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Aún se me ponen los pelos de punta cuando recuerdo esta peli. Fui a verla con algo de prevención, pensando que sería un rollete (Wim Wenders, documental... ¡buf!), pero salí entusiasmado de verdad.
Tal vez sea la fuerza de La Habana, de la música cubana, de la vitalidad de ese grupo de músicos con edades entre los 65 y los 92 años, que hace que da igual cómo filmes. O es posible que Wim Wenders haya sido capaz de captar todo eso y mostrarlo de forma brillante. Lo cierto es que ver a esa gente, cómo disfruta con su música, con su vida, me llegó a emocionar. Y los conciertos, para qué contarlo... ¡quién hubiera podido ir a uno de ellos!
Lo único que desentona en la película es, paradójicamente, quien la hizo posible: Ry Cooder. Aparece en los conciertos de el grupo de soneros tocando la guitarra con un estilo entre 'París, Texas' y la música hawaiana de las películas de los sesenta. Sin embargo, se le puede perdonar por haber hecho posible que 'Buena Vista Social Club', el disco y la película, hayan visto la luz.
Recomendada para amantes del son cubano, esa mezcla de canción popular y jazz del bueno, que no la salsa y merengue que ponen en los pubs caribeños.