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Capitanes Intrépidos - DVD

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EL PESCADITO MALCRIADO

4  06.06.2006

Ventajas:
Nos recuerda ciertos valores que nosotros personalmente deberíamos inculcar a nuestros hijos

Desventajas:
Descubrir ciertos puntos en común entre el pequeño protagonista y un sector nutrido de nuestra infancia

Recomendable: Sí 

Detalles:

Argumento

Personajes

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sutinum

Sobre mí: "Hay en mis venas gotas de sangre jacobina, pero mi verso brota de manantial sereno; y, más que...

usuario desde:28.02.2006

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Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 65 miembros de Ciao


Una película sin duda entrañable y muy emotiva, que se arriesgaba en varios momentos a caer en las fácil sensiblería, pero que aun teniendo escenas casi lacrimógenas, no llega a hacerlo gracias a la veracidad de las interpretaciones de sus dos protagonistas, a los que creo que debe muchísimo.

No en vano la película que nos ocupan tuvo un gran éxito entre el público, además de excelentes críticas. Lo más interesante es que actualmente los crítico se siguen deshaciendo en elogios hacia ella, y el público, incluso el no tan maduro, la sigue adorando. Algunos, como mi padre, a pesar de ser más propensos a rendir culto a otros directores y a otros géneros, la guardan en su memoria con un especial cariño, ligado en muchos casos a las tardes infantiles en cines de barrio de posguerra. Otros, como mi compañero, la descubren a una cierta edad y en en un momento en el que el panorama cinematográfico es muy diverso a aquel en el que esta película fue concebida. Y aun así, se enamora perdidamente de ella.

Creo que una de las grandes virtudes que esta cinta es que en difícilmente se convierte en tu película por excelencia, esa que marca tu vida, tu película preferida, pero resiste perfectamente al tiempo, y conmueve (en el mejor de los sentidos) cuantas veces la vuelves a ver. No es esta una característica de la que muchas películas se puedan preciar.

Lo cierto es que "Capitanes intrépidos" ha conmovido y seguirá conmoviendo y encandilando a múltiples generaciones porque en la temática que trata es totalmente atemporal. No obstante, creo que este es un buen momento para comentarla, pues percibo que nuestros infantes y adolescentes están pasando por un período particularmente crítico. Esta película puede suponer una buena excusa para reflexionar sobre el papel de los adultos como educadores de nuestros hijos. Quizá alguno de vosotros, algo más susceptibles, podríais objetar que no tengo ni idea de lo que estoy hablando, pues sin reparos reconozco que por el momento tengo "hijos" sólo de cuatro patas. Pero lo cierto es que no me inhibo de la educación de nuestros niños y jóvenes, porque pienso que es una responsabilidad de toda la sociedad. Que vuestros hijos son también un poco hijos de todos, y por tanto, igualmente un poco hijos míos, para bien y para mal. Por ello, si algo falla en su educación, es también un poco culpa mía. Digamos que en mi visión de la paternidad quizá se acerque algo más a la vigente en sociedades "primitivas" que a la propia de las "desarrolladas". Dado que los niños constituyen el futuro de todos, todos somos responsables de su presente, y de lo que dicho presenten pueda generar en el futuro.

Harvey, un mocoso mal criado de 10 años acostumbrado a comprar todo, incluida la "amistad" de sus compañeros, observa impotente como su vida da un vuelco cuando es expulsado temporalmente del prestigioso internado en el que estudia por haber intentado sobornar a uno de sus profesores y a un compañero, con la intención de acceder a exámenes más fáciles y de poder ingresar en el club del que ansía formar parte.

Poco
Fotos de Capitanes Intrépidos - DVD
Capitanes Intrépidos - DVD Fotografía 5187160 tb
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podrán hacer en este caso los generosos donativos que su padre, potente hombre de negocios, ofrecen a la escuela. La única salida es que Harvey acompañe a su padre en su viaje de negocios. Pero durante el trayecto en el fastuoso barco de vapor, Harvey, como es su tónica general, no puede evitar fanfarronear sobre la posición de su padre y por ende la suya. Unas cosas llevan a otras y Harvey termina cayendo por la borda mientras intenta vomitar. Así, el mocoso impertinente es recogido por Manuel, un pescador portugués, el mejor guía espiritual que el sino podría haberle asignado.

Harvey entra en contacto con la dura vida de la mar. Él, niño acomodado acostumbrado a dar órdenes y a comportarse como un déspota con el servicio, se ve obligado a convivir entre gente sencilla que le trata de tú a tú, con una cordialidad que nace del sentimiento de igualdad al que no está acostumbrado, ya que su escaso conocimiento de los sentimientos humanos le lleva concebir sólo la sumisión. Esta convivencia, marcada por la extrema tolerancia inicial hacia las reprobables costumbres del mocoso, le terminarán bajando los humos y le hará crecer y convertirse (no diré en un hombre, porque no lo gusta la expresión) en un ser humano. Los honrados pescadores no le tratarán con estúpido paternalismo, sino que le exigían un cierto grado de responsabilidad.

Finalmente, Harvey comprenderán en qué consiste la vida real. Harvey descubrirá por fin que no siempre podemos conseguir lo que queremos, y aprenderán el valor de la tolerancia y la paciencia. Sus nuevos compañeros son gente humilde, que no se puede permitir perder toda una estación de pesca, por lo que Harvey se verá obligado a pasar junto a ellos los tres meses en los que se practica la pesca y salazón. En ese tiempo, la inicial obsesión por volver junto su potente padre se convertirá en amor hacia la camaradería que genera ese tipo de vida, y en las la idealización de la figura del pescador, encarnada en Manuel.

El cambio de Harvey es tan evidente para todos que incluso Jack "El largo", tan reacio en un principio a su presencia en la nave, obsesionado por la idea de que un pasajero trae siempre mala suerte, termina desarrollando hacia él un cierto efecto.

Son responsables de dicho espectacular cambio muchos factores que se combinan dentro de ese mágico barco, pero es patente que el revulsivo fundamental es la figura del propio Manuel. Ese hombre que se convertirá en el modelo masculino a seguir, y que una vez conseguida su noble meta, deberá desaparecer. Como era de esperar, no se puede mantener un la dicotomía de la figura paterna, y el verdadero padre biológico tiene la fortuna de que se le conceda una segunda oportunidad. Oportunidad que habrá de costarle la vida al personaje de Manuel.

Resulta una experiencia magnífica asistir al cambio sufrido por un personaje que pasa de valorar el "tener" a comprender que lo que realmente importa es el "ser". A comprender que, como ya le indicase su profesor, no podrá vivir siempre a la sombra de su padre, sino que tienen que formar su propio carácter. Ese personaje prepotente, caprichoso, fantasmilla y botarate que tanto llegamos a odiar en la primera parte de la película (pues ésta consta claramente de dos grandes bloques), ese tan ruin como para tergiversar, mentir, manipular poniendo cara de angelito (tras la que se esconde una mente maquiavélica), ese tan depravado como para llegar a amenazar al pequeño presidente del club en el que desea ingresar con el despido de su padre y la ruina familiar (pues éste trabaja como representante de los coches que fabrica una de las empresas del padre de Harvey), al final de la película ha conseguido ganarse nuestro afecto y solidaridad.

Seguramente debe hacernos reflexionar la actitud del padre de Harvey, ese hombre a cuyo desayuno asistimos al inicio de la película. Ese hombre que come compulsivamente mientras su secretario le da noticias sobre sus negocios. Ese hombre que al enterarse de la deshonra de su hijo empieza a dudar tímidamente de su papel como padre ("pobre Harvey, quién sabe si no es culpa mía?"). Y el caso es que el magnate no es mala persona, sino sólo en inconsciente. Parece la típica figura del padre de antaño, que delegaba la educación de sus hijos totalmente en la madre, y que se ocupaba únicamente de llevar el dinero a casa. Pero lógicamente, al quedar viudo, dicho papel se adaptará muy poco a las necesidades en su hijo. De hecho, su escasa presencia en la película (en este caso, Melvyn Douglas no se pudo lucir mucho) contrasta fuertemente con el personaje de Manuel, el del capitán del barco e incluso con el recuerdo del padre del propio Manuel, un hombre que según las estrechas miras iniciales de Harvey no hizo mucho por su hijo, no le dejó nada. Una nada de mucho valor, pues Manuel considera que le enseñó a sentirse bien por dentro y a gusto consigo mismo, legado nada desdeñable que repartió entre sus 17 hijos.

Frente a la pésima figura de educador del padre biológico encontramos el formativo método del capitán del barco, que no obliga a nada al pequeño díscolo y maleducado, pero le recuerda que si quiere comer, tendrá que trabajar. Frente a ese hombre paciente que será el primer adulto en propinarle un sopapo tras haber aguantado malos modos y prepotencia por parte de un renacuajo. Ese hombre justo que le aceptará, a pesar de su incompetencia, como parte integrante de la tripulación, y le pagará un sueldo de tres dólares mensuales.

Será precisamente el capitán quien deje a Harvey en manos de Manuel para que sea éste quien se haga cargo de su educación. A su vez, el marinero portugués, gracias a una sabia mezcla entre firmeza y paciencia, entre autoridad y dulzura, conseguirá humanizar al pequeño monstruo. Conseguirá que el antaño egoista recalcitrante se convierta en un agradable compañero, integrado con el resto de la tripulación y trabajador como el que más. Es de este "rudo" hombre de mar de quien aprenderá el valor del tacto y la delicadeza, el placer que puede proporcionar preocuparse por los demás. Es este hombre quien le enseñará el significado que la integridad, la moral y el juego limpio. Es este hombre quien le hará comprender que el fin nunca justifica los medios.

Por todo ello, la presente película es una magnífica muestra del cine de aventuras con tintes muy especialmente intimistas, pues en realidad asistimos al tiempo a un viaje iniciático, aún más enternecedor por tratarse de el de un niño que abre los ojos a la vida.

Magistral en su papel el pequeño monstruo, el niño más repelente que recuerda las historia del cine. Una interpretación que no se deja fagocitar por la no menos maravillosa de Tracy, que le valdría un Óscar, y que eclipsa totalmente a la del joven Rooney. Creo que una especial mención merece la sobriedad con la que Tracy interpreta su papel, cuando fácilmente habría podido resbalar hacia una bondad estereotipada e impúdicamente aleccionadora. Por el contrario, este magnífico actor hace gala de una cierta parquedad interpretativa a la hora de manifestar todos esos buenos sentimientos y principios que conviven dentro de su personaje, y que afloran prácticamente sólo a través de su mirada y, de vez en cuando, de su sonrisa. Diría que se trata de toda una lección de integridad interpretativa y de veracidad a la obra de representar los sentimientos, y no de aprovecharse de ellos. Mucho menos espacio para el lucimiento tiene Melvyn Douglas, el malogrado padre al que parece que la vida le concede una segunda oportunidad.

De esta película recordaréis seguramente la banda sonora, que se podría describir con adjetivos que fluctúan entre el "agradable" y él "épico". Muy pegadizo el estribillo que solía repetir Manuel: "Ay, mi pescadito deja de llorar. Ay, mi pescadito no llores ya más".

La fotografía no carece de un gran realismo a pesar de su belleza. Gracias a ella se consigue plasmar con minuciosidad la vida en alta mar, las complicaciones de la navegación a vela y la dureza de la vida que impone la pesca tradicional. Espectaculares las escenas de persecuciones marítimas y sobre todo las de tormentas, en las que se hace gala de una considerable calidad en los efectos especiales. La única pena es que muy a menudo se tiene acceso a ella coloreada, cuando es preferible el blanco y negro original.



FICHA TÉCNICA

TITULO ORIGINAL: Captains Courageous

AÑO: 1937

DURACIÓN: 116 min

DIRECTOR : Victor Fleming

GUIÓN: John Lee Mahin, Marc Connelly, Dale Van Every (Novela: Rudyard Kipling)

MUSICA: Franz Waxman

FOTOGRAFÍA: Harold Rosson

REPARTO Freddie Bartholomew (Harvey) Spencer Tracy (Manuel Fidello) Lionel Barrymore (Disko) Melvyn Douglas (Mr. Cheyne) Charley Grapewin (Uncle Salters) Mickey Rooney (Dan) John Carradine (Long Jack) Oscar O'Shea (Cushman) Jack La Rue (Priest) Walter Kingsford (Dr. Finley) Donald Briggs (Tyler) Sam McDaniel (Doc) Bill Burrud (Charles)

PRODUCTOR: Louis D. Lighton

PRODUCTORA: Metro-Goldwyn-Mayer

GALARDONES

Óscar al Mejor actor principal (Spencer Tracy), en 1937
Nominada al Óscar al Mejor guión (John Lee Mahin, Marc Connelly y Dale Van Every), en 1937
Nominada al Óscar a la Mejor producción (Louis D. Lighton), en 1937
Nominada al Óscar al Mejor montaje (Elmo Veron), en 1937
Ganadora de la Medalla de Honor de los premios Photoplay a la producción (Louis D. Lighton), en 1937

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Comentarios sobre esta opinión
feliciti

feliciti

04.07.2006 22:51

Me gusto muchisimo. Saludos

astonm

astonm

08.06.2006 20:18

La recuerdo levemente, pero el recuerdo es muy bueno, tendre que volver a verla... besos.

lara_croft

lara_croft

08.06.2006 20:01

No la he visto pero sí, es todo un clásico. De todos modos, aunque exista el cine que incita a la reflexión, yo creo que la mayoría de la gente, desgraciadamente, prefiere cerrar los ojos a la realidad porque siempre es más fácil que intentar cambiarla aportando un granito de arena. Un besazo.

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