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Brujas: una ciudad de cuento

5  17.12.2006

Ventajas:
es la ciudad más bella y cautivadora que conozco

Desventajas:
demasiado turista

Recomendable: Sí 

thort

Sobre mí: "Tu equilibrio depende de la serenidad de tu mente. Sigue la conducta dictada por tu conciencia...

usuario desde:10.10.2006

Opiniones:91

Confianza conseguida:70

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Hablemos claro, mi Rey:
toda España va de rota,
el portugués más se engríe,
el catalán más se entona;
lo militar no se ejerce,
lo político lo estorba,
los que pierden nos gobiernan,
los que ganan se arrinconan

(Francisco de Quevedo - Sátiras)

Sentado frente al puente que da acceso a la ciudad de Brujas por el lado sur, frente al conocido Minie Water, el Lago del Amor, pude recrear en mi mente las muchas batallas que mi abuelo me había contado de pequeño sobre los tercios de Flandes, y su lucha por conservar para la Corona española esta bella y rica ciudad belga. Como un niño, vi renacer ante mí la grandeza de un país que luchaba por mantener sus posesiones en media Europa, y el corazón y el ardor que los flamencos ponían por recuperar su pasado y su historia. La nostalgia, la melancolía que aquellos rincones, aquellas calles medievales, aquellos puentes de piedras impregnaban en mi corazón, y, por qué no, la fértil imaginación, hicieron que aparecieran ante mis ojos los últimos españoles que lucharon en sus calles, allá a principios del siglo XVII.

Eran los alrededores del año 1.600, una época convulsa para la sociedad española. Los enfrentamientos en distintos frentes: las tensiones internas con la expulsión de los moriscos y sus graves consecuencias económicas en el campo español, las continuas guerras con Inglaterra y Francia, o los primeros enfrentamientos con Portugal, hizo que se agudizara la crisis social y económica del país. Felipe III intentó solucionar una parte del problema, y así en 1609 firmó en Amberes una tregua de 12 años entre España y las Provincias Unidas, por la que esos territorios flamencos y valones pasaban a manos de su hija Clara Isabel Eugenia y su esposo Alberto de Austria. De este modo, se dio el primer paso para la independencia oficial. Pero cuando el archiduque Alberto de Austria murió en Bruselas sin descendencia, las colonias en Flandes volvieron a manos españolas. En 1633, tras finalizar la tregua, con Felipe IV ya como rey español, las Provincias Unidas se levantaron contra la Corona nuevamente. Las locuras expansionistas del Conde Duque de Olivares por recuperar la grandeza española abocaron a España y a sus tercios al desastre....

Aquella triste noche, la luna se levantaba presumida sobre las mansas aguas salpicadas de sangre española y flamenca del pequeño lago. De no ser por la sucesión de continuos disparos procedentes de los alcabuces de los tercios, o de los que venían de los mosquetones flamencos y franceses, habría sido una velada para el descanso. Como otras noches, Gonzalo se hubiera despojado de sus vestiduras y hubiera nadado desnudo en el lago, sintiendo la fresca caricia de sus aguas deslizarse por su piel. Pero hacía ya meses que la tranquilidad parecía haberse despedido de su vida; acuciados por el abandono de su propio país; arrojados a la penuria del hambre y la sed; olvidados y denostados por sus propios paisanos que ahora seguramente estarían celebrando algún banquete en la corte del Rey Felipe IV, se veían literalmente asediados por aquellos bárbaros que a fin de cuentas lo único que querían era recuperar su propia libertad y deshacerse de la opresión de una Corona en decadencia. Y él, Gonzalo de Madariaga, lejos de su familia, lejos de su amada y de sus hijos, iba a entregar su vida y su alma en aquellas tierras perdidas...

Un grito sacó a Gonzalo de sus sueños perdidos: "Gonzalo, despierte, ha llegado el momento; disponga en una primera línea a los mosqueteros pues ya se prepara la primera carga francesa". Con mirada triste, se volvió hacia su general y asintió. "Mi general", pensó. "Juan de Heredia, uno de los pocos que pudo escapar hace apenas unos meses a aquella matanza en Rocroi, donde casi 28.000 soldados españoles al mando de Francisco de Melo, Capitán General de los Tercios de Flandes perdieron su vida por nada... y ahora, nosotros en Brujas... Juan de Heredia, tan elegante y siempre altivo él, con su casco morrión, y sus vestiduras de buena tela, su semiarmadura siempre brillante e impoluta, como si con él no fuera esta guerra, y su alabarda con los distintivos propios de su rango... Apenas quedamos mil trescientos para defender la ciudad, pero aún así el orgullo patrio nos conducirá al desastre..."

La primera línea de mosqueteros que defendía el puente de entrada a la ciudad dispuso la horquilla, cogieron uno de sus dos frascos

Fotos de Brujas
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Brujas Fotografía 6776201 tb
Brujas
de pólvora negra que siempre llevaban atados al cinto, armaron el mosquetón y finalmente lo dispusieron sobre la horquilla. La primera tanda de disparos resonó en medio de la noche estrellada. Al otro lado del lago, varias decenas de flamencos y franceses cayeron, pero el número de éstos prácticamente quintuplicaban al de los españoles. También bastantes mosqueteros españoles cayeron antes los primeros disparos del bando enemigo. Gonzalo observó como hacia la Begjinnen Vest, la calle de entrada al parque que rodeaba la ciudad, se dirigía una parte de la caballería francesa con la clara intención de buscar la segunda entrada a la ciudad y rodearlos a su espalda. La segunda carga de mosquetones no se hizo esperar. Prácticamente las primeras dos líneas españolas de retén habían caído, y aún cuando el número de muertos en el enemigo fuera mayor, era tan abrumadora su supremacía en número que Juan de Heredia dio la orden de retroceder para así evitar que la caballería les rodeara por el ala izquierda.

Habrían de coger la plaza fuerte del centro de la ciudad, y pelear calle a calle. Desde el lago del Amor se dirigieron al Beginhof, uno de los más antiguos de toda Flandes. Aquel barrio de casitas verdes sobre canales, fundado en el año 1245 por Margarita, condesa de Flandes y princesa de Constantinopla, destinado al reposo del espíritu, iba a convertirse por unos momentos, como el resto de la ciudad en escenario de cruentas batallas. Como pudieron, los tercios españoles retrocedieron a lo largo de la comercial calle Wijngaard Straat para enfilar una de las principales calles de Brujas, la más comercial y turística de ellas, con sus sitios de comida, sus tiendas y sus recuerdos: la Sint-Katelijne Straat. Allí en la esquina de esta calle con Dijvers, en uno de los parajes más bellos y que mejor estampa fotográfica deja de la ciudad, tuvo lugar el segundo enfrentamiento. Prácticamente sin mosqueteros con los que hacer frente, Gonzalo de Madariaga estableció una línea de arcabuceros. De nuevo la bolsita de pólvora negra, la pequeña bala de plomo que resonaba dentro del cañón del arcabuz mientras la empujaba con el baquetón hacia el canon, la horquilla que se coloca en pie para apuntar después de levantar la mirilla, y el estruendo de una salva de disparos, la humareda producida, los gritos de dolor, los llantos... Allí, justo a los pies de la Iglesia de Nuestra Señora, la Vrouwekerk, yace sin vida su general, Juan de Heredia. Gonzalo lo mira, con la mirada rota, el corazón en su querida Juliana allá en España, tan lejos, y se encomienda a la "Virgen con el Niño" a la que tanto adoran en Brujas y que se encuentra en la capilla de la Virgen de esa Iglesia, junto al altar mayor. Aquella Virgen soberbia de mármol, obra de arte esculpida por la mano de Miguel Angel, apenas cien años antes, en 1506 sería la compañera de sus últimos momentos. Escondiendo las lágrimas que pugnaban por escapar de sus ojos, más de rabia que de dolor, echó una mirada a las torres de aquella Iglesia gótica construida en el año 1210 y terminada en el año 1549, antes de pedir a sus compañeros que volvieran a retroceder. Apenas quedaban la mitad de los soldados con que habían empezado la noche. A su frente la infantería flamenca; por la calle paralela se veía avanzar a la caballería francesa, estableciendo el cerco fatal... Gonzalo siguió avanzando rápidamente por la Dijver, bajo aquel nostálgico paseo de tilos, entre cuyas ramas los rayos de luna dejaban escapar sus luces, dibujando siluetas mágicas y armoniosas, que morían sobre las agua del canal que lo acompañaban. Puente tras puente, consiguieron alcanzar la Vlaming Straat, la calle que prácticamente cruza a Brujas de lado a lado y a través de ella, llegar a la gran plaza central de la ciudad, la Markt Hallen. Casi cuatro horas de intenso fuego para atravesar apenas 4 calles habían devastado a su tropa reduciendo el número de soldados a menos de cien. Allí, en la gran plaza central, el último tercio español se reagrupó en círculo. A su derecha, llegando por la Steen Straat, las legiones francesas con sus caballos; a su izquierda llegando por las mismas calles que ellos habían ido abandonando, los infantes flamencos. Le ofrecieron la rendición, pero no era época de cobardías. Luchaban por unos ideales, por una Corona, y habían de cumplir unas órdenes: defender con su sangre una de las últimas de las colonias españolas en Flandes. Sólo le quedaban unos cuantos piqueros, el corazón de cualquier ejército que se precie. Con su armadura gris embadurnada en barro y sangre de los compañeros; se recolocaron el coselete que les cubría pecho, muslos y brazos, pusieron rodilla en tierra, enfilaron su pica en un ángulo de 45º con su punta de hierro apuntando al enemigo, y esperaron la embestida de la caballería...

El silencio se adueñó de la gran plaza, ahora teñida en sangre y horror. Gonzalo de Madariaga, tendido en el suelo, con su mirada perdida en la magnífica torre octogonal de los Hallen que presidía la plaza, exhalaba su último aliento mientras en un susurro dejaba escapar entre sus dientes una única palabra... Juliana...

Porque te veo andando entre zarzales
por todos los caminos rezagada
con una cruz al cuello y otra al hombro
durmiendo en las cunetas de la gloria
para soñar perdidas carabelas
con ojos anegados en ceniza.
Porque te veo escuálida y desnuda,
comiendo el pan moreno de tu vientre,
bebiéndote el gazpacho de tu sangre...

(Ángela Figuera - canto rabioso de amor a España)

------------- Turismo por la ciudad ----------------

Entre sueños de batallas, amor, orgullo y patriotismo, había ido avanzando por las mismas calles que en mi historia de ficción, forjada en mi cabeza, habían seguido las tropas españolas en su retirada desde el Lago del Amor hasta el centro de la ciudad. Aquel recorrido, iniciado en el Lago, pasando por el Beginhof, las calles comerciales y más turísticas de la ciudad que se encuentran junto a ese tranquilo barrio, o la reconfortante avenida Dijvers, junto a uno de los más bellos parajes de la ciudad, rodeado de tilos, puentes de piedra, antiguos monumentos, la Iglesia de Nuestra Señora, y los clásicos pintores dando vida en sus lienzos a la piedra y el agua de Brujas, es para mí el recorrido más clásico que se puede hacer por esta bellísima ciudad. Sin saber cómo, me encontraba ya en la gran plaza central; ni la cantidad de turistas que sorprendentemente escupe la boca de la estación cada hora, ni el bullicio que por algunas calles se observa, pueden romper la magia casi sobrenatural de esta ciudad. Esa sensación de paz, de tranquilidad, de sosiego, de belleza cansada que transmite Brujas; ese toque de nostalgia, de melancolía que tantas veces nos hace saborear y darle más valor a los pequeños detalles, como sentarse en un pequeño rinconcito para beber un refresco o tomar un gofre, simplemente mirando las paredes adoquinadas de sus edificios medievales, o como simplemente colocarte sobre uno de esos pequeños puentes de piedra, tan perfectamente imperfectos, apoyando los codos sobre su baranda, y perder la vista en las aguas mansas del canal que pasan por debajo, dejando que todos los sentidos fluyan por dentro de ti: el olor de los tilos en tu olfato, el color sepia de sus calles en tus ojos, el suave murmullo de las barcas deslizándose por el canal en tus oídos; el sabor del dulce chocolate belga en tus labios; o el tacto húmedo y fresco de las enmohecidas piedras del propio puente...

Y finalmente, la explosión de luz y de color, de sonidos, de gusto, de deleite al llegar a esa maravillosa plaza: la Markt.

Esta plaza es el corazón de la ciudad. En su centro se alza el monumento a Jan de Breydel y Pieter de Coninck. Los edificios que la rodean enmarcan la joya que representa la gran torre de los Hallen. Si uno de los lados de la plaza está ocupado casi enteramente por cafés y casas de los siglos XVI-XVII, en otro se encuentra el Palacio de la Provincia, edificio neogótico contruido a finales del siglo XIX. En el lado sur, se levanta el edificio de los Hallen, emblema de la ciudad por su torre desde el año 1248.

Desde la plaza Markt podemos llegar a la Burg, la segunda plaza más importante de Brujas, por una pequeña calleja, la Breidelstraat. En ella se encuentran el Palacio de Justicia (1727) y el Ayuntamiento (año 1420), de estilo gótico y el más antiguo de Bélgica. En los otros dos lados de la plaza se encuentran la Probostía, palacio barroco del año 1662, y los restos de una iglesia carolingia del siglo IX.

Entrando a la plaza desde la calle Breidelstraat, veréis que en el lado derecho, debajo del Palacio de la Cancillería hay un pequeño arco abovedado por el que se entra la corta y preciosa calle del Asno Ciego, que pasea entre canales. Al otro lado del pequeño puentecito está el mercado de pescado del año 1821. Cruzad el puente y alcanzad el mercado, y a partir de ahí, perderos sin destino por la Orilla de los Marineros... empapáos de cada rincón y recoveco que os iréis encontrando, a cada cual más bonito, pues se trata de pequeñas callejas y puentes que van dando curvas y esquinas, dando la impresión con cada vuelta de que tenéis un nuevo cuadro pleno de arte que plasmar en vuestra cámara. Allí, entre la Orilla de los Marineros, y el Gronerei (la Orilla Verde) hay varios restaurantes y cervecerías donde tomar algo con unas vistas, sencillamente, maravillosas. De hecho, las principales fotos que vosotros podáis recordar haber visto de Brujas, están tomadas desde el Gronerei, quizás el rincón más bello de la ciudad.

Desde este rincón conectaréis con el Dijvers, sitio que ya os comenté a su paso de las tropas por esta calle.

Sólo dos rincones más precisos de nombrar: la Catedral, situada en la Steen Straat. Es la primera iglesia gótica en ladrillo que se construyó en Bélgica, entre los siglos XIII y XIV. Destaca su maciza torre románica, que le confiere un aspecto de fortaleza.

Y ya, en los alrededores de Brujas, destacaría el encantador pueblo de Damme a 7 km, al que se llega por un bellísimo paseo arbolado a lo largo de un canal en cuyas riberas podremos descubrir molinos escondidos entre los árboles.

-------- La llegada a la ciudad ------

Como os he comentado en otras opiniones, moverse en Bélgica es realmente fácil si lo haces en tren. La distancia entre Bruselas y Brujas es de tan sólo 100 kms. Menos de una hora en tren. Además, hay trenes a Brujas cada 50 minutos, aproximadamente. Si pro el contrario, vas por carretera, tras salir de Bruselas, sólo tienes que coger la A10 durante unos 85 kms. hasta llegar a Brujas.

------------ Comer en Brujas --------------

Durante el recorrido os he dicho de un par de zonas donde comer. A lo largo del Dijvers, y sobre todo, en la zona del Gronerei, gozaréis de una buena comida romántica. Como en el resto de Bélgica, es muy típico aquí lo de la olla de mejillones con patatas fritas. Eso sí, al ser el sitio más turístico, quizás os cueste más caro, pero las vistas y la situación bien merecen la pena.

En la Markt, en la gran plaza central, más que restaurantes (para eso ya os digo, iros al sitio anterior), os recomiendo a aquéllos que anden más justitos de dinero, los sitios de comida rápida, pues en esta plaza, hay cadenas de hamburgueserías y de pizzerías. También veréis que a los pies de la torre Hallen hay algo que es muy típico de la ciudad y que incluso lo mencionan en algunas guías turísticas. Son dos pequeños camiones, en los que os sirven las clásicas salchichas y otras comidas típicas belgas de ese corte... no dejéis en alguna ocasión, de pediros allí una salchicha con una cervecita y sentaros en un escalón a disfrutar del ambiente de la plaza...

Por último, mencionaros que en un pequeña calle que sale de la Markt, en la calle St. Jakoobs Straat, casi al principio, hay un pequeño restaurante donde degustar una exquisita fondue de queso. A mediación de esa misma calle, a mano izquierda hay otra también muy típica y agradable.

------------ Recomendaciones -----------

Ya os he dado unas cuantas, pero permitidme una más: alquilad una bicicleta y daros un buen paseo por la ciudad. No tendréis problemas de tráfico, porque apenas pasan coches por el centro, y por otro lado, hay otra zona muy agradable para ir en bicicleta que es el camino que lleva a Damme, entre árboles, canales y molinos. Es realmente precioso, y aunque se pueda hacer en un barquito, creo que es aún más relajante hacerlo en bici.

Tampoco dejéis de probar el chocolate; hay montones de chocolaterías, pero sobre todo, a lo largo del Dijvers, hay puestecitos ambulantes que te venden el chocolate al peso; chocolate de todas clases y colores... y por supuesto, los riquísimos gofres.. exquisitos... yo en España no los he probado igual... Eso sí, tened en cuenta que Brujas de noche, no existe. Es como pasear por un ciudad de hace siglos, sin vida, sin un ruido, con los pocos turistas que se atreven a echarse a ssu calles para sacar impresionantes fotos de una ciudad entre luces y penumbras....

------------ Y para acabar -----------

Perdonadme la licencia de haber escrito una historia sobre los tercios de Flandes, pues si bien las fechas y los hechos históricos coinciden, el resto, personajes y la batalla son ficción y producto de mi imaginación (que diría el mago ese).

Y es que aquellos relatos de mi abuelo me abrazaban el corazón cada noche, y embellecían cada uno de mis sueños. Y un sueño es el pasear por Brujas.

El próximo día Gante.


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Comentarios sobre esta opinión
forestalx

forestalx

16.02.2008 19:02

Preciosa opinión. Espero que me sea útil en mi viaje a Bélgica.

ITACA213

ITACA213

02.02.2008 00:10

cómo puede ser que no haya leido antes esta opinión? sencillamente maravillosa, como todas las que nos regalabas. Cuánto te echo de menos thort, espero que algún día vuelvas. Quiero recorrerme Bélgica y Holanda en mayo y tu opinión me ha enamorado, te juro que me la imprimiré y me la llevaré hasta allí, con la historia de los tercios de Flandes incluida

Nita_

Nita_

11.10.2007 19:51

Una explicacion excepcional, he estado en brujas y me lo has recordado, genial .... gcs

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