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Cardinal, Florencia

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El hotel de la 13, rue del Percebe

2  17.09.2010

Ventajas:
Su ubicación

Desventajas:
Todo lo demás

Recomendable: No 

Detalles:

Relación calidad precio

Comodidad del colchón

Atención al cliente

Limpieza del hotel

Más


esperedondo

Sobre mí: http://www.vwdarkside.com/es/j edi/esperanza-redondo-37122. ¿Nos hemos vuelto imbéciles con el &quo...

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La siguiente escala de nuestro viaje, después de dejar Roma, era Florencia. En esta ciudad teníamos previsto alojarnos dos noches, así que tampoco queríamos complicarnos demasiado la vida con el hotel. Lo más importante para nosotros es que tuviera aparcamiento; lo demás nos daba un poco igual.

Estuvimos mirando en varias páginas para comparar precios y demás, y este hotel nos encajaba bastante bien. Por si acaso, antes de decidirnos a hacer la reserva (como en el resto de hoteles del viaje, esta vez también con Destinia), estuvimos mirando en algún que otro foro para averiguar qué era lo que se contaba por ahí. Tras algunas investigaciones, vimos que en la mayoría de los sitios todo el mundo lo pintaba bastante bien, aunque todos resaltaban como principal desventaja que el hotel estaba en un tercer piso sin ascensor... Yo ya me veía con la lengua fuera arrastrando la maleta por las escaleras, pero pensé que si el resto estaba bien, merecía la pena reservar en este hotel; y así lo hicimos.


...:: SITUACIÓN ::...


Precisamente la situación es lo mejorcito del hotel Cardinal: desde la misma puerta se tarda algo menos de tres minutos de reloj en llegar andando a la catedral. De hecho, en la propia página web del hotel ponía que desde el comedor se tenían unas vistas estupendas de la misma. Sólo por estar tan céntrico ya merecía la pena, sobre todo teniendo en cuenta que no íbamos a mover el coche en esos dos días y medio que íbamos a estar allí.

Habíamos leído que en Florencia está prohibido circular con coche por el centro de la ciudad, a no ser que seas residente o que (como en nuestro caso) vayas a alojarte en un hotel en el que tengas previsto dejar tu vehículo. Con el GPS fue más o menos fácil llegar, aunque el pobre se nos despistó un poco porque la calle donde está el hotel, la via Borgo Pinti, 5, es de un único sentido y no tiene salida; supongo que le costó asimilar que no nos importaba ese detalle, porque en un primer intento nos llevó hasta una calle perpendicular a la nuestra, como diciendo: "os dejo aquí, que como entréis en esa calle no vais a poder salir".


...:: EL HOTEL :...


Después de finalmente entrar en la propia calle del hotel, en cuanto vimos el número 5 y un portón enorme con un cartel que decía "passo carrabile", ni nos lo pensamos y entramos allí con el coche. Vimos que después de un pasillo estrecho se salía al patio interior de un edificio de varias viviendas, y en lo que parecía un sitio libre aparcamos. De allí cargamos las maletas hasta el tercer piso (Juan se empeñó en subir la suya y la mía, y como a cabezota no le gana nadie, le dejé hacer) y llegamos a la recepción, donde entregamos nuestro bono y nos adjudicaron la habitación, creo recordar que la 12.

El recepcionista nos preguntó si habíamos dejado el coche abajo, y cuando le dijimos que habíamos visto un sitio libre y lo habíamos aparcado allí, nos dijo que teníamos que bajar y buscar a una tal señora Ida, para que nos indicara exactamente dónde teníamos que aparcar y tomara nota de nuestra matrícula. Lo de tener que buscar a la tal Ida ya nos mosqueó un poco, porque antes de empezar el viaje les habíamos escrito para preguntar los detalles del aparcamiento, y por correo electrónico nos habían pedido no sólo la matrícula sino el modelo de coche (lo que querían saber era si el coche era grande o pequeño, básicamente).

El caso es que dejamos los trastos en la habitación, bajamos de nuevo al patio de vecinos y ya fijándonos más detenidamente nos dimos cuenta de que los edificios eran más viejos que Matusalén. Después de un buen rato conseguimos localizar a esta mujer, que nos preguntó cuándo nos íbamos; cuando le dijimos que el lunes (era sábado), nos dijo que como había gente que se marchaba antes que nosotros, lo mejor era que aparcáramos el coche al final de oooooootro pasillo que había en un extremo del patio. Así lo hicimos, no sin que antes la señora Ida (vaya nombrecito también) tuviera que mover dos o tres coches para encajar el nuestro en el sitio que nos había dicho. Una vez que pudimos soltar el coche ya definitivamente, subimos a nuestros aposentos y nos hicieron dejar allí la llave del coche; luego supimos por qué.


...:: LA HABITACIÓN ::...


Estaba al final de un pasillo que me llamó la atención porque ni tenía suelos de verdad ni nada; íbamos pisando directamente en el cemento. Eso sí, a lo largo de ese pasillo habían puesto una o dos alfombras, supongo que a modo de moqueta. Me recordaba a algunos pisos de estudiantes que compartían varios compañeros míos en la época universitaria. En cualquier caso, aquí no había problema de ascensores que hicieran ruidos a horas intempestivas; como mucho, los resoplidos de la gente que llegara al tercer piso con la lengua fuera...

Como siempre, habíamos reservado una habitación doble; en este caso, nuestra habitación enana, que por cierto nada más entrar tenía un escalón no sé a santo de qué, estaba distribuida de la siguiente manera:

* Al entrar, a mano derecha, un cuarto de baño que de tamaño no estaba del todo mal (vamos, comparando era casi más grande que el resto de la habitación), con un plato de ducha, el inodoro, un lavabo sencillo y un taburete. Detrás de la puerta, teníamos un toallero de esos que también funciona de radiador, aunque con los calores que hemos pasado en Italia no nos hizo falta utilizarlo más que para colgar las toallas. En la encimera del lavabo encontramos algún que otro sobrecillo de champú y gel de baño, que yo ni utilicé porque suelo llevarme mis propios trastos.

* A continuación del baño, a mano derecha dos camas pequeñas juntas como si fueran una sola, y una mesilla de noche a cada lado. Enfrente de las camas un escritorio con la tele, una silla, una papelera, y un armario empotrado que era tan grande que daba miedo; ocupaba casi la habitación entera. Eso sí, esta vez ni mueble bar ni nada de nada. En lo que sí me fijé fue en que encima del escritorio había un spray anti mosquitos, al que no le hice demasiado caso; y más me valdría haberlo utilizado porque se cebaron conmigo...

* La ventana de la habitación daba al patio interior del edificio, así que pensamos que por lo menos nos valdría para echarle un ojo al coche de vez en cuando; pero el pasillo donde nos hicieron aparcarlo era tan largo y estaba tan escondido, que por más que estiraras el cuello no te llegaba la vista hasta allí. Por cierto, no quisimos ni tocar la persiana para bajarla por la noche, porque era de esas de plástico verde del año de la picor (como dice la abuela de Juan), y la cuerda parecía que se iba a romper en cualquier momento.

* Aquí también teníamos aire acondicionado, aunque en este caso cada habitación tenía su propio aparato con mando a distancia, lo cual nos vino muy bien porque la segunda noche hizo tanto calor que lo tuvimos que dejar encendido casi todo el tiempo.

* En cuanto al espacio, ya me quejé en el hotel de Cannes porque prácticamente no había sitio para abrir la maleta, a no ser que te metieras de cabeza casi debajo de la encimera que hacía las veces de escritorio. Pues en este caso, ni siquiera cabía la maleta entre la pared y la cama. En el lado de la ventana sí había una especie de taburete grande en el que se podía dejar una maleta, pero la otra o la metías en el armario o, como hice yo al final, la ponías en el hueco (justo a la medida de la mía) que había entre el escritorio y el escalón diabólico de la entrada.

La decoración no pegaba nada con el resto del hotel. El edificio ya comentaba que se veía viejísimo, pero sin embargo las habitaciones debían de haberlas reformado recientemente, porque los muebles eran bastante modernos. Demasiado oscuros para mi gusto, ya que prefiero los muebles de colores claros, pero la verdad es que estaba todo inmaculado.


...:: EL DESAYUNO ::...


Después de haber visto la noche anterior a la señora Ida entusiasmada con su logística de distribución de coches, pensamos que nada nos sorprendería más que eso. Error, a la mañana siguiente fuimos a desayunar a primera hora, y la sorpresa fue aún mayor que la de por la noche.

El desayuno se servía desde las 8 hasta las 10, y el comedor (por llamarlo de alguna manera) era una salita minúscula situada justo detrás de la recepción. En primer lugar, me chocó que hubiera tan poco sitio; creo que conté unas siete mesas, y además unas pegadísimas a otras, así que no me salían las cuentas. Si en el piso del hotel habíamos visto el número más alto en la habitación 21, lo suyo es que al menos hubiera sitio para 21 personas (o más, contando con que muchas de las habitaciones probablemente sean dobles).

Aquello era un desmadre. Entre que la sala era pequeña y que había mucho madrugador, casi no cabíamos. Claro, el horario del desayuno era un poco limitado; si se hubiera empezado a servir a las 7 de la mañana, supongo que habría sido otro cantar. Pero el caso es que allí estábamos como piojos en costura; y más te valía coger sitio pronto, porque si no te tocaba esperar de pie en mitad del pasillo. Y una vez que conseguías hueco, tenías que abrirte paso entre los compañeros de las mesas de al lado, con el peligro de llevarte algún mantel o cacharrería por delante.

En cuanto al desayuno propiamente dicho, había un mueble-encimera que era de tamaño incluso más pequeña que la de la cocina de mi casa, así que tampoco había demasiada variedad, más que nada porque no cabían más cosas. Había leche, zumos (el que probamos sabía a Clamoxil, así que no nos atrevimos con más), sobres para hacerse infusiones, cereales, bollos de pan y algún que otro croissant que pensé que Juan exageraba cuando dijo que estaba duro, hasta que dio con él unos golpes en la mesa y el croissant ni se inmutó...

Creo que han sido los desayunos más breves que hemos hecho, porque entre las apreturas (con tantas estrecheces hasta te ibas de allí llevándote en la ropa los pelos de alguien, o peor aún, en las mesas vi yo alguno), lo poco que había para comer y que además te daba palo que hubiera tanta gente de pie esperando para poder entrar, los dos días nos fuimos casi disparados nada más terminar de desayunar. Y encima, totalmente falso eso que ponían en la web del hotel de que desde el comedor había vistas espectaculares de la catedral; ni sacando más de medio cuerpo por la ventana habrías podido verla, así que la foto de la web la han debido de hacer desde otro sitio, seguro.


...:: EL PRECIO ::...


Ya antes de empezar el viaje, cuando andábamos con la mosca detrás de la oreja por lo de los hoteles italianos, vimos que este no era demasiado caro y como el único detalle que destacaba todo el mundo era lo del tercer piso sin ascensor, decidimos arriesgarnos. Cuando ya llegamos a Roma y vimos que la cosa no había sido para tanto, sino que como ya os conté, el hotel estaba mucho mejor de lo que nos habíamos imaginado, pensamos que en Florencia pasaría tres cuartos de lo mismo. Pero aquí nos equivocamos un poco...

El hotel no nos salió caro en realidad, ya que estuvimos dos noches y el precio total fue de 101,57 euros (es decir, 50,78 euros por noche). Pero claro, ya veníamos de Roma entusiasmados y este hotel no tuvo nada que ver con el anterior. Su categoría es de tres estrellas, aunque en había un cartel en el pasillo y alguien lo había rayado para quitarle una; no sé muy bien si un huésped cabreado o alguna inspección rutinaria...

Ah, en este caso el aparcamiento tampoco estaba incluido en el precio así que lo pagamos aparte. Y aquí sí que tengo que decir que me pareció un atraco a mano armada que nos cobraran 15 euros diarios por dejar el coche allí; a ver, que 15 euros no es demasiado dinero. Pero cobrarte eso por tener el coche en el patio, que además a saber lo que harán cuando tú no estás (porque os recuerdo que en recepción se quedaron con las llaves), me parece un poco abusivo.


...:: CONCLUSIÓN ::...


Después de ver que la señora Ida (que por lo que intuimos, debe de ser la portera del edificio) lo mismo aparcaba y desaparcaba coches que servía los cafés en el desayuno; que el chico de recepción hacía también las veces de camarero limpiando (cuando las limpiaba) las mesas del comedor; o que el que suponíamos que era marido de Ida se encargaba o bien de fregar los cacharros del desayuno, o de pegar martillazos a una tubería si hacía falta, o de ayudar a Ida con la logística cochera, llegamos incluso a pensar que esto ni era un hotel legal ni nada. Hasta las de la limpieza parecían fantasmas, que empezaban a hacer las habitaciones a las 7 de la mañana, formando un escándalo que paqué... Sólo faltaba el moroso aquel al que persiguen los acreedores; bueno, y el ascensor de la rue del Percebe que nunca funciona... Hasta se nos pasó por la cabeza que eran todos de la familia y habían montado ese negocio como podían haber montado cualquier otro. Total, como todo quedaba en casa...

Lo más divertido fue el día que nos marchamos; ya nos habían dicho que tendrían en cuenta que nos íbamos el lunes, para ir moviendo los coches a medida que los huéspedes fueran dejando las habitaciones. Pero el caso es que llegó el lunes por la mañana y nosotros, con las maletas y todos los trastos, bajamos al patio y el coche seguía en el mismo sitio. Hubo que buscar a Ida y a mí casi me da un ataque de risa lo surrealista de la situación; se presentó en el patio con un cuenco de cristal, de los que usa mi madre para servir el arroz con leche, pero en lugar de con arroz con leche con llaves.

Teníamos delante de nuestro coche otros dos, un Renault y un Volkswagen, así que esta mujer, en lugar de haberse apuntado en cada llavero la matrícula del coche, lo que hacía era darle al botón del mando a distancia a ver si atinaba. Yo no quería ni mirar porque sabía que iba a soltar la carcajada en cualquier momento, al ver que cada vez que ella cogía un llavero y le daba al botón se abría un Renault o un Volkswagen pero de los que estaban en el otro extremo del patio. Al final dio con las llaves que eran y entre ella y el que suponíamos que era el marido tuvieron que hacer unos cuantos malabarismos porque hubo que sacar los dos coches a la calle hasta que pudieron sacar también el nuestro. Menos mal que la calle estaba cortada y mientras hacían las maniobras de desalojo podían dejarlos en medio para luego volver a meterlos... Esto fue todo un espectáculo, desde luego.

Después de todo este panorama que os he pintado, supongo que intuiréis que no tengo intención de volver a este hotel en la vida, por mucho que Ida al despedirse nos dijera "hasta la próxima" en un español perfecto. A mí no creo que me vuelvan a ver el pelo allí; y es una lástima, porque sólo por el sitio tan céntrico donde está este hotel, merece la pena. Pero claro, es que todo lo demás era un horror, que por muy simpático que seas no puedes montar un hotel si no tienes ni idea de hostelería, como parecía que era el caso de esta gente...

Lo bueno es que esto nos lo tomamos a risa, como una anécdota más de las que tuvimos en el viaje. Pero no recomendaría este hotel ni a mi peor enemigo, a no ser que lo contratara sin necesidad de aparcamiento, que no le importara subir tres pisos sin ascensor, y que se buscara los desayunos en otro sitio...


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yogui9259

yogui9259

27.02.2011 13:34

jAJAJAJAJAjajajajaja Eres demasiao analista jajajajaja Un beso wuapa

ALEVINA

ALEVINA

01.11.2010 10:13

chica un poco tiquismiquis ya eres, recuerdo que en algun otro hotes no tenías servicio de paraca coches y no te has quejado...., además el estar en 3ºplanta sin ascensor es puro ecologismo, ahhh y para qué queres una habitación grande si sólo vas a dormir......y lo que se tercie????No se, no se, a ver si va a ser la edad que nos vuelve maniáticos perdidos!!!! jajajaj :)

JAVIERE28

JAVIERE28

05.10.2010 05:02

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