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Café Marco Polo, Quartier Europe, París

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Cenando en París

5  18.11.2011

Ventajas:
Bien situado y con precios "pagables"

Desventajas:
El menú del día puede salir caro

Recomendable: Sí 

MorenoSister

Sobre mí: Bastante ausente: demasiadas horas fuera de casa, me temo. Y la astenia primaveral en todo su apogeo...

usuario desde:27.02.2007

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Cuando contraté nuestra semana santa en París, intenté por todos los medios conseguir un avión que llegase a la capital francesa el miércoles a medio día o primera hora de la tarde. Pero ni modo, que dicen los mexicanos. O a las siete de la mañana (imposible, por el trabajo) o a las ocho de la tarde. Así que me decidí por éste y así el jueves, desde tempranito, ya podríamos estar en la calle prestos a patear la ciudad.

Nuestro vuelo llegaba a París a las nueve y media de la noche y después había que contar con el tiempo que tardasen en salir las maletas y el de traslado hasta el hotel (que había contratado desde Madrid por un suplemento no demasiado bandolero). Lo de las maletas fue un horror, porque a partir de las nueve el aeropuerto de Orly reduce sus empleados para estos menesteres a sólo cuatro personas, según nos informaron allí. Al final salimos del aeropuerto a las diez y cuarto pasadas en un monovolumen muy chulo para nosotros cuatro solitos, pero yo ya iba pensando en dónde demonios iba a llevar a mi familia a cenar esa noche. Los horarios franceses son muy diferentes a los nuestros y, aunque París es una ciudad con mucha vida nocturna, me preocupaba no encontrar algún sitio que todavía diese cenas a las once y pico.

Por suerte nuestro hotel estaba muy céntrico, justo al lado de la Gàre Saint Lazàre, cerca de la plaza de la Opera y de los grandes boulevares, lo que facilitaba la labor de búsqueda de algún lugar para cenar, porque mis hijos andaban ya que se comían las maletas. El encargado de la recepción nos recomendó este restaurante, el Café Marco Polo, que estaba apenas a cinco minutos a pie y en el que servían pizzas y pasta, sobre todo. Además no cerraban hasta la una de la mañana. En efecto, bajando un poquito por la rue d’Amsterdam, dónde estaba el hotel, llegamos a la la rue Saint Lazàre, que la cruza. Y a la derecha, enfrente, encontramos el Marco Polo.

A mis hijos y a mi costilla les llamó la atención la terraza cubierta que había sobre la acera, con sus mesas dispuestas y habilitada para los fumadores. A pesar de la hora, había aún bastante gente cenando y el restaurante, a primera vista, nos pareció muy acogedor. Quizá era porque se veía mucha madera en la decoración y las luces estaban muy bien dirigidas. Colores oscuros y elegantes en paredes y muebles y manteles blanquísimos hacían un contraste precioso. Cuando entramos, el camarero nos acomodó enseguida y nos avisó de que ya no quedaban pizzas en el menú porque se había acabado la masa, pero que de lo demás podíamos elegir lo que quisiéramos.

DENTRO DEL MARCO POLO

Si algo sorprende de este restaurante es la distribución de las mesas. El interior es amplio y está dividido en varias zonas: la primera es la terraza exterior, acristalada, que recuerda un poco a los cafés

Fotos de Café Marco Polo, Quartier Europe, París
Café Marco Polo, Quartier Europe, París Fachada desde la otra acera
Fachada desde la otra acera
de Campos Elíseos y que son una opción estupenda para tomar algo en la calle, disfrutando de las vistas, pero sin estar en la calle. Allí llueve más que aquí, por eso las terrazas acristaladas abundan mucho en París. Cuando atraviesas la puerta principal, a la derecha se abre el primer ambiente con mesas más amplias tanto redondas como cuadradas. Hay alguna mesa de cuatro comensales, pero en general son para seis o más. Caminando hacia la barra, que está de frente y a la izquierda, encontramos la segunda zona, circundada con una barandilla baja de madera, que tiene, sobre todo, mesas para dos, tres y cuatro comensales. Y finalmente, al fondo del todo, pasada la barra, se abre una sala con mesas redondas no demasiado grandes.

La primera noche nos acomodaron en la segunda zona, la de la barandilla. Estuvimos muy cómodos y el camarero, al percatarse de que sólo yo hablaba francés, trataba de comunicarse con mis hijos en un español precario pero con muy buena voluntad. Incluso les trajo un platito con un par de trozos de paté para untar y tostas calientes para que fuesen comiendo algo, ya que las lasañas que habían pedido iban a tardar un poco. Como os digo, un trato estupendo y muy profesional.

La barra tiene las estanterías de detrás de cristal, con luces verdes y azules cayendo desde arriba que les da un aspecto diferente a las botellas y a las copas de combinados y cócteles que tienen allí preparadas. Había clientes que simplemente estaban sentados en la barra bebiendo algo y picando un poco de queso. Tienen una tele de plasma bastante grande a la izquierda de la barra, pero está silenciada, cosa muy de agradecer. No hay nada que deteste más que sentarme a comer o a cenar y que me atruenen con el fútbol o el Sálvame de las narices. Tampoco había hilo musical. El ambiente, en todo momento, muy agradable, tranquilo, casi relajado.

UNA CARTA PARA TODOS LOS PÚBLICOS

La carta de Marco Polo es realmente amplia. Hay una buena selección de entrantes fríos para picar un poco como platos de jamón del país (que no es serrano, no nos llevemos a engaño), Salchichón de Cantal, patés con tostas, tomatitos cherry con mozzarella o salmón ahumado también con tostas. Si queremos algo caliente para entonarnos podemos tomar una sopa gratinada de cebolla que olía espectacular (la pidieron en la mesa de al lado y se me hacía la boca agua) o los famosos caracoles (escargots) gigantes a la Bourgogne. O algo más fresco, por ejemplo eligiendo entre su buena selección de ensaladas de todo tipo: la César, la de queso de cabra, con piña y soja, con huevo, atún, arroz, tomate y anchoas (la famosa “salade niÇoise)... Si quieres, también puedes pedir una tabla de quesos, patés o embutido diverso con sus panecillos de diferentes tipos para acompañar.

En la parte de carnes ofrecen mucha variedad, desde pollo asado con guarnición hasta cordero a la brasa, steak tartare, escalopes de todo tipo y con mucha variedad de acompañamientos, entrecôte y hasta choucroute. Lo más gracioso es que dentro del apartado de la carta destinada a las carnes aparece la “Paella Maison” (paella de la casa) que lleva pollo, carne de cerdo, calamares, gambas, pimiento rojo, guisantes y... ¡¡chorizo!!. Lo del chorizo en las paellas francesas es un clásico, hasta mi amiga Silvye estaba convencida de que era un ingrediente fundamental, hasta que le preparé una en su casa y le dije que el chorizo, como mucho, en el aperitivo y con un vinito o unas cervezas. Pero doy fe de que hasta en los libros de recetas franceses aparece el chorizo como ingrediente.

Se pueden pedir hamburguesas, hay tres o cuatro tipos, que, si vas con niños te sacan de un apuro rapidito. Como mis hijos ya son más mayores no se fijan tanto en ellas. De hecho mi hijo mayor prefiere un chuletón con patatas fritas y dejarse de hamburguesas y zarandajas. Pescados y mariscos también sirven, especialmente mejillones y salmón en diferentes recetas. Los mejillones tenían éxito, porque vimos varias mesas con la consabida torre de cáscaras. Me sorprendió, porque pensaba que el típico plato de “Moules avec frites” (mejillones al vapor con patatas fritas) se comía principalmente en Bretaña. Pero no, aquí también lo tenían como plato estrella.

Es de la sección de pastas y pizzas de la que más puedo hablar, porque las dos cenas que hicimos en el Marco Polo (el día que llegamos y la víspera de nuestra partida) se basaron sobre todo en ellas. La primera noche, como os decía antes, no pudimos probar las pizzas porque ya no les quedaba masa. Las hacen caseras y con un tamaño espectacular. Para una sola persona es casi excesivo, por eso la segunda vez pedimos dos a compartir junto con la pasta. Tienen un plato que recomiendo muchísimo: la pasta de tres tipos a los tres quesos gratinados, que está riquísima. Si no la quieres con tanto queso, ofrecen ese mismo plato con pequeños trocitos de salmón y salsa de albahaca que me dejó impactada por su sabor. Si prefieres algo más clásico, tienen espaghetti, macarrones o tortelinis para los que puedes pedir salsa carbonara, boloñesa o napolitana a tu elección. Y sirven también unas lasañas individuales en cazuelita de barro muy sabrosas.

En los postres, aparte de la correspondiente selección de quesos, tan habitual en las mesas francesas, hay varias tartas, dulces, helados y crêpes. Os recomiendo la Tarta Tatin, una de mis preferidas, que la ofrecen con helado de vainilla y está de chuparse los dedos.

A mediodía ofrecen menú del día, con varios precios a elegir en función de lo que quieras comer y que va desde los 13 euros, más o menos. También disponen de un menú de niños por 11,90 euros muy completo. Por las mañanas, desde las siete, sirven desayunos.

Las dos noches que cenamos allí los cuatro la cuenta rondó a los 90 euros, incluyendo la bebida y los postres, lo que, siendo París y la zona en la que estábamos, no me parece demasiado caro. Incluso la primera noche me vendieron una botella de agua para llevar al hotel, a pesar de que no era algo habitual porque son de cristal.

El servicio, impecable y las raciones de los platos francamente abundantes. Los camareros son muy amables sin llegar a ser empalagosos, sin meter prisa para vaciar la mesa y avisándote si algún plato se va a retrasar un poquito. Como todo lo hacen ellos justo cuando se le pide a la cocina (lasañas y pastas incluidas) no te lo traen a todo correr, pero merece la pena sentarse a disfrutar de una buena cena sin prisa.

DIRECCIÓN, TRANSPORTE Y ESAS COSAS

El Café Restaurante Marco Polo del os hablo (hay otro del que ahora os doy detalles) está en el número 121 de la rue Saint Lazàre, enfrente del hotel Concorde Opera París . El metro más cercano es el de ese mismo nombre (Saint Lazàre), a unos cien metros del restaurante, aunque también hay otra estación próxima que es la de Saint Augustin, para la que hay que caminar un poquito más. Incluso podéis llegar paseando desde la Plaza de la Opera subiendo por la rue Auber hasta dar con la rue Saint Lazàre que la cruza. Como no he ido en coche, desconozco si hay algún parking cerca al que acudir, porque al ser una zona tan céntrica, aparcar es bastante complicado.

Saliendo del hotel, si caminamos hacia la izquierda apenas cincuenta metros, encontramos la Plaza Gabriel Péri, en la que paran varias líneas de autobús que van al centro o a lugares tan visitados como Notre Dame o el Louvre.

Hay otro Restaurante Marco Polo en la Avenue du Trône, números 8 y 10, muy cerca del metro Nation. En apariencia es mucho más elegante, tiene una decoración más “chic” y es bastante más grande que el de Saint Lazàre, ya que cuenta con salones en el piso superior. A lo mejor es impresión mía, pero me pareció más moderno. Por lo que pude ver, la carta es la misma y mantienen los mismos precios, aunque está más alejado del centro. Realmente está más próximo al famoso cementerio de Père Lachaise que de ningún otro monumento conocido.

¿CENAMOS?

París es terriblemente caro en restaurantes, cafés, heladerías y hasta en perritos calientes. He llegado a pagar 36 euros en la rue Rivoli, muy cerca del Louvre, por dos cafés con crema y dos refrescos, así que con eso ya te curas de espanto. Pero el Café Marco Polo me parece una opción muy buena para comer o cenar con un precio más o menos ajustado y con una calidad estupenda. Además, como señalaba anteriormente, las raciones que ponen son generosas y nunca te levantas de la mesa con hambre. Es céntrico, fácil de encontrar y abren de 7 de la mañana hasta la 1 de la madrugada, con lo que en cualquier momento puedes comer algo sea la hora que sea. Os lo recomiendo para vuestras visitas a París, incluso si vais en pareja, porque puede hasta resultar romántico. Veréis como os gusta.




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Comentarios sobre esta opinión
PATUCA222

PATUCA222

13.02.2012 10:42

tengo familia alli, sera la opcion cuando vuelva a visitarlos¡¡

cuchufleta

cuchufleta

12.02.2012 21:20

¡¡¡¡que envidia¡¡¡¡

cofergil

cofergil

28.12.2011 17:46

Nunca es tarde, Dios mio que atraso con algunas opiniones. Dan ganas de hacer un viaje a París solo para ir a comer o cenar allí, bueno, es un decir. ¡¡¡OAJALA!!!!. Un beso

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