JOSE CADALSO. CARTAS MARRUECAS.
03.02.2008
Ventajas:
Es un clasico .
Desventajas:
No se han descrito .
Recomendable:
Sí
 Bardamu
Sobre mí:
La nada
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Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 29 miembros de Ciao
Y tras aquello, escribo. Os voy a hablar hoy de un libro, como gran aficionado que soy a la lectura y escritura. Se trata de las 'Cartas marruecas' de Jose de Cadalso. Hoy es considerada como la producción más importante de Cadalso. Las Cartas marruecas, obra que dejó inédita y que, según toda probabilidad, fue recogida por su amigo el conde de Noroña y entregada a don Lucas Alemán y Aguado, que la publicó por vez primera en 1789, en el Correo de Madrid, antes llamado Correo de los ciegos de Madrid. Cuatro años más tarde, en 1793, las de Sancha a la estampa por primera vez en volumen, siguiendo un manuscrito distinto que presenta numerosísimas variantes con la anterior impresión.
En obras muy dignas de estimación se divulgado la idea de que las Cartas marruecas no son otra cosa sino una imitación pálida de las Lettres persanes, de Montesquieu; esto es injusto. Cadalso gustaba de seguir las corrientes literarias de su tiempo, y una de ellas era esta de las obras de crítica política y social en las que se fingía un viajero exótico que trasladaba a los amigos de su lejano país las impresiones que producía en él la contemplación de nuestras costumbres occidentales. El iniciador de esta modalidad literaria no fue Montesquieu, sino Du Fresny, que publicó en 1707 los Amusements serieux et comiques d'un Siames. A Montesquieu y sus Lettres persanes les corresponde, si no la originalidad, el éxito al encauzar definitavamente una tendencia literaria dentro de la cual se encuentran las Lettres rusiennes (publicadas en 1760), The Citizen of the World, y las Cartas marruecas, de Cadalso. Es evidente que éste conocía la obra de Montesquieu, pues en Los eruditos a la violeta rebate el Quijote en su "lettre" LXXVIII, y, además, el título, Cartas marruecas, recuerda el de las Lettres persanes, pero sería inútil buscar en la obra española una página, un juicio, un detalle artístico que parezca tomado de la obra francesa. Mal podemos, pues, censurar como falta de originalidad el uso de un artificio literario, viaje de un extranjero que anota sus impresiones, del que tampoco es Montesquieu el iniciador.
Los elementos que combina nuestro autor son escasos, ya que los corresponsales de su epistolario son solamente tres, y para eso las cartas de uno de ellos, el sabio moro Ben-Beley, son en corto número, de gran brevedad y contienen sólo reflexiones morales. Los otros dos son Gazel, árabe venido a España en una embajada, y su amigo, español y cristiano, Nuño Núñez, que representa, en realidad, al mismo Cadalso, ya que sus cartas, juiciosas y de notable moral, reflejan el sentir íntimo del mismo autor.
Lo que interesa en esta obra es la crítica serena y razonada de las cosas de nuestra Patria, que Cadalso conoció y amó. La ágil travesura de Los eruditos a la violeta aparece en algunos lugares de las Cartas marruecas al burlarse el autor de preocupaciones, modas y usos de la vida cortesana; pero en otras muchas páginas el tono se eleva y adquiere una superior dignidad, ya porque vibra el autor con una evidente e irreprimible acción patriótica, ya porque se eleva a conceptos morales que si bien son típicos del humanitarismo del siglo XVIII, tienen una raíz en la hombría de bien del propio Cadalso. Las cartas que se cruzan entre los moros Gazel y Ben-Beley y el español Nuño no siguen, por lo que se refiere a los demás, un orden determinado; pasa el autor de unos asuntos a otros, sin sujetarse a un sistema, y, a veces insiste en determinados puntos que le atraen de modo especial. Tampoco es unánime el tono, en el que se salta inopinadamente la burla ligera a la declaración trascendental. Dentro de esta extraordinaria diversidad destaca, como tema central, España. Cadalso lamenta la decadencia en que vive en su tiempo la Patria querida, estudia la forma de levantarla de su postración y presenta, como gloriosos modelos, a los varones ilustres de la antigüedad. Ya en las primeras cartas estudia la historia de España y, sobre todo, la conquista de América, para oponerse a la injusta crítica de los extranjeros; elogia a los varones insignes de la casa Borbón y, más tarde, pinta reiteradamente el carácter de los españoles, subrayando, junto a la inercia, otro vicio nacional: el orgullo, que es, desde otro punto de vista, verdadera virtud social. Es amargo el cuadro de la decadencia de España, pintada simbólicamente como una inmensa casa que se derrumba: Cadalso intenta señalar algunas causas, entre ellas el atraso de las ciencias y la escasa remuneración de los que a ellas consagran sus actividades. La relajación de las costumbres le arranca páginas indignadas; pero, en general, la pintura de la sociedad de su tiempo está hecha con ligereza irónica.
Matiz burlesco y estudiada superficialidad tienen, pues, otras cartas, en que se traza un cuadro de las costumbres de la época: el orgullo de la nobleza hereditaria, el afán por adquirirla, la donemanía, los cumplimientos, la pedantería, las conversaciones fastidiosas, el lujo, los pleitos, las participaciones de boda, las cartas familiares, la coquetería son asaetados con gracia un poco ingenua. Y no olvida Cadalso otro de los aspectos más característicos de su siglo: el galiparlismo. Una de las cartas más ingeniosas está consagrada a satirizar el lenguaje a la moda de los jóvenes de aquel tiempo que manchaban la limpieza de la lengua española con torpe y abusivo empleo de palabras francesas. No es sólo éste el tema de carácter literario que aborda Cadalso, para el cual no podían ser indiferentes los problemas de su arte; los vicios del lenguaje, la oscuridad, el abuso de la antítesis, los defectos de las traducciones, el modo de escribir la Historia y otros asuntos análogos solicitan su pluma.
Pero Cadalso no hace sólo labor crítica, destructiva; quiere, al par que ir señalando los defectos, indicar la forma de corregirlos, y esto le lleva a soluciones de tipo moral, más individualistas que nacionales; es decir las páginas de este tipo que encontramos en las Cartas marruecas están encaminadas, más que a dar soluciones para los problemas de la nación, a conseguir la perfección moral del individuo. Por eso muchas de estas páginas tienen un valor pedagógico que nunca han subrayado nuestros olvidadizos historiadores de la Pedagogía: así, cuando habla de la educación de la juventud a de la elección de libros. Cadalso en el fondo es un pesimista, que cree que el hombre ha nacido para ser infeliz, y considera como su estado más envidiable el que se logra en la vida retirada, a cantar la cual consagra alguna de sus más bellas páginas. Lo más interesante de sus ideas es el concepto absoluto de la bondad como norma humana. Censura Cadalso (carta XXXVII) que los adjetivos "bueno" y "malo" hayan sido sustituidos por "bonito", "hermoso", "luido",... La bondad humana es lo único que le obsesiona; por eso afirma que el maestro no debe preocuparse por hacer al niño más instruido, sino por hacerlo mejor (carta XLII). Es decir: no sólo enseñar, sino, ante todo, y con preferencia, educar. En este sentido pedagógico, Cadalso es un escritor moderno. Os dejo, como siempre, en buenas manos y buenas letras.
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27.03.2008 18:00
buena opinion, un saludo
27.03.2008 18:00
buena opinion, un saludo
27.03.2008 18:00
buena opinion, un saludo