Me parece genial lo de la estimulación temprana de la música. De hecho, procedo de una familia bastante musical, con varios de mis tíos cantando en corales y dos primas hermanas que se dedican profesionalmente a la música. Me encanta la música. Espero que mi hija haya heredado mi oído en vez de ser una negada para todo lo que tenga que ver con el ritmo como le pasa a mi marido. No es que lo diga yo, es tan evidente que él mismo admite que tiene un oído enfrente del otro.
Pero antes de que todo el mundo se volviera loco con los regalos de reyes ya advertí que estaba muy a favor de la música, pero que como alguien comprara una batería o un tambor, estimularíamos a la niña en casa del regalante. O sea, que música sí, estimulación sí, pero intentos de suicidio por parte de los padres por una niña que no para de aporrear compulsivamente a algo no es necesario del todo.
Ya veía yo las intenciones de mis familiares; cada vez que pasábamos por el Carrefour o similares junto a la batería de Pocoyó y a mi hija le hacían chiribitas los ojos (fundamentalmente por el muñequito de la caja, daba igual lo que contuviera dentro) les decía que fenomenal, que se lo compraran, pero para tenerlo en su casa y que nosotros iríamos a visitarlos para que pudiera tocar. Y oye, funciona. En cuanto se imaginaban la estampa, desistían.
No soy tan "ogra" como pueda parecer, sin embargo. Nunca he puesto problemas a que entren instrumentos musicales en casa, siempre y cuando sean de reducido tamaño. Porque esa es otra; toda nuestra familia, ande o no ande, caballo grande. Yo les estoy agradecidísima porque su intención es buena, pero si a todo el mundo le da por regalarle cosas enormes tenemos un grave problema de espacio. Así que nada de baterías. No tenemos sitio y el ruido es infernal. Además, a ver con qué cara se lo explico yo al vecino de arriba que por no molestar se ha insonorizado la habitación donde practica con su batería (verídico). Me pondría cara de "pero qué me estás contando", y me caen bien.
Así que cuando vimos este piano xilófono me miraron a ver si esto sí que tenía cabida en mi casa. No es demasiado grande (aproximadamente ocupará como un ordenador portátil de 15", tanto de largo, un pelín más estrecho) y el nivel de ruido es moderado. Así que dimos vía libre a su compra.
A la niña se lo ha regalado su bisyaya (que es como llamábamos familiarmente a mi abuela). Como la pobre apenas puede salir de casa y mucho menos ir de compras a saco, lo compramos una tarde que nos fuimos de pingo mi madre, mi tía y yo. Nos costó en el Carrefour 13 euros, un precio bastante ajustado. Me parece que no es un juguete caro y más cuando es de la franquicia de Pocoyó.
Ya os lo he contado alguna vez: Pocoyó es dios y mi hija su profeta. Mi marido, que no habla mucho, pero cuando lo hace sentencia, dice que nuestra hija es capaz de ver comida de la que le gusta a 300 metros de distancia y los pocoyós a 1 kilómetro. Os juro que es totalmente verídico. A veces cuando nos aproximamos de lejos a la sección de libros o juguetes, de repente mi hija sale corriendo y dos segundos más tarde la encontramos con algún artículo, el que sea, de Pocoyó.
Nosotros, por supuesto, ni tiempo de verlo hemos tenido. Eso dice mucho de su devoción por ese muñequito de los dibujos animados, que le racionamos, por otro lado, con cuentagotas. No penséis que está todo el día pegada a la tele viendo los episodios de la serie… duran 6 minutos y como mucho ve al día 2. Pero es suficiente. Alguna vez que hemos tratado de innovar y ponerle otra cosa nos dice que sí… pero que le pongamos a Pocoyó. En mi casa os prometo que tiene más autoridad que yo. Nosotros estamos un poco hasta el moño de tanto Popo, como ella lo llama, pero mi hija no se cansa nunca. De hecho, los dvds nos los compramos para nosotros, para variar los episodios porque a ella lo mismo le daría estar viendo siempre el mismo.
Os cuento esto para que veáis hasta qué punto es importante que el dichoso xilófono SEA de Pocoyó. A mí lo mismo me daría que fuera de una marca u otra, pero a mi hija definitivamente no le da lo mismo. Y tiene 16 meses… Por eso es importante el precio. Si el xilófono costara un potosí sólo por llevar al muñequito de marras le darían mucha morcilla y le compraríamos otro sin él, pero ya que es bastante razonable y ajustado, pues doble ilusión. Porque hace música y es de Popo.
Pocoyó franquicia sus artículos. No todos están fabricados por la misma industria. La mayoría de los artículos son de Bandai, pero este concretamente no lo es. La marca es para mí una absoluta desconocida, pero el chisme es de buena calidad, resistente, hace su papel y es barato, así que no me quejo. De todas maneras, cuando compras cualquier cosa de Pocoyó (y tengo unas cuantas) salvo que lo mires no te enteras. En todos ellos el packaging es similar y reproduce la estética de la serie. Las cajas siempre son blancas, llevan el colorista logo de Pocoyó y varios dibujos del muchachito y sus amigos diseminados aquí y allá. Son muy bonitas, de hecho, en nochebuena, que fue cuando lo recibió fue tan juguete el xilófono en sí como la propia caja ¡no había quién se la quitara!. El piano xilófono va muy bien sujeto por una carcasa de plástico y no se mueve.
El juguete no tiene demasiada complicación. Es un piano xilófono, lo que supone que se pueden arrancar notas musicales de dos modos distintos: bien con las baquetas (no sé si se llaman así los palos para tocar los xilófonos, espero que me entendáis) que vienen incluídas y que son de plástico rosa o bien con las teclas. Lleva un mecanismo que hace que al oprimir la tecla algo golpee las piezas de metal que componen el xilófono por abajo.
Las baquetas, que eran dos, han pasado a ser una rápidamente. Una se perdió, así que se tiene que conformar con aporrearlo sólo con una. Es curioso porque mi xilófono tiene un pequeño defecto que lo hace único. Las plaquitas de metal están montadas sobre una carcasa que imita a un piano en chiquitito. Como están visibles, son de colorines y estos colores reproducen la gama habitual que se puede ver en la serie. Son colores muy básicos, muy definidos y siempre los mismos. Este color coincide con el de las teclas de colores del piano.
Salvo en el mío. La última tecla, la que corresponde a la placa más pequeña, es de otro color distinto, verde en mi caso. No influye para nada, suena exactamente igual, es del mismo tamaño y todo, pero resulta chocante. No nos dimos cuenta al cogerlo, porque había muchos más, y si pudiera elegir lo cogería estándar, pero vamos, que tampoco merece un viaje ex profeso para cambiarlo.
El nivel de peligrosidad del juguete es nulo. Las baquetas son de plástico y muy finitas, así que aunque se golpeara o nos golpeara a nosotros no nos haría daño. Tampoco pasaría nada si le cayeran encima por error porque apenas pesan unos gramos. Lo más que os puede pasar es que si vuestro niño es un poco burro lo estampe contra el suelo y os pique el parquet, pero si tenéis niños pequeños en casa, a buen seguro habréis aprendido a convivir con ello a estas alturas. Mi hija lo ha tirado varias veces y sobrevive sin daños aparentes. El plástico es bastante resistente.
Los dibujos que lo adornan también parecen bastante sólidos y no tienen pinta de borrarse a las primeras de cambio. Encima de cada placa hay un dibujito relativo a la serie, lo que puede ayudar al juego.
Hay varias maneras de jugar con este cacharro. La primera, es la más evidente, o lo que es lo mismo, como a vuestro niño le dé la gana. Es bueno dejarles explorar y que vean que cuando hacen algo, bien sea golpearlo, o bien darle a una tecla, se produce un efecto y suena. En ese sentido, las teclas están muy bien porque no necesitan demasiada presión para ser accionadas. Aunque es para niños a partir de 18 meses, realmente pueden jugar con ello mucho antes. A mi hija le encanta darle golpes cada vez más rápido para ver cómo se produce el sonido. Le resulta fascinante.
Conforme crecen, podéis hacer distintos juegos con ellos. Podéis jugar a reconocer los personajes diciéndoles "ahora vamos a dar en la tecla de Elly" por ejemplo. Para ellos resulta muy divertido comprender las órdenes y ser capaces de ejecutarlas. Se ponen muy contentos y ya si aplaudís todos es ¡la leche!. Para eso han de ser capaces de asociar que la plaquita corresponde a cada uno de los personajes y supone un paso adelante en su maduración. También podéis hacer otro juego sencillo que consiste en reforzar el aprendizaje de los colores. Si señaláis algo rojo y le pedís que toque la tecla roja (es uno de los colores que aprenden antes) estarán aprendiendo jugando, sin darse cuenta. Cuando sepan los números también podéis jugar a contar las teclas y a darle a la tercera, un suponer, o a dar dos golpes de manera voluntaria.
Y ya si sabéis música puede ser la pera, porque podéis iniciarles en ella de manera divertida. Como está bien calibrado y tiene la escala completa, podréis hacer composiciones sencillas, enseñarles a que toquen alguna canción facilita o juegos por el estilo. Yo no sé solfeo, así que cuando sea más mayor tendrá que ser de oído. Más o menos me apaño y puedo sacar algunas de las canciones. Ya veremos cuando sea más mayor y me toque… Será algo muy rudimentario, pero algo haremos… si quiere.
Es un juguete muy sencillo, pero yo de verdad que lo prefiero. No me gustan demasiado los juguetes que te limitan como las muñecas que dicen cosas. Prefiero las que no dicen nada, para poderle echar imaginación y crear el juego a nuestra medida. Con esto pasa lo mismo. No es gran cosa, pero si se quiere, se le puede sacar mucho partido. Resulta muy divertido para ellos y al mismo tiempo muy didáctico. ¿Quién dijo que las dos cosas no fueran compatibles?. Es bonito introducirles la música desde pequeños porque se acostumbran a crecer con ella y luego aprenden más deprisa.
¡Ah! Y para los que estéis preocupados por el ruido, no tiene regulador de volumen (tampoco pilas), pero por muy fuerte que le den el volumen no es excesivamente alto ¡algo que agradecemos los papás y los vecinos mucho!
Dices que lo has comprado en Carrefour? Me gusta mucho y a mi niño le encanta Elly. Saludos!!