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Brujas no parece Bélgica. No se parece en la suciedad de las otras ciudades, en la masificación, en la antipatía de sus gentes. Brujas es todo lo contrario, tranquila, bella, silenciosa, relajante, limpia, hospitalaria.
Además es una ciudad pequeñita que puedes recorrer tranquilamente a pie y no puede faltar una pseo en barco por sus alucinantes cnales, que te llevaran por la calles y recodos más sorprendentes e insospechados.
La plaza del Mercado, punto de partida de brujas, es espectacular, gigantesca en comparación con el pequeño tamaño del resto, y con unas torres en forma de aguja espectaculares y de cuento de hadas.
Todas las fachadas son bellísimas, y la altura de los edificios es muy pequeña, por lo que no hay edificios altos, siendo un gran acierto en la construcción de la ciudad. además hay pocos coches en el centro y se puede pasear tranquilamente, comer en alguno de sus numerosos restauranytes o pizzerias y después descansar en el Parque del Amor, un lugar pequeñito pero encantador y entrañable.
Brujas es por méritos propios, la gran pequeña ciudad de Bélgica y en la que paseando por sus calles te remontas a siglos atrás, siendo un oasis entre tanta ciudad contaminada y masificada.