Jóvenes e inexpertos.
09.05.2007
Ventajas:
Hay muchas, están creciendo rapidamente
Desventajas:
La política de ganar dinero como sea que tienen
Recomendable:
No
 MorenoSister
Sobre mí:
Como decía la genial Mafalda, qué duro es bajar al mundo desde la cama cada mañana.
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Debo advertir desde el principio que la opinión que tengo sobre estas clínicas dentales no es demasiado buena. También es cierto que sólo conozco una de ellas, la que está más cerca de mi casa, aunque me han hablado de otras dos que, al parecer, también han tenido problemas. O más bien los han tenido los clientes que hemos ido por allí de buena fe. Ahora es fácil encontrar a las Vitaldent por todas partes y sus campañas publicitarias cada vez son más ambiciosas. Mi experiencia personal me he dejado escarmentada de por vida. De hecho me hice un seguro privado dental con una gran compañía de seguros médicos, para evitar caer de nuevo en las fauces de los que se autoanuncian como grandes profesionales y no son más que un puñado de muchachos que parecen estar permanentemente de prácticas. La clínica Vitadent que está en mi propia calle y de la que no voy a dar más datos porque no creo que sea ético, abrió hace ya unos seis años. A los vecinos, en general, nos pareció de perlas porque por aquí no había demasiada oferta de dentistas. El local parecía moderno y bien preparado y nos buzonearon todo tipo de propaganda contando sus virtudes, en especial las relativas a la salud dental de los niños, en la que hacen especial hincapié. Comenzó a llenarse de clientes rapidamente, con lo que su pequeña salita de espera, que se ve desde la calle, siempre estaba atestada. Una mañana, mientras los niños entraban en el cole, una de las mamás comentó que menudo morro le echaban los de Vitaldent, que querían hacerle firmar un presupuesto de esos que se pagan por meses a una entidad de financiación, para hacerle dos endodoncias y una funda. A ella no le hizo mucha gracia el asunto y menos cuando unos meses después, mientras seguía pagando, saltó el escándalo de las academias de idiomas que dejaban a los clientes colgados y con la financiación firmada. Tuvo suerte y la clínica no cerró, pero fueron muchos pacientes los que estuvieron temblando durante una temporada.
Y aquí llega mi historia para no dormir. Mi hijo mayor, que entonces tenía 8 años, sufría un deterioro general del esmalte de los dientes, por lo que se le picaban con una facilidad pasmosa. Es cosa de genética, a toda la familia de su padre le pasa y han andado siempre de dentistas por la vida. Al pobre le dolían mucho las muelas y su pediatra me envió al odontopediatra de la Seguridad Social, que le puso unos selladores, aconsejándome que era mucho mejor empastarlos o quitar las muelas que estaban peor para que las definitivas no saliesen picadas. Obviamente los empastes no los cubre la Seguridad Social, asi que pensé en esta nueva clínica que, total, estaba a dos pasos de casa. Fuí una tarde con el niño, me atendieron muy correctamente, le examinaron y me repitieron el diagnóstico: dos muelas se empastaban y otras tres, que iba a perderlas proximamente por ser de leche y que estaban fatal, se las quitaban. Era un proceso sencillo porque estas muelas casi no tienen raiz. A continuación me pasaron a un despachito donde otro señor, que ya no se si era dentista, comercial, gerente o qué demonios, pasó a darme un presupuesto detallado. Las piezas de leche no cobraban por extraerlas (entonces, ahora creo que la cosa ha cambiado o al menos eso me ha dicho una amiga) y cada empaste me costaba unos 30 euros. Hasta ahí me pareció bien. Caro, teniendo en cuenta que los empastes se ponían en muelas no definitivas, pero bien. Y ahí terminó la parte de universo conocido; el buen señor me dijo que una vez quitadas las piezas serían necesarios unos separadores para dejar espacio a las que iban a salir. No le discutí, pero le comenté que si eran muelas que estaba a punto de perder por su edad, la naturaleza es sabia y habría espacio de sobra. Para qué abrí la boca. Me soltó una conferencia de diez minutos sobre lo irresponsables que éramos algunos padres con los dientes de los niños, que si no le ponía esos aparatos su dentadura en tres años sería un desastre, que si iba a regatear con la salud de mi hijo.... En fín, que el presupuesto para los dos separadores era de 356 euros ,más o menos, y revisiones mensuales de 20 euros la consulta. Alucinada me quedé. Salí con la cita para las extracciones y los empastes en la mano, ya que los dichosos separadores sólo se pondrían una vez acabadas estas intervenciones. También me dieron el presupuesto para la entidad de financiación, por si quería pagar poco a poco los aparatos. Fuí de nuevo a la pediatra y me dijo que los de los separadores no iba a servir para nada, que el niño tenía hueco de sobra según constaba en las radiografías y que pidiese opinión al odontopediatra, que me recibió al día siguiente y me recomendó lo mismo. "Si fuese para un niño más pequeño, que va tardar más en perder las muelas, vale, o si no tuviese espacio, pero tu hijo tiene buena mandíbula y espacio de sobra, asi que ni te preocupes" me dijo. Convencida, decidí hacer sólo lo que el niño necesitaba y luego largarme con viento fresco.
La primera extracción y la segunda fueron bien. Me llamó la atención la juventud extrema de la chica que se las hizo, pero era simpática y parecía segura de lo que hacía. La tercera estaba prevista el día de Nochebuena por la mañana temprano. Me preocupaba un poco, por si el crío estaba dolorido por la noche ya que cenábamos con mi hermana, pero la misma chica de siempre me dijo que si le molestaba un poquito que le diese Dalsy, pero que no tenía que haber problema ninguno. Estuvo trasteando en la boca del niño con bastantes aparatitos y una cosa para que mantuviese la boca abierta. Tardó más que las otras veces, pero no me extrañó, porque no siempre las cosas salen igual. A la media hora salimos y nos fuimos a hacer las últimas compras de Navidad. De vuelta a casa se le empezó a pasar el efecto de la anestesia y me decía constantemente "mamá, me duele la boca un montón". Pensé que era por que la muelita era más grande que las otras y al llegar a casa le di el Dalsy. Pero no mejoraba. Se quejaba cada vez más y cuando quise darme cuenta tenía el labio inferior un poco hinchado. Me senté con él, le pedí que abriese la boca y casi me caigo redonda al suelo de le impresión: por dentro del labio inferior y en linea descendente hasta la encía tenía una raja sangrante que daba miedo, una raja perfecta y recta completamente abierta. Creí que me moría. Eran ya las dos y media y la clínica había cerrado y no abriría hasta el día 27, ya que aquí el día 26 es festividad local. El pobre no pudo comer y hasta beber le dolía. Le llevé a urgencias y le recetaron un pomada cicatrizante para dentro de la boca, un antiinflamatorio, porque ya tenía el labio como si hubiese nacido en Nigeria, y un calmante un poco más fuerte. Y nos fuimos a casa de mi hermana a celebrar la Nochebuena y la Navidad con mi hijo hecho polvo, dolorido y sin poder casi probar bocado ninguno de los dos días porque todo le dolía, le escocía o se abrasaba. Como os podéis figurar, el día 27 a las 10 de la mañana ya estaba yo en la puerta con mi niño y con ganas de asesinar a alguien. Me hicieron esperar más hora y media ,a pesar de saber a lo que iba, y cuando la chica me hizo entrar me di cuenta de que estaba tan a la defensiva conmigo que casi pinchaba. De malos modos sentó al niño en el sillón le abrió la boca de un tirón y me dijo con toda su cara dura que la raja era porque el niño se había mordido. El sólo, sí. Impresionante. Aún no he entendido como puedes morderte en vertical dentro de la boca y con esa perfección. Que con la anestesia no se habría dado cuenta, insistía la tipeja, pero que era un "ñasco", así le llamaba ella, en toda regla. Mi rebote creció hasta el Himalaya. Solicité la presencia de su jefe y rezongando vino otro chico, también muy joven, que no sólo corroboró lo que decía la chica, sino que se puso realmente borde llegando a decir que yo no era quien para dudar de su palabra. Les enseñé el parte de urgencias donde aparecían las palabras "herida incisiva producida, posiblemente, por objeto punzante" y siguieron sin apearse del burro. Que ese médico no tenía idea de lo que decía y otras lindezas. Me marché bullendo de ira para no liarla ni perder las formas y durante un par de día calibré la posibilidad de ponerles una denuncia. Quizá me equivoqué al no hacerlo, pero el niño mejoraba por momentos, la medicación iba bien y ya en Reyes ni se acordaba de la herida.
Mi vecina y amiga estuvo unos meses depués porque necesitaba que le dieran un tirón a uno de los dientes de leche de su hija, porque el de debajo estaba casi fuera y se le montaba y no sólo se negaron a quitarlo, a pesar de que llevaba un informe de su pediatra recomendándolo, sino que le hicieron pasar al mismo despachito que a mí y le testearon por completo la boca de hija. Salió con un presupuesto de casi 900 euros y sin saber muy bien de dónde había salido aquel señor tan insistente. Por supuesto no hizo nada de lo que le presupuestaron; fué a otra clínica, le tiraron del dientillo que tenía casi desenganchado y le felicitaron por lo sana que tenía la niña la boca. Vivir para ver Como he dicho al principio, las Clínicas Vitaldent no me merecen ninguna garantía. No niego que haya otros establecimientos de este franquicia que funcionen de maravilla o que tengan dentistas estupendos, pero los de aquí claman al cielo. Por lo que he sabido a través de una antigua compi de la facultad, que no terminó los 5 años y ahora trabaja en una clínica de accidentes laborales, la bolsa de trabajo que tienen es de muchachos que acaban de estudiar algo así como asistente de odontología o algo similar, que no tienen el título superior, pero ésto no puedo confirmar que sea cierto: es lo que se dice por los mentideros. Y que tienen contratos muy cortos, por lo que siempre están rotando. De sus entresijos laborales nada se ni me importan. Paro en mi caso me habría conformado con una disculpa o algo parecido. Que al menos demostrasen que lamentaban lo sucedido. Pero no. Encima se pusieron chulos. No he vuelto a pisar por allí y recomiendo a todos mis conocidos que no vayan. Es cierto que ahora ya no tienen tantos clientes y que muchas veces los "dentistas" están en la calle fumando o pasando el rato. Aquí en el barrio ha habido mucha gente que ha dejado de ir y eso, creo, ya es un dato.
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07.01.2011 12:49
Evidentemente la cagaste al no denunciarles.... Un beso enorme wuapa
29.10.2009 17:34
me encanta cuando te pones 'cabezota' y nos demuestras que no hay que dejarse avasallar.. voy a ver si valoro todas tus opis de este tipo que me parecen super útiles :)
28.01.2009 21:43
Para ponerse a temblar...