Hoy empieza un nuevo mes, un mes que para muchos ya es símbolo de vacaciones, un mes que la gente lo coge con mucha ilusión, un nuevo trimestre que debería ser portador de grandes alegrías.
Yo ya no tengo alegrías, estoy rota, más que rota estoy echa añicos, ya no se donde ni cuando he perdido los pedazos de mi vida.Cuando uno tiene una vida montada de muchos años, una familia en apariencia feliz, una pareja estable, unos hijos maravillosos, cuando todo eso se va al traste, te queda una sensación de vacío, de soledad, de tristeza, que no sabes cono superar.
Así me encuentro yo, ni tan siquiera por mis hijos tengo las fuerzas necesarias para levantarme por la mañana, necesito ayuda para ser capaz de poner un pie en el suelo, e intentar superar los días.
Cada mañana es un reto el salir de casa, incorporarme a mi trabajo, e intentar pasar el día de la mejor manera posible, mejor dicho subsistir, mientras que me voy arrastrando por los rincones, y me escondo en el baño para que nadie me vea llorar.Mi deterioro físico es tan evidente que la gente empieza a murmurar a mi paso, ya no se trata de mis ojos hinchados, de mis ojeras, y de mi mirada triste, es que de casi 53 kilos he bajado a 45, y todos comentan a mis espaldas que seguramente debo tener una enfermedad grave.
Mi enfermedad no es física, si es que se le puede llamar enfermedad, mi enfermedad, es del corazón, que está tan triste y tan dolorido que me da un poco de miedo que decida dejar de latir.Durante muchísimos años he disfrutado de una vida plena de pareja, evidentemente ha habido sus más y sus menos, unos momentos mejores, y otros peores, pero casi siempre en una misma línea.
Hace unos 8 años hubo un problema grave, pero mis ganas de luchar hicieron que diese un golpe en la mesa muy enérgico, y después de una dura batalla conseguimos ganar la guerra.Hace dos años, bueno camino de tres, a raíz de un problema con sus padres muy gordo, excesivamente gordo, yo empecé a poner en duda de si merecía la pena seguir remando en un barco que empezaba a hacer aguas. Y es que a pesar de lo que nos hicieron él se puso de su lado, dejándonos de lado a mi, y a sus propios hijos, defendiendo lo indefendible, y que conste que esto no soy yo quien lo dice, el resto de familia y amigos opinó lo mismo.
Ese día fue el principio del fin, ese día algo de mí se rompió, ese día empecé a mirarlo con otros ojos.Después de años de ceder a todos sus caprichos, de llevar una vida adaptada a la suya, de estar siempre en la sombra, (y que conste que a ello no me obligaba nadie, estaba enamorada, lo quería con locura y era mi razón de vivir después de mis hijos), me daba cuenta de en su esclara de valores yo estaba tan abajo que ni tan siquiera se me veía. Eso me dolió mucho.
Por mis hijos, por la vida en común, por los años pasados juntos, por las vivencias compartidas, decidí callar y seguir con esa vida que desde fuera todo el mundo pensaba que era idílica.El verano pasado poco a poco y sin darme cuenta, fue percibiendo que cada vez le tenía menos aguante, que cada vez me apetecía pasar más tiempo sola, que cada vez tenía menos necesidad de estar a su lado, de explicarle cosas, de compartir momentos.
Soy una persona muy sincera, muy franca, siempre digo las cosas claras y a la cara, así que me senté a hablar con él, y le expuse con pelos y señales como me encontraba, como me sentía, y lo que necesitaba.Como hombre afable que ha sido siempre pareció entenderme, y cambió un poco su rumbo, su manera de ser, colaborando un poco más, y lo que era más importante estando más por mi como mujer, no como la madre de sus hijos.
Pero ya dice el refrán que la alegría dura poco en la casa del pobre, y en la mía no iba a ser diferente, el cambio duró poco más de un mes, y vuelta a las andadas, a la indiferencia.Con todo decido dar un margen pero llega diciembre, época conflictiva ya que odia las fiestas, y más cuando le digo que vamos a tener una celebración extra familiar, a la que vamos a asistir con mi familia. Su cólera, rabia e indignación subió de una manera que pocas veces había visto, hasta el punto de irse de casa chillando, dando un portazo, y estar horas sin saber nada de él, y yo sin saber que decir a mis hijos de la situación que acababan de ver.
Ese creo que fue el momento en que dije basta, hasta aquí hemos llegado, sencillamente no podía más.A mediados de enero le digo muy seriamente que tan solo le queda una oportunidad, que cambie, que la aproveche, o que sencillamente se acaba.
Se repite la misma historia del verano, yo me voy quemando, me voy hundiendo, perdiendo la sonrisa, perdiendo peso, y finalmente a finales de abril le doy la noticia de que hay que ir a ver a un abogado, que me quiero separar, que ya no siento nada por él como pareja, que siempre le tendré cariño porque es el padre de mis hijos, pero que todo ese amor que tenía para darle, esa llama que intenté mantener encendida tantos años, él la había apagado con tantos cubos de agua que era imposible volver a encenderla.
Aquí empieza mi calvario, o mejor dicho continúa, ya que la situación económica no permite que se vaya de casa (no quiere ir a vivir con sus padres) no se puede pagar un alquiler y no se le veía ninguna solución.Así llevamos varios mese compartiendo mesa, compartiendo techo, sin nada que decirnos, y a cada instante miradas llenas de reproche, de casi odio, de ira contenida, que intenta dominar delante de los niños, pero que se convierten en dardos envenenados cada vez que nos quedamos a solas.
Esa convivencia que tenía que ser cordial por nuestros hijos se ha convertido en un auténtico infierno, hasta el punto de que cada tarde al ver que tengo que volver a casa me voy a pasear durante horas para distraerme, tirando de las pocas amistades que me dejan ir a dormir a su casa el fin de semana, y casi temiendo el momento en que debo volver.Ayer fui al banco, finalmente le compro su parte del piso, voy a volver a pagar una hipoteca, esta vez hasta los 70 años, vamos a comer huevos y patatas todos los días, pero creo que es la mejor decisión que he tomado, porque en estos momentos con la situación que tengo es como estar enterrada en vida.
Como dicen mis padres no soy la primera mujer ni la última que toma esta decisión en la vida, pero a cada uno le duele cuando le toca.Me da pánico caminar sola de nuevo, porque ciertamente me encuentro muy sola, excesivamente sola. Solo espero que por esos dos hijos maravillosos que tengo sea capaz de ver las cosas con claridad y tirar para adelante.
Lamento este texto tan largo, seguramente os parecerá un peñazo, pero tenía necesidad de soltarlo, me ha ayudado a libérame un poco, aunque a veces las lágrimas no me dejen ver las teclas.
01.11.2011 00:01
Sinceramente hiciste bien, y te veo muy valiente, porque afrontarse a una ruptura después de tanto tiempo, vivencias, amor, niños,... es difícil, pero la vida no siempre nos castiga, siempre aparece un rayo de sol que nos hace mirar hacia el cielo para disfrutar de su calor. Un beso muy grande.
09.09.2011 18:14
Buenisima opinion, mis felicitaciones. Saludos.
12.08.2011 22:12
a ti te sirve de desahogo aunque para el resto no nos sea util.