A punto de retirarse, sestea en su Valladolid natal, me imagino que mordiendose las uñas cada vez que se acuerde de lo que pudo haber sido. Le recuerdo de sus días en el Atlético, algunos ciertamente gloriosos, época en la que cuando se lo proponía alcanzaba un nivel de excelencia dificilmente igualable. El problema era la inconstancia, era un tipo que lo mismo hacía un partido que ya quisiera para sí la mejor estrella del futbol, como que hacía las mayores "cagadas" jamás vistas en un estadio de futbol. Un jugador eminentemente técnico, no excesivamente fuerte fisicamente, ni falta que le hacía, ya que cuando decidía utilizar ese potencial de ciencia se salía de madre y lograba pergeñar jugadas de una calidad excepcional.