Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 37 miembros de Ciao
Buscar alojamiento en New York puede ser una tarea desquiciante. Escoger un hotel entre la interminable lista de la que dispone la ciudad puede llevarnos días y, una vez hecho, las dudas nos asaltan. ¿Está lo suficientemente céntrico? Y resulta que sí entonces, ¿resultará demasiado ruidoso? ¿Las habitaciones están reformadas o siguen con la misma moqueta desde los años 50? Y nunca falta la aportación de terceras personas que han estado ya en algún hotel de la ciudad y nos cantan las maravillas de alojamientos que no conocemos o critican precisamente el que tenemos en mente.
Por eso fue genial poder coger un pack de vuelo de avión + hotel. Aunque de hecho si contratas a través de una agencia de viajes (en nuestro caso, viajar.com) estás a merced de disponibilidad de plazas y recolocaciones de última hora, así que más vale que te dé realmente igual el hotel donde quieres dormir.
A nosotros nos habían asignado en primer lugar el célebre Pennsylvania, en el que al parecer meten por sistema a los españoles que van a New York. Está realmente céntrico, en la Séptima Avenida a la altura del Madison Square Garden y es un típico hotel mastodóntico de muchisísimas plantas y tropocientas habitaciones, recientemente reformadas. Así que sobre el papel parece muy apetecible.
Por eso cuando nos comunicaron que nos habían cambiado este hotel por el Best Western Seaport Inn Downtown incluso mi pasotismo se vio afectado. Principalmente porque la coletilla 'Downtown' es mucho más que un simple detalle anecdóctico. Y es que sobre el mapa nuestro hotel estaba en una zona sospechosa: a un paso de la zona financiera, donde todo el mundo recomiendo no ir por la noche, y pegado al puente de Brooklyn, que a priori resulta pintoresco pero quizá no demasiado práctico ni seguro para hospedarse.
En la práctica el único inconveniente que tiene la zona es el penetrante olor a pesca salada que la impregna. Y es que estando a un paso de la confluencia de los dos ríos que rodean Manhattan y se abren al mar, las calles adyacentes están llenas de almacenes de pescado. Que lo de 'Seaport' tampoco es por hacer bonito…
Por todo lo demás, esta parte del Downtown es una zona muy a tener en cuenta en los próximos años. Se trata de una zona histórica de la ciudad, de las más antiguas y con un sabor muy genuino, alejado de la tónica imperante de rascacielos de hormigón. Las calles son de adoquines y los edificios son bajos, de ladrillos rojizo y con cierto gusto europeo. Además actualmente se está acondicionando y rehabilitando masivamente la zona, con lo que a no tardar seguro que se pone de moda vivir en un loft al lado del río, abonando un generoso alquiler.
Como muestra de este entorno bucólico, a un tiro de piedra se encuentra un encantador centro comercial (el South Street Seaport) que sigue la estética de la zona y en la que se puede cenar con una inmejorable vista al East River y el puente de Brooklyn, comprar ropa o reservar las entradas para musicales a mitad de precio en la sucursal sur de TKTS.
Este centro comercial se encuentra en la confluencia de Water Street, que es la calle que lleva a Battery Park, y Fulton Street, en la que se encuentran dos paradas de metro (Brooklyn-Nassau y Fulton St.) y que lleva hasta Broadway. De modo que ir y venir del hotel al centro no es nada complicado ni se tarda mucho. Quizá dé miedo de madrugada a las almas más aprensivas (la calle Fulton no es que sea la Quinta Avenida), pero hay delis abiertos 24 horas y cierta animación en la zona que no la hacen tan desolada como prometen las guías de viaje.
Centrándonos en el hotel (que, por cierto, es el único que vi por la zona), se encuentra en el extremo más pegado al puente de Brooklyn de la zona, y a una manzana del río (bueno, de la autopista que bordea la isla, más bien). Es un edificio bajo, de cinco plantas (contando en español salen cuatro xD), nada que ver con la opulencia del Pennsylvania. De hecho todo el hotel tiene un regusto clasicón en plan casa de la abuela que puede echar para atrás a los que buscan minimalismo y modernidad en la ciudad de los rascacielos. Por mi parte me encantó el coqueteo con el kitsch de la decoración y detallazos entrañables como el hecho de que cada tarde se dispone en la recepción, con butacones floreados y biblioteca añeja, una bandeja de cookies para quien las quiera degustar con toda la calma (gratis, se entiende).
Del tipo de habitaciones de que disponen en este hotel os puedo hablar largo y tendido. Más que nada porque visitamos hasta cuatro dormitorios hasta quedarnos en nuestra habitación definitiva. Con esto aprovecho para destacar la amabilidad del servicio, que ni siquiera con unos clientes tan pesados como nosotros, que no quedábamos contentos con ninguna habitación, alteraron la sonrisa (tampoco alteraron el idioma, que del inglés no los sacabas, eso también hay que tenerlo muy en cuenta).
Las orientaciones de las habitaciones pueden ser tres: exteriores hacia la calle Peck Slip, que aunque sea la calle 'principal' es super tranquila y no hay nadie nunca, exteriores hacia el río, con vistas al puente de Brooklyn, e interiores, que dan al patio con los extractores de aire acondicionado.
Una de estas últimas, y además del segundo piso, nos dieron en primera instancia. El ruido de los extractores era algo que quisimos evitar, pero sobre todo se dio el caso que aun pidiendo habitación triple nos dieron una habitación con cama doble y sofá cama. Que como sofá es chachi, pero como cama es fatal y casi no se puede dormir. Por su parte la cama es una king size de 2 x 2 metros, así que si sólo sois dos este tipo de habitación resulta fantástica.
Finalmente nos dieron una habitación con dos camas que daba al río, y la verdad es que estaba muy bien. La impresión general es de bastante limpieza, con una moqueta que se puede pisar sin pillar la triquinosis y un espacio generoso en el que cabe un escritorio y dos butacones además del armario de la tele y la nevera. Además de la televisión se pueden ver películas en pay per view y jugar a la Nintendo 64 (también pagando). Quizá la carencia más destacada era el armario, que en el caso de nuestra habitación resulta algo complejo de explicar en una opi.
Los baños son espaciosos, con bañera y sin bidé (que los americanos no saben lo que es, avisados estáis). Lo que tienen es una cafetera, un rollo muy anglosajón, que no se podrá fumar pero sí meterte la cafeína en vena. Faltan también aquí armarios para poner las cosas, pero vaya, es un mal menor. Por cierto, que renuevan las toallas diariamente quieras o no (así que no te molestes en dejarlas dentro de la bañera o demás señales convencionales). Eso sí, el cambio de sábanas lo tienes que pedir expresamente, y te recomiendan que no lo hagas cada día por ecología. Pero vaya, que si te la trae al pairo deduzco que si quieres te las cambian diariamente…
En el precio está incluído el desayuno continental. Este es el peor aspecto del hotel, tanto por el desayuno en sí como por la infraestructura de la que disponen. El desayuno se sirve (es un buffet, pero vaya, ya me entendéis) en el salón de la tele, que cuenta de cuatro (o sea, una, dos, tres y cuatro) mesas redondas pequeñas y dos mesillas auxiliares con lámparas y floripondios. Así que en total deben caber unas 20 personas nada más. La variedad disponible es mínima: zumos, café y té para beber; cereales, muffins y bagles para comer. No hay mantequilla, sino queso fresco Philadelphia, mermelada (de uva y algo así en plan raro), sirope y la inevitable mantequilla de cacahuete. Ah, y luego hay fruta, que como va carísima en la calle más vale que hagas acopio en el hotel, yoghourt y macedonia envasada. A lo tonto a lo tonto te puedes poner hasta las trancas, pero la calidad no es que sea para tirar cohetes.
Sobre el resto de servicios del hotel poco puedo decir, porque no los usé. Ni siquiera sé si organizan excursiones como en otros hoteles. Posiblemente al ser del grupo Best Western (de los que hay varios en la ciudad) hagan algo de eso con los demás hoteles. Tampoco usé el mínimo gimnasio que tienen, con cuatro cintas andadoras (como para seguir andando al llegar al hotel!!!). Lo que sí hay es una pequeñísima sala (sin climatizar, además) con un ordenador y una impresora para trabajar y conectarse a Internet sin cargo alguno (aunque también hay conexión para portátiles en las habitaciones y ahí sí que hay aire acondicionado).
Así que el Best Western Seaport Inn es un muy buen hotel, totalmente recomendable sobre todo si prefieres no estar en el meollo. De hecho para mí este punto débil sobre el papel acabó siendo su aspecto más agradecido, porque por más urbanita que sea no me veo en un hotel de 20 plantas y 300 habitaciones…
Un besote ruidoso y pecador.
Fotos de Best Western Seaport Inn Downtown, Nueva York
Yo esta opi ya la había leído... y creía haberle puesto un excepcional... ¿?¿? La has colgado dos veces por algo, o es que he soñado con ella, cual oráculo humano? Ein? What? :p
21.12.2005 14:48
Excelente recomendación
04.10.2005 10:21
Yo esta opi ya la había leído... y creía haberle puesto un excepcional... ¿?¿? La has colgado dos veces por algo, o es que he soñado con ella, cual oráculo humano? Ein? What? :p
28.09.2005 16:57
:-) cambiaste tres veces de habitacion y todo!!!!