Hay películas en las que todo funciona de la manera precisa, perfecta, medida y que a medida que avanza su metraje te atrapa y te tiene disfrutando cada elemento, “Con faldas y a lo loco” es una de esas películas en las que a través de un sencillo juego de apariencias se despliega un guión redondo, una dirección ágil y dinámica, unos actores brillantes en cada momento y una banda sonora para desplegar una comedia con tantos matices que la han hecho inscribirse por mérito propio en la historia del cine.
Todo arranca con un prólogo que es una manifestación artística en sí misma. Un coche fúnebre transcurre las calles de Chicago y cuando se oye la sirena de una policía se cruzan las miradas de los ocupantes y emprenden una huida destapando metralletas y que el ataúd no contiene un cadáver sino licores.
En cinco minutos nos adentramos en el tanatorio al que llevaban al “muerto” y dónde conoceremos a nuestros dos protagonistas masculinos, dos músicos que acaban de conseguir el trabajo en ese cabaret encubierto que nos huele a todo menos a legal y donde todos los clientes consumen “café” de distintas nacionalidades, pero solo “café”. Otro juego de apariencias.
En esta primera escena nos retratan en cuatro pinceladas las características de los protagonistas y del antagonista, un hombre al que llaman botines y que parece un capo italiano. Además nos consiguen identificar al malo a través de un elemento: sus botines. Después cada vez que aparezca su calzado sabremos que ha llegado el malo.
La inteligencia de Wilder es que envuelve al malo en una atmósfera de cine negro que funciona a la perfección: gabardinas, sombreros, metralletas clásicas, sombras y primer plano de los botines.
Sabemos que son malos porque están en una película de gángsters, aunque es una comedia pero ellos aparecen rodeados de esa atmósfera.
El caso es que nuestros protagonistas músicos (deslenguados, caraduras, pobres como ratas, desesperados) asisten, por eso de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, a un asesinato múltiple a cargo de botines, un ajuste de cuentas entre gángsters en el San Valentín de 1929.
“No hemos visto nada y no es asunto nuestro que ustedes se liquiden los unos a los otros”
El caso es que inician una huida para salvar sus pellejos y se ven empujados a enrolarse en una orquesta de mujeres que se dirige a California haciéndose pasar por dos de ellas perfectamente travestidos.
Así toma cuerpo la cinta hacia la parte de comedia, donde conocerán a otra integrante de la orquesta Sugar, una mujer despampanante, elegante, salvajemente sexy, elegante y con una gran chispa interpretada por la siempre eterna Marilyn Monroe que otorga matices a su Sugar de divertimento constante.
Tras unas escenas en el tren con unos guiones chispeantes (“Los hombres son feroces, peludos y llenos de manos”) conocemos las conexiones de la cinta y que los dos protagonistas caen rendidos ante los encantos de Sugar, una mujer que siempre ha fracasado en el amor al enamorarse de saxofonistas y ahora quiere un millonario con gafas, porque “los hombres con gafas son cariñosos, amables e inofensivos”.
En el tren y con la memorable fiesta en el 7A, las cartas de la cinta están sobre la mesa y prometen un viaje rocambolesco, nada grotesco, con un ritmo endiablado y una escena que desemboca en otra continuamente. Mientras vas en el tren sabes que te vas a divertir y que ya tienes la sonrisa en la cara (cosa que no te abandona durante ninguna parte de la cinta).
Al llegar al destino hará aparición otro personaje inolvidable, un millonario que se enamora perdidamente de uno de los protagonistas tomándole por mujer.
A mayores el más caradura de los músicos decide transvertirse en millonario (con gafas) para conquistar a Sugar, de manera que el juego de apariencias se termina elevando al cubo.
Ellos solo son ellos en la soledad de su habitación, y muchas veces ni eso porque sus personajes se apropian de ellos mismos.
Con todo esto valoren las interpretaciones de los actores que tienen que interpretar a personajes totalmente creíbles para que cuando se disfracen y no sean ellos sigamos reconociendo al auténtico personaje interpretando a una mujer o un millonario. Un metalenguaje de imitación e interpretación. A mayores nunca caen en la sobre interpretación ni en ningún tic femenino. Basan la comicidad en una actuación mesurada cuando podría caer en cualquier momento en lo contrario. Ambos están soberbios, pero Jack Lemmon tiene algunas escenas tan irrepetibles y exquisitas que es imposible no adorarle (la escena de las maracas bailando su compromiso es brillante).
Decía que una escena desemboca en otra, no sobra absolutamente nada e incluso la actuación musical de Marilyn, cualquiera de las dos pero especialmente el “I wanna be loved by you” no hacen más que incrementar la elegancia del conjunto y elevarlo a planos únicos.
Y es que además de tener un argumento ya de por sí suficientemente cómico y con tantas posibilidades de explotar el humor físico (como se haría ahora) la cosa va más allá y juega sus cartas en los diálogos elaborados y los chistes propios como el de la sangre tipo 0.
-¿Juegas a Waterpolo? ¿eso no es muy peligroso?
-Sí, yo ya he ahogado dos caballos.
Todos va funcionando a la mitad de la función, no hay nada que rechine, es de una redondez que asusta y de unas frases cargadas de matices.
-Me he prometido
-¿Y quién es ella?
-Ella soy yo. No tendré otra ocasión de casarme con un millonario.
Y ya para el fin de fiesta volvemos al cine de gangster con solo mostrarnos unos botines. En el último tramo se mezclan las dos cintas, las dos películas en una en una comunión perfecta gracias al carisma de Monroe que resta seriedad al cine negro y con un tramo final delirante con varios juegos de apariencias desemboca en esa mítica escena final, esa línea de diálogo que la ha hecho inmortal. Esa sorpresa grandiosa que redondea la función con el The End final.
En resumen, Con faldas y a lo loco fue elegida como la mejor comedia de la historia por el instituto de cine americano y al verla logras adivinar el porqué. Con faldas y a lo loco es mucho más que unos golpes de gag o unos diálogos inteligente, es un conjunto perfectamente orquestado, un juego de apariencias que se desarrolla con exquisita precisión y que te consigue mantener con la sonrisa perpetua durante las dos horas de metraje con momentos inolvidables. Con faldas a lo loco es divertida, es redonda, está bien interpretada, tiene una banda sonora exquisita y sobre todo tiene un ritmo interno ejemplar.
No sé si es la mejor comedia de la historia, pero para mi es el ejemplo perfecta de la maestría de cada apartado y la manera perfecta de hacer cine.
Una película perfecta en cada uno de sus sentidos.
Os dejo el enlace al coloquio sobre la película en el programa de televisión "¡Qué grande es el cine!"
http://www.youtube.com/watch?v=cuzE4I2hhkc
Y apra mucho más visitad por favor critico, en serio
criticoenserio.blogspot.com
07.09.2010 12:16
Esta película es todo un clásico del cine.
30.08.2010 04:27
qué buen repaso a esta pelicula, una de mis favoritas!, los dialogos son geniales, " no tendré otra oportunidad de casarme con un millonario!", jaja
27.07.2010 19:16
Ni se las veces que la he visto,... es uno de mis clásicos favoritos,..Un besote