AMOR EN LA ETERNIDAD

3  02.08.2010

Ventajas:
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Desventajas:
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andrea-marta

Sobre mí: ♥♥♫ ♫♫ ♫Y a oscuras, puedo oír el latido de tu corazón. Intenté...

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Jamás, olvidare tu cara, ni tu mirada el día en que por última vez me dijiste adiós.
Allí en la estación me diste el último beso apasionado, como si presintieses que algo malo iba a ocurrir, al subir aquel maldito tren que te llevó a la muerte y a mí me condujo a la más eterna locura.

Viví durante mucho tiempo de recuerdos, de caricias imaginarias, de roces estremecedores, añoraba tu presencia en cuerpo, pero te sentía a mi lado.

Dijeron que estaba loca, que no asumía tu ausencia y que debían ingresarme en un psiquiátrico, para evitar hacerme daño a mi misma. Sí, eso dijeron aquellos matasanos.


Querían alejarme de ti, aún sabiendo que no lo conseguirían fácilmente, mi cuerpo te pertenecía, mi alma era tuya y a cada paso que daba tú me seguías, como siempre habías hecho.


Te añoraba tanto que a veces te veía en mi habitación, hablaba contigo como si estuvieses allí conmigo y era entonces cuando entraba aquel horripilante enfermero para inyectarme algo que me hacía dormir.


Mis sueños te los dedicaba a ti, soñaba al mismo tiempo que recordaba como era hacer el amor contigo de la manera más frágil y cariñosa, con la sensibilidad que te caracterizaba, conseguía excitarme hasta llegar al orgasmo, solo con tu recuerdo.


Por eso deseaba con ganas ver aparecer al horripilante enfermero con la jeringa en la mano y me hiciera soñar con tu cuerpo desnudo, con tu mirada frágil, tus manos rodeando mi cuerpo, deseaba soñar a todas horas en aquellos maravillosos momentos que me evaporaban y me hacían sentir el máximo placer sintiéndote dentro de mi.

Estaba claro que los médicos no acertaban con el tratamiento que me hiciera olvidarte, pero… ¿cómo podía olvidarte yo? Si tú eras mi vida, sin ti yo no existía.


Era prisionera de tu amor, los matasanos no lo entendían, las enfermeras no me comprendían y los demás pacientes me llamaban “loca”, no puedes vivir con un muerto, decían.

- Algún día, os demostrare que él esta conmigo, que jamás se fue de mi vera, que sigue haciéndome el amor como aquella primera vez en aquella tarde lluviosa, bajo aquella arboleda del campo a las afueras de mi ciudad.


Ellos si estaban locos ya que con sólo nombrar esto se ruborizaban a extremos insospechados. ¡Malditos! El es mío y no me lo arrebatareis.

Estaba enferma, sí, pero de amor, un amor correspondido que seguía conmigo, hablaba conmigo y me hacía el amor cada vez que mis ojos se cerraban y deseaban sentir tus brazos.


Al fin, tu dulce voz se digno hablarme con el cariño al que me tenias habituada, para decirme que nadie me iba a creer, que era mejor que disimulase mi amor hacía ti y que hiciera creer a todo el mundo que estaba cuerda, para salir de aquel sanatorio en el que finalmente conseguirían volverme loca de verdad.

Comprendí que tenías razón, que mi credibilidad era nula y que tal vez todos tenían motivos suficientes para creer en mi locura.


Reaccione a tiempo, gracias a ti, me comporte como si te hubiese olvidado, como si nunca hubieses existido en mi vida, tanto me metí en mi papel que ignoraba tus palabras, mi único deseo era salir de allí irme a mi casa y vivir toda mi vida a tu lado.


Tarde mucho en convencer a los medicuchos de mi recuperación, pero al fin logre convencerlos y me dieron el alta. Por fin volvía a mi casa a mi vida, volvía a tu lado que era lo que me pedía el cuerpo.


Recuerdo aquellos días tan felices los dos solos, en nuestro hogar, disfrutando de las horas juntos, del amor que sentíamos mutuamente el uno por el otro. Pero yo salía a trabajar cada día y me costaba grandes esfuerzos no perder la compostura, no nombrarte, no recordar, cada día era una pesada carga fuera del hogar que nos unía.

Pero ella tuvo que venir a estropear nuestras noches, nuestros días y el amor que ambos sentíamos, se presento en casa sin avisar, se alojo como si fuera su casa y ella solo quería cuidar de mí y comprobar que efectivamente estaba bien.


Ella era mi madre, que venia a espiar nuestros movimientos, sé que solo se preocupaba por mí, pero ella era una mosca molesta que interrumpió nuestros planes.

Me miraba extrañada, me hablaba en un código que yo no entendía, empezaste hacer de las tuyas cuando yo no estaba en casa para obligarla a irse y ella lo captó, entendió entonces que existías realmente que no era fruto de mi imaginación exagerada, pero no se atrevió a decirme nada, lo escondió a mis espaldas cuando yo aún no sabía nada de lo que estabas haciendo con ella.

Pero un día ya no pudo más y se me puso a llorar como una niña, intentó decirme que había notado tu presencia y que debía vender la casa, porque estaba maldita, oía ruidos, voces que gritaban que se fuera, las puertas se cerraban solas y ella tenia miedo. De mi boca sólo salieron dos palabras “estas loca”.

Se fue, volvió a dejarme sola contigo, perdí a mi madre, a mis amigos y a todo aquel que no me entendía. Seguí viviendo, pero estaba muerta.

Fue entonces cuando te diste cuenta que me habías destrozado y que no podías seguir así y decidiste abandonarme, el daño estaba hecho ya. Me quede sola. Y tuve que aprender a vivir sin ti.

Los días fueron pasando y decidí vender el piso en el que tan feliz me hiciste porque los recuerdos me hacían daño, tenía que rehacer mi vida, sabia que algún día nos volveríamos a encontrar, pero hasta entonces tenía que vivir.

En esta nueva vida que empecé en otro barrio donde nadie me conocía, volví a vivir sin saber que el amor llamaría otra vez a mi puerta.

Conocí a Daniel que me devolvió la ilusión que creía que jamás recuperaría, con él me reencontré y lo que creía que nunca olvidaría desapareció, el amor volvió a mí con la ternura, la comprensión y los besos que desinteresadamente Daniel me ofrecía, su apoyo fue vital para mi total recuperación. De nuestra unión nació Jorge, le puse tu nombre porque no quise olvidarte, porque jamás podría hacerlo, aunque aprendí a vivir con ello.


Han pasado muchos años, Jorge ya es todo un hombre y sus hijos llenan mis vacíos, Daniel me dejo hace ya algún tiempo, pero Jorge y su esposa se ocupan de mi, no puedo quejarme tuve mucha suerte al tenerle. Ya no soy aquella jovencita alocada que se deshacía entre tus caricias, mi piel ya no esta tan tersa, mi pelo se ha vuelto canoso pero espero que sigas esperándome allá donde te halles, porque yo espero ansiosa ese día que cada vez esta mucho más cercano.

Siempre tuya, Julia.


Andrea-marta.

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Comentarios sobre esta opinión
magallanes13

magallanes13

23.04.2013 08:59

Es una carta preciosa. Saludos. 23/04/13

magallanes13

magallanes13

23.04.2013 08:55

¡Preciosa carta! No se si es original tuya pero ¡me encanta! Saludos. 23/04/13

Airesdelsur

Airesdelsur

06.01.2011 19:54

Precioso!

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