Dramatis personae:
Malevaje: anfitrión y caballero.
Carlos III: Rey.Año MMV. Salón comedor de una casita alquilada cualquiera de un pueblo cualquiera. En primer plano, una mesa camilla con los restos de una cena, donde destaca una botella de vino tinto al más puro estilo del dilema del optimista y del pesimista, esto es, medio llena o medio vacía, según se mire. Al fondo, mueble – bar con hueco para televisión y video. A la derecha, sofá y una confortabilísima mecedora con calefactor adyacente“Tropicano” funcionando a pleno rendimiento. Malevaje, con batín de cuadros y zapatillas de andar por casa, está de pie, recogiendo la mesa y monologando, ya que al fin y al cabo estamos en un entremés teatral y no hay más personas en la escena… ¿o no?
M: Y ahora nada mejor que recoger los restos de la cena y languidecer plácidamente viendo la televisión en la mecedora con la gratísima compañía de una copita de brandy (se dirige al mueble bar, de donde saca una copa de balón y una botella a estrenar de Carlos III) ¡Ah, ya está! (mirando con arrobo la botella) ¡Majestad, cuánto me alegro de verle, vive el cielo!(De repente, surge del suelo una nube de humo al más puro estilo de los efectos especiales de una película barata. Cuando ésta se disipa, aparece el mismísimo Carlos III vestido de cazador, como en el cuadro de Goya)
M: (asustado y dando un paso atrás) ¡Vive Dios!, ¿quién sois vos? C: (con expresión divertida, actitud condescendiente y pronta tendencia al tuteo, a fin de cuentas se trata de un Borbón) ¿Acaso no me reconocéis? Si acabáis de decir que os alegrabais de verme.
M: (frotándose los ojos) Es imposible… ¿Majestad?C: Sí hijo, sí (cruzando con total libertad la habitación y acomodándose en la mecedora donde Malevaje tenía previsto descansar) ¿Os asombráis? Me extraña. ¿No sois, por ventura, protegido de Dionisos? Deberíais saberlo. ¿No llamáis acaso a las bebidas alcohólicas, “bebidas espirituosas”? Pues heme aquí. Todos los vinos y licores tienen su espíritu. ¿Y qué menos que yo, Carlos III, halle refugio en mi propio brandy?
M: (asombradísimo y desbordado por la situación) Esto…C: ¡Relájate, hijo!
M: Comprenda mi situación, vive el cielo. No todos los días se presenta un Rey en la salita de uno. Bueno, miento… a veces aparece más de uno… hasta cuatro en la baraja y sólo esporádicamente cuando juego al mus. Pero casi siempre me ganan la partida al juego
Fotos de Brandy Carlos II
por exceso de entusiasmo en los envites, ¡maldición!C: (cortándole) Vale hijo, vale… Y a todo esto… ¿no me vas a invitar a una bebida? Creo que después de esta sorpresa me merezco un trago.
M: (reponiéndose del susto y adoptando actitud de cordial anfitrión) ¡Claro que sí, majestad! Aunque me temo que mi humilde mueble bar no hará justicia a sus nobles y refinados gustos, será para mí un placer intentar complacerle. ¿Qué desea, majestad?C: Creo que está claro. Quiero una copa de mí mismo. De Carlos III.
M: Como desee, majestad (Malevaje abre el mueble bar, coge la copa de lujo que enajenó a altas horas de la madrugada de un pub y acude presto y servil a servir al monarca)C: (Coge la copa y la apura de un solo trago) Mmmmmm, no es por nada pero… qué rico que estoy, vive el cielo. Cosa que por cierto nunca me dijo mi mujer, ¡ay! En fin, ¿podrías servirme otra copa, hijo?
M: Como no, majestad. (Sirve otra copa) Pero permítame una pregunta. ¿A qué debo el honor de su visita?C: (adoptando un tono didáctico) Es verdad, hijo, perdona a este pobre anciano. Verás, siempre tuve un trauma con mi hijo Carlos, el que llegó a ser también rey como Carlos IV. Por más que intenté llevarle por el buen camino de la morigeración en el comer y de la selectividad del gourmet en el beber, salióme rana y aficionado a los atracones y a las bebidas más abyectas y poco saludables. Con decirte hijo, que echaba sifón a la manzanilla de Sanlúcar… rebujito creo que le llamaba. ¡Caiga sobre él la maldición de Brillat – Savarin! Así que he decidido elegirte de entre todos los devotos de esta bebida que lleva mi nombre y aleccionarte acerca de las características y beneficios de su consumo.
M: (Con entusiasmo) ¡Oh! ¡Un Rey Ilustrado!C: Así me han llamado muchos, hijo. Permíteme empezar.
M: Como no, majestad.C: Pues allá vamos. Supongo que sabrás que soy un Brandy Solera Reserva. ¿Y qué quiere decir esto? ¿En qué me diferencio de los Solera a secas y de los Solera Gran Reserva?
M: Pues básicamente, y dando por conocido el hecho de que todos son elaborados con aguardientes vínicos, un Brandy Solera Reserva ha envejecido en barrica por un tiempo superior a un año e inferior a tres, para diferenciarlos de los Solera y Gran Reserva, respectivamente. Tiene una graduación alcohólica de 37º o partes en volumen.C: Muy bien, hijo. Quizás también deberíamos añadir que nuestro contenido en sustancias volátiles es aproximadamente de 250 mg. por cada 100 ml, pero reconozco que esto que acabo de decir es sólo para expertos elaboradores, entusiastas enólogos y estudiosos de la normativa de la Denominación Brandy de Jerez, yendo más allá de nuestras necesidades como meros consumidores voluntariosos. Anda, ponme otra mientras sigo…
(Malevaje sirve otra copita a un Carlos III cada vez más entonado)C: (Va bebiendo poco a poco la copa). Hmmmmmm, esto resucita a un muerto. ¿Qué podemos decir sobre la botella? Que se trata de un clásico recipiente vítreo de 70 cl, cosa que también nos diferencia de nuestros hermanos menores, los Solera a secas, que se presentan en botellas de litro.
M: Sí, Majestad. Permitidme decir que es igual que lo que sucede en la vida, donde la juventud se entrega con ímpetu, ardor y prisa de la inexperiencia, mientras que la madurez lo hace desde la sabiduría que han dado los años, los ánimos calmados del que ya ha vivido y la justa cadencia del que conoce el ritmo al que deben discurrir las cosas. Precisamente esto sucede con los brandys. Los más jóvenes, abundantes mas inexpertos, sin matices y monótonos; los más veteranos, en menor cantidad, pero con todo un bagaje de sensaciones acumuladas durante su vida, infinitamente más complejos... y completos.C: Muy bien dicho, hijo. Pero por favor no te autoplagies de opiniones anteriores tuyas de Ciao, que aunque sean de tu propia cosecha, demuestras poca originalidad y mucha altivez al recurrir a tus propias citas.
M: (Asombradísimo) ¡Majestad! Pero… ¿cómo lo sabéis?C: Jajajajaja, yo sé muchas cosas. Por así decirlo, sé latín. Y por mi nombre en latín me conocían bastante, Carolus III, así figuraba en las monedas y en los documentos oficiales. (Dándose una palmada en la cabeza al tener una idea) ¡Espera! Aquí tengo una pequeña muestra de lo que te acabo de decir. (Carlos III con aire insigne se quita el sombrero muy lentamente y dice señalando a la etiqueta con voz profunda) ¡Mírala! ¡Ahí está!
M: (Dudando)… ¿La Puerta de Alcalá?C: No, pedazo de mellon, digo de melón. ¡La etiqueta hijo mío, la etiqueta! ¿No ves mi efigie? Se trata de uno de los sellos de los que se utilizaban para lacrar documentos que con mi apuesta figura se elaboraron durante mi reinado. Aunque en éste en particular no salga demasiado favorecido, no es mi perfil bueno, dicho sea de paso…
M: (Adulador) Puedo asegurarle, Majestad, que en esta etiqueta, ni su regio porte deja de ser regio en ningún instante, ni su perfil desacredita su fama.C: Muchas gracias, hijo. Pero sigamos. ¿Qué casa comercial concedióme la inmortalidad en forma de Brandy?
M: Lo sé, majest…C: (Interrumpiendo con euforia, a fin de cuentas ya lleva unos cuantos pelotazos entre pecho y espalda) Las Bodegas Pedro Domecq de Jerez de la Frontera destilan en sus alquitaras este fantástico bebedizo.
M: Familia conocida por su indudable tradición bodeguera, ganadera y rejoneadora.C: Y también asidua a algunos espacios rosa, ¿es que no ves el Tomate, hijo mío? Ainsss, esta juventud. Anda, pone otra copa que estoy pasando mucha sed.
(Malevaje sirve nuevamente otra copa a un cada vez más eufórico, moyatoso Carlos III, que va perdiendo su porte regio a ojos vista)C: (Bebe de un trago) ¿Qué más podemos decir? ¿Qué más? Propiedades y cata. Este brandy alegra las pajarillas al más pusilánime, otorga confianza en sí mismo a quien lo bebe, es un excelente neutralizador de melancolías, facilita la conversación, favorece la intimidad y prolonga la amistad al ser la mejor excusa para disponer de un momento reposado entre amigos y consagrarlo a la buena conversación. Y respecto a su cata… no es uno de los brandys más fuertes y abrasadores de gaznates. Es relativamente suave, con un aroma muy placentero y un sabor equilibrado y persistente, que se sigue manifestando un buen rato tras su ingestión ¡Todo eso hace este brandy! ¡Todo esto hago yo! ¡Porque yo lo valgo!
M: (Con admiración y con los ojos muy abiertos): ¡Oh!C: En fin hijo mío… que ha sido un auténtico placer disfrutar de tu hospitalidad, pero ahora debo marchar. Otros menesteres reclaman mi atención y mi presencia. En cualquier caso deseo que hagas buen uso de las enseñanzas que acabo de transmitirte y elijas sabiamente a la hora de elegir el brandy adecuado para cada ocasión. Y por si fuera poco como Rey tuyo que soy, te exhorto a relatar todo esto que acabo de contarte al resto de la Humanidad. Es mi voluntad. (Levantándose y dirigiéndose hacia el mismo lugar de la habitación donde apareció) Adios, hijo mío (Vase)
(Malevaje se queda pensando, absorto, ensimismado y meditabundo durante un buen rato)M: En fin, pues algo habrá que hacer para cumplir los reales deseos. A ver qué se me ocurre. Pero mientras tanto, creo que me merezco una copita (Se levanta y se sirve una copita de brandy) Con su permiso, Don Carlos. ¡A su salud!, ¡va por usted!
**********************************************Inspirado vagamente en hechos reales, por supuesto.
24.04.2006 22:42
buena opinion
18.03.2006 13:30
No lo he probado pero dicen que nunca es tarde para probar cosas buenas o no lo dices me lo acabo de inventar ajiiajjiajiajiaj Saludos
11.10.2005 17:33
no soy aficionada al brandy pero sí a opis como esta!!!! original planteamiento, ingeniosa la conversación... en fin, sencillamente genial. Me ha encantado de verdad. ummm... encantada de conocerte!!!!