negro irisado muy modernos.
Su decoración interior tan moderna hacia contraste con unas ventanas en color crema de lo más provenzales.
LA CARTA Y LO QUE TOMAMOS
Debo decir primero de todo que en este restaurante se puede comer menú o bien, a la carta. Nosotros fuimos a cenar y preferimos comer a la carta puesto que tampoco teníamos demasiada hambre (ya os acordáis del atracón que nos pegamos esa mañana en el restaurante vegetariano del pueblecito de Termes).
De todos modos, os comento que disponen de menús de varios precios incluyendo la mayoría el plato más famoso de esta zona, que no es otro que la “Cassoulet Languedocien”, que nosotros no llegamos a probar porque el plato nos parecía demasiado contundente para los calores de la época (es una especie de guiso con varios tipos de carne, garbanzos y hortalizas).
Sobre la carta deciros que nos la proporcionaron en español, además nos la dieron por intuición porque casi ni nos oyeron abrir la boca y ya supieron que éramos españoles, así que los camareros estuvieron muy atentos y eficientes.
La carta se compone de Entrantes, un apartado llamado Huevos y Patés, así como Carnes, Pescados y Verduras.
La sección de postres tampoco está nada mal, pues es muy amplia, habiendo un apartado de Quesos, otro de Postres (como tal), y uno de Helados y sorbetes.
Hay carta de vinos bastante extensa, con vinos de la tierra, claro, que para eso tienen buenos viñedos. Lo que no sé es si también ofrecían vinos de otros sitios (como veis soy poquísimo entendida en el tema).
La carta está bien en cuanto a variedad, aunque tampoco es extensísima, habrá unos cinco platos de media por apartado, para que os hagáis una idea. Se compone de platos sencillos formados por ingredientes sencillos, aunque había alguno más “exótico”, cuyo fuerte es su preparación. A veces es difícil cocinar un plato que a priori nos parece fácil, ¿no? Pues aquí se basa en preparar platos de la cocina tradicional, así como platos “más normales”, partiendo de ingredientes de calidad.
Dicho todo esto, os cuento que a la hora de pedir yo me decanté por unos Tortellini a los cuatro quesos con salsa de tomate, mientras que Alex pidió un entrecot a la plancha con patatas. Sí, diréis que mucho restaurante fino y luego vaya platos más normalitos que tomamos, pero es lo que decía antes, incluso el plato más sencillo puede ser un fiasco si los ingredientes y el modo de cocinarlos no son los mejores.
Lo primero es pediros perdón porque siempre me gusta hacer fotos de los platos que tomamos y sin embargo esta vez no las hice. Debo decir que, evidentemente, son platos muy sencillos en cuanto a ingredientes, pero la presentación era estupenda y el sabor mejor aún, por eso una imagen hubiera sido muy convincente.
Sobre el entrecot de Alex él me dice que estaba tal y como lo quería (le preguntaron cómo de hecho lo iba a tomar), la carne estaba blandita y jugosa. Las patatas venían cortadas como si fueran a la panadera y todo estaba bañado por una salsa muy suave que yo deduje que podía ser de setas. Probé la salsa con las patatas y estaban ricas, ricas, la verdad. La textura de la salsa era muy fina.
Mi plato de tortellini me lo sirvieron en un plato hondo muy moderno, de modo que daba la sensación que había muy poca pasta (nada de nada), la salsa era suave, bañando la pasta por encima y traía alguna especia por encima para favorecer la imagen del plato en conjunto.
Me gustaron mucho, sí, es un plato de pasta, pero la pasta estaba en su punto, la salsa de cuatro quesos buenísima (se nota que tienen buenos quesos en esas tierras), y luego la salsa de tomate era casera.
Para acompañar pedimos una botella de vino rosado de la región de Caunes-Minervois, que nos gustó mucho, aunque con mi inexperiencia en el tema sólo puedo decir eso (sé cuando un vino es bueno y cuando no, pero poco más). Estaba fresquito y tenía un punto seco al final. También es cierto que por el precio no podía ser de los mejores de la carta, aunque tampoco me fijé cuál era el precio más caro o si estaban todos rondando por ahí.
Como quedamos bastante llenos, decidimos pedir un postre para compartir, concretamente, bizcocho de chocolate con helado de jengibre. Más por gula que por hambre, y es que reconozco que tengo un grave problema para irme de un restaurante sin tomar postre independientemente de lo llena que esté.
El helado consistía en un pequeño bizcocho de chocolate muy caliente acompañado de dos bolas de helado de jengibre (nunca lo habíamos probado) muy frío y dos tejas de galleta azucaradas.
El postre estaba…. ¡de muerte! El bizcocho tremendamente bueno, con el chocolate derretido y muy suave, y el helado de jengibre nos sorprendió, el sabor que tiene iba perfectamente con el chocolate, ¡qué mezcla más rica! Por cierto, no sabría describir el sabor del jengibre, algo picante al final, desde luego fue todo un descubrimiento.
En general, los postres de la carta tenían todos muy buena pinta, eran mezclas algo exóticas, pero que seguramente debían combinar muy bien entre sí teniendo en cuenta el nuestro.
EL PRECIO Y EL PERSONAL
Sobre el personal comentar simplemente que fueron muy correctos y atentos, aunque tampoco nos agobiaron lo más mínimo. Nos sirvieron rápidamente y nos dejaron un rato de sobremesa sin meternos prisa, así que muy bien, que para un sitio donde hay tanto turista no está mal.
Un detalle gracioso fue que uno de los camareros al entrar nos dio la carta en francés, pero antes de que pudiéramos pedírsela en español, nos la cambió muy sonriente.
Sobre el precio deciros que no nos pareció caro, quizás no nos decantamos por unos platos muy sofisticados, pero hay que decir que en este sitio se sirve cocina de la tierra con productos de la tierra, así que tampoco penséis que vais a encontrar platos con nombres estrambóticos y rarísimos.
Os desgloso:
- Tortellini con cuatro quesos: 10 euros - Entrecot a la plancha: 16 euros - Postre: 7.90 (tengo que hacer una aclaración aquí) - Botella de vino de medio litro: 13 euros - Botella de agua: 2.50
* La nota sobre el postre viene a lo siguiente, el precio del postre es de 6.80 euros, sin embargo nos cobraron 7.90 euros, dedujimos lo siguiente: con el bizcochito de chocolate venían dos bolas de helado y dos tejas azucaradas, y creo que pusieron una bola de helado y una teja de más al pedir el postre para compartir. Podríamos haberlo preguntado, pero sinceramente, por un euro de más no nos molestamos en entrar en dilemas.
El total de la cuenta fue por tanto de 49.40 euros.
No sé si os parece caro u os parece bien, cierto que este fue el sitio más caro donde comimos durante nuestro viaje, pero tengo que decir que también fue el sitio más elegante, mejor decorado y con más detalle en el que estuvimos.
Para que os hagáis una idea, la noche del día después cenamos en un restaurante de estos internacionales con cartas muy sui generis y con mucho menos postín, y el precio, sin ser tan elevado como este, tampoco difirió mucho. Teniendo en cuenta que lo que tomamos ese día fue muy simple y las cantidades menores que en la Brasserie… pues con eso os digo todo.
Hay que tener en cuenta también que en Francia los precios son más elevados que en España, con lo cual, posiblemente de haber comido esto mismo en algún restaurante de por aquí, la cuenta hubiera sido menor (o no, no lo sé). Y también, debemos contar con que este restaurante aparece en varias guías gastronómicas francesas y su chef es muy conocido allí, así que todo eso se tiene en cuenta a la hora de pagar la factura.
RECOMENDADO SI VAIS POR LA CITÉ
Os recomiendo, sin duda, la Brasserie Le Donjon si estáis en la Cité y no sabéis en cuál de los muchísimos restaurantes podéis cenar o comer. Está situado en una de las zonas más tranquilas (aunque no deja de haber gente de un lado para otro), así que su terraza puede ser una muy buena opción. Si por el contrario preferís comer en su interior, este sorprende por su decoración en tonos negros y rojos, muy cuidada y moderna.
La carta está bien y es bastante variada, pero también podéis comer alguno de sus menús donde encontraréis los platos que se anuncian como imprescindibles en todas las guías de viaje de la zona.
Precio ajustado, platos abundantes y con muy buena presentación, y de sabor, estupendos (al menos lo que nosotros tomamos).
Os lo recomiendo, claro, no puedo decir otra cosa, a nosotros nos gustó todo, desde su decoración a los platos que probamos.
Nota: Os dejo unas fotos del exterior, el interior tendréis que imaginarlo o buscarlo en la web.
Pues si que está bien este local y sobre todo, el precio, una maravilla porque suelen ser lugares donde te dejan el bolsillo temblando. Veo que se trata de un lugar de calidad y la decoración debe ser increible por lo que cuentas. Si alguna vez tengo la suerte de ir por esa zona, lo tendré en cuenta porque se merece una visita. Volveré con nota que ando sin saldo :P
lugares de interés como Porte l'Aude, Ciudad medieval y Iglesia de St-Nazaire. Asimismo, se encuentra cerca de otros lugares de interés como Porte Narbonnaise. Caracterí...
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15.11.2010 00:11
me parece un sitio muy bueno y el precio no está mal, saluditos.
12.10.2010 11:26
De vuelta con la valoración :P
08.10.2010 19:12
Pues si que está bien este local y sobre todo, el precio, una maravilla porque suelen ser lugares donde te dejan el bolsillo temblando. Veo que se trata de un lugar de calidad y la decoración debe ser increible por lo que cuentas. Si alguna vez tengo la suerte de ir por esa zona, lo tendré en cuenta porque se merece una visita. Volveré con nota que ando sin saldo :P