Sobre mí:No puedo ser muso de mí mismo, por eso soy el tuyo
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Mi madre, que es una santa, tiene la extraordinaria "virtud" de llamarme por teléfono pillándome en los lugares y situaciones más insospechados...
- ¡Álex! - Hola, mamá. Estoy subiendo a la torre de una iglesia. - ¿Sí? - Sí..., uf, no hay escalones aquí... Es que hay un mirador arriba y vamos a ver la ciudad.
Medio mareado y casi sin aliento de seguir dando vueltas a aquella interminable escalera al ritmo frenético al que Monika se desplaza a todas partes, intento a duras penas seguir la conversación con mi "oportuna" madre, hasta que llegamos a lo alto del campanario de Swieto Anny (Santa Ana). Y allí está Varsovia...
Si no hubiera perdido el aliento por la subida, aquella vista lo habría logrado. Stare Miasto, la Ciudad Antigua, parece un pueblecito de cuento de los hermanos Grimm a nuestros pies, con sus casas de colores y sus tejados rojos y puntiagudos, con las torres de la Archicatedral, el Castillo y las demás iglesias, con su muralla de ladrillo rojo trazando una parábola de peculiar irregular perfección. Cuando despierto, me doy cuenta de que Monika me está mirando bajo su gorro de lana y su abrigo rojo, con una boba sonrisa y los ojillos brillantes de satisfacción por enseñarme su ciudad, y mi madre sigue al teléfono preguntándose qué pasmo le habrá dado a su hijo para que no le responda.
El casco antiguo de Varsovia se divide en dos partes, ambas de muy reducida extensión hoy en día: Stare Miasto o la Ciudad Antigua, y Nowe Miasto o la Ciudad Nueva. En realidad toda Varsovia, con sus dos millones de habitantes, es una "Nowe Miasto", dado que fue brutalmente arrasada en la Segunda Guerra Mundial. Es sobrecogedor observar las fotografías que ilustran este hecho histórico: Varsovia aparece en ellas como inmensos campos de escombros, salpicados por exiguas ruinas en equilibrio entre las que brotan humaredas de desolación. De un plumazo, Varsovia había dejado de existir físicamente, y con ella gran parte de los varsovianos de entonces, muchos de ellos, demasiados, judíos deportados a los campos de exterminio nazis de Treblinka, Auschwitz (Oswiecim)... Los polacos mantienen hoy en día ese carácter irredento de pueblo que siempre ha tenido una existencia poco apegada a lo material pero sí una conciencia colectiva muy fuerte y definida, que les
Fotos de Casco antiguo de Varsovia (Stare Miasto), Varsovia
Álex en Stare Miasto
hizo capaces de aparecer y desaparecer sucesivas veces del mapa de Europa desde los tiempos más lejanos y oscuros de la Historia. Decenas de veces partidos y repartidos entre las más fuertes potencias vecinas, asolados y renacidos de sus cenizas como una soberbia ave fénix (similar sin duda a ese gran águila que forma el escudo de la Universidad de Varsovia, que tanto me recuerda al de mi Universitatis Granatensis). Ése es también el carácter que ha configurado esta ciudad, mártir de Europa, que le permitió resucitar de aquellos páramos de destrucción para convertirse en lo que es hoy, esta urbe ultramoderna que se enorgullece de las etapas más gloriosas de su pasado y no olvida las más terribles, dando una lección de humanidad al mundo.Así pues, el casco antiguo varsoviano no es otra cosa que un fenomenal "facsímil" del original, que fue sistemáticamente destruido. En la posguerra se inició un arduo proceso de reconstrucción minuciosa del núcleo más significativo de la ciudad, basado en una detallada documentación iconográfica que se remontó nada menos que a las "vedutti" de Bernardo Bellotto, Canaletto el Joven (1721-1780). Entre estos excepcionales óleos, grabados y fotografías diversas se creó la base de información gráfica para volver a reproducir la ciudad antigua tal y como era. Y tan perfecto fue el trabajo de "resucitación" urbana que la UNESCO reconoció su importancia en 1980 otorgándole el reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad.
Bajamos del campanario de Santa Ana de nuevo a la helada niebla callejera. Plac Zamkowy (Plaza del Castillo) es el portal por el que se accede a Stare Miasto, con el Castillo Real (Zamek Krolewski) presidiendo el espacio, y el rey Segismundo III Vasa observándonos desde lo alto de su columna. Las congeladas y apresuradas hormiguitas, o sea, nosotros, se introdujeron por la bocacalle de Swietojana (Calle de San Juan). A los pocos metros, aparece la Archicatedral, con su sobria fachada gótica de ladrillo, y su interior no menos desnudo y austero. Un poco más adelante, se abre el corazón de la ciudad: Rynek Starego Miasta. La famosa Plaza del Mercado de la Ciudad Vieja.
Es la auténtica plaza mayor de Varsovia, y el espacio donde los restauradores se aplicaron con más ahínco y exactitud. Horas más tarde, el padre y el hermano de Monika desplegarían ante mí en el salón de su casa los grandes pliegos de los planos utilizados para diagnosticar el estado en que habían quedado los cuatro frentes de la plaza tras los bombardeos y las trazas para devolverlos a su estado prístino. Con los trozos conservados en una tinta más gruesa y las obras proyectadas en trazo más fino, fui recorriendo aquellos añejos alzados con un indisimulable gesto de admiración.
Seguimos avanzando hasta salir del recinto más antiguo, amurallado, por la llamada Barbacana, que es una puerta fortificada con un baluarte semicircular torreado. A partir de allí comienza propiamente Nowe Miasto, la llamada Ciudad Nueva que no es sino la expansión de la ciudad fuera de sus murallas, pero también de orígenes medievales. Varias iglesias y la tienda favorita de Monika para comprar cafés y tés nos acompañan hasta llegar a la otra plaza principal: Rynek Nowego Miasta o la Plaza del Mercado de la Ciudad Nueva. Sin el empaque de su homónima vieja, este lugar es un remanso de paz en la "antigua" Varsovia y aquí encontré el que se convirtió en mi rincón favorito de la ciudad (equiparable a una ya "famosa" fuente tetuaní de la que ya hablé en otra opinión). Pero no fue este día cuando pude visitarlo, arrastrado como iba por la irrefrenable aceleración vital de Monika. Tuve que venir solo...
Recorriendo a mi aire (a pesar de las reticencias de la buena de mi "madre polaca" a dejarme solo por la ciudad sin saber ni una palabra del idioma ni comprender las líneas del transporte público) la Varsovia del holocausto y del gueto, llegué hasta aquí de nuevo. Era una mañana fría, de nuevo, apenas algún solitario grado sobre cero en la escala Celsius. Otra vez la cotidiana niebla que todo envolvía y empapaba. Y la soledad de acercarme por el extremo norte, desde barrios residenciales no turísticos. La extraña sensación de andar por la ciudad desconocida con esa suicida seguridad con la que me lanzo hacia un objetivo cuando la ilusión me espolea. Desde una calle nunca vista antes desemboqué, como por arte de magia, en la Rynek de la Ciudad Nueva. ¡Hola, Nowe Miasto, aquí me tienes de nuevo!
Crucé la irregular plaza (su forma es algo como un triángulo alargado con un lado cóncavo, con la iglesia del Sacramento adelantando su blanquísima fachada neoclásica y ocultando a la sencilla Santa Benona). Llegué hasta el prolongado vértice y allí, junto a un par de pequeños Polski Fiat (nuestro Seat 126 se convirtió en una especie de vehículo nacional en la Polonia comunista, y hasta tuvo esa patriota denominación), contemplé mi objetivo. La torre de ladrillo oscuro se elevaba esbelta, con sus frontones trilobulados decorados con pequeñas arcuaciones. La iglesia de la Visitación de Nuestra Señora aparecía, sola y tranquila, en aquel olvidado rincón de la capital polaca. Empecé a rodearla. Una ancianita encorvada rastrillaba las hojas secas en el jardín de la entrada, con sus botas de agua (prefiero no llamarlas "katiuskas" en este contexto) y un floreado pañuelo que difícilmente protegía su plateada cabeza del frío. Seguí avanzando por el callejón, fotografiando literalmente todo hasta el terraplén sobre el río. Allí abajo estaba la bulliciosa autopista Wislostrada (Carretera del Vístula) y el anchuroso y lento cauce del río Vístula (Wisla), con el barrio de Praga en la otra orilla (adonde "mi padre polaco" me recomendaba no ir porque "verás casas viejas, casas nuevas, pero tu cartera no la verás más"). Un señor paseaba a su perro, y pasaron junto a mí, por detrás del ábside de la iglesia, introduciéndose en el parquecillo donde el correteador can podría explayarse. Me chirriaba el denso tráfico de la autopista tan cerca de esta mística iglesia medieval que había sido fundada por la princesa mazoviana Anna Danuta en 1411, la iglesia más antigua de Varsovia, un reducto de la historia milagrosamente salvado de la destrucción nazi.
Con estos arrebatados minutos que disfruto, como siempre, en soledad, di por completada mi visita a Stare Miasto. Otros rincones, como la calle Escalera de Piedra (Kamienne Schodki) con su descriptivo nombre, la calle Antigua (Dawna) y su cobertizo azul, la placeta de la Canonjía (Kanonia) y la quebrada campana de bronce de la catedral, salvada entre los escombros tras los bombardeos y vuelta a pegar, mostrando todas sus grietas... Todos ellos, digo, son meras anécdotas, foto aquí y foto allá para cubrir el expediente turístico.
Pero mi paso por la "nueva" Ciudad Vieja de Varsovia había quedado suficientemente asentado en mi espíritu, escribiendo otra página de mis crónicas viajeras.
- Mamá, te llamo luego, en la comida, y te cuento, ¿vale? Un besito.
Me ha encantado tu opinión, el viaje y las fotografías. Un excepcional para ti. Me voy a aventurar a recomendarte algunas ciudades, Munich, Budapest y Bremen, no sé si habrás estado, pero me ha recordado mucho tu opinión a estos sitios. Un saludo!
Que frío me has dao xDDD Siempre que algún sitio te deja sin aliento o te mata del vertigo es que merece la pena ser visitado. Aun así creo que serías un buen guía de viajes, te lo has aprendido todo xDD Sobre las fotografías (me encantan) es estupendo el contraste de los tonos rojizos con los verdes y pastel de la ciudad. La campana esa gigante se me recordó a una que hay en Toledo, pero la mayor parte del tiempo no está abierta al público. Me encantan tus viajes :*
07.09.2008 23:13
ahí te va un excep!!! nunca he estado...qué envidia
08.08.2008 00:39
Me ha encantado tu opinión, el viaje y las fotografías. Un excepcional para ti. Me voy a aventurar a recomendarte algunas ciudades, Munich, Budapest y Bremen, no sé si habrás estado, pero me ha recordado mucho tu opinión a estos sitios. Un saludo!
05.05.2008 12:50
Que frío me has dao xDDD Siempre que algún sitio te deja sin aliento o te mata del vertigo es que merece la pena ser visitado. Aun así creo que serías un buen guía de viajes, te lo has aprendido todo xDD Sobre las fotografías (me encantan) es estupendo el contraste de los tonos rojizos con los verdes y pastel de la ciudad. La campana esa gigante se me recordó a una que hay en Toledo, pero la mayor parte del tiempo no está abierta al público. Me encantan tus viajes :*