Creciendo con Canal Sur. 5 momentos inolvidables

3  25.03.2004

Ventajas:
Recordar es volver a vivir .  .  .

Desventajas:
Juventud, divino tesoro, te vas para no volver .  .  .

Recomendable: Sí 

Detalles:

Calidad y consistencia de programas

Rango horario

Cantidad de avisos publicitarios

Más


Malevaje

Sobre mí: Malevaje has left the building

usuario desde:20.06.2002

Opiniones:41

Confianza conseguida:79

Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 71 miembros de Ciao

Es complicado juzgar a una cadena de televisión por los espacios que tiene actualmente en su programación. Del mismo modo que la vida de las personas atraviesa múltiples etapas, también las cadenas televisivas viven momentos diferentes. Si la televisión es pública, normalmente el cambio de partido político en el gobierno trae un cambio más o menos sensible tanto (obviamente) (y digo obviamente porque lamentablemente ya estamos acostumbrados) si la televisión es estatal como si es autonómica, convirtiéndose en televisión gubernamental en ambos casos.

En Andalucía, gobierna el mismo partido político desde la cada vez más lejana fundación de esta televisión, así que políticamente hablando la vida sigue igual. Sin embargo, claro que ha cambiado Canal Sur desde entonces, ¡y mucho! El ritmo de vida es diferente, los hábitos del consumidor han ido modificándose con los años. Y del mismo modo que esta cadena de Televisión ha ido creciendo y envejeciendo, también lo hemos hecho nosotros. Inspirado por la fiesta ochentera de Guinevere, que ha puesto de moda la nostalgia y los revivals en Ciao, me he decidido a dedicar el retorno de Malevaje a esta santa casa a rememorar cinco momentos inolvidables de la historia de Canal Sur. Una televisión que nació en los ochenta, una televisión con la que he crecido. ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? No lo creo, pero sí estoy seguro de que recordar es volver a vivir...


SAQUE BOLA, o “De Milikito a Emilio Aragón, segundo acto”


Y digo bien, segundo acto, ya que la primera vez que Emilio Aragón se quitó el traje de payaso del Gran Circo de TVE fue en un programa que se llamó “Ni en vivo ni en directo, también en la televisión nacional. En este programa fue donde se hizo famoso el famoso sketch de “Menos samba e mais traballar”, en el que el presidente de una república sudamericana arengaba desde el balcón a sus conciudadanos, a los que recriminaba su poca afición por el trabajo y su excesivo apego por la fiesta, mediante la frasecita de marras. Claro está, el sketch acababa con toda la plaza, palco presidencial incluido bailando al ritmo de la frase.

Pero ahí no quedó la cosa. Un Canal Sur al que aún no le habían salido los dientes ni había dado sus primeros pasos confió en Emilio Aragón para presentar el que llegó a convertirse en su primer programa estrella. Un concurso de chistes (anterior al que presentaron Bertín Osborne y Pepe Carroll en Antena 3, donde se dieron a conocer Paz Padilla y Chiquito de la Calzada) que se llamó “Saque Bola”.

“...Hola, hola, hola esto es.........” “¡¡¡Saque bola!!!”

Así abría el programa el bueno de Emilio Aragón. Un programa que era francamente malo, dicho sea de paso. Dos equipos se enfrentaban en diferentes fases utilizando como armas los ¿mejores? chistes de su repertorio. Un miembro de cada equipo elegía al azar en cada fase del programa una bola con un “tema” (policías, catetos, maestros, humor étnico, chistes verdes...), el cual tenían que desarrollar contando el mayor número de chistes que guardaran relación con el asunto. Al finalizar el tiempo, un jurado se encargaba de dar validez o no al repertorio, valorando la calidad de los chistes y la relación con el tema.

Al acabar el programa, creo recordar que se efectuaba una nueva extracción para conceder el premio en metálico al equipo ganador. Según saliera “bolín, bolo o bola”, el premio era menor o mayor. ¿Dónde se grababa este programa y cómo se podía acudir como concursante? Mandando una carta al “¿Sesenta y nueve? de San Juan de Aznalfarache, Sevilla”, grito de guerra a modo de apartado de Correos que era coreado por el público (escogido de la Andalucía profunda) a petición de Emilio Aragón antes de las pausas publicitarias.

En este programa se dio a conocer Mané, el difunto humorista con tupé postizo kilométrico. Acudió como concursante y algo debió ver Emilio Aragón en él, ya que se lo llevó para participar en las múltiples versiones del programa VIP durante los primeros años de Telecinco. Pocos fueron los chistes buenos que se contaron durante toda la historia del programa. Pero daba igual. Todos veíamos Saque Bola y lo que es peor, todos volvíamos a contar los chistes que habíamos escuchado la noche anterior en los recreos del colegio, para desesperación de los maestros.

CINE DE EVASIÓN o “Erotismo cutre para preadolescentes. La rebelión de la testosterona”


A finales de los 80, Malevaje sufrió los efectos de una
Fotos de Canal Sur
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Canal Sur Fotografía 12656 tb
Emilio Aragón. De Canal Sur a la historia de la filatelia
malvada hormona llamada testosterona. La muy puñetera no se conformó con arruinar sus estudios musicales, transformando en escasas semanas su voz de niño soprano solista del Conservatorio en émulo español de Barry White (Can’t get enough of your love, babe) (Y sé de buena tinta que Malevaje no se queja lo más mínimo de este cambio :P ) ¿por dónde iba? ¡Ah, sí!, que no sólo conformóse la testosterona con ello, sino que fue la responsable de otros muchos pequeños dramas diarios que hoy sólo se pueden mirar con una sonrisa, como el aprendizaje del manejo de la cuchilla de afeitar, el Gel Williams y la loción Floid. También esta hormona motivó un súbito interés por las niñas, acabando de atar el cabo que comenzó a quedar suelto años atrás con las turbadoras apariciones de Ana Alicia (Melissa), luciendo body en Falcon Crest.

Coincidiendo con esta pléyade de cambios, Canal Sur emitió un ciclo de películas más o menos eróticas (por entonces creía que más, hoy, muchísimo menos) los sábados por la noche en un ciclo que tituló “Cine de Evasión”. Huelga decir que este ciclo fue celebradísimo por todos los púberes y preadolescentes del barrio, que no sólo conformes con aceptar y disfrutar de la pecaminosa oportunidad que nos brindaba la televisión, comentábamos las jugadas más interesantes de la película de la semana durante los recreos a modo de “moviola”, eclipsando durante esa etapa de nuestras vidas las discusiones futbolísticas como eje de nuestros debates recreativos.

Claro está, a toro pasado esas películas muchísimo menos eróticas que festivas se recuerdan con sonrojo y no precisamente ajeno. Desde la filmografía entera de Álvaro Vitali y su serie “Jaimito” hasta la faceta más cutremente erótica de Jesús “Jess” Franco con su musa Lina Romay en la vanguardia y en la delantera, pasando por títulos tan vergonzantes de la caspa cañí como “La frígida y la viciosa”, “El fontanero, su mujer, y otras cosas del meter”, “La iniciación erótica de Stella” o “Los pornoaficionados”, donde actores secundarios y hasta terciarios más o menos conocidos (al menos nos suenan los nombres) como Emilio Linder (que por cierto fue el presentador que aportó TeleMadrid a ese concurso de grabaciones caseras coproducido por las Autonómicas que se llamó “Ole tus videos”) fingen jadeos, éxtasis y espasmos genitales varios para goce y por qué no decirlo, admiración y envidia de un grupo de preadolescentes.

Hay un tiempo para todas las cosas en la vida, un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para andar y otro tiempo para deshacer lo andado, dice el Eclesiastés. Y supongo que a los trece o catorce años, el tiempo que toca es precisamente ése, el erótico festivo mucho más festivo que erótico. Juventud, divino tesoro, te vas para no volver... ojalá pudieras hacerlo, pero que esas películas no vuelvan jamás, por favor.


LAS SERIES BRITÁNICAS, o “Mr. Bean en la Resistencia francesa, siempre y cuando el primer ministro diga sí, con la bendición del padre”


Si algo bueno tuvo Canal Sur en sus comienzos fueron las series que solían emitir a las nueve de la noche, a esa hora en la que ahora los niños se van con los Lunnis a la cama. Pues por entonces todos estábamos pendientes del televisor. Varias fueron las series que ocuparon a lo largo de los años esa franja horaria, de las que podemos elegir como más representativas a...

*) Alló, alló. ¡Qué gran serie! Ambientada en la Francia ocupada por los nazis, esta comedia narraba las aventuras y desventuras de René, el propietario de un café con múltiples preocupaciones. Por una parte, el negocio. Por otra parte, la Resistencia francesa y sus “encarguillos”, como por ejemplo, la repatriación de paracaidistas británicos. Añadamos el lógico deseo de agradar a los ocupantes nazis para poder conservar el pellejo, las aventuras extraconyugales con las camareras del café y sobre todo, las trolas que se inventaba para que su mujer no se diera cuenta (que por supuesto, sí que se daba cuenta).

*) Bendígame, padre. Las aventuras de dos sacerdotes, uno de edad más o menos avanzada, el padre Duddleswell, titular de la parroquia de San Judas, y otro mucho más joven que ocupa el puesto de coadjutor, el padre Boyd. No, no me estoy refiriendo a Andrés Pajares y Javier Cámara en “Ay, señor, señor”, no. Esta serie es muy anterior, ambientada en los años 50, los duros años de la posguerra londinense. Una amable comedia costumbrista, que a mí me llamó muchísimo la atención por el mero hecho de ver a dos curas en la tele protagonizando una serie de televisión. Y es que a esas edades, las catequesis todavía estaban muy presentes y esas cosas chocaban bastante.

*) Sí, señor ministro. Mucho antes de que “El Ala Oeste de la Casa Blanca” nos mostrara los entresijos del poder, la BBC produjo esta serie en la que un recién nombrado ministro británico (si era tory o laborista nunca se supo) llegaba con entusiasmo al poder, dispuesto a consagrar sus energías en la carrera política. Pero la burocracia, ay la burocracia con la que se chocaba de bruces pronto le hizo ver que todo era mucho más complicado de lo que parecía. Sumémosle a esta serie un buen número de colaboradores más o menos irritantes y un Sir imperturbable (Nigel Hawthorne), secretario personal del ministro, flemático, brillante, que en el fondo era el que tomaba las decisiones, ya que los ministros iban y venían, pero él permanecía en su puesto de responsabilidad y tenía una perspectiva mucho más amplia de los entresijos del poder.

*) Mr. Bean. Y como no, las andanzas de Rowan Atkinson , el hombre del traje gris que jamás habría imaginado Joaquín Sabina, también tuvieron su huequito en Canal Sur (y supongo que en todas las cadenas autonómicas). El desastre encarnado en persona, con su casa empapelada con las fotos de la Royal Family, su osito de peluche al que siempre hacía alguna trastada, su increíble colección de pijamas iguales, su edredón de naves espaciales y por qué no decirlo, su mala suerte. Un niño grande al que todo o casi todo le salía mal.


TAL COMO SOMOS, o “Apoteosis de la gastronomía típica”


Este programa que se emitía por las tardes se mantuvo en antena durante bastantes temporadas. En él, el cantante Tate Montoya hacía de anfitrión de un imaginario patio andaluz donde diariamente acudía como invitado un pueblo de Andalucía. Como mandan los cánones, allí estaban todas las autoridades del pueblo en primera fila. Las fuerzas vivas de la localidad eran entrevistadas por Tate Montoya: el alcalde, el industrial, el maestro... y ahora mismo no recuerdo pero seguro que también salía el cura.

Formaban el público los habitantes de mayor edad del pueblo (que es un modo elegante de decir que sólo iban los jubilados), que hacían de coro cuando el más “artista” de la localidad se arrancaba por algún cantecito o pieza folklórica tradicional. Como presencia joven normalmente la localidad aportaba una parejita de nenes, niño y niña, que se marcaba el bailecito típico. No podía faltar la entrevista a la señora costurera o tejedora, que hacía una demostración en directo y con gran maña de sus habilidades, acabando una pieza supongamos que de croché en el transcurso del programa, pieza que siempre acababa siendo regalada a Tate. Plaza de pueblo, jubilados, cante, baile y artesanía. Y porque el plató no tenía plaza de toros portátil, que si no... Sólo faltaba el bandolero para estar metidos de lleno en un libro de Washington Irving, con todos los tópicos andaluces conocidos allende los mares.

Pero el auténtico protagonista del programa no era ni su presentador estrella, Tate Montoya, ni los invitados del pueblo correspondiente, no. El más envidiado del programa era el copresentador, el “maestro” Luis Arenas.

Y es que Don Luis se encargaba de las cosas realmente importantes, esto es, de las cosas del comer y las cosas del beber más típicas del pueblo. Alrededor de una acogedora mesa camilla iba presentando uno a uno todo lo comestible y “bebestible” más significativo de la localidad, acompañado en cada ocasión por un oriundo del pueblo homenajeado, que explicaba la historia del plato, así como una breve receta para todo aquel que quisiera hacer el experimento en la cocina de su casa. Todo regado por los mejores vinos y licores de la región. Más o menos de este modo Tate Montoya daba paso a D. Luis. “Bueno, “maestro” Luis Arenas, qué es lo que vamos a comer ahora mismo?”, a lo que éste respondía con su voz tan particular: “Un potaje serrano con todos sus avíos, algo de chacina de la región y de postre, ¡ay! y de postre (decía con una emoción creciente y a punto de soltar una lagrimita) los típicos turroncillos de Malevaje de la Frontera (suponiendo que éste fuera el pueblo invitado), elaborados según una receta artesana cuyo origen se remonta nada más y nada menos que al Siglo XV. Y por supuesto, todo cocinado con aceite de oliva virgen y regado con vinos de la tierra”. Don Luis aguantaba como podía y con la explicación del lugareño acerca del origen y elaboración de todo lo allí dispuesto. Y una vez finalizada la entrevista gastronómica, ¡a comer se ha dicho! Cinco días a la semana durante varios años.

(Leyenda del programa: Don Luis engordó veinte o treinta kilos durante todos estos años... ahora hace penitencia en los campos de fútbol de nuestra Liga, siguiendo a los equipos andaluces)

Un programa típico con todos los tópicos de Andalucía. Pero a pesar de lo previsible que era, he llegado a echarlo de menos en las tardes de Canal Sur. Menos programas de Juan “pegamento” Y Medio. ¡Tal como somos, el regreso, Ya! ¡Casting para el puesto de Luis Arenas, también! ¿Dónde hay que llamar? :P


PLAZA ALTA o “El Falcon Crest andaluz”


Y los días fueron pasando y fueron acumulando semanas, y éstas a su vez meses, y éstos a su vez años... y poco a poco dejé de ser una persona respetable para echarme al barro, acabar los estudios del Instituto, sacarme una carrera tan inútil como cualquier otra, probar los doce trabajos no de Hércules, sino de Malevaje y cambiar mis aspiraciones crápulas por otras sensiblemente distintas. Siempre quise vivir del cuento, pero el cuento cambió. De niña a mujer. Y de adolescente relativamente imberbe a hombre relativamente adulto y adusto. El gusto es mío. Y en esa encrucijada me encontraba cuando apareció Plaza Alta, la primera telenovela andaluza de larga duración.

La historia de dos familias (los Ibáñez y los Montesinos) unidas por el vino y separadas por desavenencias irreconciliables, rencores crecientes con los años, conflictos empresariales y relaciones amorosas incomprendidas cual Montescos y Capuletos. Los actores procedían, en su inmensa mayoría, de los circuitos andaluces de teatro, siendo contados los rostros conocidos a nivel nacional. Haciendo un esfuerzo, podemos destacar a los dos principales protagonistas y a la sazón, antagonistas:

Aníbal Soto. El nombre es muy posible que no suene de nada, pero se trata del actor que intervino en las dos últimas temporadas de “Periodistas”, encarnando al nuevo subdirector del diario Crónica (pistas añadidas, tuvo una relación con Alicia Borrachero “Ana” y llevaba una moto BMW con “techo” (sé que soy muy rústico, si alguien sabe cómo se llama ese tipo de vehículo que me lo diga por favor).

Ángela Channing andalusian male version (también sé que no me sale tan bien intercalar locuciones inglesas como a Guinevere pero tenía que intentarlo). La versión masculina de la mala más mala de todas las malas... bodegueras de la historia de las teleseries del mundo mundial. El actor aparecía caracterizado como el típico señorito andaluz, repeinadísimo con medio bote de gomina y con un carácter que ya lo quisieran muchos “malos” de serie. Asesino, manipulador, explotador. Ginés Montesinos, más malo que pegar a un padre. Una auténtica joyita. Aunque para joyita tenemos a...

Máximo Valverde. El peor actor español de todos los tiempos. Una versión cañí y lerén lerén de Victor Mature. ¿Necesita usted, señor productor, por alguna razón que se escapa a la comprensión y a la inteligencia, a un mal actor? Aquí tiene a Máximo, caballero. Un actor con un único registro (el de tontorrón) que sorprendentemente llegó a ser sex-symbol de segunda categoría en las películas patrias de finales de los setenta y principios de los ochenta. En esta teleserie, ya galán otoñal, se encargó de encarnar el bueno de la película, quiero decir del culebrón. Y un bueno que a lo largo de los sopotocientos capítulos de la serie pudo exhibir todo su repertorio de quejíos y miradas inexpresivas, ya que fue secuestrado, torturado, golpeado en la cabeza, perdió la memoria (¿por qué la encontraría, Señor?) y sometido a todos los típicos giros de guión que sólo sirven para estirar el hilo argumental otros veinte o treinta capítulos más. ¿Algo más? Ah, sí, se ligó a todo el elenco femenino de la serie (familia aparte). Pero eso es otra historia. Los últimos pasos del actor se pierden en los manglares de la primera edición de la Isla de los Famosos, donde interpretó su mejor (y único) registro como actor al convencer a la audiencia de que debía ser él el primer expulsado del concurso. Después... vuelta a la buena vida y a cobrar hasta el fin del concurso.

Bueno, pues esto ha sido todo... por ahora. Si vuesa merced también tiene algún momento inolvidable de esta cadena de televisión, dejando aparte los que he rememorado en esta subjetiva relación, no tiene más que dejarlo en un comentario. Así podremos evocarlo y esbozar una sonrisa, ya que recordar es volver a vivir.




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Comentarios sobre esta opinión
jmsa

jmsa

11.01.2006 19:54

Te recomiendo que te pases por la mia, en la que repaso algo mas que cinco momentos, repaso todos los años que he visto canal sur, tanto en el video beta a principios de los 90, como los cambios sucedidos más tarde. Espero que la veas, y me comentes que te ha parecido. Saludos.

becquer99

becquer99

19.12.2005 20:11

Fantástica y maravillosa opinión, a pesar de llevar ya escrita un tiempo me ha parecido más actual que muchas y me ha desatado carcajadas considerables con lo de Luis Arenas. Menos las series británicas, lo demás me lo he chupado todo y en abundancia. Grandísimos recuerdos de cosas que nunca volverán. Enhorabuena, campeón. Saludos desde Málaga.

carboanion

carboanion

20.06.2004 19:34

Juer, yo siempre digo que no veo la tele para nada, ¡pero no sabía que esa abstinencia televisiva se remontaba a tanto tiempo! Que me acuerdo del Alló, alló, de Mr Bean y por supuesto del Saque bola, pero ni llegué a ver el Cine de evasión ni me acuerdo del Tal como somos. Plaza alta no la he visto nunca :S En lo referente al Saque bola, una televisión local repuso algunos programas y, como siempre me ocurre con estas cosas, me maravilló que estas cosas me gustasen tanto en su momento. Como ya te comenté, si algo recuerdo con cariño del Canal Sur es La pequeña Polon y sus dos canciones estrellas: "¡Soy feliz, soy feliz! Si tu quieres ser feliz, ven conmigo, ven conmigo a cantar y a reír" y "Si tienes un problema, tú deber reír" xD Besos

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