Tomé prestado este libro de la biblioteca, un día de esos que no tenía pensado coger nada. Me paseé por allí y cuando estaba a punto de irme miré por casualidad el estante de las 'novedades' (que de novedad no suelen tener nada y son en su mayoría pésimas elecciones), y allí estaba.
Desde que supe de la existencia de esta novela siempre me llamó poderosamente la atención su argumento. Por ello decidí llevármela a casa. Menos mal que no la he comprado, porque estuve más de una vez tentada a hacerlo.
'Chiquita' no sólo se caracteriza por haber ganado el premio Alfaguara de novela 2008 -una versión más 'bizarra' y un poquito menos comercial que las ediciones de los Planeta-, sino que narra la historia real de una liliputiense cubana nacida a finales del siglo XIX que, por circunstacias, se ve obligada a emigrar a Estados Unidos.
Allí intenta ganarse la vida como artista e incluso llega a ser afamada y respetada, ganándose el apodo de 'muñeca viviente'.
El libro nos cuenta sus desventuras, sus amoríos y, en definitiva, su vida entera.
Todo ello con la guerra de la independencia de la isla contra España como telón de fondo (hecho que más que contextualizar la novela eclipsa la historia principal, alejándonos de ella).
En ocasiones, el contexto histórico prevalece sobre la vida de la protagonista.
Es sólo uno de los grandes fallos que he encontrado a esta novela.
El comienzo es bueno. Resulta una obra fácil de leer, rápida y amena. Entretiene, que no es poco. Como digo, al comienzo me gustó mucho la manera en que el autor introduce al lector en la historia: el narrador en tercera persona -una especie de biógrafo de la enana-, los saltos temporales, las anécdotas...
Como ya se dijo en otras opiniones, en 'Chiquita' podemos encontrar alguna pincelada de realismo mágico, pero muy discretas. Además, el autor las encubre y las atribuye a la imaginación de la liliputiense.
Esto es una opinión personal, pero para mi gusto esto estropea el 'encanto' que todo realismo mágico (claro está bien logrado) puede aportar y enriquecer una novela. Sobran las explicaciones.
Sé que las comparaciones son odiosas, y que tampoco es que haya leído mucho como para hacerlas así, al libre albedrío. No soy ninguna erudita en literatura -más quisiera yo-, pero no pude evitar fijarme, a medida que iba leyendo, en cuánto me recordaba la escritura de este autor a la de García Márquez.
Repito, no sé si era yo, el calor, la historia que contiene seres con características especiales y fuera de lo común, el lugar donde se desarrolla -América latina-, los personajes, el lenguaje... o quizá ese realismo mágico que en nada puede compararse con el de Gabo.
No sé si será casualidad, pero gran parte de la literatura latinoamericana que he leído contiene este elemento en sus novelas. A mí me encanta. Como he dicho antes, aporta un algo diferente que enriquece la novela. Pero todo, incluso lo bueno, en abundancia acarrea malas consecuencias. No se puede abusar de ello.
Tampoco se debería manejar de forma absurda: sólo encaja perfectamente en el relato cuando se sabe utilizar. Si no, un 'intento de' contamina el resto de las páginas, por muy bien escritas que estén.
Es un recurso que el autor no debe tratar de pulir o ensalzar. Si se tiene ese don, perfecto. Si no, mejor será que lo saborees como lector y no como escritor.
Por supuesto, esta es una opinión muy personal.
En el caso de 'Chiquita', Antonio Orlando Rodríguez no lo hace mal, pero quizá abusa de este recurso -sí, son sólo unas pinceladas, pero a medida que avanza el libro se hace muy cuesta arriba seguirle el juego. Algunas de estas 'pinceladas' quedan bastante mal y estropean el conjunto, como una mancha en un mantel blanco-.
Y no sólo eso: utiliza el realismo mágico y después intenta explicarlo, ciñéndose lo máximo posible a los hechos verdaderos, argumentándonos las posibles salidas al hecho 'sobrenatural' o fantasioso que se acaba de producir.
Esto no queda bien, se carga la magia. Los lectores (o supongo que la mayoría de ellos, si no no leeríamos novelas), no queremos una historia basada en la verdad, no queremos pies de página gigantes que esclarezcan los hechos contados un poco más arriba.
Queremos una historia que nos entretenga, que nos haga reír, que nos haga llorar, que nos dé qué pensar... en una palabra: buscamos evasión.
A partir de la página ciento veinte más o menos, el ritmo decae estrepitosamente, y no se vuelve a recuperar. Se va mucho por las ramas, metiéndose de lleno en asuntos que poco o nada tienen que ver con Chiquita y sí con personajes secundarios que, ciertamente, pasan sin pena ni gloria tras sus veinte páginas de protagonismo absoluto.
Interrumpí la lectura unos días, cosa que jamás hago: o sigo la lectura, por mucho que me pese, o la abandono. A 'Chiquita' le di una segunda oportunidad.
Mal hecho. Perdí dos días más.
La historia no engancha PARA NADA (ya digo, a partir de la página 120) y me da mucha rabia porque parte de una base muy buena, de una historia genial y original.
El autor tenía medio camino hecho, pero se perdió en él. Pienso que una de las causas es querer prestar más atención de la debida a los personajes secundarios, acción que retrasa los acontecimientos y la lectura.
Otra razón radica en que intenta explicar al lector todo lo que ocurre por más que diré que esto no hacía falta alguna.
Resultado: una novela que en principio promete, pero que finalmente queda despojada de toda su magia, de toda su pasión, de toda su gracia... y se convierte en una lectura árida e insulsa.
Otro ejemplo más de que no sólo basta con una buena historia. Un buen escritor se diferencia de uno mediocre en que sabe hacer bien su oficio, que no es escribir como muchos piensan, sino contar historias. Por tanto ya sé en qué plano está situado Antonio Orlando Rodríguez.
'Chiquita' no merecía esta novela. No merecía que convirtieran su historia en algo convencional, porque no lo es en absoluto.
Como colofón, señalar que no califico esta novela como 'mala' por su lenguaje -correcto en todo momento-, ni porque la historia sea aburrida. No. Esta novela es mala porque no está bien contada, y por supuesto que no la recomiendo a nadie.
11.09.2008 10:38
Yo la calificaría como un libro simplón. De esos de relleno, que te lees cuando no tienes otra cosa a mano. Lo único que destacaría es el recurso literario que utiliza el autor para contar la historia. Casi es más fascinante la historia de los manuscritos del hombre del asilo, que la de la bailarina. A mi particularmente me resultó poco creible, si, ya se que no pretende ser una biografia, lo que quiero decir, es que la ficción también puede tener su dosis de realismo. Discrepo contigo en lo de que está bien escrita. Otro best seller de relleno.
21.08.2008 10:04
No hay nada peor que una novela mal contada... un saludo
12.08.2008 11:41
¡ Pues qué rabia porque la historia prometía ! A pesar de tu no-recomendación y de tu fantástica opinión, creo que la cogeré alguna vez de la Biblio. Tengo ganas de comprobarlo por mí misma. Saludos y en cuanto pueda, te pongo el excepcional .