budapest: una maravilla
16.01.2006
Ventajas:
muchas y variadas
Desventajas:
est aalgo descuidada
Recomendable:
Sí
 AntonioMAYA
Sobre mí:
usuario desde:10.05.2005
Opiniones:37
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De las tres capitales del Danubio, esta parece la mas real, no como Viena que parece de plástico. He estado varias veces por trabajo, pero siempre intentando conocer un poco la ciudad. Este es un resumen de mis viajes que os pueden ayudar si podeis ir de forma mas ó menos "libre": Budapest fascina por su diversidad arquitectónica y las influencias que han ido modelando su identidad magiar a lo largo de los siglos, entre ellas las ejercidas por el imperio austrohúngaro y la presencia otomana. La capital de Hungría combina a la perfección el goce artístico con el placer de la buena mesa o el ritual del baño, auténtica filosofía de vida. Lo primero que llama la atención es el contraste entre la topografía de cada una de las dos orillas. A un lado se extiende Buda, altiva sobre su colina, con su iglesia Mátyás y su palacio real; al otro Pest, llana como la puszta, la gran llanura húngara, con sus grandes y concurridas avenidas jalonadas de edificios grandiosos y cafés literarios. Entre ambas corren las aguas pardas del Danubio, cruzado por numerosos puentes metálicos. Teatral como un retablo barroco, hechicera como un palacio de las mil y una noches, Budapest capta inmediatamente la atención y promete una estancia llena de momentos inolvidables. De camino hacia el hotel voy reconociendo sucesivamente el puente de las Cadenas (Lánchíd), guardado desde 1849 por sus leones de piedra, el enorme Parlamento neogótico (copia de Westminster), el palacio Gresham (obra maestra del estilo Secesión -nombre dado al modernismo austrohúngaro- convertido en hotel de lujo de la cadena Four Season) y la isla Marguerita (Margit-sziget, lugar de recogimiento místico durante la Edad Media y hoy parque monopolizado por los adeptos al fitness) Al caer la noche toda la ciudad y sus principales monumentos se iluminan, confirmando el embrujo de la perla del Danubio...
Buda Várnegyed, el barrio del castillo Me encuentro por fin en Buda, en la montaña del castillo (Várhegy), a unos 50 m por encima del Danubio. Pese a ser uno de los lugares más turísticos de Budapest, el barrio del castillo no ha perdido nada de su encanto: en un perímetro reducido se levantan el palacio real, iglesias, museos y numerosas casas barrocas con fachadas decoradas con medallones y amorcillos y patios con pozos. El programa de visitas puede ocuparme todo el día, pero para descansar ya cuento con hacer un alto en la pastelería Ruszwurm. El palacio real (Budavári palota) Al parecer fue en esta pequeña plataforma ceñida de murallas donde empezó todo, o casi. Corría el s. XIII cuando Bela IV mandó construir una fortaleza para poner freno a las invasiones mogolas. Hacia 1400, el emperador Segismundo levantó sobre su emplazamiento un castillo gótico. Éste fue ampliado y embellecido en 1458 por el preclaro rey Matías I Corvino, brillante soberano, hombre de letras y humanista. Destruido y reconstruido, el castillo transformado en palacio real (Budavári palota) fue remodelado una y otra vez por sus sucesores, en particular por los Habsburgo, hasta convertirse en un conglomerado de formas y estilos. Seriamente dañado durante el asedio de Budapest (1944-45), fue restaurado según los planos del palacio de 1905. La verja de hierro forjado (Várpalota kapuja), decorada con motivos florales y el monograma de Francisco José, es una auténtica obra maestra, un delicado encaje en metal firmado por el herrero Gyula Jungfer. Desde el pilar izquierdo una enorme rapaz de bronce con las alas desplegadas parece amenazar Pest con su pico afilado: se trata del Turul, el pájaro totémico de los magiares paganos. Otro elemento digno de admiración es la fuente monumental en bronce del rey Matías, obra del escultor Alajos Stróbl (1904). En ella vemos al monarca en una escena de amor y caza en compañía de la bella Elena, hija del cazador de la que cayó enamorado. En el interior del palacio nos esperan varios museos, entre ellos el Museo de Historia de Budapest (Budapesti Történeti Múzeum), y, sobre todo, la Galería Nacional húngara (Nemzeti Galéria). Yo he dado prioridad a ésta última para familiarizarme con la historia de la pintura húngara, que arranca con una magnífica serie de retablos góticos. Al igual que sus colegas de Europa occidental, los pintores húngaros del s. XIX exploraron los caminos del realismo (ilustrado por el gran Mihály Munkácsy) y del naturalismo. Éste en un estilo que recuerda más a la escuela de Barbizon que al impresionismo A pesar de todo, el plato fuerte del museo sigue siendo la pintura del autodidacta Csontváry, un antiguo farmacéutico cuya obra se impone a la mirada por sus colores psicodélicos.
El barrio del castillo Blanca e inmaculada, la iglesia Matías (Mátyás Templom) puede llegar a parecer a algunos un auténtico delirio neogótico. El templo sin embargo está cargado de historia y ha sido testigo de momentos como la coronación de Francisco José I y su esposa Sissi, ceremonia para la que Franz Liszt escribió y dirigió una misa. Los puristas no verán quizá más que pastiche y kitsch. Con todo, las vidrieras y frescos de los dos decoradores, Bertalan Székely y Károly Lotz, combinan con acierto modernismo, tradiciones populares húngaras e influencias orientales en un gesto creativo que reivindica alto y fuerte la originalidad del gusto húngaro. A la salida, los amantes de las grandes panorámicas acudirán hasta el bastión de los pescadores (Halászbástya), un conjunto formado por murallas y siete torreones que simbolizan las siete tribus magiares. Erigida como tantos otros edificios de Budapest para celebrar el milenario de Hungría en 1896, esta fortaleza neogótica de cuento de hadas brinda unas vistas del Danubio y de Pest memorables. Todo el barrio merece en verdad que nos perdamos por él. Un paseo por las calles Táncsisc Mihály, Tárnok, Országház, Úri y Fortuna nos hará descubrir fachadas barrocas, elementos góticos (como las hornacinas situadas bajo los porches y destinadas al descanso de los cocheros) y fachadas en bellos ocres y verdes restauradas recientemente. Del lado de Pest Cambio radical de decorado... Llegamos a Pest, a sus grandes avenidas (como Andrássy ut), a su despliegue de arquitectura ecléctica, a sus monumentos pomposos y a sus cafés, algunos de los cuales le dieron gloria intelectual y artística en los albores del s. XX. Plaza Vörösmarty y calle Váci La plaza Vörösmarty, situada en pleno corazón del barrio peatonal, es uno de los lugares de paso obligado de la ciudad de Pest: por ella pasamos una y otra vez al igual que los habitantes que van y vienen con los brazos cargados de paquetes. Al fondo, la tienda de ropa Luxus, instalada en un edificio de 1911 construido por los arquitectos Kálman Giergl y Flóris Korb, es una curiosidad por derecho propio: referencia absoluta de la moda de lujo durante el socialismo, hoy la tienda se apaga lentamente bajo la dictadura que imponen las marcas de la globalización. En frente, el salón de té Gerbeaud encarna desde hace más de un siglo las excelencias de la repostería de Europa Central. Algunos de sus productos llegan, increíble pero cierto, hasta Palermo. La calle Váci es una arteria peatonal repleta de tiendas. Basta con levantar la mirada y explorar las calles adyacentes (como las de Párizsi, Haris köz y Kígyó) para descubrir edificios modernistas (entre ellos un ejemplo raro de Jugendstil bruselense), fachadas decoradas con cerámica y hasta una tienda decorada con raíz de nogal (20, rue Petőfi Sándor). Justo al lado, la tienda Rózsavölgyi és Társa, propone a los músicos unas partituras magníficamente editadas y a precios asequibles. Unas obras que hacen honor a la ciudad de Béla Bartók, Zoltán Kodály y Franz Liszt. Al final de la calle Váci surge un edificio monumental, todo de ladrillo rojo, coronado de torres neogóticas y con el tejado cubierto de tejas de cerámica... Algo así como una gigantesca estación de tren típica de la arquitectura industrial del s. XIX. Se trata en realidad del mercado central (Vásárcsarnok), del arquitecto Samu Petz, cuyo interior es una inmensa nave metálica bajo la cual proliferan puestos de frutas, verduras y charcutería. De visita obligada en todo paseo por Pest. Andrássy ut, los Campos Elíseos de Budapest Esta avenida rectilínea de 2,5 km de largo, inspirada en el urbanismo parisino del barón Haussmann, alcanzó su apogeo en tiempos de la doble monarquía austrohúngara. Desde la caída del comunismo sus palacetes y edificios eclécticos van recuperando el esplendor de antaño. Reconocible por su enorme porche en saledizo, la Ópera nacional (Magyar Állami Operaház) es la obra maestra de Miklós Ybl y merece una consideración aparte entre los edificios levantados con motivo del milenario. Su decoración interior es una maravilla, sobre todo su escalera de honor de mármol con doble rampa y su techo de artesones decorados con pinturas de tema mitológico. Más adelante, la avenida corta Nagymező utca, conocida a principios del s. XX como el Broadway de Pest gracias a sus numerosos cabarets y a su vida nocturna comparable a la de Viena. Hoy todavía, algunos teatros como el Thália o el Teatro de la Opereta mantienen viva la tradición. Andrássy út desemboca luego en dos plazas: por un lado Jókai tér, con la estatua del escritor romántico Mór Jókai; por el otro, Liszt Ferenc tér puerta de un barrio joven y animado donde se suceden bares y restaurantes a la moda como el Menza. La Academia de música Franz Liszt (Liszt Ferenc Zeneakadémia), construida entre 1904 y 1907 por Kálmán Giergl y Flóris Korb, destaca sobre todo por su decoración interior de estilo Secesión: un despliegue de negro, cobres y bronces que se ha mantenido inalterado desde entonces. Es el eminente pianista y director de orquesta Zoltán Kocsis quien reina en la programación de las dos salas de conciertos, con un aforo para 1.200 y 400 espectadores respectivamente. La plaza de los Héroes (Hősök Tere) Esta plaza monumental obra del arquitecto Albert Schickedanz, flanqueada por dos museos inspirados en los templos griegos, no deja de tener su gracia En el centro se alza el monumento del Milenario que conmemora los mil años de la conquista magiar: la columna de 36 m sostiene la imagen del arcángel Gabriel de pie sobre un globo y blandiendo la corona húngara y la cruz apostólica. El imponente grupo escultórico del pedestal está formado por siete temibles mocetones con bigotes de vikingo, representación de las siete tribus míticas conducidas hasta la victoria por el príncipe Magyar Árpád. Detrás, la columnata coronada de alegorías esculpidas alberga las estatuas de las grandes glorias húngaras, de san Esteban a Lajos Kossuth, héroe de la revolución de 1848-1849. El 16 de junio de 1989, la plaza de los Héroes fue escenario de una ceremonia en honor de Imre Nagy y sus compañeros, ejecutados en 1958 tras la intervención soviética. El museo de Bellas Artes (Szépművészeti Múzeum) De los dos museos que se encuentran en la plaza, nosotros hemos optado por el de Bellas Artes. Edificado también para celebrar el Milenario, este colosal edificio neoclásico alberga auténticos tesoros del arte europeo, en concreto las colecciones adquiridas en el s. XIX por el príncipe Esterházy y el arzobispo húngaro Pyrker, que fue también patriarca de Venecia. La pintura italiana está magníficamente representada por obras de las escuelas de Venecia, Florencia y Urbino que abarcan desde los inicios del Renacimiento hasta el Barroco. Pero son sobre todo las obras de la escuela española las que pone de manifiesto el talento del príncipe Esterházy y de otro coleccionista, Marcell Nemes, dos hombres que se interesaron por la obra de El Greco, Velázquez, Zurbarán y Goya cuando más devaluadas estaban en el mercado del arte. Desde la apertura en 2003 de la exposición "Monet y sus amigos", que ha atraído a más 300.000 visitantes, los habitantes de Budapest se vuelven locos por las exposiciones temporales y esperan con impaciencia la próxima, que en esta ocasión estará dedicada al arte español y abrirá en enero. Los baños Széchenyi Los baños Széchenyi (Széchenyi Gyógyfürdő), los más concurridos de la capital, se encuentran a cinco minutos a pie del museo de Bellas Artes. Este palacete neobarroco construido en la primera década del s. XX para aprovechar una fuente termal a 75oC, la más caliente de Budapest, alza su fachada amarillo mostaza como un monumento al arte del baño. Este ritual que combina higiene y relajación, se lleva a cabo entre los diferentes baños termales interiores, la gran piscina al aire libre a 27oC (de 50 m de largo) y otras dos piscinas exteriores semicirculares (climatizadas a 34 y 38oC) donde se dan cita los famosos jugadores de ajedrez. El invierno, cuando los jirones de bruma parecen acariciar la superficie de las aguas cálidas, es el mejor momento para disfrutar de esta antecámara del paraíso...
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17.01.2006 00:28
Completísima opinión, merecedora del excepcional. Saludos!
17.01.2006 00:05
me voy a ahorrar días de leer guias y podré aprovecha la escapda a tope
16.01.2006 16:48
Me encantaría poder visitarla en alguna ocasión. Estoy segura que no me defraudaría. Un saludo.