Roxie Foxie
16.03.2003
Ventajas:
Sus actores, su dirección, su montaje, su música, su magia
Desventajas:
La previsible avalancha de productos mediocres tras su éxito
Recomendable:
Sí
Detalles:
Argumento
Personajes
Calidad de dirección
Banda sonora
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 pacohom
Sobre mí:
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Esta opinión ha sido evaluado como muy útil de media por 43 miembros de Ciao
Parecía más o menos lógico que, tras el éxito del año pasado de “Moulin Rouge” (MR) hubiese un interés renovado por los musicales. Uno imaginaba ya una avalancha parecida a la que tuvimos que soportar (nunca mejor dicho) tras el resurgir del western de la mano de “Sin Perdón”. Pero, por ahora, no ha sido así y afortunadamente Hollywood se ha dosificado de tal manera que hemos tenido que esperar todo un año para ver otro musical en pantalla. Y la espera ha merecido la pena. Nunca he sido amante de ese género, en el que los actores, de repente, se ponen a cantar a voz en grito. Siempre me ha resultado artificial y de hecho, hasta la ya mencionada “MR” no tenía ninguno entre mi lista de preferencias. Ni siquiera aquellos de la época dorada de “Hollywood”. Quizá “Cabaret” podía despertar en mí alguna simpatía, pero poco más. ¿Cómo puede ser, entonces, que tanto “MR” como “Chicago” me hayan gustado de la forma en la que lo han hecho?. Pues la respuesta, como siempre, en las opiniones (que si lo digo ahora luego no tengo nada que decir).
“Chicago” ha sido (y es) uno de esos musicales de éxito que llenan teatros durante temporadas. Parece ser que su adaptación a la gran pantalla estaba prevista desde hace un montón de años pero, por unas cosas o por otras, no llegaba a materializarse. Convencidos, gracias a “MR”, que el musical podía volver a ser una fórmula de éxito, siempre que se hiciese de forma correcta y con los medio adecuados, los productores dieron luz verde y nos han traído una de las mejores películas del año, a pesar de que en su reparto se encuentre el trío más soso que en el mundo ha sido (y ni siquiera lo demuestran, oye). Renee Zellweger es Roxie, una chica empeñada en triunfar al precio que sea. Mantenida por un marido que se rompe los cuernos a trabajar, amante de cualquiera que aparezca en su camino y la prometa llevarla al camino de la fama, el personaje irá sufriendo una evolución al ritmo de la música, de gatita a zorra en apenas unas horas. Aprendiendo a base de golpes, termina por decidir que desde ese momento será ella la que pegue. Renee dio su gran salto a la fama en la adaptación del diario de Bridget Jones a la gran pantalla. Los kilos que había ganado para aquella los ha perdido y, por lo que se ve, debe tener el mismo preparador físico que Madonna (de apellido anabolizante). Su trabajo es estupendo aquí, aunque han sigue arrastrando los ticks de la Jones, que pueden provocar su encasillamiento. Sin embargo, lo compensa con ese personaje complejo que es Roxie, sabiendo llevar su evolución con solvencia y, en algunos casos (en el número de marionetas con Richar Gere) con maestría. Actriz, bailarina y cantante, la Zellweger ha sido nominada al Oscar con motivos, los mismos por los que no se lo dieron el año pasado a Nicole Kidman.
Catherine Zeta Jones es Velma Kelly, pequeña estrella que verá como la recién llegada va, poco a poco, eclipsando su cuota de fama. Menos astuta de lo que piensa, tratará por todos los medios de acabar con ella, de volver al sitio de donde la han echado. Aunque no sabe con quien se la está jugando. La Zeta es más conocida por sus juicios con el “Hola” que por sus brillantes interpretaciones. Salvando “Traffic”, sus papeles suelen ser los de cualquier niña mona de Hollywood. Esta Vilma la ha ayudado a demostrarnos hacia donde quiere encauzar su carrera, demostrándonos que cuando quiere, sabe hacer las cosas muy bien. También canta (mejor, mucho mejor que sus compañeros de reparto) y sus coreografías son absolutamente geniales. Nominada como secundaria, puede verse como en la película, relegada a un segundo plano, por la doble nominación de Julianne Moore. Richard Gere es Billy Flinn, el personaje más plano de todos y el actor con peor voz. Sin embargo, ese abogado que sólo piensa en sí mismo y en el dinero (“su mejor cliente es él mismo”) resulta simpático, incluso tras los inexpresivos ojos de Gere. Manipulador, consciente del poder de la prensa para encumbrarle a él y a sus clientes, llega su mejor momento cuando entra en acción en los tribunales (el claqué que se marca es uno de los grandes momentos de la película, tanto por su belleza visual como por el haber evitado, precisamente, el número musical que podría haber correspondido al juicio). No deja de ser gracioso que, a pesar de sus nulas aptitudes musicales, sea precisamente él el que acapara dos de las mejores escenas de toda la película.
En cuanto a los secundarios, destaca sobre todo el trabajo de Quuen Latifah (¡¡qué voz!!!) como Mama y el de John C. Reilly como el abnegado esposo de Roxie. Sus números musicales son también dos grandes aciertos (sobre todo el de él) y sus interpretaciones están a la altura (o más) que las de sus compañeros protagonistas. Sorprende que “Chicago” esté dirigida por un debutante. Y sorprende no sólo porque el resultado final sea de diez en el terreno de la dirección, sino porque estamos, como ocurría en “MR” ante un trabajo en la sala de montaje que quita el hipo. Las escenas musicales están rodadas con un conocimiento de la cámara tremendo, aunque no en vano el bueno de Rob Marshall ha sido coreógrafo (lo que ayuda, y mucho), pero es que su sucesión en pantalla le dan a la película el ritmo justo. Y ahí viene lo difícil de “Chicago” y donde reside su grandeza: Los números musicales interrumpen la acción principal, se sitúan en el escenario de un teatro, presentados al público a golpe de micrófono y, sin embargo, esta interrupción es lo que da sentido a la película, sirviendo éstos como nexo de unión entre las distintas escenas, buscando que el espectador siga la historia a dos bandas: la que sucede fuera y la que ocurre dentro del teatro. Esta bipolaridad, tan complicada pero tan bien conseguida, hace que “Chicago” no sea un musical más, permite que los actores no se pongan a cantar como locos en sitios donde no corresponde, sino que les traslada al cabaret donde la historia se interrumpe para ser relatada mediante la música.
En fin, que el género de los musicales vuelve a interrumpir con fuerza y calidad en las pantallas. Esperemos que eso no sea motivo suficiente para llenarlas con subproductos, que es lo que hacen siempre los americanos cuando una fórmula triunfa. “Chicago” es una muestra de cómo unos actores mediocres pueden realizar excelentes trabajos si les dan los personajes y los medios adecuados. Marshall nos devuelve la magia que el cine había perdido a golpe de jazz. Y es que, en “Chicago”, todo es jazz.
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25.03.2003 10:14
Pienso como tú: que mejor diálogo que música para contar una historia porque nadie se pone a cantar en mitad de una calle o baila así porque sí, porque el cuerpo pide movimiento y berridos mientras ganas un juicio o echas la quiniela (a no ser qeu la quiniela te haya tocado, claro). Pero sí que me gustó Moulin Rouge y estoy empezando a hartarme de leer tantas opiniones favorables de esta película, así que quien sabe... Acabaré picando (cuando Bono y yo terminemos con la lista de pelis pendientes, como son A propósito de Schmidt y Las horas). Besos
21.03.2003 22:21
And ALL THAT...JAAAAAAAAAZZ!!!!! es que solo escuchar el principio con Roxie me pone la piel de gallina.Para mí,lo mejor sin duda es el numero de las reclusas ("And I shoot two warning shots...INTO HIS HEAD!").El unico problema es que el guion es un poco triste al final...¡¡es previsible!! (y no me digas que no,porque mentirias).Espero que gane en los oscar...¡¡se lo merece!!
21.03.2003 18:25
Ayer la ví, bueno más bien la padecí, no me hizo mucha gracia, demasiados números musicales, en cuanto la trama comenzaba a ser interesante, ¡zas!, cancioncita al canto, eso si, lo que más me gustó fue la interpretación de Catherina Z Jones. Un saludete :P