LA LLAMA ETERNA SIGUE LUCIENDO
13.02.2008
Ventajas:
te hace pensar, sentir y desear un mundo diferente
Desventajas:
que sea un monumento a la desgracia
Recomendable:
Sí
 bedizu
Sobre mí:
JOSÉ Y PILAR___HOP___83ª CEREMONIA DE LOS ÓSCAR___RABBIT HOLE___CRANFORD___CISNE NEGRO___¡QUÉ TIEMPO...
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Hace poco escribí una opinión sobre Washington D.C. en general http://www.ciao.es/WashingtonDCOpinion1446954 y en ella prometí escribir sobre este cementerio monumental, que me impresionó muchísimo. Para llegar a él hay que cruzar un puente que cruza el río Potomac, y se sitúa justo al otro lado del río del monumento a Lincoln. Si desde el Capitolio miras de frente verás el monumento a George Washington (un obelisco descomunal), tras él el de Lincoln y por último, el río Potomac y el cementerio de Arlington.
Los más de 100 cementerios militares de EEUU surgieron por la necesidad de quienes comandaban las tropas de enterrar a los caídos en combate. Cuando las bajas de la Guerra Civil desbordaron los hospitales y los cementerios de Washington y sus alrededores, se empezaron a enterrar de cualquier manera en las colinas propiedad de Robert Lee muchos cadáveres de soldados. Lee era unionista, pero aunque Lincoln le ofreció un puesto de responsabilidad en este ejército, él dijo que acataría lo que el Estado de Virginia decidiera. Como optaron por enfrentarse a la Unión, tuvo que luchar en el otro bando, hasta ser vencido y rendirse en Appomattox. Esta circunstancia, la de haber luchado contra los vencedores siguiendo lo que la lealtad a su estado le marcaba, hizo que tuviera fama de desleal entre los unionistas, y por eso nadie puso impedimento a sembrarle sus tierras con miles de cadáveres de soldados de la Unión caídos en combate, supongo que para que se sintiera culpable cuando se asomara a la ventana.
Cuando ya había 16.000 tumbas, el estado le compró 200 acres (810metros cuadrados) para transformarlas en un cementerio digno, pero el heredero de Lee, Custis Lee, interpuso una demanda porque no era suficiente la compra, ya que tenía su casa rodeada de tumbas, su número iba creciendo y abarcaban mucho más de 200 acres. Al final, el Tribunal Supremo le dio la razón, y el estado tuvo que pagarle 150.000$ por la titularidad de la tierra, antes destinada al cultivo de tabaco, con cabañas para esclavos y demás. De esta disputa por el terreno ha quedado una mancha eterna sobre el nombre de Custis Lee, y en todas las guías se habla de él en tono nada elogioso por haber tenido la osadía de llevar a juicio algo tan delicado. La casa de este terrateniente sigue en pié y se puede visitar.
El Cementerio de Arlington hoy en día es un terreno inmenso que forma parte de los Cementerios Nacionales (no hay en todos los estados, pero sí en muchos) y ha adquirido carácter monumental en su conjunto, además de incluir algunos puntos que a mí me parecen de obligada visita para quien visite Washington. Colinas y colinas plagadas de tumbas idénticas es lo que hemos visto en muchas películas, y este cementerio nos muestra eso y mucho más, si nos quitamos de la cabeza la idea de que un cementerio es una visita poco atractiva. No lo es, y tanto es así que en mi próxima visita a Washington volveré a visitarlo para conocerlo mejor. Oficialmente está en el estado de Virginia (que en principio cedió parte de sus tierras, junto con Maryland, para que se creara la ciudad, pero luego se las devolvieron), pero como la verdad es que sólo tienes que cruzar el puente tras el Monumento a Washington, pues está claro que es parte de la ciudad.
¿Qué hay en Arlington que lo haga tan impresionante? Nada más llegar, nos encontramos con el Pórtico en Memoria de Robert E. Lee, el dueño original del terreno. A su izquierda está el centro para visitantes, donde ofrecen información, puedes comprar el ticket para hacer una visita guiada, hay una tienda buenísima de libros y objetos relacionados con el cementerio y una exposición fotográfica que no sé si era fija, pero parecía temporal.
En la exposición había fotos impresionantes del entierro de Kennedy, de entierros de gente normal, del cementerio en distintos momentos del año... esas fotos te ayudan a entender lo que simbolizan esas colinas, en cuyos 2.5km cuadrados se distribuyen 290.000 tumbas. Entierran a 5.400 muertos al año, aproximadamente. Sí, los números impresionan. La tienda es de lo más completa, a pesar de no ser muy grande, y puedes encontrar libros sobre Arlington, planos antiguos, souvenirs, biografías, libros de fotografía especializados en los cementerios nacionales... Me compre una copia del periódico que se publicó la tarde en que mataron a Kennedy.
Yo recomiendo pagar los 7$ (5 euros) que cuesta la visita guiada, porque el cementerio es enorme y, aunque la idea de ir con un pequeño autobús por las carreteras interiores parece poco respetuosa, lo cierto es que todo se hace de forma naturalmente discreta. Todo el mundo es consciente de dónde está y no parece una atracción de feria. También se puede hacer la visita guiada como parte del recorrido por la ciudad de la misma empresa que hace la ruta interna, y que cuesta 32$ (22 euros). Sólo los autobuses de esa compañía pueden recorrer el cementerio, para evitar que sea un cachondeo. De todas formas, la entrada es gratuita. Yo opté por tomar el autobusito este, que tiene cuatro paradas en los puntos más importantes del cementerio y puedes bajar en cada una y estar el tiempo que quieras, o bien los 10 minutos que tarde el autobús que te trae en partir o bien esperar al siguiente, que pasa en menos de 20 minutos. Es un autobús incómodo, con poco espacio para las piernas, pero tampoco estás en él mucho rato. Lleva un guía que habla un inglés incomprensible, porque no sólo tienen algunos ese acento cerrado de los negros que no hay quien entienda, sino que uno de los guías que nos tocó era de los cantarines, que recitaba su rollo como los niños las tablas de multiplicar. Me pareció impresentable que no se tomen la molestia de hablar claro (no digo ya en otro idioma). Me quedé más tranquila (por mi capacidad de comprensión del idioma) cuando los propios estadounidenses dijeron que no se le entendía nada a uno de los guías.
En cualquier caso, recomiendo la visita guiada, pero si yo la repitiera, alquilaría unos auriculares que tienen en el edificio de recepción con una grabación (imagino que en cualquier idioma) para guiarte en la visita. Es un sistema que siempre que lo he utilizado me ha parecido estupendo (lo hay en museos y tú seleccionas de qué cuadro quieres que te hablen, y lo he usado también en la Ciudad Prohibida y el Templo del Cielo, en Pekín, donde la grabación te marca la ruta a seguir). Mientras esperas el primer autobús, lo primero que te sorprende es el silencio, un silencio denso, un aire tranquilísimo, una atmósfera ajena a la autopista que linda con la entrada, cuyo bullicio no llega más allá del pórtico. Supongo que habrá épocas del año en que el cementerio tenga demasiados visitantes, pero tuve la suerte de estar allí un día de invierno, con una capa de nieve que empezaba a derretirse y dejaba en parte ver el cuidadísimo césped. No éramos más de 8 por autobús y el cementerio estaba prácticamente desierto. Verlo en esas condiciones no tiene precio.
Sin saber qué íbamos a ver exactamente, alucinamos al ver cómo los pajarillos del cementerios, una bandada de centenares de ellos, levantaba el vuelo por pequeños ruidos. Es un silencio tal el que hay en este lugar que los pájaros se posan durante minutos, hasta que un pequeño movimiento o un ruido los espanta y cubren el cielo, todos pequeños y negros. No sé si son gorriones o qué, pero es muy impresionante ver cómo sobrevuelan la zona y vuelven a posarse, en ese tiempo sin tiempo que cubre estas colinas.
Las tumbas comunes
Por comunes quiero decir "normales". El cementerio está muy bien organizado, y sus caminos son serpenteantes, de modo que van bordeando las distintas zonas, cruzándose entre sí. En cada zona están enterrados los caídos en distintos conflictos, aunque no es un cementerio sólo para caídos en combate. Cualquier persona que haya pertenecido al ejército estadounidense puede solicitar ser enterrado en un cementerio
Fotos de Cementerio Nacional de Arlington, Washington D.C
militar (supongo que es algo que uno marca en el propio expediente) y son sus familiares los que, si están de acuerdo con el deseo del difunto, piden que el entierro sea aquí (pueden decidir enterrarlo en otro lugar aunque el fallecido haya estipulado otra cosa).
Dentro del cementerio hay dos tipos de tumbas: a la derecha del camino están las lápidas blancas, todas idénticas, que se alinean hasta el infinito. Sólo se distinguen por el nombre, evidentemente, y porque muchas tienen una pequeña cruz o una estrella de David grabada. En la distancia, son idénticas. Estas tumbas son las de entierros organizados por el estado, y me da la impresión de que son las de aquellos cuya familia quiere subrayar su servicio a la nación. A la izquierda están las tumbas variadas en su diseño, que son las de aquellos cuyas familias desean enterrarlos aquí, pero sin que se diluya tanto la individualidad del difunto. No son tan diferentes entre sí como las de otros cementerios, pues las lápidas son parecidas (gruesas o finas, con algún detalle adicional, algún tipo diferente de mármol, pero poco más), pero se pierde el efecto unificador del lado de la derecha.
Yo entiendo este deseo de la familia, porque el hecho de que las lápidas sean idénticas es sumamente simbólico. Al ver esa inmensidad se ve el sacrificio de una nación (dejemos a un lado las razones para entablar guerras, pues se trata de la vida de cada soldado que cumple órdenes), se desdibuja el carácter individual de cada difunto para formar una paisaje impactante de muerte y honor. Sí, esa palabra te viene a la mente aquí, porque sean las que sean las razones que llevan aun chico a alistarse en el ejército, lo menos que puede hacer su país es honrarle como merece, y en Arlington se les concede ese honor.
A mi modo de ver, quienes eligen una lápida más personal están queriendo decir que fue un soldado pero fue muchas cosas más. Es una interpretación mía, tal vez errónea. En cualquier caso, el efecto unificador de las tumbas idénticas y perfectamente alineadas es devastador sobre quien lo contempla, mucho más cuando empiezas a ver que hay tumbas que tienen pequeñas coronas o alguna flor. De algún modo uno ve esas colinas y piensa que son personas lo que hay bajo las lápidas, pero... no parece real, no parece un drama individual... hasta que ves la primera corona. Yo no sé si soy una tonta por impresionarme por estas cosas, pero lo cierto es que no esperaba ver coronas. En mi mente, eran tumbas de gente "antigua", pero al ver fechas recientes entendí que Arlington crece y crece, que hay coronas porque alguien aún añora a quien ahí yace.
Conmueve enormemente leer las fechas de las tumbas. Hay algunas de hace tiempo, pero hay otras de hace apenas dos meses. No sólo hace pensar la fecha de las muertes, sino la del nacimiento. Es cierto que hay muchas tumbas de veteranos que murieron en la cama, pero también lo es que multitud de lápidas nos hablan de personas muertas con 20 años y estos todos sabemos que no han muerto en la cama. Muy impresionante.
Los entierros
Cada día hay entre 21 y 24 entierros, y todos ellos se realizan exactamente igual a como se hacían hace 130 años: el féretro, envuelto en la bandera estadounidense, es llevado por seis caballos iguales en una carreta descubierta, seguida por un reducidísimo cortejo de familiares. El entierro es rapidísimo, no dura más de 20 minutos, y en ese tiempo se hace el ritual de doblar la bandera que cubría el ataúd para entregársela a la viuda, madre o hijos del fallecido. Si además se trata de un funeral honorífico, se acompaña con tambores y, cuando el féretro baja, se entona "Taps " con una trompeta (todos la hemos oído mil veces, aunque no la identifiquemos con ese nombre), al tiempo que se disparan salvas. Por cierto, el pobre hombre que tocó "Taps" el solo con una trompeta en el entierro de Kennedy desafinó una nota final, importantísima. Pocos días antes había entonado el mismo tema ante el presidente en el homenaje en el Monumento al Soldado Desconocido y lo había hecho de forma impecable, pues era un profesional. Cuando se quebró la nota, pocos bienintencionados quisieron ver en ello que era como cuando se quiebra la voz por la pena, y la mayoría puso a parir a este señor por haber estropeado un momento crucial. El hombre vio marcada su vida desde entonces como "el que destrozó Taps en el entierro de Kennedy" y nunca salió de esa, por más explicaciones que quiso dar.
Lo increíble de Arlington es que a medida que vas viendo cosas te va demostrando lo real que es. Quiero decir que yo no podía creer que esto era así, tan ritual, pero hay un horario de entierros diario y es muy posible que el visitante vea uno de estos cortejos fúnebres. (Aquí tendría que hablar de la tumba de Kennedy, que es el primer punto de la visita, porque voy a incluir un vídeo y creo que es mejor hablar de ella al final para cerrar esta "visita virtual" que os estoy haciendo.)
Monumento al soldado desconocido Tras pasar por la tumba del primer negro enterrado allí (parece mentira que esas cosas haya que subrayarlas, pero es que tardaron décadas en admitir que los negros también merecían el honor de ser enterrados en cementerios nacionales), llegamos al Monumento al Soldado Desconocido.
Se completó en 1932 y en bajo él están enterrados cuatro soldados desconocidos de las grandes guerras estadounidenses del s.XX (dos guerras mundiales, Corea y Vietnam). En realidad la de Vietnam está vacía, porque durante el mandato de Clinton la familia del soldado (que no era desconocido) pidió que se hicieran pruebas para ver si eran sus restos, y cuando se comprobó que así era, la familia prefirió llevar sus restos a donde vivían. Desde este monumento se divisa todo Washington, y está custodiado por una guardia permanente. El cambio de guardia (21 pasos, 21 segundos de pausa, media vuelta y otros 21 pasos) se produce cada hora en verano y cada media hora cuando el grajo vuela bajo. No me extraña, porque entre la nieve, el mármol, el airecito de la colina y tal, los pobres custodios deben quedarse congelados.
Justo detrás de este monumento está el anfiteatro "nuevo". Lo de nuevo es relativo, porque data de 1921, pero es que antes había uno que, por contraste, se llama el "antiguo", y que a mí me impresiona más, pues está decrépito, cubierto de hiedra en algunas partes, pero se ve lo que fue. En su día (1868) formaba parte del jardín de Lee y estaba cubierto de viñas. Me pregunto si lo que me pareció hiedra era hiedra o viñas o qué. El anfiteatro nuevo es, como casi todo en Washington, neoclásico. Es bonito pero no es algo que me impresionara. Piedra. Piedra con pretensiones, pero piedra.
Frente a las 1500 personas que cabían en el antiguo, aquí caben 5000, que se congregan para celebrar el Día del Soldado Desconocido, funerales de Estado (aunque hace tiempo que no hacen ninguno aquí) y el Día de los Veteranos. Si no me llamó la atención el anfiteatro fue porque me pareció tal intento de emular y arrejuntar cosas de estilo europeo que el efecto es frío. No es feo, es frío, no me dice nada. Está diseñado para impresionar, y eso es más fácil hacerlo desde la sencillez, como sucede en la tumba de los dos Kennedy, que desde la ampulosidad. En cualquier caso, merece la pena verlo.
Muy cerca del anfiteatro nuevo está el Monumento a los Caídos en el Maine, en la guerra contra España, único lugar del cementerio en el que se nos acercaron unos estadounidenses a preguntar de dónde éramos ¡vaya casualidad! El monumento en sí no es especialmente "artístico". Tienen el ancla del Maine (impresionante en tamaño) y el mástil, que se eleva sobre una construcción cilíndrica en la que están grabados los nombres de los casi 300 que murieron, junto con su función en el barco. En estas cosas siempre me llaman la atención los personajes de fondo, esos cuyo nombre no quedará en la memoria de nadie como héroes y que poco menos que "pasaban por allí". En ese listado vemos al marinero raso (que ni siquiera era parte del ejército), al segundo ayudante carbonero (dime tú qué pintaba ese pobre hombre muriendo en una guerra gilipollesca), el "aceitador"... y luego están, sobre una pequeña puerta, grabados los nombres del Teniente, Lugarteniente y demás figurones. En esa pequeña construcción no se puede entrar, pero desde fuera se ve que tienen la campana del barco.
Junto a ese monumento están unas lápidas que sirven de homenaje a distintas personas: una para los fallecidos en el Challenger y otra para los del Columbia (que murieron al regreso de su misión). Realmente no son lápidas, puesto que los restos de los astronautas (que para mi sorpresa sí fueron recuperados e identificados) yacen en otros lugares (dos en Arlington), pero sirve de recordatorio.
Entre las gracias que Josh ha dado a los encargados de dedicar monumentos en Washington no está la escultura. Lo que es la idea está siempre muy lograda, pero la ejecución de las estatuas... ¡por el amor de Josh! Hay excepciones gloriosas de estatuas muy bien hechas, pero en el caso de los relieves que representan las caras de los astronautas... parecen sacados del Planeta de los Simios ¡Menudo homenaje! También hay una lápida en homenaje a Glenn Miller, que yo no tenía ni idea de que había desaparecido en combate en la II Guerra Mundial. Su piedra conmemora no sólo su muerte, sino la de todos aquellos soldados cuyos restos no se recuperan.
Otras lápidas conmemorativas son las que sirven de homenaje a los muertos del avión de Pan Am que cayó por un ataque terrorista en las aguas de Escocia y otra por los fallecidos en el Pentágono en los sucesos del 11 de septiembre. Existe también una zona para los caídos confederados.
En esta zona del cementerio ví que hay tumbas muy antiguas en las que, como no se sabe exactamente quién hay, sólo marca el número de cuerpos y la batalla en la que cayeron "cuatro cuerpos hallados en nosedónde en tal fecha caídos en esta batalla". Entonces ví que también hay tumbas comunes, en las que están enterrados el militar y su esposa o algún hijo menor de edad. La lápida sólo es una y el espacio es el mismo (nunca he podido quitarme de la cabeza la idea de que los entierran en vertical, aunque no sea así). Cerca del Anfiteatro también estaba la tierra que el estado concedió a 1000 esclavos liberados, y donde ahora están enterrados más de 4000 negros que fueron utilizados como "contrabando" y en cuyas lápidas hoy sólo pone "ciudadanos" o "civiles".
Muertos reales Se me ha olvidado decir antes que me dió la impresión de que no está permitido llevar cosas muy llamativas para dejar en las tumbas, pues todas las coronas eran pequeñas e idénticas, rojas, de flores de Pascua. Tanta uniformidad me hace pensar que hay normas al respecto.
En algunas de las tumbas se ve una banderita amarilla, y yo no quise quedarme con la curiosidad de qué significan. Cuando se lo pregunté al guía, se me quedó mirando alucinado y me dijo "¡es que esto... es un cementerio de verdad, con muertos de verdad!". O sea, me tomó por la persona más estúpida que jamás hubiera pisado Arlington. Le expliqué que me refería a las banderas amarillas, no a las coronas, y le dije que ya sabía que era un cementerio real ¿qué va a ser, un parque temático? Total, que entonces me contó algo tan prosaico como que las banderitas amarillas las planta el paisajista para que el del cortacésped sepa dónde va haciendo falta una pasadita. Claro, así está todo tan perfecto, ¡no te digo! Son cosas prácticas en las que uno no cae, en el trabajo burocrático y físico que requiere un cementerio. Lo de que son muertos reales, de los que importan a sus familias, es algo que no sólo se percibe por las coronas, sino por las tumbas pendientes de lápida o por los visitantes que te puedes cruzar.
Cuando estaba en el edificio de recepción, vi que había un localizador de tumbas. Tú llegas y escribes el nombre de la persona a la que buscas, la batalla en que cayó, la fecha de la muerte o del entierro, y la máquina te imprime un papelito con su localización, que se expresa en coordenadas. Ví a un hombre joven sacar uno de esos papelitos de la máquina, y con él se fue, con su cara de que no venía a ver el cementerio, sino a alguien concreto. Gente de ese tipo encontré en ese día tan frío, en el que sólo se oía el crujir de la nieve al paso de nuestras botas. También me fijé en que había un par de grupos de niños de colegio, como de 10 años. Sorprendente visita para niños, pero creo que puede servir para explicar que este lugar, más que un cementerio o un monumento frío, es historia (más que historia viviente sería historia doliente), es un mensaje que uno está obligado a recibir, sobre todo si es estadounidense. Igual que visitan el monumento a Lincoln, los estudiantes visitan este cementerio. Ojalá la visita calara, y ojalá la persona que duerme allí cerca, en la Casablanca, pensara en el mar de muertos que ya han dejado las guerras ¡y eso que ahí sólo tienen a sus muertos! ¿Qué sería un cementerio con todos los muertos de todos los bandos?
La casa Custis Lee Se puede visitar, aunque el horario es más reducido que el del cementerio, y junto a ella tenemos una construcción muy pequeña para los esclavos, me imagino que era para los que necesitaban que estuvieran muy próximos a la vivienda familiar, porque los que trabajaban en los campos estaban en barracones más alejados. Hay buenos planos, algunos de la época, que se muestran en la casa y te dan una idea de cómo era la zona antes del cementerio y de la vidorra que podía llevar un esclavista.
Cuando salimos del cementerio ya era casi de noche, y lo que me sorprendió fue que no daba miedo alguno, pues era sólo tranquilidad lo que allí se respira.
Monumento de Iwo Jima
La verdad es que está fuera del cementerio, pero por su proximidad lo voy a incluir aquí, porque creo que forma parte de la visita. Se encuentra cerca de una campana que Holanda regaló a EEUU, y no es un monumento a los caídos en esa batalla, en absoluto. La confusión viene porque se eligió la imagen icónica de los soldados estadounidenses intentando izar la bandera de su país (una segunda bandera, pues la otra había caído), tomada entonces, pero este monumento usa esa imagen para homenajear a todos los marines caídos por su país desde 1775. Las figuras miden diez metros, y 20 el palo de la bandera. Es gigantesca, y esta vez los escultores sí que han echado el resto, pues la factura es impecable, con unos rostros que impresionan y un detalle minucioso. Me sorprendió mucho que fuera igualmente impresionante vista desde cualquier ángulo, porque el efecto del grupo con la bandera es espectacular. Me parece muy bien elegido como homenaje, y había bastantes flores, además de una gran corona.
En la base está grabada en letras neoclásicas ¡cómo no! la frase "Uncommon Valor was a Common Virtue" (un valor fuera de lo normal era lo normal entre ellos, traducción no literal, pero que transmite la esencia de la frase mejor que si lo fuera).
La tumba de Kennedy
(Está dentro del cementerio, pero he preferido hablar de ella al final, por ser lo más impactante de este lugar) Lo normal es que quien visita Washington visite antes el Monumento a Lincoln o la Casablanca que Arlington, de modo que para cuando llegas aquí ya estás bastante impresionado por el peso histórico de la ciudad, por lo allí vivido. Por eso, aunque la figura de Kennedy no suponga nada para tí, es posible que ver su tumba te diga algo más que mirar una piedra.
A mí me impresionó ver que nadie se atrevía a sacar fotos (hasta que uno rompió el hielo) y que la gente hablaba entre susurros, como si estuviera el propio Kennedy de cuerpo presente. Es increíble cómo impone una simple tumba, sencilla en su diseño, pero muy trascendente en la historia. Cuando Kennedy visitó Arlington, desde la ladera en cuya cima está la casa Custis Lee dijo que se trataba del lugar más plácido que había visto en su vida, y que no le importaría pasar una eternidad en él. Cuando fue asesinado, erigieron en ese mismo punto su lápida, y el visitante puede contemplar su tumba y, levantando los ojos, la verde hierba que la separa de la antigua casa, junto a la que también está una pequeña construcción para los esclavos.
Durante mucho tiempo Kennedy estuvo enterrado solo, junto a una llama eterna, hasta que murió Jacqueline y decidieron ampliar la tumba para dar cabida al cuerpo de ella y al de los dos hijos que perdieron siendo éstos muy pequeños (uno con sólo tres días de edad, si no recuerdo mal). Así que la tumba ahora muestra la oscura lápida de John, la de Jacqueline, un niño al lado de cada uno y, en el centro la llama eterna. Todo Washington está plagado de frases célebres dichas por importantes políticos de la historia de EEUU, grabadas con letras neoclásicas sobre mármol. Si te giras en la tumba de Kennedy, verás que estás en una pequeña explanada oval de mármol y en su borde, en una especie de barandilla muy ancha inclinada, se pueden leer frases como "No preguntemos qué puede hacer nuestro país por nosotros, sino qué podemos hacer cada uno por nuestro país". No todas las frases son originales de quien las dijo, como les gusta apuntillar a los pejigueros, pero fue en sus labios como marcaron una época y definieron a quien eligió esas palabras para dirigirse al mundo.
Muy cerca de la tumba de JFK (John Fitzgerald Kennedy) está la de su hermano Robert, asesinado cinco años después que el presidente, en la noche en la que celebraba su victoria como candidato demócrata a la presidencia, y en la que era evidente que iba a ser elegido presidente. Encontraron 11 balas del calibre del que le mató, cuando esa pistola sólo podía tener 8. Me pregunto si algún día sabremos qué nombres reales estaban tras esos crímenes. Me considero especialmente conmovida (para ser española) con la historia de los Kennedy. Su leyenda negra se ha intentado difundir y puede que no sea injusto que así sea (mafia, asesinato de Marilyn, líos extramatrimoniales...), pero esas bajezas no pueden empañar el afán renovador, el enorme esfuerzo de esta familia por hacer de su país y del mundo un lugar menos injusto.
Como española hablando para españoles, es muy difícil explicar qué significó Kennedy, porqué me conmueve tanto su historia, qué supuso su muerte. Yo no lo viví ni soy estadounidense, pero me parece traumático, aunque sea visto desde fuera: un hermano llega a presidente y se lo cargan, a pesar y precisamente por representar una promesa de cambio por la que apostaba casi todo el país. Cinco años después, su hermano se presenta a la presidencia, siendo el vivo retrato del asesinado, más radical aún en muchas de sus posturas, con un discurso poético y con una capacidad natural para empatizar con la gente normal y para acercarse a los verdaderos problemas del país... ... Imaginemos que, salvando las distancias, Obama este año consiguiera arrasar en las primarias. Como estáis viendo quienes sigáis el proceso, quién será el candidato final por cada partido se va dirimiendo en votaciones sucesivas es un proceso largo, pero emocionante, lleno de intriga, en el que todos los votantes viven una especie de suspense que dura meses, que no depende de ellos, porque las votaciones van teniendo lugar en distintos estados en distintos meses... Poco a poco Obama consigue lo que en principio parece imposible, consigue despertar con su esperanzador discurso a la nación dormida y sale elegido candidato demócrata, con una clara probabilidad de ser elegido presidente, pues la otra opción está muy devaluada... Y, en la noche en la que Obama da un discurso para informar de su victoria y celebrarlo... lo acribillan a tiros. No están matando solamente al hombre, sino al sueño. Están matando la esperanza de una nación en sus posibilidades de lograr que las cosas cambien a mejor.
Todo ese horror, el de la esperanza renovada y vuelta a aniquilar, se muestra perfectamente en esa joya de película llamada "Bobby", y los restos de este hombre reposan muy cerca de los del presidente asesinado, en una tumba de tal sencillez que sólo la marca una cruz blanca de madera. Se supone que es la única cruz de este tipo del cementerio, y si se admitió un signo de fe tan claro es porque el propio Bobby así lo había deseado en vida. También hay una fuente preciosa como homenaje a Bobby, pero la tumba en sí es la más discreta del cementerio. Los entierros de ambos hermanos son impresionantes. El cuerpo del presidente cruzó Washington y ,cuando pasó por delante de su viuda, acompañada por sus dos hijos pequeños, ésta le susurró algo al niño, que sólo tenía tres años, y éste le hizo un saludo militar al cuerpo de su padre, en una de las imágenes más duras y memorables de la historia estadounidense del siglo XX. Ese niño era "John John" Kennedy, presionado desde siempre para seguir los pasos de su padre, hasta que murió en ese accidente estúpido de avioneta. Todo el mundo parecía esperar tanto de él y sentirse tan decepcionado si no seguía lo que parecía un camino prefijado que yo pienso que la propia presión le llevó a tomar decisiones equivocadas, o al menos a separarse del camino aparentemente obligado.
Cuando enterraron a Kennedy, el cortejo de los seis caballos recorrió la avenida en la que están los monumentos a George Washington y a Lincoln, cruzó el puente sobre el río Potomac y fue enterrado con los mayores honores, incluyendo el "Taps" y la entrega a la bandera a su viuda, que sólo dos días antes había visto cómo le volaban la cabeza a su marido y había pasado el día entero con aquel famoso vestido rosa cubierto con la sangre de su marido, el mismo que llevaba esa tarde cuando estuvo presente en el juramento como presidente de Lyndon Johnson. Todo muy impresionante. Bobby era capaz de mostrar una cercanía con la gente enorme y, cuando murió, su entierro en Arlington fue el único que ha tenido lugar por la noche, lo que confirió aún más dramatismo al momento, con aquellas velas que habían repartido entre los presentes. La razón por la que se le enterró de noche a mí me dejó estupefacta: su cuerpo tenía que llegar en tren a Washington, un tren todo negro ante el que la gente, de forma espontánea, empezó a hacer el saludo militar para darle un último homenaje. Se honraba al hombre, pero también a la familia, y por eso la gente de todo tipo quiso hacer el mismo saludo que el pequeño John John, para reconocer el valor de esta familia que, aunque vio cómo uno de ellos fue asesinado, no dudó en volver a presentarse a la presidencia.
La cosa empezó de forma natural, con pequeños grupos familiares que se acercaban a las vías para honrar al difunto pero, a medida que los medios de comunicación difundieron lo que estaba pasando, los grupos se hicieron más y más numerosos, de forma que el tren se vio obligado a ralentizar aún más su marcha, por seguridad y porque habría sido una falta de consideración no hacerlo ante las multitudes que se iban formando a su paso. Por eso el trayecto se hizo tan largo, llegando a Union Station de madrugada y siendo enterrado a las 2 de la mañana. Yo nunca sé si consigo transmitir lo que a mí algo me hace sentir, pero si no es así, estoy segura de que este vídeo que os recomiendo os hará entender lo conmovedora que es la historia, lo amargamente poético que es todo lo referido a los Kennedy. En el vídeo se ve ese último viaje del cuerpo de Robert Kennedy desde el tren (impresionante la imagen de su hijo mirando hacia la multitud con el cadáver de su padre tras él envuelto en la bandera). Eso es lo que vieron los familiares que iban en el tren, y la última escena es la del propio Robert desde un tren similar, seguido por una multitud esperanzada que le vitoreaba, la misma que después se despediría de él de forma tan espontánea y sentida. A mí me parece un vídeo impresionante, un homenaje precioso. que acaba con una de sus frases preferidas (de George Bernard Shaw): "Algunos hombres ven las cosas como son y se preguntan porqué, yo sueño en cómo las cosas nunca han sido y me pregunto porqué no".
http://www.youtube.com/watch?v=OG4vJxi9Kis
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30.06.2008 21:15
Al final recuerdo más de lo que creía, estuve allí y presencié un cambio de guardia con solo de corneta y todo y un silencio impresionante. Me llamo mucho la atención la uniformidad, todo lo contrario de la mayor parte de nuestros cementerios, en los que buscamos personalizar y distinguir a los nuestros. No sé si tendrá que ver con el caracter militar, pero buscar tu tumba con una especie de gps no me parece una cosa muy divertida. en todo caso, genial y completísimo relato. :-)
25.02.2008 18:46
Caray, menudo cementerio. La verdad es que no sabía que existiese. Y qué cantidad de entierros hacen al día!! Así no me extraña que sea tan grande. Besos!!!
20.02.2008 14:22
Ufff, casi lloro... y no digo más, no sirve de nada que siga hablando, si no seré capaz de expresar lo que esta opinión supone. Espero que el excepcional se acerque un poco.