No es un adiós, es un hasta pronto

5  03.03.2012

Ventajas:
Es una forma de ser y de enseñar a ser agradecidos

Desventajas:
Ninguna, creo que todo son ventajas

Recomendable: Sí 

Tomy23

Sobre mí: En momentos difíciles, deja que los tuyos te mimen. Y los amigos, aparte de la familia, son el mejor...

usuario desde:03.02.2012

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Queridos ciaonautas: la carta que a continuación os traigo trae causa en un cúmulo de casualidades que me han sucedido a lo largo de esta semana.


LOS SINSABORES Y LAS RECOMPENSAS DE LA ENSEÑANZA


Primero, porque a raíz de todo lo que está ocurriendo con las protestas de profesores y estudiantes, manifestaciones y demás – lo cual me produce una inmensa tristeza- he estado comentando sobre este tema con familiares, amigas, compañeros y profesores. Yo también he sido profesora, aunque por un período de tiempo realmente breve, y es verdad que comparto con ellos que se viven momentos duros y difíciles para la enseñanza. Es cierto que, a veces, la enseñanza no produce más que sinsabores, pero también es cierto que, como todo en la vida, no se trata de una línea recta, así que también de vez en cuando produce alguna alegría que otra.


EL DOBLE Y CASUAL REENCUENTRO


En segundo lugar, porque ayer por la noche, mientras esperaba con mi hija a la salida de la escuela de música a que mi hijo terminara el ensayo semanal de la banda, pasó por delante su maestra del año pasado, Gema, la cual cubrió por interinidad parte del embarazo y la baja de maternidad de la maestra titular de la plaza. El encuentro fue emotivo, lleno de gran alegría y fue acompañado de unos efusivos y cariñosos besos y abrazos entre ella y mi hija. También entre ella y yo. Recordamos con gozo todas nuestras vivencias del curso anterior y el sabor tan dulce que le dejó la despedida. Además, casualmente, pasó también por allí Doña Amparo – que es así como yo la llamaba-, quien fue mi maestra en todo el ciclo de infantil, de cuatro y cinco años, pues en aquel momento no existía el curso de tres años. ¡Qué alegría mutua y cuántos gratos recuerdos! Entonces pensé en que, cuando terminé el Ciclo de Infantil, yo también me despedí de ella con cierta nostalgia y sabor agridulce.

El caso es que cuando Gema se fue lo pasó bastante mal porque había sido una buena maestra y todos los padres habíamos tenido una estupenda relación con ella. Y recuerdo con ternura el momento en que mi hija, consciente del aprecio que le tenía, me pidió un regalo de despedida para su seño, y quería que fuese un regalo especial, algo que la marcara, al margen de los detalles que todos convenimos hacerle. Entonces decidí sentarme a escribir y, como lo hice desde el corazón de mi hija y del mío, el resultado fue esta carta que os acompaño. Anoche, mi hija, después de aquel bello reencuentro, me pidió que le leyera de nuevo estar carta, y entre frase y frase se adentró en el mundo de sus dulces sueños viajando, supongo, entre sus más agradables recuerdos. Y para mí, constituye además una especie de homenaje a la que también fue mi seño, Doña Amparo, gran maestra y mejor persona. También quiero que sea mi pequeño homenaje para todos aquellos vocacionales
Fotos de Carta de despedida
Carta de despedida De María para Gema - Carta de despedida
De María para Gema
de la enseñanza que todavía, y muy a pesar de los malos tiempos que corren, no cesan en su empeño de ser maestros, que no profesores. Porque la palabra maestro, que deriva del vocablo en latín magister, encierra mucho más que la de profesor, que viene del verbo profiteri, y que viene a significar algo así como transmitir, sin más, lo que uno sabe.


Os dejo con la carta que, aunque en su día su única destinataria fue Gema, hoy se la dedico a ella, a Doña Amparo, y a todos los maestros.


CARTA DE MARÍA A GEMA, SU SEÑO PREFERIDA


“Querida Seño:


Aunque pareciera que estuviera lejos, y aunque creo que no ha sido deseado ni por ti ni por mí, ha llegado la hora de tu partida. Y con ella, la hora del adiós. Pero esta palabra, y muy a pesar de mi corta edad, no es una palabra grata en mi todavía escueto y parco vocabulario de niña pequeña. Yo prefiero un “hasta pronto”, un “espero nos veamos mucho por ahí”, pero nunca un “adiós”. Sobre todo si ese adiós es para con quien he convivido tantas horas a lo largo de este curso y para con quien creo que ha sido para ambas una grata y más o menos cordial convivencia.

Esta carta, seño, tiene para mí el aroma de la nostalgia y el regusto agridulce de la despedida. Hemos pasado mucho tiempo juntas y hemos compartido gratas experiencias durante estos últimos diez meses. Se cierra una etapa, que tú y yo nos hemos encargado de salpicar de anécdotas y, para mí, que soy más pequeñita, se abre otra. También para ti, seño, se abre una nueva etapa.

Pero, ¿tú te has parado a pensar, seño, la cantidad de cosas que hemos llegado a compartir juntas? Como sabrás, yo he tenido el privilegio de conocerte. Sí, de conocerte. Y ello ha sido gracias a que mis padres decidieron llevarme a este cole tan maravilloso y que me confiaran a ti como la persona que iba a dirigir la estimulación de mi aprendizaje durante este curso. Y digo el privilegio porque, al igual que el ambiente en el que vivo me gusta convivir con personas sencillas, tú formas parte de ese entramado de personas que agradan a mi forma de ser. Pero, cuando digo sencillas, no me refiero al sentido literal de la palabra, sino a personas que bajo la afabilidad y cercanía de su carácter, esconden el don de lo humano, de la capacidad de dar sin pedir nada a cambio, de empatizar con las personas y, sobre todo, de empatizar con los niños. No es tarea fácil esta, créeme, seño, pues es lo que más mérito tiene y lo que más te reconozco como válido y como valioso, especialmente en los tiempos que corren donde, la paciencia no es un hábito, sino un don solo propio de unos pocos. Un don que, por cierto, adolece de estar en peligro de extinción. También te reconozco cada una de tus sonrisas, esas que en tan gran número has sido capaz de concederme, a pesar de que soy consciente que no siempre te apetecía sonreír, pues por eso somos humanos; y aun así, seño, tú siempre has tenido guardada una sonrisa guardada para mí.


¿Te has parado a pensar, seño, la de cosas que hemos pasado juntas?

* Contigo he sonreído, cantado y bailado. Y ahí estabas tú para apoyarme.

* Contigo he llorado, he sentido rabia y también ha habido momentos en que lo he pasado mal. Y ahí estabas tú para apoyarme.

* Contigo he pintado, he hecho mis primeros deberes, he conocido de la inseguridad y de las dudas. Y ahí estabas tú para apoyarme.

* Contigo he disfrutado y conocido un montón de fiestas (locales, nacionales e incluso mundiales) y me lo he pasado muy bien. Y ahí estabas tú para compartir esos momentos mágicos conmigo.

* Contigo, seño, he aprendido a empezar a caminar, no con las piernas, pues eso ya sabía hacerlos cuando llegué a este cole. Tú me has enseñado a iniciarme en el caminar por la vida, una tarea larga, dura y difícil. Así que, aunque tú no lo sepas, has sido crucial en mi vida, pues tu apoyo y estimulación en todo aquello que para mí era siempre tan nuevo constituía, en realidad, el primer empuje para iniciar el recorrido de la vida, en su sentido más metafísico.

* Contigo, seño, me he consolado cuando me he caído y me he hecho daño, o cuando he reñido con algún amiguito o amiguita y me han hecho llorar.


Es por todo esto y por mucho más, seño, que tus sonrisas siempre permanecerán en mi corazón, intactas, inmaculadas, fijas en el recuerdo. Y aunque me he llevado algún que otro castigo por tu parte (merecido, no digo que no), serán esas sonrisas lo que guardaré de ti.

El cariño que me has profesado lo tomaré como ejemplo para intentar formarme como mejor persona, para enseñarme a dar sin esperar del otro. Tu forma de ser, seño, la voy a guardar en mi corazón para que me dé fortaleza en momentos difíciles, sobre todo para cuando se crucen en mi camino personas de mal corazón y no quiera que le hagan daño a mi vida.

Sé que piensas que cómo es posible que te pueda dedicar tanta palabra bonita, si mis padres, como soy aún tan pequeñita, son lo más importante para mí. Y lo son. Pero ellos siempre están ahí, y a ellos también les dedico la parte de mi corazón que les pertenece. No obstante, ellos quieren y desean que me enseñe a repartir todo cuanto mi corazón sea capaz de dar. Y tú, seño, también has sido, eres y serás importante.


Mi mamá me cuenta a menudo cómo la mente, con el tiempo, es sabia y se hace selectiva. Aprende a guardar solo lo que le interesa y desdeña todo aquello que, con su recuerdo, te puede perjudicar porque te ensucia el alma o el corazón. Es por eso que digo que tú siempre serás importante para mí. Estoy segura que, por ser como eres y por darme cuanto me has dado, mi mente también será sabia y te pasará al rincón de las cosas que deban permanecer y nunca debamos olvidar. Guardaré tu recuerdo, el recuerdo de tu persona, celosamente en mi corazón, cual guarda un tesoro. Pero como también tengo el deseo que en tu corazón quede constancia de mi recuerdo, te dedico un pedacito de un poema donde se relata muy bien en qué debería consistir el recorrido del caminar por la vida. Pues tú y yo somos valientes y, aunque ambas tendremos la opción y sentiremos la tentación de mirar atrás con melancolía, nuestra valentía nos lo impedirá y nos hará mirar al frente. ¿O acaso no es eso lo que tú me has enseñado a hacer? Sí, eso es lo que haremos, mirar al frente dejando intacto nuestro agradable y mutuo recuerdo. Quiero que miremos hacia el horizonte de ese nuevo viaje que vamos a iniciar, tal y como bellamente relata en sus versos nuestro querido Konstantino Kavafis:


“Cuando emprendas el viaje hacia Ítaca
ruega que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.


(…)


Llegar allá es tu destino.
Pero no apresures el viaje.
Es mejor que dure muchos años
y que ya viejo llegues a la isla,
rico de todo lo que hayas guardado en el camino,
sin esperar que Ítaca te dé riquezas.
Ítaca te ha dado el bello viaje.
Sin ella no habrás aprendido el camino.”


Y precisamente porque me gustaría que tú hicieras lo mismo, seño, creo oportuno en estos momentos dedicarte los versos de este poema, porque tras ellos se esconde la esencia de la vida y del viaje que ambas, cada una por su camino y con las misiones y objetivos distintos que debemos emprender. Porque ya has visto que lo importante es el viaje y no el destino. Por que vivir es, pues, viajar. Un viaje solitario, en el que no hay quietud, como si de una novela formativa se tratara. Un viaje cuyo objetivo es caminar, seguir adelante sin cesar, un viaje de constantes decaimientos que deberemos superar sin temor. Como en el poema, seño, yo te deseo una largo viaje y una intensa vida. Hemos de aprender de los mejores ejemplos, como el de Alejandro Magno, quien decía aquello de "si te encuentras con que tu espada es más corta que la del enemigo, no tengas miedo, da un paso adelante". Esa es la actitud que debemos tomar en momentos de máxima dificultad, pues en la vida actual que nos ha tocado vivir no es fácil. Pero yo te añadiría algo más, seño: en los momentos difíciles, en esos de los que tú y yo algo ya sabemos, rodéate del amor de los tuyos, de los que más te quieren, pues ellos van a hacer que tu espada sea invencible frente a la del enemigo. En esos momentos de dificultad, piensa siempre en positivo, disfruta de las cosas que sí tienes y sí puedes; nunca pienses en aquello que no tienes o no puedes hacer, porque esa actitud no te dejará avanzar en tu viaje. Es por ello que, te encuentres en el momento que te encuentres, también entonces me gustaría invitarte a que viajes al rinconcito de tu corazón, ese donde tienes guardados los buenos recuerdos y, entre ellos, espero que permanezca el mío, así como el tuyo permanecerá siempre en mí.


Muchos besos y hasta pronto,


María.”


Espero que la hayáis disfrutado. Os acompaño la foto del dibujo que, en su día, hizo mi niña a su maestra y que yo escaneé como recuerdo. Tened en cuenta que cuando hizo este dibujo apenas contaba con tres añitos y unos meses. Un abrazo a tod@s.


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Comentarios sobre esta opinión
charneca

charneca

13.07.2013 00:51

Algunas maestras dejan una huella inolvidable, no importa cuántos cursos compartimos, su recuerdo nos acompañará mientras tengamos memoria.

MARUJITACOTORREA

MARUJITACOTORREA

28.12.2012 00:51

cielos, qué lindo!, yo nunca he tenido una relación tan afectuosa con ningún enseñante a lo largo de mi vida, tengo buenos, malos y regulares recuerdos, de unos me acuerdo con cariño ( pero no tanto) y de otros prefiero no acordarme y no lo hago. No es fácil la profesión de la enseñanza y recibir una carta así debe ser realmente gratificante y emocionante , como también tener esos sentimientos y poder plasmarlos de forma tan bonita!, besos

pichurri4

pichurri4

14.10.2012 00:09

Increible

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  2. MARUJITACOTORREA
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